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19 julio, 2014

Carlos Arniches, genio del sainete y el humor crítico

Retrato del autor, a edad avanzada, con sus gafas de lentes redondas.
Carlos Arniches Barreda
Carlos Arniches, el escritor que mejor interpretó la vida anecdótica madrileña, nació en Alicante en 1866. Su obra se identifica con Madrid a través de los sainetes, género en el que no tuvo rival. Arniches llegó a Madrid con 19 años, después de trabajar como periodista en Barcelona. En la capital se introdujo en el mundo teatral con la ayuda del célebre músico alicantino Ruperto Chapí.

Se inició en el costumbrismo madrileño a través del género chico y el teatro por horas, con zarzuelas y sainetes líricos, como El santo de la Isidra (1898) y La cara de Díos (1899) con las que obtuvo un gran éxito, lo que le llevó a dedicarse a los sainetes. En 1904 estrenó Las estrellas, una de sus obras más representativas, que tuvo como protagonistas a los aclamados cómicos Loreto Prado y Enrique Chicote. Otros famosos sainetes son La señorita de Trévelez (1916), ¡Que viene mi marido! (1918), Los caciques (1920), El señor badanas (1920), Es mi hombre (1921), La tragedia del pelele o El tío Miseria.


Los sainetes de Arniches

Con estas piezas de personajes y ambiente populares el autor trata de forma jocosa temas o situaciones domésticas y graves. La mezcla de ambos elementos deriva en lo grotesco.
 

El esquema los sainetes se repite en muchos casos: dos personajes contrapuestos (un galán bueno y un galán malo; un hombre humilde, honesto y trabajador y otro chulesco, bravucón y con mucha labia), una señorita encantadora pero algo inocente, un señor mayor, ingenioso y protector. El argumento es una exposición de lenguaje popular madrileño, de chiste rápido y fresco. El desenlace llega cuando el bien, el amor y la honestidad ganan el cariño de la chica y el bueno deja en ridículo al malo.

Su lenguaje exagera o deforma el habla cotidiana de los personajes, en contextos de problemas sencillos y de valor universal. Arniches, incluso crea nuevas palabras y las introduce en las conversaciones con ingenio y hábil manejo del lenguaje, logrando el efecto cómico en el público. Unos ejemplos de la obra Los pobres:         
 

LIBRADA. - Pide na más que en las iglesias de señorío, a la salida de los vermuses u en los cines y fives cloques de moda. Su martingala es que en cuantito que ve a una señora se arrima y la dice con voz que lo oiga toa la gente de alrededor: “Señora marquesa, me hallo famélica; agradecería a vuecencia un pequeño óbolo”.
JUSTA. - ¿Qué es óbolo?

LIBRADA - No sé; pero debe ser una cosa cara, porque siempre que lo dice la dan más de veinte céntimos.
En otro momento:
SEÑÁ LIBRADA. - Hace mes y medio. Pos seis reales diarios. Una peseta al mayorcito y cinco gordas por el chavea. Que es regalao, porque hay que ver lo que vale ese niño pa pedir.
 

SEÑÁ JUSTA. - Tengo oído que es una alhaja.
SEÑÁ LIBRADA. - Como que no hay noche que no se retire con sus tres pesetas corridas. Pero se lo merece; es un lince. Le suelta usté en la ca Alcalá, ve a una señorita de esas muy antravés con un señorón de levosa y ya le tiene usté agarrado a los faldones, diciéndole al caballero: “Señorito, una limosna, por la salú de la señorita, que es muy guapa. Ya le podía usté comprar un coche, con esos ojos que tiene. Cómpreselo usté, ande usté.” Hasta que le miran, se echan a reír, el señorito dice: “¡Qué granuja…!” La señorita: “¡Es muy mono!” Y no hay pareja que no le apoquine de dos a tres perras.
Y  en otro:
LIBRADA. – Tié un habla mu fina; siempre que me ve me llama escuálida, que no sé lo que es.
JUSTA. – Algo delicado será.
 LIBRADA. – Seguro, cuando ella lo dice…
la placade la calle dedicada Arniches está hecha de azulejos blancos pintados con su imagen y debajo su nombre.
Placa de la calle dedicada a Arniches.
En el trasfondo, los sainetes arnichescos tienen una función crítica y humana. Sus obras desvelan sistemas de valores deformados por la ambición o la hipocresía, contrapuestos a valores eternos, como la familia, la honradez o el amor; o valores burgueses como la libertad, la tolerancia, el inconformismo, el trabajo personal y otras inquietudes sociales. Así, sus obras se sitúan más allá del mero entretenimiento.
Otras obras son El amigo Melquíades (1914), La flor del barrio (1919), Los milagros del jornal (1924), Don Quintín, el amargao o El que siembra vientos (1924), hasta un total de 270 obras, desde Los aparecidos (1892) a Verdades, terminada el día antes de su muerte repentina en Madrid, en 1943.
 

