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08 marzo, 2022

Una madrileña, primera aviadora española

Sentada a los mandos de una avioneta en 1928.
María, 1928 (Ricardo Martín/Gure Gipuzcoa)
La madrileña María Bernaldo de Quirós fue la primera aviadora española. Hizo realidad su sueño (“volar con mis  propias alas”) contraviniendo los convencionalismos de una época que relegaba a la mujer al papel tradicional de madre y esposa. Consiguió el título de piloto de aviación civil en 1928, cuando tenía 30 años, en la escuela de pilotos del Real Aero Club de España, en el aeródromo de Getafe.
 
En esa época, entre obstáculos y reticencias de una añeja sociedad patriarcal, había empezado a despuntar la ‘mujer moderna’  y sus primeros pasos hacia la igualdad de hombres y mujeres.

El instructor de vuelo de María, el capitán de infantería y piloto militar Díaz de Lecea la consideraba “una excepción”. Era, sin duda, una mujer resuelta, que apuntaló sus decisiones desde su posición privilegiada como hija de aristócratas. Sin embargo, ella no se consideraba una mujer ejemplar ni feminista, pero tenía la convicción de que luchar por sus ideales merecía la pena. Una certeza arraigada en el movimiento por la igualdad de género acentuado en toda Europa tras la Primera Guerra Mundial.   

Era la única mujer en el grupo de 18 alumnos del curso de aviación. Sus compañeros de Getafe la llamaban cariñosamente ‘Miss Golondrina’, pero a diferencia de ellos el carnet de piloto no le autorizaba a volar como socia del Real Aero Club, cuyos estatutos prohibían pilotar a las mujeres. Tendría que volar en su propio aeroplano. Así que cuando la firma inglesa de aeronáutica De Havilland le propuso en 1929 comprar a mitad precio una avioneta DH-60 Moth, como la que había servido para su instrucción, a cambio de realizar en España vuelos de promoción de la marca, María aceptó enseguida.

La pionera madrileña prodigó sus andanzas aéreas en actividades promocionales por distintos aeródromos, demostraciones, clases de vuelo y festivales aéreos, además del apadrinamiento de nuevas aviadoras. Era muy consciente de las dificultades y sinsabores de las mujeres para lograr una meta personal o profesional más allá del marco impuesto durante siglos. En sus dos primeros años como aviadora, más de 200 mujeres recibieron su bautismo aéreo a bordo del aeroplano de la madrileña, no así los hombres, que rehusaban volar con una mujer a los mandos.

Con la llegada de la Segunda República y la aprobación en 1932 de la ley del divorcio, María Bernaldo de Quirós se divorció en 1933 de José Manuel Sánchez-Arjona, su segundo marido (el primero falleció en 1920), un hombre conservador que fue alcalde de Ciudad Rodrigo (Salamanca), ciudad en la que vivió María hasta volver a Madrid tras su separación.

El divorcio fue uno de los hitos de la época. Además del mutuo acuerdo de separación de los cónyuges, permitía la solicitud de manera individual y libre hasta en 13 supuestos, siendo el de malos tratos el más invocado, en muchos casos por la oposición violenta del marido a las aspiraciones de la esposa.

La guerra civil ensombreció el panorama y las posibilidades de progreso y también truncó la carrera de nuestro personaje. Algunas versiones apuntan, en base al círculo social de la aviadora, que colaboró como enlace para el bando franquista, aunque sin aportar datos suficientes. Lo que está claro, por encima de otras cuestiones, es que María Bernaldo de Quirós iba por delante de su tiempo, abrió brechas que terminaron rompiendo los viejos moldes mucho tiempo después. El retrógrado ideario franquista condenó al olvido a una mujer que, como otras mujeres excepcionales de su época, fue un ejemplo, aún poco conocido, de la voluntad femenina de vivir en una sociedad más justa.
María Bernaldo de Quirós Bustillo falleció en Madrid en1983.

06 febrero, 2022

Luis Aragonés, mito del Atlético de Madrid y de la Selección Española

El jugador de fútbol Luis Aragonés vistiendo la camiseta del Atlético de Madrid.
Luis Aragonés, con el Atlético.
Leyenda del Atlético de Madrid y del fútbol nacional, Luis Aragonés, llamado El sabio de Hortaleza, como futbolista y entrenador no dejó indiferente a nadie, defendía sus valores con tesón, sinceridad y un fuerte carácter, lo que en ocasiones le acarreó polémicas y enfrentamientos con personajes del mundillo, pero también se ganó el cariño y reconocimiento de sus compañeros y de la afición.

Jugó en el Getafe, Recreativo de Huelva, Oviedo (con el que debutó en Primera División y marcó 20 goles), Betis y Atlético de Madrid. En 1961 fichó por el Betis cedido por el Real Madrid, equipo con el que no llegó a jugar. Después de tres temporadas con los verderones fichó por el Atlético de Madrid, donde Luis, como era conocido, ganó tres títulos de Liga (1966, 1970 y 1973), dos Copas (1966 y 1972) y fue máximo goleador de la Liga en la temporada 1969-70, empatado con su compañero Gárate y con Amancio, del Real Madrid.

En el equipo colchonero estuvo hasta 1974, año en que un gol suyo en la final frente al Bayern de Munich estuvo a punto de dar al Atleti su primera Copa de Europa, pero los alemanes empataron y en el partido de desempate (por entonces no se resolvía con penaltis) ganó el Bayern.

Vistió por primera vez la camiseta de la selección española en 1965. Fue 11 veces internacional y se le conocía cariñosamente como ‘Zapatones’. Jugaba de centrocampista, definido por su maestría, y era buen organizador. Su especialidad eran los disparos a balón parado desde fuera del área.

El entrenador durante una entrevista, con gafas y chándal.
El sabio de Hortaleza, época de entrenador.
En 1974 se convirtió en técnico del Atlético de Madrid y en la siguiente temporada ganó la  Copa Intercontinental y posteriormente sumó una Liga y una Copa. También dirigió al Barcelona (campeón de la Copa del Rey en 1988); al Español, Sevilla (clasificado para la Copa de la UEFA), Valencia y Betis.
En la temporada 2001-2002 volvió a dirigir al Atleti y siguió en el club otra temporada más. La siguiente se puso al frente del Mallorca, consiguiendo la permanencia del equipo y alcanzar los octavos de final de la Copa de la UEFA. Luis ya había dirigido antes al Mallorca (2000-01), que logró la tercera posición en la Liga y se clasificó para la Champions. Fue el último equipo que dirigió el Sabio antes de comandar a la Selección Española de Fútbol, en 2004. El año anterior recibió un homenajeado en el distrito de Hortaleza, donde se puso su nombre a un centro deportivo municipal.

Como entrenador consiguió 10 galardones, los principales al frente del Atlético de Madrid: una Copa Intercontinental (1974), una Liga (1977), tres Copas del Rey (otra con el Barcelona, 1988) y una Supercopa (1985). 

A partir de 2004 encarriló a la selección española cuando más lo necesitaba, hasta alcanzar uno de sus victorias más recordadas, la Eurocopa 2008, antecedente del Mundial de Sudáfrica en 2010 y de la Eurocopa 2012, ambos con Vicente del Bosque como seleccionador.

Tras el triunfo de 2008, Luis dejó la selección nacional para entrenar al turco Fenerbahçe. Poco después fue elegido Mejor Seleccionador de 2008 por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS), siendo el primer español en conseguir este galardón. En 2011 rechazó una oferta para ponerse de nuevo al frente del Mallorca y en 2013 anunció su retiro.

Luis Aragonés Suárez, que sigue encabezando la lista de entrenadores con más partidos dirigidos en Primera División, un total 757, falleció en Madrid el 1 de febrero de 2014. Entre otros homenajes  en Madrid, hay uno cerca de la casa donde nació el 28 de julio de 1938, un monolito al “vecino ilustre de Hortaleza y mito del fútbol”. También se puso el nombre de Luis Aragonés a la plaza de acceso a la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. En estas instalaciones se inauguró en 2015 una escultura en su honor a la entrada de una sala que lleva su nombre.

Un nuevo reconocimiento a su legado llegó en octubre de 2021 con la inauguración de una gran estatua de bronce dedicada al Sabio de Hortaleza junto al estadio Wanda Metropolitano, al que se accede por la avenida Luis Aragonés. La estatua, obra de la escultora Alicia Huertas, con un coste de 130.000 euros, fue costeada por miles de aficionados del Atlético de Madrid y aún sobraron más de 14.000 euros, que se donaron a la Asociación Española Contra el Cáncer.
 

