sábado, 6 de julio de 2013

Leandro Fernández de Moratín, ilustre afrancesado

En Madrid hay una calle que se llama de Moratines, en honor a los poetas y dramaturgos Nicolás Fernández de Moratín y Leandro Fernández de Moratín, padre e hijo. Dos personajes madrileños que figuran entre los principales representantes españoles del neoclasicismo y la ilustración.

Leandro Fernández de Moratín (Madrid,1760), al que se conoce como Moratín para diferenciarlo de su padre, es el máximo representante español del teatro neoclásico. Como autor de teatro se inició a los 30 años y su fama se debe a cinco comedias: El viejo y la niña (1790), donde planteó el problema de la felicidad matrimonial cuando los matrimonios son arreglados; La comedia nueva o el café (1792), un ataque a los malos literatos y al público que prefería la espectacularidad al realismo psicológico; El barón (1803), La mojigata (1804), dos grandes creaciones de tipos humanos, y El sí de las niñas (1806), la más famosa de sus obras, en la que defiende la libertad de las jóvenes para elegir marido y ataca la arcaica y severa educación que recibían las mujeres de la época. Esta obra fue estrenada en el madrileño teatro de la Cruz y obtuvo un gran éxito.

Sus piezas están perfectamente estructuradas, a la vez que reflejan los males de la época y priman los sentimientos y afectos de los personajes. 
Retrato de Leandro Fernández de Moratín, con chaqueta marrón sobre fondo oscuro. Pintado al óleo por Goya en 1799.
Moratín, 1799. Obra de F. de Goya


Moratín tradujo el Hamlet de Shakespeare en 1798 y adaptó a la escena española dos obras de Molière, La escuela de los maridos y El médico a palos, en las que superó al autor francés en las versiones que hizo.
Joven poeta
Moratín se había iniciado en el mundo de las letras antes de destacar como comediógrafo. Con sólo 19 años obtuvo mención honorífica por el poema épico La toma de Granada por los Reyes Católicos D. Fernando y Dña. Isabel (1779). Con 20 años publicó poemas de corte clásico, con un sello personal melancólico y prerromántico: A don Rodrigo Simón Laso, A Jovellanos, A los colegiales de San Clemente de Bolonia, A las musas o La despedida, entre otros. Y tres años más tarde ganó el accésit con Sátira contra los vicios introducidos en la poesía castellana (1782).
En 1789 se publicó en Madrid su obra La derrota de los pedantes, en la que Moratín criticaba a los poetas culteranos y planteaba las bases del teatro neoclásico como renovación del teatro español.
Moratín fue abogado de los Reales Consejos y secretario de Interpretación de Lenguas y más tarde director de teatros. Consiguió una pensión del conde de Floridablanca, primer ministro de Carlos IV, y con ella se ordenó de tonsura (primer escalafón en el ordenamiento sacerdotal), convirtiéndose así en uno de los muchos clérigos que vivían en la España del XVIII. Esta situación le permitió dedicarse por completo a sus obras. También fue protegido de otros personajes ilustrados como el escritor y político Jovellanos o los condes Cabarrús y Aranda.
Fue partidario del ‘rey intruso’, José Bonaparte, hermano de Napoleón, durante la ocupación francesa por considerar que sus reformas convenían a España. Por ello,  Moratín pasó momentos críticos, huyó a Valencia y luego a Barcelona, hasta que se exilio definitivamente en Francia. Viajó por Francia, Inglaterra e Italia, interesándose por los últimos movimientos teatrales y escribiendo atractivos libros de viajes.
Fernando VII le devolvió sus bienes, que habían sido confiscados, pero Moratín no quiso volver a España. Sólo regresó por un año, entre 1820 y 1821. Los últimos años de su vida los pasó en Burdeos (Francia) con la familia del político Manuel Silvela. En esa ciudad fue retratado por Goya. Durante un viaje a París, murió de repente, en 1828. Fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise, entre Voltaire y La Fontaine. Sus restos fueron trasladados a España en 1953.

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