El ilustre dramaturgo tiene una calle dedicada en el madrileño barrio de Embajadores que fue, con el de Lavapiés, una de las zonas donde más popular se hizo el autor, hasta el punto de que muchas veces se ha puesto en duda si el autor retrataba los tipos y lenguajes de estos barrios populares o eran éstos los que muchas veces le imitaban.

17 febrero, 2014

Mesonero Romanos, cronista de las costumbres de Madrid

El periodista y escritor Ramón de Mesonero Romanos fue el más insigne cronista de Madrid, ciudad a la que dedicó sus obras literarias costumbristas. Su obra, en gran parte firmada con el seudónimo de 'El Curioso Parlante', ejerció una gran influencia sobre los escritores costumbristas posteriores, como Benito Pérez Galdós, a quien asesoró para las dos primeras series de los Episodios Nacionales. Un ingenioso, detallista y ameno narrador de la vida y costumbres de la capital de España.
Retrato a mano y en blanco y negro del busto del periodista, a mediana edad. Lleva gafas ovaladas y viste chaqueta y pañuelo al cuello.
Ramón de Mesonero Romanos

Hijo de una familia acomodada, Mesonero Romanos heredó una fortuna que le permitió dedicarse desde muy joven a la literatura y a una intensa actividad cultural. Con 19 años se incorporó a la Milicia Nacional con motivo de la invasión de los Cien Mil hijos de San Luis, el enorme ejército francés que intervino en España para devolver el poder absoluto a Fernando VII, en 1823, tres años después de que éste jurara la Constitución de 1812 obligado por el levantamiento del teniente coronel Riego. 

Un año antes, en 1822, había publicado su primera obra: Mis ratos perdidos o ligero bosquejo de Madrid en 1820 y 1821. En la portada, un curioso subtítulo: Obra escrita en español y traducida al castellano por su autor. En la introducción dice: 
“Habéis de saber ante todas cosas, lectores míos (si los hubiera que esto todavía está por discutir) que el Supremo Hacedor al imponerme la dura ley de vivir en este triste mundo, tuvo a bien prestarme un genio maligno y socarrón, más inclinado a poner en ridículo todos los objetos chicos o grandes que hieren mis sentidos que a hacer obras de misericordia…”
Luego colaboró en el periódico El indicador de las novedades, en el comenzó a firmar como ‘El curioso Parlante’, alias que mantuvo en gran parte de su obra literaria. Después comenzó una etapa como dramaturgo, refundiendo textos de Lope de Vega y Tirso de Molina y escribió las comedias La señora de protección (1928) y Marido joven y mujer vieja (1929).
Esta página del Semanario Pintoresco muestra un artículo titulado El día de Toros. Sobre él un dibujo de una dama con peineta que va en calesa, acompañada de un mozo a pie que conduce al caballo. Visten trajes típicos.
Página del Semanario Pintoresco Español

En 1831 publicó Manual de Madrid y al año siguiente empezaron a aparecer sus artículos costumbrista sobre Madrid en las revistas 'Cartas Españolas' y la 'Revista Española'. Todos estos artículos los reunió en 1842 en el libro Escenas matritenses. También participó en la fundación del Ateneo de Madrid, del que fue secretario y bibliotecario.

