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10 abril, 2024

Fuente de Apolo, símbolo del paseo del Prado

Las Cuatro Estaciones están sentadas a los pies del pedestal de Apolo. Destacan los pliegues de la ropa y la sensación de movimiento.
Fuente de Apolo (S Castaño).
Situada en el centro del llamado Salón del Prado, la fuente de Apolo ha pasado a la historia eclipsada por la popularidad de las dos fuentes que se encuentran en los extremos de este tramo del paseo del Prado: la fuente de Cibeles y la fuente de Neptuno. Sin embargo, la fuente de Apolo y las Cuatro Estaciones se considera las más bella de las diseñadas por Ventura Rodríguez para el embellecimiento de este espacio urbano en tiempos de Carlos III. De hecho, la fuente de Apolo era la principal del proyecto ornamental creado por el arquitecto en 1778, por ello encargó su ejecución al que consideraba el mejor escultor del momento, el salmantino Manuel Álvarez. 

De estas tres obras maestras del neoclasicismo español, iniciadas en 1780, la de Apolo fue la última que se terminó y era la parte central del proyecto que iba a dignificar la capital del imperio a la vez que transmitía los logros del reinado de Carlos III y la Ilustración española. Así, además de transformar aquel paseo «campestre» que era el prado de San Jerónimo en un paseo urbano a la altura de los más bellos de Europa, para solaz de todos los madrileños, las fuentes del salón del Prado alababan mediante símbolos mitológicos los avances de la época. 

Si  la Cibeles, diosa de la tierra y la fertilidad ensalzaba las reformas agrarias y Neptuno, dios del mar y de las aguas, elogiaba el comercio marítimo y los planes de regadío, el divino Apolo, protector de las artes, simboliza la luz de la razón, el conocimiento y el progreso, y tiene a sus pies las cuatro estaciones del año (alegorías de la primavera —mujer adornada con flores—, verano —mujer con espigas de trigo— , otoño —joven con uvas y hojas de parra— e invierno, representado por un anciano. 

Imagen completa con los chorros de agua y rodeada de árboles y arbustos.
Apolo y su entorno ajardinado. Foto: S.C-

Las figuras de las estaciones se hallan en lo alto de un gran pedestal circular junto a un escudo coronado de Madrid. Por debajo, en el centro del pedestal, hay una cartela conmemorativa dedicada al rey y a los lados están los mascarones de dos figuras mitológicas, Medusa y Circe, obra del murciano Alfonso Giraldo Bergaz, cuyas bocas arrojan chorros de agua a las conchas de distinto tamaño que vierten el agua sucesivamente hasta caer en dos grandes pilones circulares. La figura del joven Apolo corona todo el conjunto escultórico, sujetando una lira bajo el brazo y con un carcaj a la espalda. 

Este conjunto escultórico no se terminó hasta 1802 y la fuente estuvo coronada durante años por una figura provisional de Apolo creada en yeso.  El retraso se debió a problemas con los tamaños y características de las piedras que llegaban de Redueña (Madrid), y a que en 1783 quedaron paralizadas las obras del Prado por problemas económicos y no se retomaron hasta 1786. A esto se sumaron varios episodios de problemas de salud de Manuel Álvarez y su trabajo como director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. El escultor falleció en 1797 cuando sólo le faltaba terminar el Apolo, labor que se encomendó dos años después a Bergaz, que acabó la estatua tres años más tarde. 

Vista general con edificios detrás, como el Banco de España, a la derecha.
La fuente de Apolo, paseo del Prado. Foto: S.C.

La fuente de Apolo se inauguró en 1803, reinando Carlos IV, con motivo de la boda de su hijo, futuro Fernando VII con María Antonia de Borbón. En el proyecto original de Ventura Rodríguez, la Cibeles y Neptuno miraban a Apolo, como centro del Salón del Prado e intermediario en el flujo de agua de las tres fuentes. A finales del siglo XIX ambas dejaron de mirar a Apolo, cuando las fuentes se elevaron sobre plataformas y cambiaron su posición.

