domingo, 29 de diciembre de 2013

Ángel Nieto, el campeón del mundo de motociclismo que creó afición

Imagen de Nieto en plena competición, sobre su derbi roja en la que luce el número uno, chaquetilla roja y casco blanco.
Ángel Nieto en competición, con la escudería Derbi.
Con 22 años, el piloto de motociclismo Ángel Nieto se convirtió en el campeón del mundo de 50 cc. más joven de la historia. 16 años después había logrado una impresionante colección de trofeos que le avala como uno de los deportistas más laureados del mundo. Este personaje madrileño no nació en Madrid, sino en Zamora en 1947, pero se crió en el  madrileño barrio de Vallecas desde que tenía un año. La ciudad le nombró Hijo Predilecto.

El mayor campeón del motociclismo español en pequeña cilindrada tiene en su palmarés 13 títulos mundiales: seis de 50 cc (1969, 1970, 1972, 1975, 1976 y 1977) y siete de 125 cc (1971, 1972, 1979, 1981, 1982, 1983 y 1984), además de cuatro subcampeonatos. También obtuvo 23 campeonatos de España. Su extraordinaria trayectoria creó una gran afición en España al mundo de las motos.

Su primera victoria internacional la obtuvo en el circuito de Sachsering (Alemania) en 1969. Ese mismo año ganó en Irlanda, coronándose como el más joven campeón del mundo de 50 cc en la historia del motociclismo. Entre 1969 y 1985, Ángel Nieto ganó 90 grandes premios (en concreto, 27 en 50 cc, 62 en 125 cc, y uno en 80 cc.) corriendo con varias escuderías: Derbi, Morbidelli, Kreidler, Minarelli, Garelli y Bultaco.

Ángel Nieto anunció su retirada de la competición en 1986, aunque un mes después del anuncio participaba en la competición Superprestigio de la revista Solo Moto, en la que sufrió una caída con rotura de tibia y tobillo de la pierna derecha. A partir de entonces colaboró con la Federación Española de Motociclismo en el seguimiento de nuevos pilotos y fichó por Tabacalera como asesor técnico.

En 1987 formó su propia escudería, denominada Team Ducados Ángel Nieto, en la que contaba con los pilotos a Carlos Cardús, Juan Miralles y Alberto Puig. En octubre de 1988 disolvió el equipo y unos meses después comenzó a colaborar con Televisión Española en las retransmisiones del Campeonato de Mundo de Velocidad y en el programa Todo Motor. También asesoró al equipo motociclista de Jorge Martínez ‘Aspar’ del que formó parte su hijo, Ángel ‘Gelete’ Nieto.

Inicios con las motos

Foto del Museo Ángel Nieto.

En Madrid, Ángel Nieto Roldán estudió en el colegio Matías Montero, pero dejó pronto los estudios y comenzó a trabajar como aprendiz en el taller de motos de Tomás Díaz-Valdés, quien luego ejerció como periodista especializado en el mundo del motor.

El expiloto debutó con 13 años en las fiestas del Carmen del Puente de Vallecas y poco después quedó tercero en Granada con una antigua moto de 65 centímetros cúbicos en una prueba para motos de 125. Más tarde se trasladó a Barcelona e ingresó en Bultaco, donde estuvo de aprendiz con el piloto José Medrano, pero fue despedido por abandonar sin permiso su trabajo. Luego entró en Ducatti, marca italiana con la que estuvo trabajando un año y medio.

Con 16 años entró en el departamento de pruebas de Derbi, lo que le permitió entrar en contacto con motos de pequeñas cilindradas. Al año siguiente logró su primer gran triunfo, el quinto puesto en el Gran Premio de Montjuich. Volvió a Ducatti durante año y medio, luego de nuevo a Derbi y, en 1967, hizo doblete en el título nacional de velocidad en las cilindradas de 50 y 125 cc.

Ángel Nieto tenía hasta hace poco en Madrid, en la avenida del Planetario, un museo dedicado a su trayectoria deportiva. El Ayuntamiento le cedió ese espacio en 1988 para exposición permanente durante 75 años, sin embargo tuvo que cerrarlo en 2013 porque en su lugar se construirán viviendas. El expiloto confía en poder contar con un nuevo museo en 2014. En la colección están todos los objetos de su carrera profesional: motos, indumentaria, cascos, guantes, fotografías, recortes de prensa y curiosidades, así como videos de sus momentos estelares. Todas las piezas del museo proceden de la colección particular del expiloto.

Palmarés internacional

1971: Campeón del Mundo en 50 cc y subcampeón en 125 cc con Derbi.
1972: Campeón del Mundo en 50 cc y campeón del Mundo en 125, con Derbi.
1974: Tercero en el Campeonato del Mundo en 125 cc. con Derbi.
1975: Campeón del Mundo en 50 cc con Kreidler.
1976: Campeón del Mundo en 50 cc y subcampeón del Mundo en 125, con Bultaco.
1977: Campeón del Mundo en 55 cc y tercero del Mundo en 125 cc con Bultaco.
1978: Subcampeón del Mundo en 125 cc.
1979: Campeón del Mundo en 125 cc con Minarelli.
1980: Tercero en el Campeonato del Mundo de 125 cc.
1981: Campeón del Mundo en 125 cc con Minarelli.
1982: Campeón del Mundo en 125 cc con Garelli, nuevo nombre de Minarelli.
1983: Campeón del Mundo en 125 cc con Garelli.
1984: Campeón del Mundo en 125 cc con Garelli.
1985: Corrió el Mundial de 250 cc con Garelli. Ese año ganó en Francia su último Gran Premio, el número 90, en la cilindrada de 80 cc.

Son numerosas los reconocimientos y condecoraciones obtenidos por Ángel Nieto, entre otros la Gran Cruz del Mérito Civil, Medalla de Oro al Mérito Deportivo, Medalla de Oro de la Villa de Madrid, Medalla de Plata de Zamora, Hijo Predilecto de Madrid, Premio Nacional del Deporte, Gran Cruz al Mérito Deportivo, Medalla de Oro a los Valores Humanos y ADA de Oro. En Zamora una calle lleva su nombre.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Reloj de la Puerta del Sol, campanadas de Losada


La torreta del reloj de la Puerta del Sol, es blanca, de piedra caliza, sobre ella está el templete metálico con unas campanas que se accionan al bajar la bola.
Reloj de la Puerta del Sol en su torreta Foto: S.C.