En 1836 fundó el 'Semanario Pintoresco Español', que dirigió hasta 1843, aunque continuó publicándose hasta 1857. Ese año y el siguiente se implicó en la obra Los españoles pintados por sí mismos, un gran compendio costumbrista que reúne 99 artículos de las 51 mejores plumas del momento, y grabados de 21 artistas. El Curioso Parlante aporta a esta obra dos artículos, La patrona de huéspedes y El pretendiente. 

También fue uno de los promotores de la Biblioteca de Autores Españoles, junto al editor barcelonés Manuel Rivadeneyra, el director literario  Carlos Aribau y escritores como Francesc Pi i Margall o Aureliano Fernández Guerra. En esta colección tiene varios tomos de dramas clásicos. En 1847 ingresó en la Real Academia Española, con un discurso sobre la novela.

En 1862 publicó la obra Tipos, grupos y bocetos de cuadros de costumbres, y casi 20 años más tarde, en 1880, Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid, una obra autobiográfica que antes había publicado en forma de artículos en 'La ilustración española y americana'. 

Asesor de urbanismo, concejal reformista 

Mesonero Romanos nació en Madrid el 19 de julio de 1803, en la calle del Olivo, que hoy lleva su nombre. Discurre ésta desde la calle del Carmen hasta la calle del Desengaño, atravesando la Gran Vía.

En la década de 1830 viajó por Francia, Bélgica e Inglaterra, donde adquirió ideas reformistas, principalmente sobre urbanismo, que le llevaron a implicarse en tareas de reforma de la ciudad, primero como asesor de Joaquín Vizcaíno, marqués viudo de Pontejos cuando éste fue alcalde (1834-36). Luego, después de una década que vio desfilar a 19 alcaldes, fue nombrado concejal del Ayuntamiento (1846-49) durante el mandato del alcalde José Laplana. Continuó en el cargo con otros dos regidores de la Villa, el conde de Vistahermosa y el marqués de Santa Cruz. En este periodo redactó un plan de reformas bajo el título Proyecto de mejoras generales de Madrid (1846).También fue diputado en 1858 y en 1864 fue nombrado cronista de la Villa. Poco después cedió al Ayuntamiento su biblioteca particular. 

Este ilustre madrileño murió en 1882. Además de la calle con su nombre, el cronista de la Villa por excelencia tiene un monumento, obra de Miguel Blay, en los jardines del arquitecto Ribera situados detrás del Museo de Historia de Madrid, así como el Premio de Periodismo Mesonero Romanos, del Ayuntamiento de Madrid, que destaca la labor periodística y literaria sobre la ciudad. 

Las obras originales de Mesonero Romanos son de dominio público, como puede verse en la Biblioteca Digital Hispánica, un servicio de la Biblioteca Nacional de España.




21 noviembre, 2013

Francisco de Quevedo, genio de la sátira y la picaresca

Retrato de Quevedo, con bigote, perilla y sus famosos anteojos redondos. En el pecho de su indumentaria negra luce la cruz roja de los caballeros de la Orden de Santiago
Francisco de Quevedo
Personaje insobornable y obsesionado por la decadencia del país, Francisco de Quevedo y Villegas fue quizá el único que se atrevió a desmarcarse de la tendencia a disfrazar la pésima situación que sufría España. En su picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos refleja los males que afectaban a la Villa y Corte y que ahogaban al país en la miseria.

A pesar de contar con mecenas entre los nobles, Quevedo no dudaba en criticar al poder establecido, y lo hizo desde el pesimismo, pero con un incomparable sentido del humor.
Este madrileño polémico, burlesco y algo chulesco nació en 1580. Era hijo del secretario de la cuarta esposa de Felipe II y de una dama de la infanta Isabel Clara Eugenia. Estudió en la Universidad de Alcalá, donde se graduó en Teología, y en la de Valladolid.

