miércoles, 26 de junio de 2013

Madrid Árabe, ciudad medieval

Sector conservado de la muralla árabe, con las puertas de la catedral de la Almudena al fondo.
Restos de la muralla árabe. Detrás, La Almudena. Foto: FCh.
La muralla árabe de Madrid, el resto arqueológico más antiguo que perdura en la ciudad, transcurría por lo que ahora es el Palacio Real, la calle de Bailén y la Cuesta de la Vega. Alcanzaba los dos kilómetros y tenía tres puertas: al sur, llamada la de la huida, en la Cuesta de la Vega; al este, conocida como La Almudena, situada cerca de Sol; y al Norte, la de la Xagra, que según los historiadores estaría en algún punto entre la calle Bailén y la plaza de Oriente.

Como en todas las fortificaciones árabes, las torres de vigilancia de la muralla eran de planta cuadrada y se situaban cada 20 metros. En los planos del siglo XVII se mencionan las torres de Gaona y Narigües. Esta última se asomaría al precipicio de la calle Segovia, en lo que hoy es el viaducto.

Barrio de la Morería

Placa de la calle de la Morería en el Madrid medieval, con dibujos de dos musulmanes y una típica puerta de estilo árabe
Placa de una de las calle del Madrid medieval.

En el Madrid árabe, la ciudad, lo que los árabes llamaban medina, albergaba a unos dos mil o tres mil habitantes y tenía dos calles principales: la actual calle Mayor, que se llamaba al-suq al-Qabir (zoco mayor) y la de Sacramento. La mezquita más importante estaba entre las calles Mayor y Bailén, y los baños más populares se situaban bajo el Viaducto, junto a la fuente de los Caños Viejos, una de las más antiguas de Madrid. Las calles eran sinuosas, como aún pueden verse en varios lugares de este llamado ‘Madrid Medieval’ o ‘Barrio de la Morería’.

Entre otras curiosidades, los fontaneros de la época eran los encargados de hallar y canalizar el agua, tan importante en la cultura árabe. Uno de estos fontaneros mozárabes (cristianos que vivían bajo dominio e influencia árabe) fue San Isidro, aunque más tarde los intereses de la iglesia, propietaria de tierras, le convirtieron en labrador para agradar a sus siervos. Sin embargo, según las tradiciones, sus milagros casi siempre están relacionados con el agua y, al parecer, el santo construyó un pozo en una casa de la calle Mayor.  


Otros oficios de los madrileños de entonces eran los curtidores, asentados en las calles inclinadas para favorecer que escurriera el agua que necesitaban para su trabajo, por ejemplo en la actual Ribera de Curtidores. Otros eran los herreros, que se establecían en lo que hoy es el Mercado de San Miguel, donde fabricaban armas para los soldados y piezas para tejedores, alfareros y otros artesanos.


Orígenes de Madrid 
 
A lo largo de la historia, la presencia de pobladores en Madrid ha sido continua desde el Imperio Romano, por su situación estratégica como cruce de caminos. Fue el emir Muhammad I quien levantó (años 852-56) un alcázar y fortificó la aldea llamada Mayrit (Matric en la lengua romance de los aldeanos), cuyo nombre derivó con los siglos en Magerit y luego Madrid.


El poblado madrileño comenzó a tomar importancia entre los siglos VIII y IX, cuando los cristianos astures comenzaron a hacer frecuentes y violentas incursiones en la zona. Hasta entonces se habían limitado a pillajes ocasionales en poblados poco protegidos. A partir de esa época, ante el avance de los reinos cristianos hacia el sur de la Península, Madrid se convirtió en pieza clave para dominar la ruta que enlazaba los enclaves musulmanes de Toledo y Zaragoza.

Muhammad I construyó en el año 860 una serie de defensas cerca de la Sierra de Guadarrama, coincidiendo con la subida al poder en Asturias de Alfonso III El Magno. Su hijo, Ramiro II, atacó  Madrid y en represalia, Abd al Rahman III saqueó  Burgos. Alfonso VI, proclamado rey de Castilla y León, tras la misteriosa muerte de su hermano en el cerco de Zamora, fue quien tomó Madrid entre los años 1080 y 1090.

No hay comentarios:

Publicar un comentario