08 noviembre, 2021

Ventura Rodriguez, maestro de la arquitectura neoclásica

Retrato del arquitecto, que viste casaca gris y camisa blanca con chorreras, a la moda de la época. En la mano sostiene un dibujo.
Ventura Rodríguez (Goya).
Uno de los grandes arquitectos españoles, maestro del neoclásicismo, el madrileño Ventura Rodríguez, vivió durante mucho tiempo apartado de las principales obras que se realizaban en la capital. El motivo, el favoritismo hacia los arquitectos italianos y franceses en la corte de Carlos III, empezando por su madre, Isabel de Farnesio. También tuvo que vérselas con la envidia que causaba en algunos de sus colegas su maestría e ingenio. De no haber sido así, entre sus numerosos proyectos no ejecutados o desestimados habrían salido algunos de los mejores edificios de la arquitectura europea del XVIII. 

No obstante, los reveses no amilanaron a nuestro personaje. Sus amplios conocimientos de la arquitectura grecorromana, la perfección de sus dibujos y su constancia le llevaron a ocupar los más altos cargos de la profesión. Si no se prodigó en Madrid tanto como era su deseo, sí son abundantes las obras que llevan su firma en numerosas provincias, donde levantó monumentos y embelleció otros. 

Ventura Rodríguez Tizón, nació en la localidad de Ciempozuelos (Madrid) en 1717. Se inició en la construcción desde niño en el Real Sitio de Aranjuez, donde su padre era maestro de obras del palacio. Allí progresó en el estudio de las matemáticas, la geometría y el dibujo con el maestro mayor y aparejador, Pedro Caro Idrogo. Con sólo 15 años ya destacaba por la perfección de sus trazas y tuvo acceso al archivo histórico con los informes, planos y proyectos de los artífices del Escorial, Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. 

Cuando el primer rey Borbón, Felipe V, decidió levantar un nuevo palacio en Madrid para sustituir al viejo alcázar, arruinado en un incendio, trajo de Italia al arquitecto más prestigioso de la época, Filippo Juvara. Este conoció en Aranjuez las excelentes dotes para realizar bocetos que mostraba el joven de Ciempozuelos, que además hablaba italiano, así que Juvara, que no sabía español, le nombró delineante suyo para las obras de construcción del palacio Real. Sin duda, una oportunidad única para el joven de aprender de la grandeza y brillante imaginación del maestro. Sin embargo, no duró mucho aquella relación laboral, ya que Juvara falleció dos años después, sin haber iniciado las obras del palacio que había proyectado en los altos de San Bernardino (Montaña del Príncipe Pío). Como sucesor había nombrado a su compatriota y alumno preferido, Juan Bautista Sachetti.

Fachada principal. La iglesia está escondida en una calle pequeña y rodeada de edificios.
Iglesia de San Marcos. Foto: S. Castaño.
Con el nuevo maestro que levantó el palacio Real, Ventura se forjó en las técnicas y secretos de la arquitectura clásica y a los 24 años fue nombrado aparejador. Ocho años después era arquitecto delineador mayor del palacio y su proyecto para la capilla real, uno de los espacios más bellos del palacio, fue elegido por Fernando VI por delante del proyecto de Sachetti. 

De esa época es la iglesia de San Marcos (calle San Leonardo, 10), levantada en el antiguo prado de Leganitos, cuya sencilla fachada oculta en el interior un asombroso despliegue artístico y una complejidad arquitectónica que la convirtieron en monumento nacional. 

Destaca la armonía y contraste de la composición en blanco de arcos, pilastras y cúpula con las pinturas oscuras.
I. de San Marcos (S.C.)
También son obras suyas la desaparecida plaza de toros de la Puerta de Alcalá; la reedificación de la iglesia de San Norberto o de los Mostenses, en la plaza del mismo nombre, derribada en 1810 por José Bonaparte; o la remodelación de la iglesia del convento de la Encarnación, muy cerca de la plaza de Oriente, además de importantes proyectos en iglesias y catedrales de provincias. A su actividad incesante se sumó el cargo de director de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, desde que se fundó en 1752.  

Las cosas cambiaron a partir de 1759, tras la muerte prematura de Fernando VI y la llegada al trono de España de su hermanastro, Carlos III. Este sustituyó al arquitecto madrileño por el italiano Sabatini como arquitecto real. 

Unos años después, el prestigio de Ventura Rodríguez le llevó a ser elegido director general de la Academia de San Fernando. No llegó a ejecutar su proyectada plaza de armas del palacio Real y se perdió la oportunidad de contar con una gran obra del maestro madrileño en la Puerta del Sol, la Casa de Correos. Aunque se le había pedido el proyecto y ya había comenzado el allanamiento de tierras, finalmente se concedió la obra al francés Jaime Marquet, que había llegado a Madrid unos años antes para empedrar las calles a las órdenes de Ventura Rodríguez. Tampoco pudo llevar a cabo su gran proyecto para la iglesia de San Francisco el Grande, ni la puerta triunfal para conmemorar la llegada de Carlos III a Madrid procedente de Nápoles. El rey solicitó proyectos para la nueva Puerta de Alcalá a Sabatini, Villanueva y Ventura Rodríguez. Este le presentó cinco diseños, pero fue elegido el de Sabatini.

Imagen parcial de la parte superior de la fuente,, con la imagen de Apolo y debajo las figuras de las cuatro estaciones
Boceto de la Fuente de Apolo.
El ingenio creativo de Ventura no flaqueó y en esa época acometió proyectos importantes, como el nuevo presbiterio y el retablo del altar mayor de la colegiata de San Isidro, la continuación de las obras del palacio de Liria, cuando el arquitecto francés Guilbert fue despedido al aparecer grietas; el palacio de Altamira, de 1772, hoy sede del Instituto Europeo de Diseño; además de obras en iglesias, conventos y edificios civiles de poblaciones madrileñas (Vallecas, Leganés) y en Pamplona, Málaga, Toledo, Murcia o San Sebastián, entre otras.

Obtuvo además el cargo de arquitecto mayor de obras y fuentes del Ayuntamiento, y como tal realizó sus trabajos más admirados en Madrid, el diseño de las fuentes monumentales para ornato del paseo del Prado, símbolos de la ciudad: Cibeles. Neptuno y Apolo y las Cuatro Estaciones, además de las Cuatro Fuentes, la de las Conchas (para el palacio del Infante don Luis, hoy en el Campo del Moro) y la de la Alcachofa, hoy en el Retiro, con una réplica en la glorieta de Atocha. 

La erudición e ingenio del arquitecto ciempozueleño para unir la influencia italiana y francesa con el estilo propio de la arquitectura española le valieron el reconocido título de renovador de la arquitectura clásica española, en una época de decadencia (desde mediados del siglo anterior) en que se pensaba en Europa que todo el arte en España era francés o italiano. 

Sus méritos no le alejaron de la humildad y honestidad de las que siempre hizo gala, ni de su disposición permanente para la enseñanza entre colegas y ayudantes. Fue amigo de algunos de los personajes más sobresalientes del arte, la ciencia y la política de la época, como Jovellanos, Mengs, Goya o el infante Luis de Borbón, hermano de Carlos III, para quien diseñó su palacio y jardines de Boadilla del Monte.

Falleció en 1785 en su casa de la calle Leganitos y fue enterrado en la iglesia de San Marcos. Más tarde sus restos fueron trasladados a la capilla de los arquitectos de la iglesia de San Sebastián, que él había remodelado, donde se hallan junto a los restos del otro gran arquitecto del neoclasicismo, Juan de Villanueva. En Madrid, una calle y una estación de Metro de la línea 3 llevan su nombre; en Ciempozuelos tiene dedicados una plaza y un monumento, y su efigie en relieve ocupa uno de los 16 medallones de mármol de la fachada del Museo del Prado.

26 febrero, 2018

Marqués viudo de Pontejos, el alcalde que reformó Madrid

Retrato del marqués a mediana edad. Viste un traje propia de la época del Romanticismo y luce en el rostro unas largas patillas.s.
Marqués de Pontejos (Esquivel. Ayto. de Madrid).