Durante muchos años, el reloj de la Puerta del Sol dio a España la hora solar, la del meridiano de Greenwich, es decir la que le corresponde al país por su longitud geográfica. El mecanismo del reloj se accionaba por un cable eléctrico desde el Observatorio Astronómico del parque del Retiro para dar la hora del meridiano. 

El ‘reloj de Sol’, como se dice en Madrid, se hizo famoso cuando la radio comenzó a retransmitir las “campanadas del reloj de Gobernación”, llamado así porque el edificio era entonces sede del Ministerio de la Gobernación. Antes había sido Real Casa de Correos, construida entre 1766 y 1768 por el arquitecto francés Jaime Marquet.

Cien años después, en 1867, se inauguraba el reloj más popular del país, obra del relojero José Losada. Para ello se instaló sobre el edificio de la Puerta del Sol la torrecilla que aloja este reloj de tres esferas. Hasta ese momento, el edificio tenía instalado en lo alto de su fachada un reloj llevado allí desde la vecina iglesia del Buen Suceso, cuando ésta fue derruida. Sobre la torrecilla del reloj se alza el templete por el que baja la famosa bola cuando el reloj da las 12 campanadas de Nochevieja con las que toda España despide el año cada 31 de diciembre, tomando las 12 uvas al compás de las campanadas.

Según los entendidos, las características del reloj de la Puerta del Sol no tienen parangón en Europa y la maestría de su artífice, el relojero José Losada, fue envidiada por los relojeros ingleses y suizos del siglo XIX. La historia de Losada es sorprendente.

En el edificio de la Comunidad destaca la mezcla del color rojo del ladrillo como elanco de la piedra caliza. La entrada es un arco de medio punto, sobre éste un amplio balcón y por encima un frontón triangular con relieves.
Edificio de la Comunidad de Madrid. Foto: SCB
Losada, el mejor relojero 
José Losada, cuyo verdadero nombre era José Rodríguez Conejero, nació en 1797 en Iruela, que pertenecía a la jurisdicción de Losada, pueblo de la comarca de El Bierzo, provincia de León. Era un pastor analfabeto que a los 18 años se fue de su casa para evitar que le diera una paliza el propietario del ganado que cuidaba, por haber perdido una ternera. Llegó a Madrid en el carro de un campesino leonés y aquí se enroló en el ejército, pero con el tiempo las cosas se le complicaron por sus ideas liberales, perseguidas ferozmente por Fernando VII. Se supo que había participado en una conspiración contra el absolutismo del rey en 1823 y tuvo que huir a Francia. De cómo consiguió escapar hay varias versiones de tintes novelescos.

Portada del libro sobre Losada en la que aparece una foto del relojero, dos de rolojes de bolsillo, un cronómetro y el reloj de la Puerta del Sol
Libro sobre Losada,de Roberto Moreno
Por entonces era superintendente general de Policía José Zorrilla, padre del que luego sería famoso poeta y dramaturgo José Zorrilla. Según una de las versiones, Losada y algunos de sus compañeros conspiradores tuvieron conocimiento de un lío de faldas que tenía el superintendente en las Vistillas. Un día el político fue pillado ‘in fraganti’ por Losada y compañía que, a cambio de su silencio, le exigieron un salvoconducto para Francia.
Desde Francia se fue a Londres donde consiguió un trabajo de barrendero en una fábrica de relojes, y allí se familiarizó con el oficio. Al morir el dueño de la fábrica, Losada contrajo matrimonio con la viuda y se encargó del negocio del taller de relojería. Losada dejó de ser analfabeto y con el tiempo se convirtió en relojero. Hacia 1853 contaba con una nueva relojería a la que puso su nombre y que en poco tiempo se convirtió en la más prestigiosa de Inglaterra, país que en aquella época era el número uno en relojería. 

En la trastienda de Losada se reunía la llamada ‘Tertulia del habla española’, que agrupaba a poetas e intelectuales españoles exiliados durante el reinado de Fernando VII. Un día, el relojero se enteró de que el poeta José Zorrilla malvivía en una buhardilla de Londres, así que le visitó con la excusa de comprarle un reloj y le regaló mil libras. El poeta frecuentaba la tertulia de Losada y un día escribió un poema titulado Una repetición de Losada.
Años después, José Losada fabricó en Londres un reloj que regaló a la Villa de Madrid en 1865, y que hoy podemos ver en la Puerta del Sol, además del mecanismo que hace que la bola dorada baje cuando llegan las 12 campanadas. El relojero leonés también Inventó los cronómetros Losada, de fama mundial. Falleció y fue enterrado en Londres en 1870.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Carlos III: Ilustración, petimetres y chambergos


La Estatua ecuestre de la Puerta del Sol se alza sobre un gran pedestal de piedra con inscripciones grabadas referentes al rey. La estatua es de bronce y mira hacia el edificio sede de la Comunidad de Madrid.
Estatua de Carlos III, Puerta del Sol (S Castaño)
Cuando Carlos III llegó a Madrid, le pareció una ciudad sucia e inhóspita. Era 1759 y venía de Nápoles, donde había reinado tranquilamente durante un cuarto de siglo. Así que durante sus primeros años de reinado en España apenas si vivió en Madrid. Alternó sus estancias en los reales sitios de Aranjuez y La Granja con periodos esporádicos en la capital. 

Carlos III, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, ha sido conocido históricamente como el mejor alcalde de Madrid. No fue fácil, pero el rey supo rodearse de ministros inteligentes y trabajadores, como Floridablanca, Campomanes, Aranda, Esquilache... Los proyectos del monarca que mejor representan el despotismo ilustrado tropezaron en los primeros años con el recelo de los madrileños hacía los ministros italianos, como Grimaldi o Esquilache, que el rey se trajo de Nápoles. 

