lunes, 19 de noviembre de 2018

El alcalde Marqués de Vadillo y sus obras públicas

Marqués de Vadillo (Mus. Historia de Madrid)
El primer marqués de Vadillo, Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, fue uno de los alcaldes más populares de Madrid desde que ocupó el cargo a principios del siglo XVIII. A su época como regidor se deben los primeros faroles que alumbraron las calles de la ciudad. Ordenó que los vecinos instalaran en las fachadas de sus casas faroles a no más de cien pasos unos de otros. Era una prioridad para el Concejo de Madrid reducir los frecuentes delitos nocturnos, pero carecía de dinero suficiente para instalar miles de faroles y el alcalde decidió que cada familia alumbrara su fachada. El empedrado de calles, el decoro de la ciudad, el arreglo de los caminos o la asistencia a los pobres centraron su mandato. Por entonces, tenía Madrid unos 120.000 habitantes. 

Cuando le nombraron corregidor de Madrid en 1715 ya gozaba de buena fama por su trabajo en altos cargos de la Administración y contaba con la confianza de Felipe V, primer rey Borbón en España, a quien había apoyado durante la Guerra de Sucesión formando a sus expensas un cuerpo de infantería de 5.000 soldados para defender la causa del rey. Como recompensa, el monarca le concedió en 1712 el título nobiliario, cuyo nombre procede de El Vadillo, pueblo de la provincia de Soria donde su familia tenía propiedades y ganaderías.

Ermita de la Virgen del Puerto


Antes de llegar a Madrid había sido alcalde de de Plasencia (Cáceres), ciudad de la que guardaba gratos recuerdos, por ello un año después de llegar a la capital encargó al joven arquitecto Pedro de Ribera que construyera en el camino de salida a Extremadura una ermita dedicada a la Virgen del Puerto, patrona de Plasencia, de cuya imagen se hizo una réplica. El origen de esta imagen se sitúa en el puerto de Lisboa de donde los placentinos tomaron esta devoción. 

De estilo barroco madrileño, destaca su mezcla de arquitectura civil y religiosa, con torres en la fachada coronadas por chapiteles.
Ermita de la Virgen del Puerto (Archivo: Memoria de Madrid)

La ermita de la Virgen del Puerto, costeada por el alcalde, se levantó entre el parque del antiguo Alcázar o Campo del Moro y el cauce del río Manzanares, allanando la desigual explanada que había entre ambos, a la vez que se construía un paseo, que fue sustituido en tiempos de Carlos III por otro mucho más elevado, hoy paseo de la Virgen del Puerto. 

La ermita fue inaugurada 1718 y durante muchas décadas fue lugar de una tradicional romería en este lugar de praderas y arboledas en la ribera del Manzanares, con verbenas que extendieron también a las Vistillas. 


Poco después, el marqués de Vadillo encargó a Pedro de Ribera la construcción  del Cuartel del Conde Duque, una petición del rey  para alojar a 600 guardias de corps (Guardia Real) y 400 caballos. Felipe V ordenó que todos los pueblos hasta 10 leguas a la redonda contribuyesen a su construcción. El Concejo de Madrid, tan escaso siempre de fondos decretó impuestos al aceite, azúcar y cacao para aportar 20.000 escudos de vellón. En aquella época era el edificio más grande de Madrid, sus obras se prolongaron casi cuatro décadas hasta quedar totalmente concluidas en 1756.


Puente de Toledo


En 1719 el alcalde retomó la reconstrucción del Puente de Toledo, que se había derrumbado en 1680 a causa de una fuerte crecida del río Manzanares, después de haber sustituido al anterior puente de madera. De nuevo fue Pedro de Ribera el encargado de ejecutar la obra, concluida en 1732, que es la que ha llegado hasta nuestros días. Como ornamento, se coloraron en el centro del puente dos hornacinas con las imágenes de san Isidro y santa María de la Cabeza. Para financiar las obras el Concejo madrileño tuvo que vender los derechos que tenía sobre 72 autos sacramentales que Calderón de la Barca había escrito para la ciudad.


El día de la inauguración el alcalde quiso demostrar la seguridad del nuevo puente de Toledo, de 107 metros de largo, siendo el primero en cruzarlo en su carruaje. Habían pasado 72 años desde la primera construcción de este puente de piedra, que hoy enlaza la glorieta de Pirámides con la glorieta del Marqués de Vadillo. En ésta, una estación de Metro lleva también el nombre del ilustre personaje.


Obras notables de su época como corregidor de Madrid son también el antiguo Hospicio de San Fernando, de 1722, hoy Museo de Historia de Madrid o la antigua Puerta de San Vicente, de 1726, que a diferencia de la actual estaba situada más arriba, hacia el interior de la ciudad. Además instaló fuentes en varios puntos de la ciudad, como la plaza de Antón Martín, la Puerta del Sol y la Red de San Luis.


Con otra de sus iniciativas quiso remediar el abandono en que se encontraban los niños que vivían en las huertas cercanas a la Puerta de Toledo. Decidió fundar en una casa del Concejo una escuela donde pudieran iniciarse en las primeras letras. Para el puesto de maestro se ofreció el sacristán de la parroquia de San Justo.

Francisco Antonio Salcedo y Aguirre ocupó el puesto de corregidor hasta su muerte en Madrid en 1729. Fue enterrado en la ermita de la Virgen del Puerto.