En sólo dos años al frente del Ayuntamiento de Madrid, Joaquín Vizcaíno, marqués viudo de Pontejos, se convirtió en uno de los alcaldes más celebrados por los madrileños. Su prestigio, conocimientos y voluntad sentaron las bases, como no se había hecho antes, para convertir Madrid en una ciudad moderna y ordenada. 

Encargó la realización de un detallado plano topográfico de la ciudad para planificar el desarrollo urbanístico y la mejora de calles y plazas, aunque era consciente de que, por su delicada salud, no vería realizados todos sus proyectos y serían otros quienes los llevaran adelante. Pero sí tuvo tiempo de realizar muchas reformas: empedró las calles, elevó las aceras y empleó grandes losas en las aceras nuevas; puso orden en el confuso callejero madrileño, que incluía muchas calles con el mismo nombre, algunas sin él o llamadas como algún vecino, y otras con varios nombres; numeró las casas en el sentido que hoy conocemos y rotuló todas las calles al principio y final de las mismas. Además, inició la iluminación de calles mediante farolas de gas, que sustituyeron a los faroles de aceite o petróleo, con un importante ahorro y mayor eficacia.

Eliminó de las calles la costumbre de la venta de alimentos en cajones, estableció las normas de funcionamiento de mercados y mataderos, ordenó la plantación de numerosos árboles en las calles y puso en marcha la recogida de basura en carros cerrados. Durante su mandato finalizó las obras del paseo de la Castellana, hizo reformas en la plaza Mayor e instaló las farolas candelabro de la plaza de Oriente. Fundó el Asilo de San Bernardino para mendigos, la Escuela de Párvulos, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad e impulsó varias instituciones culturales, artísticas y benéficas.

Las reformas urbanísticas y mejoras sociales emprendidas por el marqués de Pontejos le valieron el reconocimiento del pueblo de Madrid, pasando a la historia entre sus mejores alcaldes. No fue un recorrido fácil. Como adalid del progreso y el buen gusto en materia urbanística tuvo que lidiar contra la ignorancia y la rutina enquistada en la administración municipal. Su tenacidad y dedicación sacaron adelante muchas de las mejoras que necesitaba la ciudad, en ocasiones aportando fondos de su propia fortuna.

Vista parcial de la pequeña plaza, en el entorno urbanístico típico de la Puerta del Sol
Plaza Marqués Viudo de Pontejos. Foto: S.C.
En Madrid tiene dedicadas a su honorable memoria una plaza y una calle en el lugar donde antes estuvo el convento de San Felipe el Real, cuyo famoso mentidero se asomaba a la Puerta del Sol, en el lugar que hoy ocupa el edificio Casas de Cordero. Además tiene una estatua en la plaza de las Descalzas y un paseo del parque del Retiro lleva su nombre.

El marqués de Pontejos cultivó la amistad del célebre periodista y escritor Ramón de Mesonero Romanos, otro reformista que además fue su asesor durante su mandato. Ocupó el cargo de alcalde (corregidor) de Madrid entre 1834 y 1836, durante la regencia de María Cristina de Borbón, unos años antes del reinado de Isabel II.

La convulsa política de la época y las tensiones partidistas contra quien no pertenecía a bando alguno, además de su frágil salud, le apartaron pronto de la actividad municipal. Su familia era de Vicálvaro (Madrid), aunque él nació en 1790 en La Coruña, donde estaba destinado su padre, que era fiscal. Durante el Trienio Liberal, siendo alcalde de Madrid Pedro Sáinz de Baranda, se alistó a la Milicia Nacional, lo que le llevó al exilio tres años después, cuando Fernando VII recuperó el poder absoluto. Durante sus diez años de exilio vivió en Francia e Inglaterra con su esposa, María Ana de Pontejos y Sandoval, marquesa de Pontejos y condesa de la Ventosa, de quien obtuvo el título.

20 noviembre, 2017

El Madrid de Alfonso XIII

Retrato del rey a los 21 ños. Viste traje militar con las máximas condecoraciones militares.
Alfonso XIII (C. Franzen,1907).
Alfonso XIII, el único que fue rey desde que nació, inició su reinado coincidiendo con un periodo de prosperidad e importantes cambios tras los vaivenes y la agitación política que sacudieron el siglo XIX. Nacido en el Palacio Real en 1886, la infancia del hijo póstumo de Alfonso XII transcurrió con su madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena, ejerciendo la regencia en su nombre. María Cristina hizo instalar luz eléctrica en el palacio y levantó una tapia en torno al anexo Campo del Moro para convertirlo en parque de recreo del niño rey. 

Fue en esa época cuando el jesuita y escritor Luis Coloma, escribió para él un cuento basado en la tradición del ratón Pérez, citando como residencia del roedor una caja de galletas en los sótanos de una confitería de la calle Arenal, número 8. El mismo lugar donde hoy existe la casa museo del ratón Pérez.

Comenzaba el reinado de Alfonso XIII en 1902, con 16 años, mayoría de edad según lo indicado por la Constitución para los monarcas. Al cumplir los 20 se casó con la princesa inglesa Victoria Eugenia de Battenberg en la iglesia de los Jerónimos. Con motivo del enlace se construyó la escalinata de acceso a la iglesia. Aquel día, 31 de mayo de 1906, a punto estuvieron de perder la vida. Los recién casados volvían en carroza al Palacio Real cuando el anarquista Mateo Morral les arrojó una bomba dentro de un ramo de flores, desde el cuarto piso de una fonda situada en el número 88 (hoy 84) de la calle Mayor. Los reyes salieron indemnes, también el cochero real, Rufino Salas Medina, pero murieron 24 personas y hubo casi un centenar de heridos.

Además de las deficientes medidas de seguridad, la boda puso en evidencia la falta en Madrid de hoteles de categoría para los notables invitados que asistieron al evento, que se alojaron en varios palacios de la ciudad. Poco después, entre 1908 y 1911 se construyeron los dos hoteles principales de Madrid, el Ritz y el Palace.

 
La calle de Alcalá con un cotidiano tráfico de la época: tranvías eléctricos, coches a motor y coches de caballos.
Calle de Alcalá, 1913. Archivo: Memoria de Madrid.

En esa época los madrileños acudían a diario a los numerosos cafés del centro de la ciudad, que acogían todo tipo de tertulias; se lucían en los jardines del Buen Retiro y alrededores y se divertían sobre todo en verbenas, teatros y salones de variedades. 


A éstos entretenimientos se sumaban las primeras películas de cine mudo y una nueva actividad de la que daba cuenta la prensa ya en 1902, cuando decía que unas treinta personas vestidas en "ropas menores" se habían reunido en un solar cerca de la antigua plaza de toros (hoy avenida Felipe II) para jugar a un deporte importado de Inglaterra llamado foot-ball y consistente en darle patadas a un balón... Eran tiempos de la ‘belle époque madrileña’, de cupletistas y cabarets, mientras Europa estaba a punto de desangrarse en la Primera Guerra Mundial.

La obra más importante emprendida en Madrid en este periodo fue la Gran Vía, eje primordial de comunicación entre los das zonas emergentes más importantes, el barrio de Salamanca y el barrio de Argüelles. El rey daba por inauguradas las obras en 1910 con un golpe de piqueta en la ‘casa del cura’, contigua a la iglesia de San José. Le acompañaban el alcalde, José Francos Rodríguez, y el presidente del Gobierno, José Canalejas. Madrid tenía 600.000 habitantes y el tranvía eléctrico era el principal medio de transporte público.

Vísta del tercer tramo de la Gran Vía en obras, desde la plaza de Callao (1923-1930)
Gran Vía en obras, desde la plaza de Callao.

También en 1910 comenzó el proyecto de construcción de la plaza de España, en el solar donde había estado el cuartel de San Gil, aunque siguió siendo un descampado hasta 1918, y diez años después se levantó el monumento a Cervantes. En 1911 surgieron los dos primeros aeropuertos, ambos militares, el de Cuatro Vientos, en Carabanchel, y el de Getafe.

Con los cambios económicos y los nuevos sistemas de producción, surgió una clase obrera que se fue organizando en defensa de sus derechos. A partir de 1917 el sistema político entró en crisis y comenzó un periodo de inestabilidad social. Ese año durante la primera huelga general en España fue detenido el comité de huelga de Madrid y el ejército reprimió las manifestaciones. Hubo más de 70 muertos y unos 2.000 detenidos en todo el país. 


