jueves, 18 de julio de 2013

Lope de Vega y el Barrio de las Letras

Retrato de Lope de Vega, sobre fondo negro, vestido de negro y con la cruz de Malta prendida en el pecho.
Lope de Vega. (E. Cajés. M. Lázaro Galdiano)


El personaje más popular y halagado de su época fue, sin duda, Félix Lope de Vega. Además de llevar una vida muy ajetreada, con numerosas aventuras y amoríos, tuvo tiempo de escribir 1.500 comedias, 400 autos sacramentales y más de 1.100 obras de teatro, algunas tan universales como Fuenteovejuna o El Caballero de Olmedo

El llamado ‘Fénix de los ingenios’, nació en Madrid en 1562. Es uno de los autores más brillantes de la literatura española, uno de los más prolífico de la literatura universal, el que más obras estrenó y por tanto el que más dinero ganaba escribiendo. Además de las dos mencionadas, El perro del hortelano, La dama boba, El acero de Madrid, El castigo sin venganza, La Dorotea, Peribáñez o El mejor alcalde, el rey son algunas de sus obras más recordadas.
Su amplísima obra abarca desde la novela griega (El peregrino en su patria) y la épica burlesca (Gatomaquia) al teatro barroco, en el que otorga al pueblo el honor que parecía exclusivo de las clases pudientes, algo que también hizo Calderón de la Barca. Lope de Vega se ganó la amistad del pueblo, que se apasionó por su teatro y abarrotaba los corrales de comedias, donde cosechaba continuos éxitos.
Con 25 años y por despecho escribió unos textos críticos referidos a la que fue su amante, Elena Osorio, casada con un comediante, por lo que acabó en la cárcel durante una temporada y en el destierro. Un año después, en 1588, se ve inmerso en otro proceso judicial, por el rapto de Isabel de Urbina, hija del escritor Diego de Urbina, regidor de Madrid y jefe de armas de Felipe II. Lope rompió el destierro y se casó en la iglesia de San Ginés con Isabel. Tras quedar viudo, se alistó en la Armada Invencible, con la que también luchó y perdió la vida su hermano Juan.
Casa-museo 
La puerta abierta de la casa de Lope de Vega deja ver un pequeño recibidor con baldosas antiguas y al fondo un patio.
Casa-museo Lope de Vega. Foto: F. Chorro.
En 1598 contrajo matrimonio con Juana de Guardo, con quien tuvo dos hijos, Carlos que murió a los siete años y Feliciana.  En el número 11 de la calle Cervantes, en el barrio de las Letras, se conserva restaurada la casa en que vivió Lope de Vega, hoy casa-museo. El autor la compró en 1610 por 9.000 reales cuando aún vivía su segunda esposa, que murió al nacer su hija Feliciana. A los siete años de haber comprado la casa, la producción de Lope creció mucho, afirmando el autor en el prólogo de Peregrino tener escritas 230 comedias. En 1618 tenía escritas 800 y en 1632 alcanzó las 1.500.
En el Siglo de Oro, muy cerca de la calle Cervantes, estaba el Mentidero de  Representantes, o de los Cómicos, concretamente en la calle León, donde se reunían las gentes del teatro, comediantes, representantes, empresarios… Por allí pasaban también Quevedo, para ir a su casa, Góngora, Tirso de Molina y otros autores, pero el más notorio era Lope de Vega. Como cada uno tenía sus seguidores, las polémicas eran habituales.
Uno de los amigos de Lope era Alonso de Contreras, aventurero, escritor y militar, a quien Lope dedicó su comedia El Rey sin reino. Se cuenta que Lope fue también durante su infancia amigo de la beata madrileña Mariana de Jesús, a quien se atribuye la célebre frase “De Madrid al Cielo”, pronunciada en su lecho de muerte en 1624.
Lope de Vega fue también sacerdote, cantando su primera misa en el convento de San Hermenegildo, lo que no impidió que, con 56 años, tuviera una aventura amorosa con Marta de Nevares, mujer casada de 25 años. 


A los 60 años, el ilustre poeta y dramaturgo estaba enfermo y casi arruinado. Murió el 27 de agosto de 1635 en su casa de la calle Cervantes (por entonces calle Francos). Su entierro se convirtió en una gran manifestación de duelo en Madrid. El cortejo fúnebre se detuvo ante una de las ventanas del convento de clausura de las Trinitarias Descalzas, en la calle Cantarranas, a petición de la monja Marcela de San Félix, hija de Lope, que rezó ante el cadáver. Fue enterrado en uno de los nichos de la bóveda del presbiterio de la iglesia de San Sebastián. Desde 1844, la calle Cantarranas pasó a llamarse Lope de Vega, que va desde la calle León hasta el paseo del Prado.
En 1674 un nieto de Lope que vivía en Milán vendió la casa de la calle Cervantes a un particular. Cuando el edificio, que se encontraba en muy mal estado, fue adquirido por  la Real Academia Española de la Lengua entre los escombros se encontró un trozo de dintel con una inscripción en latín que decía: “Que propio albergue es mucho, aun siendo poco y mucho albergue es poco, siendo ajeno”.


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