domingo, 15 de diciembre de 2013

Carlos III: Ilustración, petimetres y chambergos


La Estatua ecuestre de la Puerta del Sol se alza sobre un gran pedestal de piedra con inscripciones grabadas referentes al rey. La estatua es de bronce y mira hacia el edificio sede de la Comunidad de Madrid.
Estatua de Carlos III, Puerta del Sol (S Castaño)
Cuando Carlos III llegó a Madrid, le pareció una ciudad sucia e inhóspita. Era 1759 y venía de Nápoles, donde había reinado tranquilamente durante un cuarto de siglo. Así que durante sus primeros años de reinado en España apenas si vivió en Madrid. Alternó sus estancias en los reales sitios de Aranjuez y La Granja con periodos esporádicos en la capital. 

Carlos III, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, ha sido conocido históricamente como el mejor alcalde de Madrid. No fue fácil, pero el rey supo rodearse de ministros inteligentes y trabajadores, como Floridablanca, Campomanes, Aranda, Esquilache... Los proyectos del monarca que mejor representan el despotismo ilustrado tropezaron en los primeros años con el recelo de los madrileños hacía los ministros italianos, como Grimaldi o Esquilache, que el rey se trajo de Nápoles. 

La Puerta de Alcalá, el Palacio de Buenavista (hoy cuartel general del Ejército), el Jardín Botánico o la reconstrucción de la Plaza Mayor son algunas de las mejores obras realizadas por monarca en la ciudad, aunque más importante aún fue la dignificación de la ciudad como capital de España, modelo que se extendió a otras ciudades, con la construcción de paseos, empedrado de calles, iluminación pública, alcantarillado y saneamiento.

La organización territorial de Madrid también cambió con Carlos III. La ciudad pasó a tener ocho cuarteles o departamentos, con ocho barrios cada uno, en los cuales había un alcalde. Eran los cuarteles de Plaza Mayor, Palacio, Afligidos, Maravillas, Barquillos, San Jerónimo, Avapiés y San Francisco.

Criados y funcionarios

Durante el reinado de Carlos III la población de Madrid creció mucho, hasta llegar  a 195.000 habitantes, sobre todo por la inmigración hacia una ciudad que ofrecía puestos de trabajo y recursos. Por entonces, un tercio de los trabajadores madrileños estaba al servicio de los ricos y pudientes. La otra ocupación principal era la de los funcionarios, más de 6.000 empleados. 
Antigua Puerta del Sol, con la fachada de la desaparecida iglesia del Buen Suceso con adornos arquitectónicos delante, comitiva a caballo y soldados en formación.
Puerta del Sol adornada, entrada de Carlos III en Madrid, 1760

El 70 por ciento de la población ganaba lo imprescindible para comer y el 30 por ciento restante eran clases acomodadas. Alrededor de éstas creció un próspero sector comercial dedicado a la producción de objetos de lujo, vestidos y orfebrería, aunque los más ricos vestían con ropa de París, por la influencia que en el siglo XVIII comenzó a tener la moda francesa. Los madrileños acuñaron la palabra ‘petimetre’ (del francés petit maître, señorito) para referirse a lo que hoy llamaríamos ‘pijo’.

De gran importancia económica fueron los Cinco Gremios Mayores (joyeros, merceros, sederos, pañeros y lenceros) que tenían el control, en exclusiva, de la fabricación, importación y venta de joyas, sedas, paños, lencería y mercería. En aquella época, los mercados no eran recintos cerrados como hoy los conocemos, los puestos de venta se instalaban en las plazas públicas. 

La nobleza y el clero seguían disfrutando de privilegios, aunque en ambas clases los había muy ricos y casi pobres. Por debajo había una amplia capa social, un ‘tercer estado’ integrado por la mayoría de súbditos, desde los ricos burgueses y banqueros a paupérrimos jornaleros y mendigos, en principio con igualdad de derechos. 

Motín de Esquilache

Durante el reinado de Carlos III se produjo el célebre Motín de Esquilache, llamado así por el marqués de Esquilache, ministro de Hacienda. El detonante del motín fueron las leyes que quiso imponer en la capital, relacionadas con la limpieza urbana y el alumbrado, la prohibición de portar armas y de vestir capa larga y sombrero de ala ancha (chambergo) y la prohibición de los juegos de azar, pero el trasfondo de esta revuelta masiva fue la carestía de la vida, por la subida del precio de los productos básicos. El monarca aceptó las peticiones del pueblo y el motín se zanjó con la destitución y destierro de Esquilache y la adopción de la capa corta y el sombrero de tres picos (tricornio) en lugar de la capa larga y el chambergo. 

Carlos III hizo otras importantes aportaciones a la historia, como el Banco de San Carlos, que después sería el Banco de España, y la Lotería Nacional, creada en 1763, cuyas ganancias se destinaron por real decreto a hospitales, hospicios y obras pías y públicas. El primer premio gordo fue de sólo 250 reales, una cifra que enseguida  fue aumentada a la vista de los grandes beneficios que se conseguían con este sorteo. 

A imitación de sus primos franceses y siguiendo la línea emprendida por su padre con la Real Fábrica de Tapices, Carlos III creó en Madrid la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro, llamada Casa de la China, que supuso una seria competencia para la boyante porcelana de Inglaterra. La fábrica fue destruida por las tropas inglesas en su lucha contra las tropas de Napoleón acantonadas en El Retiro durante la guerra de la Independencia. 

En Madrid hay varias estatuas dedicadas a Carlos III, la principal y más conocida es la estatua ecuestre situada en el centro de la Puerta del Sol, obra de los escultores Eduardo Zancada y Miguel Ángel Rodríguez, que fue inaugurada en 1994.

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