La Puerta de Alcalá, el Palacio de Buenavista (hoy cuartel general del Ejército), el Jardín Botánico o la reconstrucción de la Plaza Mayor son algunas de las mejores obras realizadas por monarca en la ciudad, aunque más importante aún fue la dignificación de la ciudad como capital de España, modelo que se extendió a otras ciudades, con la construcción de paseos, empedrado de calles, iluminación pública, alcantarillado y saneamiento.

La organización territorial de Madrid también cambió con Carlos III. La ciudad pasó a tener ocho cuarteles o departamentos, con ocho barrios cada uno, en los cuales había un alcalde. Eran los cuarteles de Plaza Mayor, Palacio, Afligidos, Maravillas, Barquillos, San Jerónimo, Avapiés y San Francisco.

Criados y funcionarios

Durante el reinado de Carlos III la población de Madrid creció mucho, hasta llegar  a 195.000 habitantes, sobre todo por la inmigración hacia una ciudad que ofrecía puestos de trabajo y recursos. Por entonces, un tercio de los trabajadores madrileños estaba al servicio de los ricos y pudientes. La otra ocupación principal era la de los funcionarios, más de 6.000 empleados. 
Antigua Puerta del Sol, con la fachada de la desaparecida iglesia del Buen Suceso con adornos arquitectónicos delante, comitiva a caballo y soldados en formación.
Puerta del Sol adornada, entrada de Carlos III en Madrid, 1760

El 70 por ciento de la población ganaba lo imprescindible para comer y el 30 por ciento restante eran clases acomodadas. Alrededor de éstas creció un próspero sector comercial dedicado a la producción de objetos de lujo, vestidos y orfebrería, aunque los más ricos vestían con ropa de París, por la influencia que en el siglo XVIII comenzó a tener la moda francesa. Los madrileños acuñaron la palabra ‘petimetre’ (del francés petit maître, señorito) para referirse a lo que hoy llamaríamos ‘pijo’.

De gran importancia económica fueron los Cinco Gremios Mayores (joyeros, merceros, sederos, pañeros y lenceros) que tenían el control, en exclusiva, de la fabricación, importación y venta de joyas, sedas, paños, lencería y mercería. En aquella época, los mercados no eran recintos cerrados como hoy los conocemos, los puestos de venta se instalaban en las plazas públicas. 

La nobleza y el clero seguían disfrutando de privilegios, aunque en ambas clases los había muy ricos y casi pobres. Por debajo había una amplia capa social, un ‘tercer estado’ integrado por la mayoría de súbditos, desde los ricos burgueses y banqueros a paupérrimos jornaleros y mendigos, en principio con igualdad de derechos. 

Motín de Esquilache

Durante el reinado de Carlos III se produjo el célebre Motín de Esquilache, llamado así por el marqués de Esquilache, ministro de Hacienda. El detonante del motín fueron las leyes que quiso imponer en la capital, relacionadas con la limpieza urbana y el alumbrado, la prohibición de portar armas y de vestir capa larga y sombrero de ala ancha (chambergo) y la prohibición de los juegos de azar, pero el trasfondo de esta revuelta masiva fue la carestía de la vida, por la subida del precio de los productos básicos. El monarca aceptó las peticiones del pueblo y el motín se zanjó con la destitución y destierro de Esquilache y la adopción de la capa corta y el sombrero de tres picos (tricornio) en lugar de la capa larga y el chambergo. 

Carlos III hizo otras importantes aportaciones a la historia, como el Banco de San Carlos, que después sería el Banco de España, y la Lotería Nacional, creada en 1763, cuyas ganancias se destinaron por real decreto a hospitales, hospicios y obras pías y públicas. El primer premio gordo fue de sólo 250 reales, una cifra que enseguida  fue aumentada a la vista de los grandes beneficios que se conseguían con este sorteo. 

A imitación de sus primos franceses y siguiendo la línea emprendida por su padre con la Real Fábrica de Tapices, Carlos III creó en Madrid la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro, llamada Casa de la China, que supuso una seria competencia para la boyante porcelana de Inglaterra. La fábrica fue destruida por las tropas inglesas en su lucha contra las tropas de Napoleón acantonadas en El Retiro durante la guerra de la Independencia. 

En Madrid hay varias estatuas dedicadas a Carlos III, la principal y más conocida es la estatua ecuestre situada en el centro de la Puerta del Sol, obra de los escultores Eduardo Zancada y Miguel Ángel Rodríguez, que fue inaugurada en 1994.

martes, 10 de diciembre de 2013

Teatro Real, la Ópera de Madrid


La fachada principal del edificio, en la plaza de Oriente, de tres plantas y estilo neoclásico.
Teatro Real. Fachada desde la Plaza de Oriente.
Foto: Fernando Chorro
Hasta 320 reales por butaca se pagaron el día de la inauguración del Teatro Real, cuando el precio de la entrada era de 24 reales. Fue el 19 de noviembre de 1850 y se representaba la ópera La favorita, de Gaetano Donizetti. Ese día era el santo de la reina Isabel II, quien inauguró el teatro por la noche, 32 años después de iniciarse su construcción.

Por su parte, El Teatro Real pagó a la compañía, en la que actuaba la célebre contralto Marietta Alboni, una cifra descomunal para la época, 10.000 reales por función. La favorita se había estrenado diez años antes en la Ópera de París.

La construcción del Teatro Real pasó por muchas vicisitudes. Se levantó muy cerca del lugar que había ocupado el viejo Teatro de los Caños del Peral, en la plaza del mismo nombre, hoy plaza de Isabel II (Ópera). En aquel viejo teatro se reunieron las Cortes Españolas a la vuelta de Cádiz, en 1814, tras la Guerra de la Independencia. Aquel edificio, inaugurado en 1738, fue derribado por su estado ruinoso en 1818, durante el reinado de Fernando VII.

Ese mismo año, por encargo del rey, el arquitecto Antonio López Aguado proyectó el Teatro Real y se iniciaron las obras, en parte para paliar la falta de teatros en Madrid en ese momento. Tras la muerte del arquitecto se hizo cargo de su construcción, en 1831, el arquitecto Custodio Moreno. Siete años después y durante trece años se suspendieron los trabajos por problemas económicos, agravados por encontrase las obras sobre varios cursos de aguas subterráneas.