Un acontecimiento trascendental en esa ápoca fue la apertura en 1919 de la primera línea de Metro, Sol-Cuatro Caminos, a cargo de la compañía Metropolitano Alfonso XIII. El mismo año se abrió el Palacio de Correos y Comunicaciones, hoy Palacio de Cibeles, diseñado por los arquitectos Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, sede del Ayuntamiento de Madrid.

En 1922 se inauguró el monumento a Alfonso XII junto al estanque del parque del Retiro, un proyecto que había iniciado la reina viuda María Cristina, financiado por suscripción popular. Es el conjunto escultórico más grande de Madrid, obra de José Grases Riera, presidido por la estatua ecuestre del rey realizada por Mariano Benlliure. Luego llegó la dictadura del general Primo de Rivera, mediante un golpe de Estado que contó con el beneplácito de Alfonso XIII. 


El otro gran proyecto de la época fue la Ciudad Universitaria, cuyas obras se iniciaron en 1927 en lo que fue zona boscosa. Los trabajos quedaron paralizados por la guerra civil y se retomaron posteriormente. El general Primo de Rivera dimitió a principios de 1930 al perder el apoyo del ejército y del rey. Tras las elecciones de 1931 se proclamó la II República española. Los reyes abandonaron España y poco después se divorciaron. Alfonso XIII se instaló en Roma, donde falleció en 1941.

24 noviembre, 2016

Pepe Isbert, el abuelo del cine español

En el balcón del Ayuntamiento, los actores Pepe Isbert y Manolo Morán vestidos con sombrero y traje andaluz.
Escena de Bienvenido, Mister Marshall
El inolvidable actor madrileño Pepe Isbert dejó un legado inmenso al cine español. Más de 50 años después de su muerte, su imagen de hombre entrañable y su voz ronca permanecen inalterables en la memoria de varias generaciones. Con su naturalidad y su particular modo de interpretar, Pepe Isbert se convirtió en uno de los principales actores españoles.

Debutó en el cine en 1912 con la  película Asesinato y entierro de don José Canalejas, en el papel del asesino Manuel Pardiñas. Hacía sólo 16 años que se habían exhibido las primeras películas de cine en Madrid. Sin embargo, su larga filmografía se concentró entre 1941 y 1965, periodo en el que Pepe Isbert interpretó todo tipo de personajes populares, muchas veces como actor secundario. Fue ya en su madurez cuando llegaron sus grandes interpretaciones, en películas que han pasado a la historia del cine, como Bienvenido, Mister Marshall (1952), Historias de la radio (1955), Manolo, guardia urbano (1956), Calabuch (1956), Los jueves, milagro (1957), El cochecito (1960), La gran familia (1962) o El verdugo (1963).

 
El actor en su edad madura, con su habitual traje oscuro y corbata.
Pepe Isbert.

Su interpretación en Bienvenido, Mister Marshall es posiblemente la más recordada por el público. Dirigida por Luis García Berlanga y rodada en Guadalix de la Sierra (Madrid), tiene como protagonistas a Lolita Sevilla, Manolo Morán y Pepe Isbert, que interpreta al anciano y campechano alcalde de Villar del Río. Era éste un imaginario pueblo castellano de los años 50 adonde llega la noticia de la inminente visita de los delegados en España del Plan Marshall norteamericano (Programa de Recuperación Europea tras la 2ª Guerra Mundial). Estimulados por las posibles inversiones que los visitantes podrían hacer en el pueblo, sus habitantes, con el alcalde a la cabeza, se movilizan para convertir la localidad en un típico pueblo andaluz, que suponen será más del gusto de los americanos.

Esta comedia, que supo burlar la censura franquista, tiene un trasfondo de crítica a la España del momento y a la exclusión de España del Plan Marshall. Estrenada en el madrileño Cine Callao, se convirtió en una de las más importantes de la historia del cine español, tanto por el cambio en los planteamientos cinematográficos de la época, como por los premios obtenidos en el Festival de Cine de Cannes: Mejor Película de Humor y Mención Especial por su guión, que sacaron al cine español del su asilamiento internacional.

Del teatro al cine

José Isbert Alvarruiz nació el 3 de marzo de 1886 en Madrid. Estudió el Bachillerato en Granada y a su vuelta a Madrid estudió en la Escuela Central de Comercio, donde obtuvo el título de Profesor Mercantil. A los 19 años debutó como actor en la compañía del Teatro Apolo, con la obra El iluso Cañizares, y desde entonces se dedicó principalmente al teatro, aunque trabajó en algunas películas: Asesinato y entierro de don José Canalejas (1912), ¡A la orden, mi coronel! (1919), La mala ley (1924), Cuarenta y ocho pesetas de taxi (1929), La pura verdad (1932), Vidas rotas (1935) y La bien pagada (1935). Del Apolo pasó a la compañía del Teatro Lara, donde actuó durante 16 años como primer actor, hasta que en 1935 formó su propia compañía.

Fotograma en el que el abuelo (Isbert) ofrece una galleta a su desconsolado y pequeño nieto.
Imagen de la película La gran familia.

Entre 1941 y 1965 trabajó en un centenar de películas. En 1964 sufrió una afección laríngea que le obligó a abandonar su profesión, aunque en 1965 reapareció en Operación Dalila, su última película, ya que falleció en Madrid el 28 de noviembre de 1966. La vocación de actor la continuaron su hija, la actriz María Isbert (Madrid 1917-Villarrobledo, Albacete 2011) y su nieto, Tony Isbert (Madrid, 1950).

En Madrid, una calle del barrio de San Blas lleva el nombre de Pepe Isbert y también una de las estaciones de la línea 3 del Metro Ligero, en la Ciudad de la Imagen (Pozuelo de Alarcón), donde también existe la calle José Isbert. Desde 1995, en la ciudad de Albacete se entrega cada año el Premio Nacional de Teatro ‘Pepe Isbert’.


En los balcones de la memoria todavía resuenan aquellas palabras del alcalde de Villar del Río: "Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar".

15 marzo, 2016

La muerte de Cervantes

La famosa imagen de Cervantes: frente despejada, nariz aguileña, barba y largos bigotes canosos, traje negro y golilla en el cuello.
Cervantes (J. de Jáuregui). RAE
Cervantes vino a morir a Madrid. Había pasado una temporada en el pueblo toledano de Esquivias, de donde era su mujer, Catalina de Salazar Palacios, intentando reponerse de su enfermedad, una grave hidropesía. A mediados del mes de marzo de 1616 regresó con Catalina a Madrid, a su casa de la calle del León esquina con la de Francos, hoy calle Cervantes. Esta casa del barrio de las Letras o de los Literatos, llamado entonces barrio de San Sebastián, era amplia, con balcones a ambas calles, y pertenecía a Francisco Martínez, amigo de Cervantes y capellán del vecino convento de las Trinitarias, que le había alquilado algunas habitaciones de la planta baja del edificio.

Consciente de que su mal no le daría tregua, el Príncipe de los Ingenios dedicó sus últimos días a escribir cartas de agradecimiento a quienes le habían favorecido en su azarosa vida, y a prepararse para el último trance. El 26 de marzo de 1616 escribió al arzobispo de Toledo, Bernardo Sandoval, quien le pagaba el alquiler de la casa donde vivía. El 2 de abril profesó en la Venerable Orden Tercera de San Francisco, de la que era miembro no profeso desde unos años antes. Dado su estado, recibió el favor de no tener que desplazarse al convento de San Francisco, y profesó en su casa. En el libro de registro de estos actos se indica que “ingresó Cervantes en la orden en las postrimerías de su vida, teniendo una vela blanca en la mano derecha y la cuerda y el hábito en la izquierda, falta de movimiento por la herida recibida en Lepanto. Cubierto por el hábito, la sotanilla le descubría el calzón, la manga cerrada y el ferreruelo de estameña y la cuerda que le caía hasta las rodillas”.

El día 18 de abril recibió la extremaunción y al día siguiente, tres antes de su muerte, escribió a su bienhechor el conde de Lemos, Pedro Fernández de Castro: “Puesto ya un pie en el estribo, con las ansias de la muerte, gran señor, ésta te escribo. Ayer me dieron la Extremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuesa Excelencia; que podría ser fuese tanto el contento de ver a Vuesa Excelencia bueno en España, que me volviese a dar la vida. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos, y por lo menos sepa Vuesa Excelencia este mi deseo, y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle que quiso pasar aun más allá de la muerte, mostrando su intención…”. Era el conde de Lemos su mecenas y también de otros importantes literatos de la época, como Quevedo y Góngora.