La fuente de Cibeles y la fuente de Neptuno se convirtieron en símbolos de Madrid, favorecidos por su ubicación en plazas muy transitadas, que además son, desde hace décadas, lugares de celebración de las victorias del Real Madrid y del Atlético de Madrid, respectivamente. De este modo, la fama de ambas ensombreció a la fuente que se esculpió para ser protagonista del magnífico paseo del Prado.


08 noviembre, 2021

Ventura Rodriguez, maestro de la arquitectura neoclásica

Retrato del arquitecto, que viste casaca gris y camisa blanca con chorreras, a la moda de la época. En la mano sostiene un dibujo.
Ventura Rodríguez (Goya).
Uno de los grandes arquitectos españoles, maestro del neoclásicismo, el madrileño Ventura Rodríguez, vivió durante mucho tiempo apartado de las principales obras que se realizaban en la capital. El motivo, el favoritismo hacia los arquitectos italianos y franceses en la corte de Carlos III, empezando por su madre, Isabel de Farnesio. También tuvo que vérselas con la envidia que causaba en algunos de sus colegas su maestría e ingenio. De no haber sido así, entre sus numerosos proyectos no ejecutados o desestimados habrían salido algunos de los mejores edificios de la arquitectura europea del XVIII. 

No obstante, los reveses no amilanaron a nuestro personaje. Sus amplios conocimientos de la arquitectura grecorromana, la perfección de sus dibujos y su constancia le llevaron a ocupar los más altos cargos de la profesión. Si no se prodigó en Madrid tanto como era su deseo, sí son abundantes las obras que llevan su firma en numerosas provincias, donde levantó monumentos y embelleció otros. 

Ventura Rodríguez Tizón, nació en la localidad de Ciempozuelos (Madrid) en 1717. Se inició en la construcción desde niño en el Real Sitio de Aranjuez, donde su padre era maestro de obras del palacio. Allí progresó en el estudio de las matemáticas, la geometría y el dibujo con el maestro mayor y aparejador, Pedro Caro Idrogo. Con sólo 15 años ya destacaba por la perfección de sus trazas y tuvo acceso al archivo histórico con los informes, planos y proyectos de los artífices del Escorial, Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. 

Cuando el primer rey Borbón, Felipe V, decidió levantar un nuevo palacio en Madrid para sustituir al viejo alcázar, arruinado en un incendio, trajo de Italia al arquitecto más prestigioso de la época, Filippo Juvara. Este conoció en Aranjuez las excelentes dotes para realizar bocetos que mostraba el joven de Ciempozuelos, que además hablaba italiano, así que Juvara, que no sabía español, le nombró delineante suyo para las obras de construcción del palacio Real. Sin duda, una oportunidad única para el joven de aprender de la grandeza y brillante imaginación del maestro. Sin embargo, no duró mucho aquella relación laboral, ya que Juvara falleció dos años después, sin haber iniciado las obras del palacio que había proyectado en los altos de San Bernardino (Montaña del Príncipe Pío). Como sucesor había nombrado a su compatriota y alumno preferido, Juan Bautista Sachetti.

Fachada principal. La iglesia está escondida en una calle pequeña y rodeada de edificios.
Iglesia de San Marcos. Foto: S. Castaño.
Con el nuevo maestro que levantó el palacio Real, Ventura se forjó en las técnicas y secretos de la arquitectura clásica y a los 24 años fue nombrado aparejador. Ocho años después era arquitecto delineador mayor del palacio y su proyecto para la capilla real, uno de los espacios más bellos del palacio, fue elegido por Fernando VI por delante del proyecto de Sachetti. 

De esa época es la iglesia de San Marcos (calle San Leonardo, 10), levantada en el antiguo prado de Leganitos, cuya sencilla fachada oculta en el interior un asombroso despliegue artístico y una complejidad arquitectónica que la convirtieron en monumento nacional. 

Destaca la armonía y contraste de la composición en blanco de arcos, pilastras y cúpula con las pinturas oscuras.
I. de San Marcos (S.C.)
También son obras suyas la desaparecida plaza de toros de la Puerta de Alcalá; la reedificación de la iglesia de San Norberto o de los Mostenses, en la plaza del mismo nombre, derribada en 1810 por José Bonaparte; o la remodelación de la iglesia del convento de la Encarnación, muy cerca de la plaza de Oriente, además de importantes proyectos en iglesias y catedrales de provincias. A su actividad incesante se sumó el cargo de director de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, desde que se fundó en 1752.  