Finalmente, tras una inversión de 42 millones de pesetas, el Teatro Real pudo inaugurarse en 1850. En aquellos momentos sólo estaba terminada la fachada frente al Palacio Real, en la plaza de Oriente, obra de Joaquín de la Concha, que la decoró con estatuas de dioses griegos y musas. Era, probablemente, el teatro más caro del mundo. Con capacidad para 2.000 personas y el mayor escenario de Europa, resultó un lujoso edificio, aunque siempre inacabado, y con unos cimientos cuya profundidad es de seis plantas.

Teatro Real desde la Plaza de Isabel II.
Foto: F. Chorro
En los años previos a la guerra civil el edificio estaba en mal estado y fue convertido en polvorín. Más tarde se realizaron obras de restauración, a cargo del arquitecto José Manuel González-Valcárcel, siendo reinaugurado en 1966.
 
Teatro de la ópera

La última gran reforma se realizó entre 1991 y 1997 bajo la dirección de Francisco Rodríguez Partearroyo y González-Valcárcel, que falleció en 1992 a causa de un infarto en el propio teatro durante una visita de periodistas. Su hijo y miembro de su equipo, Jaime González-Valcárcel, continuó su labor en la maquinaria escénica.

Con esta reforma, que costó 20.000 millones de pesetas, el Teatro Real, teatro de la ópera de Madrid, fue dotado de camerinos colectivos para 324 personas, once camerinos individuales, salas de conferencias, zona de exposiciones, salas de ensayo y casi 3.500 m2 de talleres y almacenes. Su aforo actual es de 1.750 espectadores, dispone de 28 palcos y palco real de doble altura. El estreno absoluto se realizó con la ópera Divinas palabras, de Antón García Abril, protagonizada por el tenor Plácido Domingo. Unos días después, la mezzosoprano Teresa Berganza abrió en el mismo escenario un ciclo de recitales líricos.
El Teatro Real aparece mencionado en algunas de las mejores obras de Benito Pérez Galdós, como en La desheredada, Fortunata y Jacinta o Torquemada en el Purgatorio, especialmente la zona del paraíso, también llamada ‘gallinero’.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Fernando Martín, campeón del Real Madrid de baloncesto


Foto de Fernando Martín durante un partido vistiendo el número 10 de la camisita de España. Fuerte, de cuerpo atlético, pelo negro y semblante serio, era uno de los ídolos del baloncesto español.
Fernando Martín
El jugador de baloncesto Fernando Martín fue el primer español y el segundo europeo en jugar en la NBA, la liga profesional norteamericana. Considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, llegó a ser el mejor pagado de la historia del baloncesto español. Tanto en el Real Madrid, equipo al que volvió tras su aventura americana, como en la Selección Española de Baloncesto, fue un jugador que hizo historia. Su brillante carrera quedó truncada por un accidente de tráfico que le costó la vida el 3 de diciembre de 1989 en la M-30 madrileña.

Fernando Martín Espina nació en Madrid en 1962. Comenzó a jugar a baloncesto en el colegio San José del Parque, donde también practicaba balonmano. Fue campeón de España escolar y a los 14 años entró en el Estudiantes, que fue su primer equipo importante, con el que consiguió un Campeonato de España juvenil. Antes de dedicarse al baloncesto profesional había sido campeón de Castilla de natación.

En 1981, con 18 años, fichó por el Real Madrid, equipo en el que más tarde coincidiría con su hermano menor, Antonio, igualmente un gran jugador de baloncesto.  En 1986 se marchó a jugar en la  NBA, en el equipo de los Portland Trail Blazers.
Un año antes había recibido la primera oferta de la NBA. Los New Jersey Nets intentaron ficharle, pero finalmente firmó por el Portland, convirtiéndose en el segundo europeo que llegaba a la mejor liga del mundo sin antes haberse formado en el baloncesto universitario norteamericano. Sin embargo, se adaptó mal al baloncesto norteamericano y en la temporada 1987-88 regresó al Real Madrid, pero no a la selección española, ya que entonces no se permitía el ingreso a los que hubiesen jugado en el baloncesto profesional norteamericano. Cuando esta norma se derogó, Fernando Martín estuvo lesionado cada vez que lo convocaron.

Palmarés de un campeón

El extraordinario pívot madrileño medía 2,05 metros, pesaba 95 kilos y tenía un magnífico historial deportivo. Había debutado a los 19 años con la selección nacional, pero su fuerte carácter chocaba a menudo con el de su entrenador, Antonio Díaz Miguel. Sin embargo, participó en los dos mayores logros de la selección española hasta ese momento: la medalla de plata en el Campeonato de Europa de 1983 y la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984.

Fernando Martín fue campeón de España escolar, campeón de España juvenil, medalla de bronce en el Campeonato de Europa juvenil, campeón del mundo de clubes en 1982 y medalla de plata en el Campeonato de Europa de Naciones, campeón de la Copa del Rey (1985, 1986 y 1989), subcampeón de la Copa de Europa (1985), campeón de la Recopa (1984 y 1989), campeón de la Copa Korac (1988) y cuatro veces campeón de Liga con el Real Madrid (1982, 1984, 1985 y 1986). Como internacional disputó 72 partidos, obtuvo 50 victorias y 22 derrotas y anotó 998 puntos. En sus últimas temporadas como jugador mantuvo espectaculares duelos con el barcelonista Audie Norris.

Accidente en la M-30

El accidente que le costó la vida se produjo a las 15,20 horas al colisionar su coche con otro cuyo conductor resultó gravemente herido. Fernando Martín circulaba por la Nacional II e intentaba tomar la autopista M-30 en dirección norte cuando, según los periódicos de la época, "perdió totalmente el control de su vehículo, que atravesó dos carriles de su sentido y tres del contrario antes de colisionar con otro coche". La noticia causó una gran tristeza en el mundo del baloncesto, que estuvo a punto de suspender los partidos que se jugaban esa jornada, pero al final se decidió seguir adelante.

La capilla ardiente de Fernando Martín se instaló en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, por donde desfilaron miles de madrileños. El féretro del jugador se cubrió con la camiseta número 10 del equipo blanco, la que solía vestir el jugador.