Su extensa obra, mezcla de idealismo y caricatura, y cargada de una ironía y atrevimiento desconocidos hasta el momento, ocasionaba antipatía y odio entre sus rivales, de los que se defendía con toda su mordacidad. En una sátira al escritor Juan Pérez de Montalbán dice: “Quien le dijera a V.md. (vuestra merced) cuando la escribía (la comedia) con tanta confianza, que había de ser una de las comedias de toril, muriendo desjarretada entre silbatos, tenores y tiples”.
Fue el escritor que mejor sintetizó el nuevo rumbo que tomó la literatura del barroco: unas veces denuncia (Epístola censoria al Conde-Duque), otras modera (Providencia de Dios), se burla del formalismo de las obras de su eterno rival, Luis de Góngora (La aguja de navegar cultos, La culta latiniparla) o ataca en Los sueños. Otras de sus obras, en las que se encuentra una variada temática, son El parnaso español, Política de Dios y Gobierno de Cristo o La hora de todos.

Además de fino y agudo con la pluma, Francisco de Quevedo era un hábil espadachín que mató a un hombre dentro de la iglesia de San Martín, por haber abofeteado a una dama. Debido a este suceso tuvo que marcharse durante un tiempo a Italia. En Nápoles intimó con el duque de Osuna, que le ofreció su protección y mecenazgo.
Ya en Madrid, en 1617, se le concedió el hábito de Caballero de la Orden de Santiago. En 1625 compró una casa en la calle que hoy lleva su nombre y que entonces se llamaba calle del Niño. En esa casa llevaba viviendo seis años Luis de Góngora, de modo que Quevedo le puso en la calle sin miramientos. En 1634, con 54 años, contrajo matrimonio con la viuda Esperanza de Mendoza, pero se separaron a los dos años.

El duque de Osuna, a quien odiaba el poderoso conde-duque de Olivares, fue acusado de conspiración, cayó en desgracia y comenzaron las desdichas para Quevedo. Se abrió contra él un antiguo pleito por el señorío de la Torre de Juan Abad y fue desterrado a esta localidad de la provincia de Ciudad Real, donde está su casa-museo. Después, a causa de las intrigas políticas fue detenido en diciembre de 1639 en la casa del duque de Medinaceli, donde vivió varios años, y fue recluido durante cuatro años en el convento de San Marcos, en León, donde su salud quedó muy perjudicada.
Cuando Olivares perdió el poder, Quevedo regresó a Madrid, pero al poco tiempo se marchó a Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), donde murió el 8 de diciembre de 1645.

Una magnífica biblioteca
La estautua y su gran pedestal con relieves están tallados sobre roca blanca y se alza sobre un jardín.
Glorieta de Quevedo y monumento. Foto: S.C.
Quevedo era un ávido lector y un erudito que conocía perfectamente el latín, griego y hebreo, algo de italiano, francés y árabe. Tras su muerte, la mayor parte de su magnífica biblioteca, compuesta por más de 5.000 volúmenes, se encontraba en su vivienda familiar de la Torre de Juan Abad y el resto en casa de amigos, ya que siempre viajaba acompañado de numerosos libros. Desde su casa fueron trasladados hasta el palacio del duque de Medinaceli, su amigo y protector. Hacia 1697 se vendieron casi 1.500 volúmenes de la biblioteca del duque al monasterio de San Martín.
Con el tiempo, la biblioteca quedó dispersa, llegando a nuestros días sólo el índice, en dos ejemplares, con numerosos títulos de astronomía, astrología, historia natural, matemáticas y medicina.
Una de las zonas más transitadas de Madrid es la glorieta de Quevedo, que separa las calles San Bernado y Bravo Murillo. En su centro se levanta un monumento dedicado a este escritor. En el edificio que ocupa el solar de la antigua casa de Quevedo, en el Barrio de las Letras, entre la calle Cervantes y la calle Lope de Vega, hay una placa que recuerda a este ilustre personaje, instalada por el Ayuntamiento de Madrid con motivo del tercer centenario de su muerte.

27 agosto, 2013

Calderón de la Barca, broche del Siglo de Oro

Retrato de Calderón, con bigote y perilla blanca. Viste de negro y lleva medallón con la cruz de la orden de Santiago
Calderón de la Barca.
El poeta y dramaturgo Pedro Calderón de la Barca fue el mejor impulsor del auto sacramental, que pasó de los templos y recintos aristocráticos a los escenarios de los corrales de comedias, convirtiéndose en espectáculo para el pueblo.