Las cosas cambiaron a partir de 1759, tras la muerte prematura de Fernando VI y la llegada al trono de España de su hermanastro, Carlos III. Este sustituyó al arquitecto madrileño por el italiano Sabatini como arquitecto real. 

Unos años después, el prestigio de Ventura Rodríguez le llevó a ser elegido director general de la Academia de San Fernando. No llegó a ejecutar su proyectada plaza de armas del palacio Real y se perdió la oportunidad de contar con una gran obra del maestro madrileño en la Puerta del Sol, la Casa de Correos. Aunque se le había pedido el proyecto y ya había comenzado el allanamiento de tierras, finalmente se concedió la obra al francés Jaime Marquet, que había llegado a Madrid unos años antes para empedrar las calles a las órdenes de Ventura Rodríguez. Tampoco pudo llevar a cabo su gran proyecto para la iglesia de San Francisco el Grande, ni la puerta triunfal para conmemorar la llegada de Carlos III a Madrid procedente de Nápoles. El rey solicitó proyectos para la nueva Puerta de Alcalá a Sabatini, Villanueva y Ventura Rodríguez. Este le presentó cinco diseños, pero fue elegido el de Sabatini.

Imagen parcial de la parte superior de la fuente,, con la imagen de Apolo y debajo las figuras de las cuatro estaciones
Boceto de la Fuente de Apolo.
El ingenio creativo de Ventura no flaqueó y en esa época acometió proyectos importantes, como el nuevo presbiterio y el retablo del altar mayor de la colegiata de San Isidro, la continuación de las obras del palacio de Liria, cuando el arquitecto francés Guilbert fue despedido al aparecer grietas; el palacio de Altamira, de 1772, hoy sede del Instituto Europeo de Diseño; además de obras en iglesias, conventos y edificios civiles de poblaciones madrileñas (Vallecas, Leganés) y en Pamplona, Málaga, Toledo, Murcia o San Sebastián, entre otras.

Obtuvo además el cargo de arquitecto mayor de obras y fuentes del Ayuntamiento, y como tal realizó sus trabajos más admirados en Madrid, el diseño de las fuentes monumentales para ornato del paseo del Prado, símbolos de la ciudad: Cibeles. Neptuno y Apolo y las Cuatro Estaciones, además de las Cuatro Fuentes, la de las Conchas (para el palacio del Infante don Luis, hoy en el Campo del Moro) y la de la Alcachofa, hoy en el Retiro, con una réplica en la glorieta de Atocha. 

La erudición e ingenio del arquitecto ciempozueleño para unir la influencia italiana y francesa con el estilo propio de la arquitectura española le valieron el reconocido título de renovador de la arquitectura clásica española, en una época de decadencia (desde mediados del siglo anterior) en que se pensaba en Europa que todo el arte en España era francés o italiano. 

Sus méritos no le alejaron de la humildad y honestidad de las que siempre hizo gala, ni de su disposición permanente para la enseñanza entre colegas y ayudantes. Fue amigo de algunos de los personajes más sobresalientes del arte, la ciencia y la política de la época, como Jovellanos, Mengs, Goya o el infante Luis de Borbón, hermano de Carlos III, para quien diseñó su palacio y jardines de Boadilla del Monte.

Falleció en 1785 en su casa de la calle Leganitos y fue enterrado en la iglesia de San Marcos. Más tarde sus restos fueron trasladados a la capilla de los arquitectos de la iglesia de San Sebastián, que él había remodelado, donde se hallan junto a los restos del otro gran arquitecto del neoclasicismo, Juan de Villanueva. En Madrid, una calle y una estación de Metro de la línea 3 llevan su nombre; en Ciempozuelos tiene dedicados una plaza y un monumento, y su efigie en relieve ocupa uno de los 16 medallones de mármol de la fachada del Museo del Prado.

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Si te ha gustado este relato, te invito a conocer la época y andanzas del arquitecto, que es uno de los personajes de mi novela La quina del rey. Disponible en Amazon en formato papel y digital. También puedes leer una muestra de las primeras páginas