Tres años antes de su muerte, Fernando Martín había tenido un hijo con la modelo alemana Petra Sonneborn, Jan Fernando Martín Sonneborn, jugador de baloncesto. En la época de su fallecimiento, Fernando Martín salía con la actriz madrileña Ana Obregón.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La Casa de las Siete Chimeneas, la leyenda de una dama


La casa, de dos plantas con balcones en la superior. Es de estilo herreriano, alternando piedras y ladrillos.
Casa de las Siete Chimeneas, en la plaza del Rey
Foto: F. Chorro
La zona que hoy ocupan la calle Infantas, la plaza del Rey o la calle Colmenares eran, en tiempos de Felipe II, campos a las afueras de la Villa, con escasos edificios. En estos terrenos, conocidos entonces como ‘baldíos de Barquillo’, había una casa magnífica en la que vivía una hermosa mujer protegida del rey.
Decían los rumores de la época que todas las noches un caballero muy vinculado a la corte acudía a esta casa, lo que dio pie a todo tipo de habladurías que apuntaban al rey como protagonista de estas aventuras nocturnas. Enterado de ello, el monarca quiso atajar estas insinuaciones y concertó una boda entre la dama y un oficial de la Armada, el capitán Zapata, hijo de una noble familia madrileña. 

El enlace tuvo lugar en el convento de san Martín y el propio rey fue el padrino y regaló a la novia siete arras de oro que representaban los siete pecados capitales, que advertían a la joven esposa del peligro de caer en ellos. Unos meses después, el capitán tuvo que marchar a la guerra de Flandes, donde a los pocos días murió en una batalla.

Desde ese momento, la viuda llevaba una vida discreta y solitaria, por eso unos meses después nadie pudo comprender que apareciera asesinada en su propia cama. Nunca se supo quién o quiénes perpetraron el crimen.

La superstición hizo que la gran mansión permaneciera deshabitada durante muchos años, envuelta en una leyenda que aseguraba que por las noches, cuando el toque de ánimas (breve toque de campanas al ponerse el sol), sobre el tejado aparecía una misteriosa mujer, vestida de blanco y con una antorcha en la mano, deambulando entre las siete chimeneas y mirando hacia el alcázar.

Edificio el siglo XVI

La Casa de las Siete Chimeneas fue una de las primeras casas que se construyeron en el siglo XVI en el extrarradio de Madrid. Construida por un montero de Felipe II para una hija suya, quedaba a espaldas del convento del Carmen, que tenía fachada en la calle Alcalá. En el tejado de este edificio, hoy con servicios del Ministerio de Cultura, pueden verse siete chimeneas muy juntas unas de otras y en hilera, que servían como respiraderos de las estancias de la casa, por ello era conocida como ‘la casa de las siete chimeneas’.

Olvidada la leyenda, este palacete se convirtió durante mucho tiempo en residencia de embajadores, en ella se alojó también durante seis meses Carlos Estuardo, príncipe de Gales, cuando llegó a Madrid en 1623 para pedir, sin éxito, la mano de la infanta María de Austria, hermana menor de Felipe IV. En 1766 fue palacio del marqués de Esquilache, valido de Carlos III. Ese mismo año, la mansión fue asaltada por madrileños amotinados contra el ministro por la prohibición de usar capa larga y chambergo (tipo de sombrero de la época). El ministro salvó la vida por no encontrarse en casa, pero el rey le apartó del Gobierno. 
A finales del siglo XIX se realizaron importantes reformas en esta mansión para transformarla en sede del Banco de Castilla. Durante los trabajos en el sótano fue hallado enterrado un esqueleto de mujer y unas monedas del reinado de Felipe II. Este descubrimiento estimuló de nuevo la leyenda de la dama de la Casa de las Siete Chimeneas. En 1960, durante unas obras en el edifico para el Banco Urquijo, que la había adquirido, se halló emparedado el esqueleto de un hombre.

martes, 26 de noviembre de 2013

Torres Kio, Puerta de Europa en plaza de Castilla

Las dos torres, revestidas de cristal oscuro. En primer plano el monumento a Calvo Sotelo y el obelisco de Calatrava.
Torres Kio o Puerta de Europa, en plaza Castilla
Las Torres Kio, como popularmente se conoce a los dos primeros rascacielos inclinados del mundo, deben este sobrenombre al financiador de su construcción, la oficina del estado de Kuwait  para inversiones en Europa (Kuwait Investment Office), que tiene su sede en Londres. Las torres Puerta de Europa, su nombre oficial, se alzan en la plaza de Castilla, importante núcleo de comunicaciones del Madrid financiero, en el paseo de la Castellana. 
Estos dos edificios emblemáticos del Madrid moderno se construyeron entre 1989 y 1996, según el diseño de los arquitectos estadounidenses Philip Johnson y John Burgee. Fueron sin duda el proyecto arquitectónico más polémico de los años 90. Las dificultades financieras por las que atravesó el grupo KIO dieron al traste con el establecimiento allí de su sede. El grupo kuwaití cortó sus relaciones comerciales con España tras el fraude multimillonario de quien fue su hombre de confianza en el país, el financiero Javier de la Rosa, que fue condenado a más de 20 años de cárcel. Las torres permanecieron durante mucho tiempo sin actividad y con su estructura a medio terminar. 

Arquitectura innovadora
Las Torres Kio llaman la atención tanto por su considerable altura, 114 metros en 26 plantas, como por su desafío a las leyes gravitatorias. Se idearon de un modo que obligó a los arquitectos a replantearse todos los detalles constructivos, desde los huecos de las ventanas, que nunca podrían ser abatibles, hasta las conexiones más elementales entre la estructura y su cerramiento.
El lugar ideal para ser apreciadas en su totalidad es el propio del paseo de la Castellana, ya que la tensión que provoca en el espectador la falta de verticalidad queda compensada por una exacta simetría. Su inclinación de 15 grados de alzado se consiguió a través de una estructura de acero completada en aluminio. El revestimiento exterior es de cristal reflectante de color negro.
La construcción de las torres formó parte de un plan urbanístico de la Plaza de Castilla que incluyó un intercambiador de transportes subterráneo. Una de las torres fue adquirida por Caja Madrid (Bankia) y la otra por Realia. Como curiosidad, las Torres Kio sirvieron de escenario para la película El día de la bestia, del director bilbaíno Alex de la Iglesia. En ellas se rodó el desenlace de la película.
Entre 2008 y  2009, se instaló en el centro de la plaza, frente a las torres, una especie de obelisco, en realidad una columna o poste de 93 metros de altura y 572 toneladas de peso, formada por placas metálicas doradas, diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava. Unos metros más atrás, sobre la boca del túnel subterráneo que atraviesa la plaza, se encuentra el monumento en piedra a José Calvo Sotelo, político asesinado 1936 durante la II República. Este monumento, según proyecto del escultor Carlos Ferreira y del arquitecto Manuel Manzano Monís, se inauguró en 1960 en el centro de la plaza de Castilla, aunque fue trasladado a su ubicación actual en 1992, durante la remodelación de este lugar.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Francisco de Quevedo, genio de la sátira y la picaresca