Se desconoce si en estos últimos días de Cervantes, además de su mujer y su amigo el capellán de las Trinitarias, que habitaba en la misma casa, hubo otras personas acompañándole. Se supone que estarían con él o le visitaron su sobrina, Constanza de Ovando y los poetas Francisco de Urbina, sobrino suyo, y Luis Fernández Calderón, ya que ambos escribieron epitafios dedicados a Cervantes.

Fachada de la iglesia y convento de las Trinitarias, con tres arcos en la entrada principal de un edifico sencillo de viejos ladrillos.
Convento de las Trinitarias, Madrid.

En los últimos momentos estarían también algunos miembros de la Orden Tercera franciscana, que asistía a sus miembros moribundos y se hacía cargo de su entierro. No se sabe si estuvo presente su hija ilegítima, Isabel de Saavedra, fruto de su relación con Ana Villafranca y nacida en 1584, el mismo año que Cervantes se casó con Catalina y fijó su residencia en Esquivias.

El 22 de abril de 1616 fallecía Miguel de Cervantes Saavedra, a los 68 años de edad. Fue amortajado con el hábito franciscano y al día siguiente una comitiva de la Orden Tercera le llevó en ataúd, con el rostro descubierto y una cruz de madera en la mano derecha, a la iglesia del cercano convento de las Trinitarias Descalzas, en la cercana calle de Cantarranas, hoy calle Lope de Vega. En ese convento creado en 1612, que era entonces sólo un grupo de casas que se fue ampliando hasta la construcción del actual a finales de siglo, fue enterrado el más glorioso novelista, mientras repicaban las campanas, según la costumbre de los trinitarios.

El epitafio escrito por Francisco Urbina decía:
 
Caminante, el peregrino 
Cervantes aquí se encierra; 
su cuerpo cubre la tierra, 
no su nombre, que es divino, 
en fin hizo su camino; 
pero su fama no es muerta, 
ni sus obras, prenda cierta 
de que pudo a la partida, 
desde esta a la otra vida 
ir, la cara descubierta.
Sobre la placa conmemorativa se sitúa en alto relieve el perfil de la efigie de Cervantes tallado en un medallón y debajo los adornos.
Placa en la calle Cervantes.
La casa donde murió Cervantes fue derribada en el siglo XIX, a pesar de las protestas de Mesonero Romanos, cronista de la Villa, pero consiguió que el rey Fernando VII se interesara por la compra del solar para construir allí “algún establecimiento literario”. No se logró porque el propietario se negó a venderlo. Cuando se levantó en el lugar un edificio, se instaló en su fachada la placa conmemorativa que hoy puede verse en la calle Cervantes, con la siguiente inscripción:
"Aquí vivió y murió 
Miguel de Cervantes Saavedra, 
cuyo ingenio admira el mundo. 
Falleció en MDCXVI."

Y sobre ella un medallón de mármol de Carrara con la imagen en relieve del más universal de los escritores, adornado con trofeos poéticos y militares, inaugurado en 1834.

En 2016, con motivo del cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, la Biblioteca Nacional de España acogió la muestra Miguel de Cervantes: de la vida al mito (1616-2016), la mayor exposición conmemorativa relacionada con la vida del autor de El Quijote.

21 octubre, 2015

Todos los alcaldes de Madrid

La lista de todos los corregidores, alcaldes y otros títulos de los máximos mandatarios de Madrid llega a 238 personas, entre ellas 24 condes, 28 marqueses, 7 duques y 1 vizconde.  El primer título nobiliario de la lista aparece en 1634, el conde de Revilla y el último es José Finat, 1952-65, conde de Mayalde. En toda la historia, sólo dos mujeres han ocupado la Alcaldía de Madrid, Ana Botella (2011-2015) y Manuela Carmena (2015-2019). Algunos alcaldes ejercieron el cargo en varios mandatos:


Tela de color rojo carmesí, con flecos dorados. Tiene bordados un círculo blanco en el centro con el nombre Concejo de Madrid con corona real y dos palmas a los lados. En las cuatro esquinas el escudo de la Villa.
RODRIGO RODRÍGUEZ, 1219
(OTROS SEÑORES DE LA VILLA 1220-1346)
FRANCISCO LUJÁN, 1346-53
DIEGO FERNÁNDEZ DE GUDIEL, 1374
JUAN DE ARACO, 1458
DIEGO DE VALDERRÁBANO, 1465
DIEGO CABEZA DE VACA, 1472
FERNANDO GÓMEZ DE AYALA, 1472-73
JUAN PÉREZ BARRADAS, 1475
JUAN DE BOBADILLA, 1477
ALONSO PÉREZ (BACHILLER), 1478
ALONSO DE HEREDIA, 1479
RODRIGO DE MERCADO, 1480
JUAN DE TORRES, 1483
ANTONIO GARCÍA DE LA CUADRA, 1484
ALONSO DEL ÁGUILA, 1485
JUAN PÉREZ DE BARRADAS, 1487
PEDRO SÁNCHEZ (O SUÁREZ) DE FRÍAS, 1487
TRISTÁN DE SILVA, 1491
JUAN DE VALDERRAMA, 1492
CRISTÓBAL DE TORO, 1494
ALONSO MARTÍNEZ DE ANGULO, 1499
LORENZO DE MALDONADO (LICENCIADO), 1503
PEDRO VÉLEZ DE GUEVARA, 1506
PEDRO SÁNCHEZ MACHUCA, 1508
FRANCISCO DE NERO, 1510 
La bandera de Madrid ondea en su mástil en una calle del centro de Madrid
Bandera de Madrid.
PEDRO DE VACA, 1510
PEDRO DE CORDELA, 1514
ALONSO DEL CASTILLO, 1516
JUAN DE GUEVARA, 1518
ASTUDILLO (LICENCIADO), 1520
JUAN ZAPATA, 1520
MARTÍN ACUÑA, 1521
JUAN MANRIQUE DE SUNA, 1522
PEDRO ORDÓÑEZ DE VILLAQUIRÁN, 1528
ANTONIO VÁZQUEZ DE CENEDA, 1531
PEDRO DE QUIJADA, 1535
MARCOS DE BARRIONUEVO, 1535
SANCHO DE CÓRDOBA, 1537
SUÁREZ DE TOLEDO, 1540
PEDRO NÚÑEZ DE AVELLANEDA, 1541
ANTONIO DE MENA (LICENCIADO), 1543
ALONSO DE TOVAR, 1544
ALFARO (LICENCIADO), 1547
JUAN DE ACUÑA, 1548
CÉSPEDES DE OVIEDO (LICENCIADO), 1551
ARÉVALO (LICENCIADO), 1557
RUY BARBA CORONADO, 1559
JOSÉ DE BETETA, 1561
FRANCISCO ARGOTE, 1561
RUIZ DE VILLAQUIRÁN, 1563
FRANCISCO DE SOTOMAYOR, 1565
PERNIA (DOCTOR), 1567
ANTONIO DE LUGO, 1569
LÁZARO DE QUIÑONES, 1573
MARTÍN DE ESPINOSA (LICENCIADO), 1575
LUIS GAITÁN DE AYALA, 1579 y 1587
ALONSO DE CÁRDENAS, 1583
RODRIGO DE AYALA, 1592
RUIZ DE BRACAMONTE (MOSÉN), 1599
ALONSO MARTÍNEZ ANGULO, 1600
RUIZ DE BRACAMONTE (MOSÉN), 1601
SILVA DE TORRES (LICENCIADO), 1602
GONZALO MANUEL, 1607
PEDRO DE GUZMÁN, 1612
FRANCISCO DE VILLARIZ, 1618
JUAN DE CASTRO CASTILLA, 1622
FRANCISCO DE BRIZUELAS Y CÁRDENAS, 1625
NUÑO DE MOJICA, 1630
REVILLA (CONDE DE), 1634
JUAN ANTONIO DE FRAILE ARELLANO, 1638
FRANCISCO ARÉVALO DE ZUAZO, 1641
ÁLVARO QUEIPO DE LLANO Y VALDÉS, 1647 y 1654
ÍÑIGO FERNÁNDEZ DE CORDOBA, 1648
LUIS JERÓNIMO DE CONTRERAS, 1649
COVATILLAS (CONDE DE), 1652
MARTÍN DE ARRESE GIRÓN, 1657
CASARES (MARQUÉS DE ), 1659
ALONSO NAVARRO HARO, 1664
FRANCISCO DE HERRERA ENRÍQUEZ, 1667 y 1678
BALTASAR DE RIVADENEYRA ZÚÑIGA, 1671
UGENA (MARQUÉS DE), 1679
CAMPOSAGRADO (MARQUÉS DE), 1680
VILLAHERMOSO (MARQUÉS DE), 1683
FRANCISCO DE VARGAS, 1690 y 1697
FRANCISCO DE RONQUILLO, 1694 y 1699
FERNANDO MATANZA CORCUERA, 1703

