lunes, 17 de junio de 2013

Verbena y ermita de San Antonio de la Florida

xterior de la ermita de San Antonio de la Florida, rodeada del típico seto
Ermita de San Antonio. Foto: J.L.de Diego (Madripedia).
La de San Antonio se considera la primera verbena de la temporada de fiestas estivales, comenzando el 13 de junio. Cuenta la tradición que las ‘modistillas’, empleadas de los numerosos talleres de costura que había antiguamente en Madrid, acudían a pedirle al santo que les saliera novio. El ritual, que aún permanece, consiste en lanzar dentro de una pila que hay en la sacristía de la ermita 13 alfileres (que simbolizan las 13 arras matrimoniales) para después colocar con fuerza la mano sobre ellos: cada alfiler que quede clavado en la mano significa un pretendiente.

La Huerta de la Florida, donde tradicionalmente se celebraba la verbena, fue testigo de la feroz represión que las tropas de Napoleón ejercieron en la noche del 2 al 3 de mayo de 1808 contra los madrileños. Un grupo de defensores del Parque de Artillería de Monteleón, ubicado en lo que hoy es el barrio de Malasaña, consiguió llegar hasta allí en su huida, fue apresado y fusilado en la misma huerta. Sus cuerpos fueron enterrados en el olvidado Cementerio de la Florida, en la calle Jacinto y Francisco Alcántara.

Terminada la Guerra de la Independencia, la verbena de San Antonio cogió merecida fama entre los madrileños, hasta el punto de que hacía sombra a la de San Isidro en cuanto a asistencia de público. La zona estaba todavía sin urbanizar y predominaban las huertas cerca del río.

Durante el reinado de Isabel II se comenzó a construir la Estación del Norte y lo que con el tiempo sería el paseo de la Florida. La verbena se revitalizó hasta el punto de servir de base a muchas zarzuelas, el género de éxito en la época. Las tortillas y los escabeches forman parte de la tradición culinaria de esta verbena, así como los panecillos, que se bendecían por las mañanas en la ermita.



La Ermita y los frescos de Goya

La ermita de San Antonio de la Florida, del siglo XVIII, está situada en el paseo del mismo nombre, muy cerca de la mítica Estación del Norte, hoy convertida en el intercambiador de transportes de Príncipe Pío, que debe su nombre actual a estar situada en la ladera de la montaña de Príncipe Pío.

El genial Francisco de Goya pintó en 1798 los frescos de la ermita, una de sus obras más importantes. El anecdotario de la obra refleja que algunos de los rostros de los personajes bíblicos pertenecían a damas de la Corte de Carlos IV, el monarca que encargó la obra al pintor aragonés. Goya pintó en la cúpula el milagro que se atribuye a San Antonio de Padua, que presenta al santo salvando a su propio padre de ser ajusticiado por un crimen que no había cometido. Cuenta la leyenda que San Antonio interrogó milagrosamente al propio cadáver del hombre asesinado quien, ante el estupor de los jueces, contestó que el inculpado no había sido quien le había matado.

Construida por Felipe Fontana entre 1792 y 1798, la ermita es de estilo neoclásico y en ella reposan, desde 1919, los restos de Francisco de Goya, cuya tumba sólo puede visitarse los días 30 de marzo y 16 de abril, fecha del nacimiento y muerte del pintor. El edificio, monumento nacional desde 1905, pertenece al Patrimonio Nacional, aunque desde 1987 el Ayuntamiento de Madrid se encarga de su gestión y conservación. En 1928, para preservar las pinturas de Goya se construyó una ermita idéntica al lado, que es donde se celebran las misas.

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