Retrato de Quevedo, con bigote, perilla y sus famosos anteojos redondos. En el pecho de su indumentaria negra luce la cruz roja de los caballeros de la Orden de Santiago
Francisco de Quevedo
Personaje insobornable y obsesionado por la decadencia del país, Francisco de Quevedo y Villegas fue quizá el único que se atrevió a desmarcarse de la tendencia a disfrazar la pésima situación que sufría España. En su picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos refleja los males que afectaban a la Villa y Corte y que ahogaban al país en la miseria.

A pesar de contar con mecenas entre los nobles, Quevedo no dudaba en criticar al poder establecido, y lo hizo desde el pesimismo, pero con un incomparable sentido del humor.
Este madrileño polémico, burlesco y algo chulesco nació en 1580. Era hijo del secretario de la cuarta esposa de Felipe II y de una dama de la infanta Isabel Clara Eugenia. Estudió en la Universidad de Alcalá, donde se graduó en Teología, y en la de Valladolid.

Su extensa obra, mezcla de idealismo y caricatura, y cargada de una ironía y atrevimiento desconocidos hasta el momento, ocasionaba antipatía y odio entre sus rivales, de los que se defendía con toda su mordacidad. En una sátira al escritor Juan Pérez de Montalbán dice: “Quien le dijera a V.md. (vuestra merced) cuando la escribía (la comedia) con tanta confianza, que había de ser una de las comedias de toril, muriendo desjarretada entre silbatos, tenores y tiples”.
Fue el escritor que mejor sintetizó el nuevo rumbo que tomó la literatura del barroco: unas veces denuncia (Epístola censoria al Conde-Duque), otras modera (Providencia de Dios), se burla del formalismo de las obras de su eterno rival, Luis de Góngora (La aguja de navegar cultos, La culta latiniparla) o ataca en Los sueños. Otras de sus obras, en las que se encuentra una variada temática, son El parnaso español, Política de Dios y Gobierno de Cristo o La hora de todos.

Además de fino y agudo con la pluma, Francisco de Quevedo era un hábil espadachín que mató a un hombre dentro de la iglesia de San Martín, por haber abofeteado a una dama. Debido a este suceso tuvo que marcharse durante un tiempo a Italia. En Nápoles intimó con el duque de Osuna, que le ofreció su protección y mecenazgo.
Ya en Madrid, en 1617, se le concedió el hábito de Caballero de la Orden de Santiago. En 1625 compró una casa en la calle que hoy lleva su nombre y que entonces se llamaba calle del Niño. En esa casa llevaba viviendo seis años Luis de Góngora, de modo que Quevedo le puso en la calle sin miramientos. En 1634, con 54 años, contrajo matrimonio con la viuda Esperanza de Mendoza, pero se separaron a los dos años.

El duque de Osuna, a quien odiaba el poderoso conde-duque de Olivares, fue acusado de conspiración, cayó en desgracia y comenzaron las desdichas para Quevedo. Se abrió contra él un antiguo pleito por el señorío de la Torre de Juan Abad y fue desterrado a esta localidad de la provincia de Ciudad Real, donde está su casa-museo. Después, a causa de las intrigas políticas es detenido en diciembre de 1639 en la casa del duque de Medinaceli, donde vivió varios años, y fue recluido durante cuatro años en el convento de San Marcos, en León, donde su salud quedó muy perjudicada.
Cuando Olivares perdió el poder, Quevedo regresó a Madrid, pero al poco tiempo se marchó a Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), donde murió el 8 de diciembre de 1645.

Una magnífica biblioteca
La estautua y su gran pedestal con relieves están tallados sobre roca blanca y se alza sobre un jardín.
Glorieta de Quevedo y monumento. Foto: S.C.
Quevedo era un ávido lector y un erudito que conocía perfectamente el latín, el griego y el hebreo, algo de italiano, francés y árabe. Tras su muerte, la mayor parte de su magnífica biblioteca, compuesta por más de 5.000 volúmenes, se encontraba en su vivienda familiar de la Torre de Juan Abad (Ciudad Real) y el resto en casa de amigos, ya que siempre viajaba acompañado de numerosos libros. Desde su casa fueron trasladados hasta el palacio del duque de Medinaceli, su amigo y protector. Hacia 1697 se vendieron casi 1.500 volúmenes de la biblioteca del duque al monasterio de San Martín.
Con el tiempo, la biblioteca quedó dispersa, llegando a nuestros días sólo el índice, en dos ejemplares, con numerosos títulos de astronomía, astrología, historia natural, matemáticas y medicina.
Una de las zonas más transitadas de Madrid es la glorieta de Quevedo, que separa las calles San Bernado y Bravo Murillo. En su centro se levanta un monumento dedicado a este escritor. En el edificio que ocupa el solar de la antigua casa de Quevedo, en el Barrio de las Letras, entre la calle Cervantes y la calle Lope de Vega, hay una placa que recuerda a este ilustre personaje, instalada por el Ayuntamiento de Madrid con motivo del tercer centenario de su muerte.

martes, 19 de noviembre de 2013

Historia de la antigua Estación del Norte

Fachada ocre y blanca de un edificio clasico de tres plantas en el que destacan los arcos de la planta baja.
Estación del Norte o Príncipe Pío. Foto: S. Castaño.
Cuando se inauguró la Estación del Norte (hoy intercambiador de Príncipe Pío), en julio de 1882, sólo se había edificado el pabellón de salidas de viajeros, al que se accedía desde el paseo de la Florida. La Compañía de Ferrocarriles del Norte, de capital francés, que tenía concedida la construcción y explotación de las líneas ferroviarias que discurrían hacia el norte de España, había iniciado la construcción  en 1877, pero debido a sus problemas económicos las obras se alargaron hasta 1928.