Marqués de Vadillo
ALONSO PÉREZ DE SAAVEDRA (CONDE DE LA JAROSA), 1706 y 1713
ANTONIO SANGUINETO Y ZAYAS, 1710
VADILLO (MARQUÉS DE), 1715
 MARTÍN GONZÁLEZ DE ARCE,1730
URBANO DE AHUMADA (MARQUÉS DE MONTEALTO), 1731
ANTONIO PEDRO DE NOLASCO (CONDE DE MACEDA), 1746
ANTONIO DE HEREDIA BAZÁN (MARQUÉS DE RAFAL), 1747
JUAN FRANCISCO DE LUJÁN Y ARCE, 1753
ALONSO PÉREZ DELGADO, 1765
ANDRÉS GÓMEZ DE LA VEGA, 1776
JOSÉ ANTONIO DE ARMONA Y MURGA, 1777
JUAN DE MORALES GUZMÁN Y TOVAR, 1792-1800
JOSE DE URBINA, 1803-05
JOSÉ MARQUINA Y GALINDO, 1805-08
PEDRO DE MORA Y LOMAS, 1808-10
DÁMASO DE LA TORRE, 1810-11
MANUEL GARCÍA DE LA PRADA, 1811-12
VILLAPATIERNA (CONDE DE), 1812
MAGÍN FERRER, 1812
FRUTOS ÁLVAREZ BENITO, 1812
JUAN ANTONIO PICO, 1812
ITURVIETA (MARQUÉS DE), 1812 y 1813

Pedro Sáinz de Baranda
PEDRO SÁINZ DE BARANDA Y GORRITI, 1812-1813 y 1820
MOCTEZUMA (CONDE DE), 1814
HORMAZAS (MARQUÉS DE LAS), 1814-16
JOSÉ MANUEL DE ARJONA, 1816-20
FÉLIX OVALLE, 1820
RODRIGO DE ARANDA, 1820 y 1822
JOSÉ PÍO DE MOLINA, 1820-21 y 1823
CLAVIJO (CONDE DE), 1821
GOYENECHE (CONDE DE), 1821-22
SANTA CRUZ (MARQUÉS DE), 1822
RAMÓN CASELLA, 1822
ARIAS GONZALO DE MENDOZA, 1822-23
LUIS BELTRÁN DE LEO, 1823
JOAQUÍN LORENZO MOZO, 1824
LEÓN DE LA CÁMARA CANO, 1824-28
TADEO IGNACIO GIL, 1828-30
DOMINGO MARÍA DE VARRAFÓN, 1830-34

Marqués Viudo de Pontejos
FALCES (MARQUÉS DE ), 1834-35
JOSÉ MARÍA GALDEANO, 1835
JOAQUÍN VIZCAÍNO (MARQUÉS DE PONTEJOS), 1835-36
JUAN LOSAÑA, 1836
JOSÉ MARÍA BASUALDO, 1837
VÍCTOR LÓPEZ MOLINA, 1838
MANUEL RUIZ OGANIO, 1838
TOMÁS FERNÁNDEZ VALLEJO, 1839
LUIS OSEÑALDE, 1839
SALUSTIANO OLÓZAGA, 1840
JOAQUÍN MARÍA FERRER, 1840
FRANCISCO JAVIER FERRO MATEO, 1840
PEÑAFLORIDA (MARQUÉS DE), 1842 y 1845
JUAN ÁLVAREZ MENDIZÁBAL, 1843
JACINTO FÉLIX DOMENECH,1843
IGNACIO DE OLEA, 1843 y 1854
MANUEL DE LARRAIZ, 1843-44
MANUEL DE BÁRBARA, 1844
SOMERUELOS (MARQUÉS DE), 1844 y 1847, JOAQUÍN JOSÉ DE MURO
VERAGUA (DUQUE DE), 1845-46
JOSÉ LAPLANA, 1846
VISTAHERMOSA (CONDE DE), 1847
SANTA CRUZ (MARQUÉS DE), 1848-51
LUIS PIERNAS, 1851-52
QUINTO (CONDE DE), 1852 y 1853-54
JOSÉ SECO DE BALDOR, 1854
VALENTÍN FERRAZ, 1855-56
ALBA (DUQUE DE), 1857
CARLOS MARFORI, 1857
SESTO (DUQUE DE), 1857-64
TAMAMES (DUQUE DE), 1864
PUÑONROSTRO (CONDE DE), 1864
Retrato del Marqués de Cubas
Marqués de Cubas
BALASCOAIN (CONDE DE), 1864-65
JOSÉ RAMÓN OSORIO, 1865
SAN SATURNINO (MARQUÉS DE), 1865-66
VILLASECA (MARQUÉS DE), 1866-67
VILLAMAGNA (MARQUÉS DE), 1867
VILLAR (MARQUÉS VIUDO DE), 1867-68
NICOLÁS MARÍA RIVERO, 1868-70
MANUEL MARÍA JOSÉ DE GALDO, 1870
FERNANDO HIDALGO SAAVEDRA, 1870-72

CARLOS MARÍA PONTE, 1872
SARDOAL (MARQUÉS DE ), 1872 y 1874
SIMEÓN ÁVALOS, 1872-73
PEDRO MENÉNDEZ VEGA, 1873
PEDRO BERNARDO ORCASITAS, 1873-74
TORENO (CONDE DE), 1874-75
HEREDIA SPINOLA (CONDE DE), 1875-77
TORNEROS (MARQUÉS DE), 1877-81
JOSÉ ABASCAL Y CARREDANO, 1881-83 y 1885-89
URQUIJO (MARQUÉS DE), 1883
BOGARAYA (MARQUÉS DE), 1884-85
Rostro del Conde de Peñalver
Conde de Peñalver
 

ALBERTO BOSCH Y FUSTERGUERAS, 1885 y 1891-92
ANDRÉS MELLADO, 1889-90
CAYETANO SÁNCHEZ BUSTILLO, 1890

VISTAHERMOSA (DUQUE DE), 1890
FAUSTINO RODRÍGUEZ SAN PEDRO, 1890-91
CUBAS (MARQUÉS DE), 1892

PEÑALVER (CONDE DE), 1892, 1895-96 y 1907-09
SAN BERNARDO (CONDE DE), 1892-93

SANTIAGO ANGULO, 1893-94
ROMANONES (CONDE DE), 1894-95 y 1897-99
MONTARCO (CONDE DE), 1896
JOAQUÍN SÁNCHEZ DE TOCA, 1896-97
AGUILAR DE CAMPOO (MARQUÉS DE), 1899-1900
MANUEL ALLENDESALAZAR, 1900
SANTO MAURO (DUQUE DE)  MARIANO FERNÁNDEZ DE HENESTROSA, 1900-01
ALBERTO AGUILERA, 1901-02, 1906-07, 1909-10
PORTAZGO (MARQUÉS DE) VICENTE CABEZA DE VACA, 1902-03
LEMA (MARQUÉS DE) SALVADOR BERMÚDEZ DE CASTRO, 1903-04
Rostro de Alberto Aguilera
Alberto Agilera
 