Como ya hiciera Lope de Vega, Calderón defendió el sentido del honor y el patriotismo, convirtiendo la literatura en un instrumento ideológico accesible a las clases populares. A la vez, reflejaba los problemas de su época, como el hambre y el bandolerismo, agravados por el despoblamiento de las zonas rurales durante los siglos XVI y XVII.

En el auto sacramental, la obra más genuina de la literatura barroca en España, se exponían los dogmas católicos. Eran obras que formaban parte de la festividad del Corpus, por lo que eran revisadas concienzudamente antes de ser representados.
Las compañías se veían obligadas a repetir estos espectáculos incluso por la noche o a continuar el sábado y el domingo, y los actores estaban obligados a participar en ellos bajo pena de cárcel. Como gratificación, las  compañías obtenían un suplemento de 800 reales y la exclusiva de las representaciones teatrales desde la Pascua hasta el Corpus, incluidas las representaciones en pueblos cercanos.

Fachada color crema de la casa estrecha, de cuatro plantas. En la primera se ve una placa que recuerda a Calderón.
La Casa Estrecha. Foto: F Chorro.
Calderón escribió 70 autos sacramentales, unas 10 comedias y 20 entremeses y loas. Entre sus obras principales se encuentran El alcalde de Zalamea, La vida es sueño, El gran teatro del mundo, El médico de su honra, La dama duende, Casa con dos puertas, mala es de guardar, No hay bromas con el amor o El sitio de Breda.
Pedro Calderón de la Ba


rca y Henao de la Barrera nacio en Madrid en 1600, hijo del secretario de Cámara y consejero de Hacienda y Contaduría de Felipe II y Felipe III. Su vocación literaria surge durante su época de estudiante en la Universidad de Salamanca, donde se licenció en Derecho. Con 23 años estrenó su primera comedia, Amor, honor y poder.

La casa estrecha 

En el número 61 de la calle Mayor estaba la casa de Calderón, conocida como ‘la casa estrecha’, porque su fachada era poco más que el ancho del balcón.  
 
De armas y hábito 

Calderón estuvo involucrado en las guerras del imperio español. Sirvió en la milicia en Milán y Flandes, en las que también estuvo su hermano José María, que llegó a maestre de campo. Obtuvo el hábito de la Orden de Santiago en 1630, cuando presentó al rey Felipe IV una de sus obras maestras, La dama duende. En 1635 participó con la milicia en la campaña de Fuenterrabía y la guerra de Cataluña, donde resultó herido en una mano. 

En 1647 tuvo un hijo natural y, según los eruditos, este fue el motivo por el que decidió  ingresar en una orden religiosa, ordenándose sacerdote 1651, hecho que no restó fuerzas a su carrera literaria. Falleció en 1681 en Madrid, donde tiene dedicada una calle, esquina con la calle Mayor, muy  cerca de la plaza de la Villa y una estatua dedicada en la plaza de Santa Ana.

Calderón de la Barca murió el 25 de mayo de 1681 en la calle de Platerías, que era uno de los tramos de lo que hoy es la calle Mayor. 


18 julio, 2013

Lope de Vega y el Barrio de las Letras

Retrato de Lope de Vega, sobre fondo negro, vestido de negro y con la cruz de Malta prendida en el pecho.
Lope de Vega. (E. Cajés. M. Lázaro Galdiano)


El personaje más popular y halagado de su época fue, sin duda, Félix Lope de Vega. Además de llevar una vida muy ajetreada, con numerosas aventuras y amoríos, tuvo tiempo de escribir 1.500 comedias, 400 autos sacramentales y más de 1.100 obras de teatro, algunas tan universales como Fuenteovejuna o El Caballero de Olmedo. 

