lunes, 24 de junio de 2013

Congreso de los Diputados. Historia del edifico

Fachada del edificio del Congreso de los Diputados, con sus seis columnas corintias sosteniendo un frontón esculpido y a sus lados los leones de bronce
Congreso de los Diputados. Foto: S.C.
El Congreso de los Diputados es un edificio de estilo neoclásico, en cuyo exterior el elemento más destacado es la portada con seis columnas de estilo corintio y un frontón triangular en cuyo interior o tímpano hay un gran relieve de España con alegorías a la Justicia, el Comercio y las Bellas Artes. A los pies, una escalinata flanqueada por dos leones de bronce. En el interior, que cuenta con valiosa decoración de estilo isabelino, el espacio más destacado es el salón de sesiones también llamado hemiciclo, que es donde tienen lugar las sesiones del pleno del Congreso.

El edificio se levantó en la Carrera de San Jerónimo entre los años 1843 y 1850, bajo la supervisión del arquitecto Narciso Pascual Colomer. En el solar que hoy ocupa estuvo antes el convento del Espíritu Santo, de 1648, en un terreno del marqués de Távara. En el año 1823 y tras un gran incendio que se declaró estando dentro el duque de Angulema, los religiosos se trasladaron a otro convento.

Con la desamortizción de Mendizabal en 1886, el convento pasó a propiedad del Estado y la iglesia se acondicionó para salón de sesiones. Luego, como la iglesia amenazaba ruina, se derribó y se construyó un palacio dedicado a Congreso de los Diputados, por ley de 7 de Mayo de 1841. La primera piedra se colocó el 10 de octubre de 1843, cumpleaños de la reina Isabel II, y se inauguró el 31 de octubre de 1850.

El edificio 

En la actualidad, el Congreso de los Diputados es un complejo de instalaciones. El edificio principal dispone de un sótano destinado a las instalaciones generales de la casa, y tres plantas más, aunque es la baja la que contiene las estancias más representativas: el salón de sesiones, el salón de conferencias, el salón de ministros, despacho del presidente, la biblioteca…
Fachada del edificio del Congreso desde un lado de la calle y algunos peatones paseando.
Congreso de los Diputados, 1929
El salón de sesiones cuenta con 350 escaños, es semicircular y está cerrado por una bóveda. Es la sala que más se ha trasformado a lo largo del tiempo, siendo la última actuación importante e1988.

La pintura central de la bóveda, de Carlos Luis de Ribera, representa a la reina Isabel II en su trono con la Constitución y rodeada de personajes históricos españoles, como el Cid, Cristóbal Colón, Cervantes, entre otros.

El salón de conferencias es otra de las estancias históricas del edificio. Está finamente decorado y se considera el mejor ejemplo de la artesanía del estuco isabelino en España. El vestíbulo principal fue utilizado como bar durante muchos años. Desde 1983 recuperó su función tradicional.

La biblioteca, de 1889, es obra del arquitecto conservador del Congreso, Arturo Mélida. Alberga más de 200.000 libros, entre ellos manuscritos, incunables y ediciones singulares. Por otra parte, el edificio alberga obras de Benlliure, Rosales, Sorolla, Marcelino Santamaría, Pinazo, Palmaroli, Madrazo, Romero de Torres y Casado del Alisal.

En 1980 se terminó el edificio de ampliación, obra del arquitecto Antonio Cámara. En su vestíbulo hay una estatua de Juan Carlos I en el momento de jurar la Constitución, obra inaugurada poco después de la muerte de su autor, Pablo Serrano. Entre 1988 y 1994 se acometió una segunda ampliación del Congreso, obra de los arquitectos Oriol Clos, María Rubert de Ventós y José Parcerisa.

Vista parcial del interior del Congreso de los Diputados con visitantes sentados en los escaños en un día de puertas abiertas
Jornada de Puertas Abiertas en el Congreso
Historia del Congreso

La historia del Congreso es la historia de la política española en los últimos 150 años. Aunque las Cortes españolas están divididas en dos cámaras, es en el Congreso donde se percibe el debate político.

A finales del siglo XIX y principios del XX, durante el sistema político que instauró Cánovas con la restauración de la Corona en la persona de Alfonso XII, el Congreso fue escenario de discursos e intervenciones que han pasado a la historia. Según los cronistas parlamentarios, fue ésta la época dorada del parlamentarismo español.

Su momento más agitado lo vivió durante la Segunda República (1931-1936). La radicalidad de algunas posturas llevó a que el Diario de Sesiones reflejara agrias polémicas entre diputados de los diferentes partidos.

Durante la dictadura de Franco, el hemiciclo recuperó el nombre de Cortes, como en la vieja monarquía, y estuvo ocupado por los procuradores en Cortes, elegidos todos ellos desde dentro del sistema y sin funciones legislativas. La democracia, reinstaurada a la muerte del dictador, devolvió al Congreso su protagonismo político.

En 1981, el Congreso fue escenario de un intento de sublevación militar. Un grupo de guardias civiles, al mando del teniente coronel Antonio Tejero, interrumpió una sesión en la que se encontraba el Gobierno en pleno y secuestró a los diputados allí presentes durante varias horas. El golpe fracasó. En el techo del hemiciclo se han conservado, como recuerdo de este acontecimiento, los agujeros de los disparos que hicieron algunos guardias al entrar en la estancia.

Unos años después se edificó un anexo al que se trasladaron algunas dependencias del Congreso, así como los despachos de los diputados y grupos parlamentarios.

La guerra de los leones

La frialdad de la entrada al Congreso, llevó a los diputados a encargar un añadido decorativo. El encargo recayó en el escultor Ponzano, quien modeló los leones en yeso y los pintó de color bronce. Se construyeron sendos basamentos y se colocaron allí en 1851, pero con el tiempo y las gamberradas se fueron deteriorando.

Leones del Congreso. Foto: Andrea Castaño.
En 1852 se encargó de nuevo la obra a Ponzano, pero como estaba descontento con los 24.000 reales que le habían pagado presentó un presupuesto desorbitado para que el encargo recayera en José Bellver, quien labró dos leones en piedra que no gustaron a la comisión de las Cortes y, en vez de ser instalados, fueron vendidos al marqués de San Juan, que se los llevó al jardín de Monforte, en Valencia.

El proyecto fue retomado dos años más tarde por el general Fernando Fernández de Córdoba, marqués de Mendigorría, después de que la reina en persona se opusiese a que fuera encargado en el extranjero. El nuevo director de la Fábrica de Artillería, el coronel Francisco Alvear, sugirió que se aprovechara el bronce de los cañones enviados como trofeos por el general Leopoldo O’Donnell, tras la victoria en la batalla de Wad-Rass, durante la guerra de África.

Con ayuda de fundidores y moldeadores de la Fundición de Artillería de Trubia, en Asturias, y con la colaboración de Ponzano los leones estuvieron listos en 1865, aunque una vez trasladados a Madrid los leones sirvieron para las peleas políticas y estuvieron a punto de no ser instalados. Habrían de pasar todavía siete años y la insistencia de Federico Madrazo y el marqués de Cubas para que los leones flanquearan por fin la puerta principal del Congreso de los Diputados.

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