MEJORADA DEL CAMPO (CONDE DE) GONZALO DE FIGUEROA, 1904-05
EDUARDO VINCENTI, 1905-06 y 1913
EDUARDO DATO E IRADIER, 1907
JOSÉ FRANCOS RODRÍGUEZ, 1910-12 y 1917-18
JOAQUÍN RUIZ JIMÉNEZ, 1912-13, 15-16, 22-23 y 31
EZA (VIZCONDE DE) LUIS MARICHALAR,1913-14
CARLOS PRATS Y RODRÍGUEZ DE LLANO, 1914-15
JOSÉ DEL PRADO PALACIO, 1915 y 1917
ALMODÓVAR DEL VALLE (DUQUE DE) MARTÍN ROSALES, 1916-17
LUIS SILVELA CASADO, 1917-18
LUIS GARRIDO JUARISTI, 1918-20
LIMPIAS (CONDE DE) RAMÓN RIVERO DE MIRANDA,1920-21
ALFREDO SERRANO JOVER, 1921
VILLABRÁGRIMA (MARQUÉS DE) ÁLVARO DE FIGUEROA, 1921-22
VALLE DE SUCHIL (CONDE DEL), 1922
FAUSTINO NICOLI, 1923
ALBERTO ALCOCER Y RIBACOBA, 1923-24 y 1939-46
VALLELLANO (CONDE DE) FERNANDO SUÁREZ DE TANGIL, 1924-27
MANUEL SEMPRÚN Y POMBO, 1927
JOSÉ MARÍA DE ARISTIZÁBAL (CONDE DE MIRASOL), 1927-30
Rostro de Tierno Galván
Enrique Tierno Galván
 

JOSÉ MARÍA DE HOYOS Y VINENT (MARQUÉS DE HOYOS), 1930-31
PEDRO RICO, 1931-34 y 1936
JOSÉ MARTÍNEZ DE VELASCO, 1934
RAFAEL SALAZAR ALONSO, 1934
SERGIO ÁLVAREZ, R. VILLAMIL, 1935

CAYETANO REDONDO ACENA, 1936-37
RAFAEL HENCHE DE LA PLAZA,1937-39
SANTA MARTA DE BABIO (CONDE DE) JOSÉ MORENO,1946-52

MAYALDE (CONDE DE)  JOSÉ FINAT, 1952-65
CARLOS ARIAS NAVARRO, 1965-73
MIGUEL ÁNGEL GARCÍA LOMAS, 1973-76
JUAN DE ARESPACOCHAGA Y DE FELIPE, 1976-78

JOSÉ LUIS ÁLVAREZ ÁLVAREZ, 1978-79
LUIS MARÍA HUETE MORILLO, 1979
ENRIQUE TIERNO GALVÁN, 1979-86
JUAN BARRANCO GALLARDO, 1986-89
AGUSTÍN RODRÍGUEZ SAHAGÚN, 1989-91
JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ DEL MANZANO Y LÓPEZ DEL HIERRO, 1991-2003
ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN JIMÉNEZ, 2003-2011
ANA BOTELLA SERRANO, 2011-2015
MANUELA CARMENA CASTRILLO, 2015-2019

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ-ALMEIDA, 15 DE JUNIO DE 2019--

11 julio, 2015

Tierno Galván, el alcalde más querido de Madrid

Rostro de Tierno Galván, en los años 80, con su habituales gafas y traje gris.
Enrique Tierno Galván.
Enrique Tierno Galván fue el alcalde más querido y respetado de Madrid. El ‘viejo profesor’, como era conocido, hacía gala de un talante conciliador y de una sintonía con los madrileños que le convirtieron en un personaje popular y un fenómeno político. Hombre de vasta erudición, pero alejado del clasismo, tenía un modo de entender la política desde la cercanía que consiguió el apoyo de la mayoría de los madrileños.

Tierno Galván llegó a la alcaldía en abril de 1979, en las primeras elecciones democráticas celebradas tras la dictadura de Franco. Su investidura fue posible por la alianza entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España (PCE), ya que el candidato que obtuvo más votos fue el de Unión de Centro Democrático (UCD), José Luis Álvarez, alcalde predemocrático hasta ese momento. En las siguientes elecciones, en 1983, Tierno, cabeza de lista por el PSOE, se impuso a la coalición formada por Alianza Popular, Partido Demócrata Popular y Unión Liberal, renovando por mayoría absoluta su mandato al frente del Ayuntamiento de Madrid.

Desde el principio, Tierno Galván perfiló sus líneas maestras como regidor de la capital de España: racionalización de la vida ciudadana, humanización de la ciudad, reivindicación del papel de Madrid a nivel nacional e internacional, democratización del ordenamiento municipal o el fomento de las actividades culturales y lúdicas. Especial empeño puso en sacar la cultura a la calle, convertir los espacios urbanos en lugares de convivencia, potenciar fiestas tradicionales o recuperar festejos casi olvidadas, como los carnavales.

Durante su etapa, el prestigio y popularidad del alcalde y la ciudad obtuvieron un reconocimiento nacional e internacional desconocidos hasta el momento. Se redactó un nuevo plan de ordenación urbana y se puso en marcha la descentralización municipal a las juntas de distrito, se acometió un vasto plan de rehabilitación del casco histórico, se implantó la Operación de Regulación del Aparcamiento (ORA) -una medida controvertida frente al caótico problema del aparcamiento de vehículos- y se inauguró Mercamadrid, cerrándose los mercados centrales que existían en Puerta de Toledo y Legazpi.

También se devolvió el nombre a calles a las que el franquismo había ‘rebautizado’ con nombres del régimen o relacionados con la guerra civil: la Gran Vía recuperó su nombre, abandonando el de avenida de José Antonio; la gran arteria de Madrid, pasó a llamarse paseo de la Castellana en lugar de avenida del Generalísimo, o la calle del Príncipe de Vergara desterró el nombre de General Mola. Se aprobó un Plan Especial de Protección de Edificios Histórico-Artísticos y se recuperaron antiguos edificios, como el cuartel del Conde Duque o el palacio de O’Reilly.

Uno de los sueños del viejo profesor se hizo realidad con el Plan de Saneamiento Integral del río Manzanares. Con un presupuesto de 32.500 millones de pesetas (algo más de 195 millones de euros) se eliminó su pestilencia y se construyeron siete depuradoras para sus aguas, que se poblaron con 2.000 carpas y 25 patos. El lago de la Casa de Campo también se limpió y se cerró al tráfico el paseo de Coches del Retiro.

Otras medidas destacadas fueron la municipalización de las líneas de autobuses periféricas, la construcción de un gran parque al Sur de la ciudad –llamado, tras su muerte, parque Enrique Tierno Galván-, en el que ordenó que se levantara el Planetario de Madrid, o la reforma de la Puerta del Sol y de la Glorieta de Atocha, que suprimió el horroroso scalextric, aunque estas dos últimas actuaciones no llegó a verlas terminadas.
Una placa de barro cocido recuerda donde nació el alcalde "más popular de Madrid", acompañada de otras dos placas, con relieves de su rostro y una paloma de la paz.
Homenaje en Chamberí.


El reconocimiento de Tierno Galván alcanzó a todas las capas sociales de la sociedad madrileña, por su honradez, su educación y su distanciamiento de las luchas políticas cotidianas. Su espíritu crítico azuzaba también a sus compañeros de partido. Sus principales apoyos ciudadanos los tenía entre los jóvenes, que valoraban su decidido apoyo a todo tipo de iniciativas culturales y lúdicas que aparecieron con la democracia y se condensaron en un movimiento cultural conocido  como la ‘movida madrileña’. También las personas mayores eran sus grandes aliados, por su defensa de los intereses de los madrileños por encima de los intereses del partido. Tenía claro que el gobierno municipal “tiene que descender a lo más cotidiano, resolver lo más elemental” y “devolver a la ciudad la conciencia de lo colectivo, que se está perdiendo”.