El llamado ‘Fénix de los ingenios’, nació en Madrid en 1562. Es uno de los autores más brillantes de la literatura española, uno de los más prolífico de la literatura universal, el que más obras estrenó y por tanto el que más dinero ganaba escribiendo. Además de las dos obras mencionadas, El perro del hortelano, La dama boba, El acero de Madrid, El castigo sin venganza, La Dorotea, Peribáñez o El mejor alcalde, el rey son algunas de sus obras más recordadas.
Su amplísima obra abarca desde la novela griega (El peregrino en su patria) y la épica burlesca (Gatomaquia) al teatro barroco, en el que otorga al pueblo el honor que parecía exclusivo de las clases pudientes, algo que también hizo Calderón de la Barca. Lope de Vega se ganó la amistad del pueblo, que se apasionó por su teatro y abarrotaba los corrales de comedias, donde cosechaba continuos éxitos.
Con 25 años y por despecho escribió unos textos críticos referidos a la que fue su amante, Elena Osorio, casada con un comediante, por lo que acabó en la cárcel durante una temporada y en el destierro. Un año después, en 1588, se vio inmerso en otro proceso judicial, por el rapto de Isabel de Urbina, hija del escritor Diego de Urbina, regidor de Madrid y jefe de armas de Felipe II. Lope rompió el destierro y se casó en la iglesia de San Ginés con Isabel. Tras quedar viudo, se alistó en la Armada Invencible, con la que también luchó y perdió la vida su hermano Juan.
Casa-museo 
La puerta abierta de la casa de Lope de Vega deja ver un pequeño recibidor con baldosas antiguas y al fondo un patio.
Casa-museo Lope de Vega. Foto: F. Chorro.
En 1598 contrajo matrimonio con Juana de Guardo, con quien tuvo dos hijos, Carlos que murió a los siete años y Feliciana.  En el número 11 de la calle Cervantes, en el barrio de las Letras, se conserva restaurada la casa en que vivió Lope de Vega, hoy casa-museo. El autor la compró en 1610 por 9.000 reales cuando aún vivía su segunda esposa, que murió al nacer su hija Feliciana. A los siete años de haber comprado la casa, la producción de Lope creció mucho, afirmando el autor en el prólogo de Peregrino tener escritas 230 comedias. En 1618 tenía escritas 800 y en 1632 alcanzó las 1.500.
En estos tiempos del Siglo de Oro y muy cerca de la calle Cervantes estaba el Mentidero de  Representantes, o de los Cómicos, concretamente en la calle del León, lugar donde se reunían las gentes del teatro, comediantes, representantes, empresarios… Por allí pasaban también Quevedo, para ir a su casa, Góngora, Tirso de Molina y otros autores, pero el más notorio era Lope de Vega. Como cada uno tenía sus seguidores, las polémicas eran habituales en este lugar.
Uno de los amigos de Lope era Alonso de Contreras, aventurero, escritor y militar, a quien dedicó su comedia El Rey sin reino. Se cuenta que Lope fue también durante su infancia amigo de la beata madrileña Mariana de Jesús, a quien se atribuye la célebre frase “De Madrid al Cielo”, pronunciada en su lecho de muerte en 1624.
Lope de Vega fue también sacerdote, cantando su primera misa en el convento de San Hermenegildo, lo que no impidió que, con 56 años, tuviera una aventura amorosa con Marta de Nevares, mujer casada de 25 años. 

A los 60 año  el ilustre poeta y dramaturgo madrileño estaba enfermo y casi arruinado. Murió el 27 de agosto de 1635 en su casa de la calle Cervantes (por entonces calle Francos). Su entierro se convirtió en una gran manifestación de duelo en Madrid. El cortejo fúnebre se detuvo ante una de las ventanas del cercano convento de clausura de las Trinitarias Descalzas, en la calle Cantarranas, a petición de la monja Marcela de San Félix, hija de Lope, que rezó ante el cadáver. Fue enterrado en uno de los nichos de la bóveda del presbiterio de la iglesia de San Sebastián. Desde 1844, la calle Cantarranas pasó a llamarse Lope de Vega, que va desde la calle del León hasta el paseo del Prado.
En 1674 un nieto de Lope que vivía en Milán vendió la casa de la calle Cervantes a un particular. Cuando el edificio, que se encontraba en muy mal estado, fue adquirido por  la Real Academia Española de la Lengua entre los escombros se encontró un trozo de dintel con una inscripción en latín que decía: “Que propio albergue es mucho, aun siendo poco y mucho albergue es poco, siendo ajeno”.