Antes, en 1861, se había levantado en el mismo lugar un edificio provisional para el servicio de viajeros. Su emplazamiento en la margen izquierda del río Manzanares obligó a que la vía férrea cruzase el río por un puente y por ello se construyó el de Los Franceses, llamado así por ser obra de los ingenieros franceses que construyeron la estación de tren. En la ubicación de este histórico edificio también influyó el hecho de que la Casa Real deseara contar con un apeadero al pie del palacio.


La Estación del Norte,  se proyectó en principio como estación de paso de viajeros y mercancías para conectar las líneas de ferrocarril procedentes del norte del país con la Estación de Atocha, estación central de Madrid. El proyecto, de los ingenieros franceses Biarez, Grasset y Ouliac, se aprobó en 1876. Preveía dos edificios a ambos lados de las vías, uno para salida y otro para llegada de los trenes, como en la estación de Delicias, también de diseño francés, y como en su caso, la armadura vino también preparada de Francia y algunas de piezas de Bélgica.

Su blanca fachadada, con arco y reloj sobre el tejado, está flanqueada por dos terreones con cúpulas.
Edificio de cabecera, Estación del Norte. Foto: S.C.

Luego, de este diseño inicial de dos edificios paralelos se pasó a otro definitivo en forma de 'L’. Así, en 1924 la Compañía del Norte inició la construcción de un edificio de cabecera anexo al ya existente en el paseo de la Florida, pero con la fachada principal mirando a la Cuesta de San Vicente, y lo destinó a llegada de viajeros. Este edificio se concluyó en 1928. 


El edificio de cabecera que destaca sobre el conjunto desde el punto de vista arquitectónico. Está flanqueado por dos torreones rematados con sendas cúpulas y en su interior alberga un enorme vestíbulo en el que colgaban grandes lámparas art decó. Después de la guerra civil, la propiedad y gestión del servicio pasó a manos de la compañía nacional RENFE.

Intercambiador de Príncipe Pío


Como estación de trenes de largo recorrido dejó de funcionar en la década de los 90, cuando fue cerrada para realizar una gran transformación del interior y convertirla en intercambiador de transportes. Desde entonces alberga trenes de cercanías, autobuses urbanos e interurbanos y metro, con la confluencia de tres líneas. 
Bajo la antigua marquesina se ubicaa un lujoso centro comercial y de ocio en tres plantas abiertas y diáfanas.
Interior del centro comercial Príncipe Pío. Foto: S. Castaño.

Unos años después, Renfe adjudicó al Grupo Riofisa la promoción y transformación de la estación de Príncipe Pío en un centro cultural y de ocio’, cuya espacio principal sería un teatro alojado en el gran vestíbulo del edificio de cabecera, con más de 2.000 butacas, lo que le convertiría en el mayor de Madrid y estaría dedicado principalmente a la exhibición de grandes musicales. Sin embargo, al edificio de cabecera nunca le afectaron las remodelaciones del conjunto, encontrándose desde hace muchos años abandonado y sin uso.



A principio de este siglo se llevó a cabo una nueva reforma en el interior de la estación, manteniendo su aspecto exterior, hasta convertirla en lo que hoy conocemos, un centro comercial con más de un centenar de locales de firmas de moda, complementos, restaurantes y otros servicios. La  pieza principal es la galería comercial situada bajo la antigua marquesina de los trenes, además de un edificio anexo de nueva construcción con varias salas de cines. Para su explotación comercial se creó una sociedad entre Riofisa, con el 95% de las acciones, y Renfe. 

El centro comercial Príncipe Pío se encuentra a 10 minutos a pie del Palacio Real y de la Puerta del Sol, centro histórico de Madrid. Como intercambiador, es utilizado diariamente por decenas de miles de personas.


martes, 12 de noviembre de 2013

Barbieri, Chueca y Moreno Torroba, la zarzuela más castiza

Retrato de Barbieri, luciendo barba y bigote.
Francisco A. Barbieri
Tres personajes célebres de Madrid representan lo mejor del género musical español por excelencia, la zarzuela. Son los compositores Francisco Asenjo Barbieri, Federico Chueca Goitia y Federico Moreno Torroba. Los tres acomodaron en sus zarzuelas lo mejor del casticismo madrileño, aunque es Barbieri el más popular. Algunos de sus títulos más famosos tuvieron una repercusión tan grande que se convirtieron en piezas clave de la historia de la música española. Y es que hubo un tiempo en el que el estreno de una zarzuela era todo un acontecimiento en la vida de los madrileños.

Barbieri era un erudito de la música española y está considerado el más importante musicólogo español del siglo XIX y de la historia de la música costumbrista en España. Nació en 1823 y desde joven su vocación por la música le llevó a abandonar sus estudios de medicina y luego de ingeniería para estudiar música en el Conservatorio de Madrid, donde fue alumno de Pedro Albéniz, Ramón Carnicer y Baltasar Saldoni, con quienes estudió composición, clarinete, piano y canto. 

Después ingresó en la Banda de la Milicia Nacional, pero ésta se disolvió y tuvo problemas económicos. Al morir su padre tuvo que ganarse la vida con diversas actividades. Fue clarinetista callejero para ganar algún dinero, hasta que un día le ‘desapareció’ el clarinete. También fue pianista de café, copista de música, corista, cantante figurante, arreglista, además de enseñar canto y ser apuntador en el teatro del Real Palacio.

Comenzó a ser conocido en Madrid con su primera zarzuela, Gloria y peluca, de 1851, a la que siguieron ese año Escenas de Chamberí y La Picaresca, y luego otras hasta que se convirtió en maestro del género, con una producción de 70 zarzuelas. En lo musical, utilizó el apellido materno, procedente de Italia, país de donde nació  su abuelo.

