sábado, 20 de julio de 2013

La muerte del conde de Villamediana

Rostro del Conde de Villamediana, con cabello largo, bigote delgado y perilla
Conde de Villamediana
Juan de Tassis, conde de Villamediana, era siempre el centro de atención en todas las reuniones. Su carisma deslumbró al joven rey Felipe IV, que le nombró gentilhombre de cámara, hombre de confianza. Rico, ingenioso y poeta, el de Villamediana era uno de los hombres más admirados y envidiados de la corte, y las fiestas que preparaba eran memorables.

Sin embargo, también era provocador, mujeriego y dado a la crítica, valiéndose de su ingenio para arremeter contra algunos personajes poderosos. Ya en su juventud, en tiempos de Felipe III, llegó a resultar tan molesto entre los cortesanos que el rey le desterró por un tiempo, oficialmente por su afición al juego. "El mayor ladrón del mundo
/ por no morir ahorcado / se vistió de colorado", le dedicó al duque de Lerma, aludiendo a su nombramiento como cardenal para librarse de la justicia.  


Villamediana marchó a Nápoles y al volver a Madrid había heredado el cargo de Correo Mayor. Hizo amigos influyentes que no dudaban en acudir a sus fiestas. Muchos le atribuían una serie de versos anónimos en los que se ridiculizaba y denunciaba a personalidades del gobierno, sobre todo al valido de Felipe IV rey, el conde-duque de Olivares.
Ocurrió que el 21 de agosto de 1622, a eso de las nueve de la noche, el conde de Villamediana, acompañado de Luis de Haro, hijo del marqués de Carpio, paseaba en su carroza por la calle Mayor, donde tenía su palacio. A punto de llegar a su casa, a la altura de la travesía del Arenal, un hombre con la cara cubierta se acercó al coche y por la ventanilla disparó un ballestazo al conde y salió corriendo. En unos minutos el conde había muerto.
Recreación del suceso en el que se ve a un grupo de gente y al médico, el cura y un monaguillo con farol, atendiendo al conde tumbado en el suelo del zaguán de su casa.
La muerte del conde (Manuel Castellano,1868).

El suceso convulsionó todo Madrid, pero nunca se descubrió al asesino. El caso propició todo tipo de especulaciones entre la realidad y la fantasía que forman parte de las leyendas de Madrid. Desde las ambiciones de poder del conde-duque de Olivares, que perdía prestigio ante los poemas críticos referidos a él y que se atribuían al conde, hasta los celos del propio rey, que sospechaba que la reina Isabel de Borbón estaba prendada del conde.
Por entonces, corría una poema anónimo, atribuida a Góngora, amigo del conde, que decía: “Mentidero de Madrid / decidnos ¿quién mató al conde? / ni se sabe, ni se esconde / sin discurso discurrid: / dicen que le mató el Cid, por ser el conde Lozano; / ¡disparate chabacano! / la verdad del caso ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulso soberano”. 

Sea como fuere, el conde de Villamediana era tan lanzado que, según la leyenda, coqueteaba con la reina Isabel. Dicen que en una fiesta de toros en la Plaza Mayor llegó a caballo y vestido con una capa bordada con reales de plata, y un cartel que decía: “Mis amores son reales”. Cuentan que en otra ocasión Villamediana hizo una buena faena como rejoneador, y que la reina comentó: “qué bien pica el conde”, a lo que el rey contestó, “pica bien, pero muy alto”.
Además, el conde de Villamediana dedicaba poemas amorosos a una tal Francelisa, que podría ser un juego de palabras para referirse a la reina (francesa) Isabel o Elisa, pero podrían ir dirigidos a Francisca de Tabora, joven portuguesa a la que pretendía Felipe IV. Al parecer, el conde escribía poemas por deseo del rey para engatusar a la joven.
Con todo, por su elegancia, ingenio, sensibilidad y carácter crítico, el conde de Villamediana tenía enemigos poderosos, que entre otras cosas sentían envidia de sus aventuras amorosas y temían sus posibilidades en política. Lope de Vega apuntó que el conde murió “un tanto juvenil / por ser mucho Juvenal”, atribuyendo a sus escritos la razón de su muerte.

4 comentarios:

  1. Perfectamente explicado!

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  2. El poema anónimo:
    Mentidero se Madrid,
    Dezidnos ¿ quién mató al Conde?
    ni se sabe, ni se esconde,
    sin discurso discurrid:..
    ¿Quién lo pone por escrito?
    Muchas gracias

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  3. Son unas décimas que unos atribuyen a Góngora y otros a Lope de Vega.

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  4. Ni de Góngora ni de Lope, este soneto se le atribuye con mayor claridad a Quevedo que era amigo de correrías y por el estilo del mismo. Contemplad el cuadro de Manuel Castellano sobre su muerte, donde la interpretación del pintor sitúa en segundo plano al escritor con sus "quevedos"

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