06 julio, 2013

Leandro Fernández de Moratín, ilustre afrancesado

Retrato de Leandro Fernández de Moratín, con chaqueta marrón sobre fondo oscuro. Pintado al óleo por Goya en 1799.
Moratín, 1799. Goya

En Madrid hay una calle que se llama de Moratines, en honor a los poetas y dramaturgos Nicolás Fernández de Moratín y Leandro Fernández de Moratín, padre e hijo. Dos personajes madrileños que figuran entre los principales representantes del neoclasicismo y la ilustración.


Leandro Fernández de Moratín (Madrid,1760), al que se conoce como Moratín para diferenciarlo de su padre, es el máximo representante español del teatro neoclásico. Como autor de teatro se inició a los 30 años y su fama se debe a cinco comedias: El viejo y la niña (1790), donde planteó el problema de la felicidad matrimonial cuando los matrimonios son arreglados; La comedia nueva o el café (1792), un ataque a los malos literatos y al público que prefería la espectacularidad al realismo psicológico; El barón (1803), La mojigata (1804), dos grandes creaciones de tipos humanos; y El sí de las niñas (1806), la más famosa de sus obras, en la que defiende la libertad de las jóvenes para elegir marido y ataca la arcaica y severa educación que recibían las mujeres de la época. Esta obra fue estrenada en el madrileño teatro de la Cruz y obtuvo un gran éxito.

Sus piezas están perfectamente estructuradas, a la vez que reflejan los males de la época y priman los sentimientos y afectos de los personajes. 

Moratín tradujo el Hamlet de Shakespeare en 1798 y adaptó a la escena española dos obras de Molière, La escuela de los maridos y El médico a palos, en las que superó al autor francés en las versiones que hizo.
Joven poeta
Moratín se había iniciado en el mundo de las letras antes de destacar como comediógrafo. Con sólo 19 años obtuvo una mención honorífica por el poema épico La toma de Granada por los Reyes Católicos D. Fernando y Dña. Isabel (1779). Con 20 años publicó poemas de corte clásico, con un sello personal melancólico y prerromántico: A don Rodrigo Simón Laso, A Jovellanos, A los colegiales de San Clemente de Bolonia, A las musas o La despedida, entre otros. Y tres años más tarde ganó el accésit con Sátira contra los vicios introducidos en la poesía castellana (1782).En 1789 se publicó en Madrid su obra La derrota de los pedantes, en la que Moratín criticaba a los poetas culteranos y planteaba las bases del teatro neoclásico como renovación del teatro español.
Fue abogado de los Reales Consejos y secretario de Interpretación de Lenguas y más tarde director de teatros. Consiguió una pensión del conde de Floridablanca, primer ministro de Carlos IV, y con ella se ordenó de tonsura (primer escalafón en el ordenamiento sacerdotal), convirtiéndose así en uno de los muchos clérigos que vivían en la España del XVIII. Esta situación le permitió dedicarse por completo a sus obras. También fue protegido de otros personajes ilustrados como el escritor y político Jovellanos o los condes Cabarrús y Aranda.
Fue partidario del ‘rey intruso’, José Bonaparte, hermano de Napoleón, durante la ocupación francesa por considerar que sus reformas convenían a España. Por ello, Moratín pasó momentos críticos, huyó a Valencia y luego a Barcelona, hasta que se exilio definitivamente en Francia. Viajó por Francia, Inglaterra e Italia, interesándose por los últimos movimientos teatrales y escribiendo atractivos libros de viajes.
Fernando VII le devolvió sus bienes, que habían sido confiscados, pero Moratín no quiso volver a España. Sólo regresó por un año, entre 1820 y 1821. Los últimos años de su vida los pasó en Burdeos (Francia) con la familia del político Manuel Silvela. En esa ciudad fue retratado por Goya. Durante un viaje a París, murió de repente, en 1828. Fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise, entre Voltaire y La Fontaine. Sus restos fueron trasladados a España en 1953.