Su primer gran éxito fue Jugar con fuego, zarzuela con libro de Ventura de la Vega estrenada en octubre de 1851. Con Don Simplicio Bobadilla y Los diamantes de la corona  empezó a destacar en el panorama nacional. Otro gran éxito fue la zarzuela Pan y Toros (1864), pero su obra estelar llegó en 1874, El barberillo de Lavapiés, con la que expresaba el costumbrismo musical de Madrid que luego evolucionó hacia el género chico, nombre por el que se conoce a un tipo de zarzuelas de un sólo acto. 

Por medio compuso muchas zarzuelas, como El marqués de Caravaca, El sargento Federico, El diablo en el poder, Gibraltar 1890, El rábano por las hojas o El tributo de las cien doncellas. Además, desde 1868 fue profesor de Armonía y de Historia de la Música del Conservatorio de Madrid. Después se estrenaron, entre otras, El diablo cojuelo y El señor Luis el tumbón. 

En 1890 publicó el Cancionero musical de los siglos XV y XVI. También escribió la Historia de la zarzuela, fue fundador de la revista ‘La España Musical’, impulsor del Teatro de la Zarzuela y cofundador con el escritor Marcelino Menéndez Pelayo de la Sociedad de Bibliófilos Españoles. A los  75 años fue nombrado miembro en la Real Academia Española, el primer músico que ingresó en esta institución. También perteneció a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Francisco Asenjo Barbieri murió en su casa, en el número 7 de la madrileña plaza del Rey, el 17 de febrero de 1894. Curiosamente, ese mismo día se estrenó La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón, que se convirtió en la zarzuela más popular. Sus investigaciones y manuscritos fueron legados a  la Biblioteca Nacional. Su ciudad le dedicó una calle que va desde la plaza de Chueca hasta la calle de las Infantas.

 
Federico Chueca, maestro del género chico
Retrato del compositor, en edad avanzada, con bigote blanco y bombín cubriendo su cabeza.
Federico Chueca.
La trayectoria del compositor Federico Chueca Goitia tiene algunas semejanzas con la Barbieri. Como él, Chueca comenzó estudios de medicina, pero su afición por la música le llevaron pronto al Conservatorio de Madrid, donde destacó por sus dotes pianísticas. Al igual que el maestro, antes de brillar como compositor hizo de todo en lo musical, compaginando la composición con actuaciones al piano en viejos cafés madrileños y como corista en algunos teatros de la capital. En una ocasión, por falta de dinero hizo a pie el recorrido entre Bilbao y Madrid.
Estuvo un breve tiempo en prisión tras los trágicos sucesos de abril de 1865, en el que la policía cargó contra una concentración estudiantil pacífica y autorizada, con el resultado de diez muertos y cientos de heridos. En la cárcel compuso unos valses que tituló Lamentos de un preso. Al quedar libre visitó a Barbieri para enseñarle estas composiciones que el maestro orquestó e interpretó. 

Federico Chueca nació en Madrid el 5 de mayo de 1846, en la casa de los Lujanes (siglo XV) ubicada en la histórica Plaza de la Villa. Desde joven frecuentaba los ambientes festivos más populares, siempre con su cuaderno de notas, ya que la inspiración le llegaba en plena juerga. 

Al tener que ganarse la vida como pianista de café nunca perfeccionó lo suficiente sus conocimientos de composición, por ello trabajaba conjuntamente con otros, como Barbieri, Joaquín Valverde o Tomás Bretón, pero contaba con una extraordinaria inspiración que le convirtió en el máximos representante del género chico.

Su primera zarzuela, ¡Hoy, sale hoy! , se realizó en colaboración con Barbieri. En 1880 llegó su primer gran éxito con La canción de Lola, en colaboración con Valverde, considerada la primera obra del género chico. Desde entonces trabajó con Valverde en animadas zarzuelas cargadas de casticismo madrileño.

Chueca y Barbieri crearon una sociedad de conciertos que dio a conocer el repertorio clásico y romántico, obras sinfónicas españolas y que permitió escuchar por primera vez en España fragmentos desconocidos de Mozart, Beethoven, Mozart, Mendelssohn y Wagner.

 
El éxito más importante de Chueca se  produjo en 1886 con el estreno de La Gran Vía, considerada la obra cumbre del género chico, que se estuvo representando durante cuatro años en el Teatro Apolo. Después compuso otras zarzuelas con gran repercusión, entre las que destacan como Cádiz, El año pasado por agua, La alegría de la huerta o Agua, azucarillos y aguardiente.

El maestro del género chico falleció en Madrid el 20 de junio de 1908. La ciudad le dedicó una plaza cuyo nombre se extiende a todo un barrio, uno de los más amenos de Madrid.
Retrato del compositor, a mediana edad, vestido con traje y corbata.
F. Moreno Torroba

Federico Moreno Torroba
La estela de Barbieri y Chueca la siguió desde mediados del siglo XX, Federico Moreno Torroba, nacido en Madrid en 1891. Como compositor comenzó con la música sinfónica, ofreciendo algunos conciertos. Estrenó una ópera breve en el antiguo Teatro Real, en 1925, pero el mismo año obtuvo un rotundo éxito con su primera zarzuela La mesonera de Tordesillas, lo que le inclinó hacia este género con acierto.
En 1926 estrenó La pastorela, en colaboración con Pablo Luna, y en 1928 La marchenera, que para muchos expertos es su mejor obra, no así para los aficionados al género que siempre han preferido Luisa Fernanda, de 1932. En 1934 consiguió otro gran éxito con La chulapona.
Otras obras destacadas son Monte Carmelo, Maravilla, La Caramba o María Manuela. Moreno Torroba se inició en la música con su padre, el organista, director y compositor José Moreno Ballesteros, y completó sus estudios en el Conservatorio de Música de Madrid con Conrado del Campo.
Su relación con el  famoso músico Andrés Segovia le llevó a componer obras para guitarra, como Concierto de Castilla, Concierto flamenco o Aventuras y desventuras de Don Quijote, esta última de 1982. Entre sus óperas, sobresalen La Virgen de mayo y El poeta, estrenada en Madrid en 1980, con Plácido Domingo en el papel protagonista.
Como Barbieri, fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, además de presidente de la Sociedad de Autores. Murió en Madrid el 12 de septiembre de 1982.