jueves, 24 de mayo de 2018

Palacio de Cibeles, una historia de correos

Fachada principal del edificio, con sus torres, pináculos y amplios ventanales.
Palacio de Cibeles, Ayuntamiento de Madrid. Foto: S.C.
El que fuera Palacio de Comunicaciones, hoy Palacio de Cibeles y sede del Ayuntamiento de Madrid, se construyó para reunir en un mismo edificio la gestión de las comunicaciones por correo, telégrafo y teléfono. El monumental edificio sustituyó en sus funciones a la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol, que pasó a ser el Ministerio de la Gobernación, hoy sede de la Comunidad de Madrid. 

Los jóvenes arquitectos Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, ganadores del concurso para su construcción, levantaron entre 1907 y 1919 un edificio de más de 12.000 metros cuadrados de extensión y estilo eclético clasicista. Del entramado metálico del nuevo palacio se encargó el ingeniero Ángel Chueca, que empleo hasta 2.000 toneladas de hierro, y de la mayoría de esculturas y adornos de la fachada, Ángel García.

El Palacio de Comunicaciones, también llamado de Telecomunicaciones, se edificó en un extremo del antiguo recinto del palacio del Buen Retiro, en la que era por entonces plaza de Castelar, hoy plaza de Cibeles. La decisión no estuvo exenta de polémica, ya que el lugar elegido era uno de los preferidos por los madrileños en verano, un espacio de recreo llamado Jardines del Buen Retiro, que contaba con el Teatro Felipe, teatro de verano donde se representaban obras del género chico y óperas; un templete de música, un café y puestos de periódicos y flores, entre otros.

El coste del edificio fue de unos 10,3 millones de pesetas. Por su tamaño, su fachada de piedra blanca labrada y sus torres con pináculos, ideados en principio para sujetar hilos telegráficos, la central fue bautizada por los madrileños como ‘Nuestra Señora de las Comunicaciones’. A su inauguración, el 14 de marzo de 1919, asistieron los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Los arquitectos simultanearon las obras con las de otros dos edificios majestuosos: el Banco Español del Río de la Plata, en la esquina de la calles Alcalá y Barquillo, hoy sede del Instituto Cervantes, y el Hospital de Jornaleros, en la calle Maudes.

 
Puerta y torre principales están frente a la Fuente de la Cibeles, en primer plano.
Parte central, frente a La Cibeles.

El Palacio de Comunicaciones se convirtió pronto en uno de los iconos de la ciudad. En su amplio vestíbulo el público encontraba los servicios de correos, telégrafos y cabinas de teléfono. Los coches y motos de reparto aparcaban en el antiguo pasaje de Alarcón que dividía el inmueble en dos partes.

Las cartas, tarjetas postales y demás correspondencia podían depositarse en los propios buzones de la central, en las oficinas de correos o estafetas repartidas por la ciudad, en los buzones de las expendedurías de tabacos (estancos) o en los buzones sobre postes en las calles principales. Además, casi todos los tranvías llevaban un buzón en la parte exterior para dejar la correspondencia, que era recogida al pasar los tranvías por la plaza de Castelar, Puerta del Sol, en otros cruces importantes y en las estaciones de tren, donde había carteros, lo que agilizaba el servicio.

Además de la recepción, transporte y distribución de correspondencia ordinaria y urgente, certificados contra reembolso, paquetería, servicio postal aéreo y venta de sellos, el servicio de Correos se encargaba del giro postal nacional e internacional y la expedición de tarjetas de identidad para España y el extranjero.

Con la construcción del Edificio Telefónica en la Gran Vía a finales de los años 20, el Palacio de Comunicaciones dejó de ser la central telefónica, pasando sus funciones al nuevo edificio. El gran desarrollo de Madrid en el último tercio del siglo XX, con el consiguiente aumento del tráfico rodado, hizo cada vez más problemática la distribución del correo desde una ubicación tan céntrica, en el eje de las dos principales arterias de la ciudad. Finalmente se optó por trasladar el servicio de Correos a la periferia y el edifico quedó prácticamente en desuso. 


En 2007 el Ayuntamiento de Madrid compró el inmueble y en 2011, tras una importante restauración, instaló en él la Alcaldía de Madrid. Entre 2008 y 2009 el pasaje de Alarcón, de 2.800 metros cuadrados, fue restaurado y cubierto por una bóveda de cristal a 30 metros de altura formada por 2.000 cristales triangulares. Es uno de los espacios emblemáticos del conjunto: la Galería de Cristal, lugar de reuniones y eventos, que junto al moderno espacio cultural CentroCentro y la antigua sala de reparto, hoy salón de plenos, o las diversas salas acondicionadas para reuniones empresariales, exposiciones o restaurante dan al Palacio de Cibeles un carácter moderno y polivalente.