29 junio, 2013

Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura

Jacinto Benavente sentado y con un puro, foto de 1923 procedente de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos
 Benavente. Biblioteca del Congreso de EE.UU (Wikipedia).
El dramaturgo Jacinto Benavente (1866-1954) es uno de los personajes madrileños más aclamados por su gran contribución a la literatura y el teatro contemporáneos. En 1922 obtuvo el Premio Nobel de Literatura y más tarde viajó por América, donde la compañía de María Guerrero, una de las más importantes de España, representó varias de sus obras.

Jacinto Benavente nació en una casa del número 27 de la calle del León, donde tiene una placa dedicada, y cursó estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, aunque a partir de 1885 y tras la muerte de su padre, un reputado pediatra, se dedicó a viajar por Europa y a escribir.

Su primera obra es de 1882, pero se dio a conocer con Cartas de mujeres, obra crítica de 1893, y con la comedia El nido ajeno, estrenada en el Teatro de la Comedia en 1894. Esta última no fue muy bien acogida al ser considerada demasiado crítica, pero supuso una renovación de la escena española. En 1896 obtuvo un gran éxito con la obra Gente conocida, cuyos personajes se autocritican por su cinismo e inmoralidad.

Autor prolífico

Su abundante producción literaria, compuesta por 172 comedias y 15 libros, se caracteriza por el costumbrismo irónico e ingenioso y por el idealismo con influencia modernista. Con sus textos se aleja de los convencionalismos de la época, creando personajes y situaciones cargados de sentimientos y pasiones, a la vez que critica a los arribistas, a las instituciones feudales y a los ricos. La mayoría de sus obras fueron prohibidas por la dictadura franquista.

Benavente fue un autor de moda en su época, especialmente entre la burguesía, a pesar de sus críticas hacia ella. A principios del siglo XX estrenó la tragedia La noche del sábado (1903), en la que trata de la decadencia de la sociedad europea; Rosas de Otoño (1905) y la más conocida, Los intereses creados (1907), considerada su obra maestra, en la que aporta una visión escéptica y pesimista del mundo; o el famoso melodrama rural La malquerida (1913). Trabajó como redactor para el periódico El Imparcial entre 1908 y 1912, año en que fue nombrado miembro de la Real Academia Española.

Otras obras de este ilustre madrileño son Señora ama, comedia dramática de tipo rural, Su amante esposa, Aves y pájaros, Lecciones de amor, La melodía del jazz-band y Memorias de un madrileño, además de algunas obras infantiles, como el libro Niños (1917) y la obra de teatro El príncipe que todo lo aprendió en los libros.

En 1950 llegó su obra número 150, Nieves de mayo, y después publicó y estrenó otras como El marido de bronce (1954). Su obra póstuma fue El bufón de Hamlet, obra con la que en 1958 se inauguró en Madrid el Teatro Goya.

Empresario de circo
Monumento a Benavente. S.C

Uno de las facetas menos conocidas de Benavente es su labor, durante una larga temporada, como empresario de un circo con el que estuvo en Rusia. Algunos biógrafos sostienen que su interés por el mundo circense se debió a la atracción que sentía por la trapecista ‘la Bella Geraldine’.

Al morir su madre, volvió a viajar a América, con la compañía de Lola Membrives, y estando en Nueva York le llegó la noticia de la concesión del Premio Nobel, en 1922, lo que incrementó su fama, reconocimientos y homenajes: hijo adoptivo de Nueva York, medalla de Oro de Madrid, Premio Mariano de Cavia o la Medalla del Trabajo.

A finales de 1924, el dramaturgo realizó un viaje por Egipto y Tierra Santa y a vuelta a Madrid descubrió que el Ayuntamiento, que un año antes le había nombrado hijo predilecto, le había embargado los bienes por el impago de unos impuestos referidos a su faceta empresarial junto con Ricardo Calvo en el Teatro Español, entre 1919 y 1920. Molesto por este hecho, el autor devolvió al Ayuntamiento los reconocimientos que le había otorgado.

El 14 de julio de 1954 murió de repente en la localidad madrileña de Galapagar, donde tenía su residencia de verano y en cuyo cementerio fue enterrado. En Madrid tiene dedicada una plaza, entre la calle Atocha y la Puerta del Sol, así como un monumento en el parque del Retiro.