Los bandos de don Enrique

Muy celebrados en esta época fueron los bandos municipales de don Enrique, como le llamaban los madrileños. Mezcla de su erudición, socarronería y paternalismo, eran un medio de comunicación con los vecinos alejado del lenguaje burocrático. Sus bandos transmitían con ingenio mandatos e iniciativas de interés público para una mejor convivencia entre los ciudadanos. Estos edictos, escritos desde
el costumbrismo madrileño y la ironía, alcanzaron tanta popularidad que los madrileños los esperaban con gran interés. Sirvan de ejemplo algunos párrafos de un bando publicado en noviembre de 1982 relacionado con el problema del aparcamiento de vehículos y la actividad de la grúa municipal:
 

"… Viene muy a propósito todo cuanto antecede si consideramos el descuido, si no malicia, con que muchos vecinos dejan coches y carricoches en el lugar que mejor les peta, sin mirar si es recodo, rincón, esquina o entrada de zaguán, con razón prohibidos por el Concejo (…) Adviértese también por el presente Bando que algunas calles y plazas de la parte más antigua de Madrid, que llaman de los Austrias, se están convirtiendo en plazas y calles de sólo andar, que en tiempos de incuria y atrevimiento dieron en llamar peatonales, para que sin perjuicio de hacer más fácil el tránsito de quienes por ella discurren, los vecinos huelguen y en honesta ociosidad disfruten de tertulias, corros y mentideros, a los que tan aficionados son los moradores de esta Villa (…) Apercíbese también por el presente Bando al vecindario de esta ilustre Corte y Villa que por la aplicación de la sagaz industria de la grúa, que permite transportar un coche a cuestas de otro, ingenioso método que los madrileños odian, se retirarán de la vía pública, con implacable rigor, cuantos medios mecánicos de traslación o transporte estorben el ordenado transcurrir de los discretos vecinos de esta ciudad por sus calles…"

Enseñanza y política

Enrique Tierno Galván nació en Madrid en 1918, en la calle Calvo Asensio, número 4, en el barrio de Chamberí, como indica una placa dedicada por los vecinos al ilustre alcalde. Se licenció en Derecho en 1942 y en Filosofía y Letras en 1944. Obtuvo la cátedra de Derecho Político en las Universidades de Murcia y Salamanca, e impartió clases en la Universidad Complutense de Madrid. Fue apartado de la Universidad en 1965 por su apoyo a las asambleas libres de estudiantes, junto a los también profesores universitarios José Luis López Aranguren y Agustín García Calvo.

En 1967 fundó el Partido Socialista del Interior, que a partir de 1974 pasó a llamarse Partido Socialista Popular (PSP). Con la democracia, se presentó a las primeras elecciones legislativas como cabeza de lista del PSP, obteniendo seis escaños. Un año después el PSP y el PSOE se unificaron, por lo que en las elecciones municipales en 1979 Tierno encabezó la lista del partido socialista, obteniendo la alcaldía de Madrid con los votos del PCE. En las elecciones de 1983 resultó reelegido alcalde con mayoría absoluta.

A lo largo de su vida desarrolló una intensa actividad académica y filosófica, y publicó numerosos ensayos, como Baboeuf y los Iguales, Estudios de pensamiento político, Humanismo y sociedadUn episodio de socialismo premarxista o Democracia, socialismo y libertad

Enrique Tierno falleció, siendo alcalde de Madrid, el 19 de enero de 1986. No había concluido su mandato, sucediéndole en el cargo el teniente de alcalde Juan Barranco. Su entierro fue una espontánea e impresionante manifestación de duelo. Se estimó en un millón las personas que asistieron al paso de la carroza fúnebre tirada por caballos a lo largo de varios kilómetros, desde la plaza de la Villa al cementerio de la Almudena.

22 mayo, 2015

Viaje de Clavijo a la corte de Tamerlán

El rostro de Clavijo de mediana edad y con gran barba y bigote, en un dibujo de la época.
Ruy González Clavijo.
Una de las historias más curiosas del Madrid medieval se refiere al caballero madrileño Ruy González Clavijo y su viaje a la corte del gran Tamerlán, emperador de mongoles y tártaros. Nuestro personaje era camarero del rey Enrique III, quien en 1403 le envió al frente de una embajada a la remota ciudad de Samarcanda, hoy en Uzbekistán, en Asia Central. Enrique III, rey de Castilla y León, quería establecer una alianza con Tamerlán para frenar la expansión de los turcos otomanos. Tamerlán o Tamorlán, como aquí se llamaba a Timur Lang, había derrotado a Bayaceto, gran sultán del imperio otomano, en Ankara (Turquía) en 1402.

La embajada del rey castellano partió en barco desde El Puerto de Santa María (Cádiz) en mayo de 1403. Acompañaban a Ruy González Clavijo el fraile Alonso Páez de Santa María, conocedor de culturas y lenguas orientales, y el caballero Gómez de Salazar como escolta, además de una comitiva de funcionarios y criados. Recorrieron el Mediterráneo hasta su extremo oriental y continuaron el viaje por tierra en una arriesgada y agotadora hazaña que Gómez de Salazar no pudo superar, falleciendo en el intento.

Clavijo llegó a Samarcanda un año y siete meses después de su partida. Allí tuvieron un excelente recibimiento, entregaron los regalos del rey Enrique y asistieron a fiestas. Eran los días en que Tamerlán se preparaba para invadir China, pero poco después el emperador enfermó y falleció. La embajada española, que permaneció dos meses en Samarcanda, no pudo completar su misión ni establecer alianza alguna, regresando a España. En mayo de 1406, Clavijo estaba en Alcalá de Henares, donde se encontraba el rey, a quien narró su aventura. Después escribió la crónica de su viaje en el libro Embajada a Tamorlán.
Dibujo del rostro de Tamerlán, con barba recortada, bigote y turbante en la cabeza.
Tamorlán.

Leyenda de Madrid

La hazaña de Clavijo dio pie a una divertida leyenda con el caudillo mongol. Éste, cuyo imperio tenía nueve veces la extensión de la España actual, quiso deslumbrarles mostrándoles las maravillas de su corte, sus bellos palacios y jardines, las torres y edificios señoriales y las soberbias murallas de la ciudad. 

Visto todo aquello, el caballero madrileño le dijo a Tamerlán: “No te admires, oh gran señor, de las cosas que me has mostrado, porque el gran león de España, mi señor, tiene una ciudad, que la llama Madrid la Ursaria (tierra de osos), mucho más fuerte que ésta, por estar cercada de fuego y fundada sobre agua, a la cual se entra por una puerta cerrada, y hay en ella un tribunal donde los alcaldes son los gatos; los procuradores, los escarabajos; y andan por las calles los muertos”.

Las palabras atribuidas al embajador castellano recuerdan el viejo lema de Madrid: ‘Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son…’ Se refieren, en cuanto al fuego, a que las antiguas murallas de la ciudad, según los historiadores, eran de pedernal fino, por lo que era normal que de aquellas piedras saltaran chipas al ser golpeadas por armas o herramientas. Respecto a la fundación de la ciudad sobre agua, hace alusión a las abundantes aguas subterráneas y arroyos que había en las tierras madrileñas. La Puerta Cerrada era el nombre de una de las puertas de acceso a la ciudad, y el apellido Gato era de nobleza en la villa desde los tiempos de la Reconquista, cuando un soldado trepó ‘como un gato’ por las murallas, en una hazaña que favoreció la toma de la ciudad a los árabes. En cuanto a los escarabajos, eran también apellido ilustre y era habitual que ostentaran cargos de responsabilidad. Por último, los muertos que andan por las calles se refiere a los soldados madrileños enviados al sur a luchar contra los moros. Muchos se quedaban en las fronteras y cuando sus compañeros volvían y eran preguntados por ellos decían que habían muerto. Cuando algunos de aquellos regresaron, la gente decía con socarronería “¡han vuelto los muertos!”, y de ahí surgió el nombre.
Pintura muy colorista, con varios personajes de pie ante el trono de Tamerlán.
Pintura de la corte de Tarmelán.
Dice la leyenda que Tamerlán, mientras escuchaba, no quitaba ojo de su anillo, que tenía una piedra preciosa que cambiaba de color cuando se decía alguna mentira, pero la gema permaneció inmutable. Y que el madrileño siguió contando grandezas: “El rey de Castilla, mi señor, tiene tres vasallos a cada uno de los cuales sirven mas de mil caballeros. En España hay un puente sobre en el que pastan 10.000 cabezas de ganado, y don Enrique III tiene un león y un toro, que se comen en un día ciento cincuenta vacas y otros tantos carneros y cerdos”.

El fantástico relato, al mencionar a los tres vasallos señala a los maestres de las órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara. El gigantesco ‘puente’, alude a los varios kilómetros en los que el río Guadiana fluye bajo tierra antes de salir de nuevo a la superficie. Y el Toro y el León son las dos ciudades castellanas que tienen estos nombres.

Como homenaje a los embajadores castellanos, se construyó una ciudad llamada Madrid a las afueras de Samarcanda, que hoy es un céntrico barrio de esta ciudad. Allí hay una calle llamada Rui Gonsales de Klavixo. Y en la madrileña plaza de la Paja hay una placa que recuerda el lugar donde estuvieron las casas de Ruy González Clavijo.