sábado, 1 de octubre de 2016

Leyenda del soldado de la calle Barbieri


Estrecha calle, con edificios de tres alturas con balcones.
Calle Barbieri.

La calle de Barbieri se llamaba antiguamente calle del Soldado, por una historia horrible sucedida en aquel arrabal del siglo XVII entre un soldado y una joven de familia acaudalada.

Dice la tradición que un soldado estaba enamorado de María de la Almudena Goutili, que así se llamaba la joven. El soldado siempre que podía la cortejaba, pero ella no mostraba el menor interés por su galanteo. Le propuso matrimonio, pero ella trató de quitarle toda esperanza manifestándole su deseo de ser monja y su próximo ingreso en un convento. El joven no se rindió y contrató a un pintor para que le pintase con el uniforme de gala en uno de los pilares de la cerca del convento de Mercenarias Descalzas. Así ella le tendría presente siempre que pasara por allí. Todo fue en vano, la joven sólo deseaba vestir el hábito de religiosa.

El soldado, que según pasaban los días estaba cada vez más enfurecido y avergonzado por el rechazo de la joven, perdió la cabeza y decidió asesinarla.
Un día que la chica regresaba a su casa, el joven la abordó junto a la cerca del convento y le dio una puñalada mortal. A continuación le cortó la cabeza, la ocultó en un saco que entregó en el torno del convento donde la chica pensaba  ingresar y salió corriendo.

La monja encargada del torno recibió con espanto el bulto ensangrentando y  lo dejó en el suelo. A sus gritos acudieron otras monjas que descubrieron con horror y entre llantos la cabeza de María de la Almudena.

El asesino fue detenido en la calle por lo ensangrentado que iba y conducido al cuartel, ante su capitán, a quien confesó  su crimen. Fue encerrado en el calabozo y poco después entregado a la justicia madrileña, que le condenó a morir en la horca, como correspondía a este tipo de crímenes.

Pasó sus últimos días encadenado, cada vez más desesperado y excitado, hasta volverse loco por haber cometido el mayor de los pecados. Dicen que finalmente una de las monjas consiguió que se serenara y se preparara para afrontar la muerte. Al soldado le contaron lo que, según la leyenda, había sucedido en esos días en el convento: María de la Almudena, que había sido enterrada en el convento vestida de monja, se había aparecido a varias de las religiosas y había manifestado la alegría y felicidad que experimentaba su espíritu.
  
Vista parcial de la plaza desde su boca de Metro. Al fondo algunas sombrillas de las terrazas y casas de vecinos de cinco alturas.
Plaza de Chueca. Foto: R. Molano
La sentencia de muerte se cumplió en el lugar habitual, la Plaza Mayor. Al cadáver se le mutiló la mano, que fue clavada en un palo y colocada en el lugar del crimen, donde fue borrado el retrato del soldado.

Por estos sucesos, aquella fue llamada la calle del Soldado. En 1894 cambió el nombre a calle Barbieri, en honor al célebre compositor madrileño Francisco Asenjo Barbieri.

La calle del Soldado acogió uno de los edificios más conocidos de su época, la Casa de Expósitos, también llamada la Inclusa, en un edificio llamado Galera Vieja. Allí iban a parar los niños huérfanos o abandonados por sus padres. Esta institución benéfica se trasladó a esta calle desde la Puerta del Sol, donde estuvo entre la calle de Preciados y la calle del Carmen. En el torno de este edificio fue abandonado siendo un bebé de pocos días el que luego sería héroe de Cascorro, Eloy Gonzalo.

La calle del Soldado (hoy Barbieri), San Antón (hoy Pelayo), Belén, San Lucas, San Gregorio y Válgame Dios, entre otras, conforman el animado y céntrico barrio de Chueca. En aquellos tiempos formaban parte de los llamados ‘barrios bajos’, aunque estaban en la parte alta del Madrid de la época. Eran las calles preferidas de los chisperos (herreros) y vendedores de objetos de hierro, personajes de tantas historias en la literatura costumbrista madrileña.

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