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30 diciembre, 2020

Curiosidades del Pirulí

Imagen aérea de la torre con el barrio a sus pies. En los años 90 eran pocas las antenas instaladas en la torre.
El Pirulí, años 90. Foto: S.Castaño.
El Pirulí, nombre popular de la torre de telecomunicaciones Torrespaña, se convirtió enseguida en símbolo de Madrid e icono de Radiotelevisión Española (RTVE), su propietaria durante los primeros años. Construido con motivo del Mundial de Futbol de España de 1982, el Pirulí fue propiedad de Televisión Española hasta 1989, después pasó a Retevisión, integrada luego en Abertis Telecom, hoy Cellnex Telecom. Sin embargo, el hecho de que los informativos de la televisión pública se realicen desde las instalaciones que hay junto a la base de la torre, llamadas también Torrespaña, hizo que mucha gente pensara que los telediarios se hacían desde lo alto del Pirulí y que la torre seguía siendo de RTVE.

El proyecto Torrespaña despegó con los preparativos del Campeonato Mundial de Futbol 'España 82'. Era necesaria una gran torre de telecomunicaciones que enviara la señal de televisión desde Madrid a todo el mundo. RTVE puso a su arquitecto Emilio Fernández Martínez de Velasco al frente del proyecto y la unión temporal de empresas Dragados-Agromán se encargó de su ejecución, en la confluencia de calle de O'Donnell con la autovía M-30.

Torrespaña representó un novedoso avance arquitectónico por las nuevas técnicas empleadas en su construcción. A modo de tentetieso la torre se sostiene por su propio peso y no por tener grandes anclajes en la base. En sus cimientos se emplearon 2.000 metros cúbicos de hormigón armado hasta formar una zapata o losa de casi 30 metros de extensión y dos metros de grosor. Cuando el viento es muy fuerte la torre oscila hasta medio metro en la punta de la antena, lo que evita posibles roturas por esta causa. La parte hueca del fuste aloja el ascensor y la escalera de 1200 peldaños, cerrrada por una pared que va desde 60 centímetros de grosor en la base hasta 40 en la parte superior.

Foto del Pirulí en la actualidad, con nuemerosas antenas alrededor de la parte superior de la torre.
El Pirulí en la actualidad.

También es extraordinario el tiempo empleado para construir el Pirulí. A razón de cuatro metros diarios, en sólo 45 días se levantó la columna de hormigón armado que es su soporte. Las obras duraron 12 meses, desde febrero de 1981 al 3 de marzo de 1982, día de su presentación. La inauguración oficial por los Reyes fue el 7 de junio, unos días antes del inicio del Mundial de Fútbol. 

Aunque a precios de otra época, llama la atención el bajo coste de la obra de Martínez de Velasco, 350 millones de pesetas, unos 2,1 millones de euros. Además se descartó la posibilidad de instalar en la torre un restaurante, por razones de seguridad y porque el coste se habría cuadruplicado.

Con sus 220 metros de altura, 232 con la antena, Torrespaña superó ampliamente a la Torre de Madrid, en la Plaza de España, despojándola del título de punto más alto de la ciudad, que mantuvo durante 25 años, hasta que se levantaron las Cuatro Torres del Paseo de la Castellana.

En el interior de sus plataformas circulares se encuentran la sala de control y los equipos técnicos para la emisión y recepción de señales, donde trabajan una veintena de técnicos e informáticos que garantizan el servicio continuo las 24 horas todos los días del año. Más arriba otras plataformas se han ido llenando de antenas con el paso de los años, sumando unas 400 dedicadas a televisión, radio y radio digital, internet, emergencias.

Como excepción histórica, el 14 de diciembre de 1988, día de huelga general en España contra la reforma laboral, Torrespaña dejó de funcionar, se cortó el servicio por completo mientras se estaba emitiendo en directo.

23 octubre, 2020

Antiguos azulejos de comercios y tabernas

Antigua farmacia de Laboratorios Juanse.
Farmacia Juanse, Bº Malasaña. Foto: F.Ch
Los azulejos pintados que decoran fachadas e interiores de tiendas, tabernas y otros establecimientos son parte del tipismo madrileño. El arte de la azulejería tuvo en Madrid su época dorada entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Se conservan importantes ejemplos en los barrios históricos, obras entrañables de un puñado de pintores ceramistas que establecieron sus talleres en la ciudad. El cordobés Enrique Guijo, el talaverano Juan Ruiz de Luna o el sevillano Alfonso Romero son algunos de los principales artífices del arte en azulejos.

Los anuncios, rótulos y adornos cerámicos se extienden por gran parte de la ciudad, en establecimientos del barrio de Maravillas (Malasaña), Barrio de las Letras o el entorno Ópera-Arenal, entre otros. Auténticos supervivientes de la agitación industrial e inmobiliaria que se impuso desde mediados del siglo XX, destruyendo muchas de estas obras.

Antigua Huevería
Antigua Huevería. Foto: Fernando Chorro.

En 1908, la sociedad creada por Juan Ruiz de Luna y Enrique Guijo difundió en Madrid los azulejos azules y amarillos de tradición talaverana, como los que se conservan en la Antigua Farmacia de la Reina Madre, en el 59 de la calle Mayor. En su variante publicitaria, se encuentran dos buenos ejemplos en la esquina de San Vicente Ferrer con San Andrés. Ahí está la Antigua Huevería, con vistosos azulejos del taller Ruiz de Luna-Guijo. A su lado, la farmacia de los Laboratorios Juanse, cuyos azulejos, algunos firmados por Mardomingo, salieron del mismo taller en los años 20, cuando ya la sociedad del cordobés y el talaverano se había disuelto. Debido al impuesto a la publicidad en vía pública que entró en vigor en los años 50, estos azulejos estuvieron tapados con pintura hasta que fueron ‘redescubiertos’ en los años 80.

Librería de los Bibiófilos Españoles
Foto: Luis García (Zaqarbal), en Wikipedia
Desaparecida la unión Ruiz de Luna-Guijo, en 1915, el cordobés mantuvo el taller de la calle Mayor y siguió revistiendo de azulejos tiendas y tabernas. Muchas de las obras de aquel taller han desaparecido, pero aún se conservan excelentes representantes: Librería de los Bibliófilos Españoles (travesía del Arenal, 1), La Tierruca-Vaquería (Monte Igueldo, 103) o la taberna Los Gabrieles (Echegaray, 17) cerrada desde 2004, en la que también trabajó Alfonso Romero. Este último revistió las fachadas de Villa Rosa (plaza de Santa Ana) o las tabernas La Ardosa (Santa Engracia, 70) y Bodega Rosell (General Lacy, 14). Por esta época, entre 1922 y 1929, se encargó de la decoración de azulejos de la Plaza de Toros de las Ventas.

Casa Macareno
Casa Macareno. Foro: F. Chorro.

La publicidad era una novedad y los anuncios de azulejos policromados su máxima expresión. La alta demanda de estas piezas favoreció la llegada a la ciudad de otros primorosos pintores ceramistas.

En el 44 de San Vicente, el bar restaurante Casa Macareno (antes Casa do Compañeiro) muestra una antigua fachada de azulejos muy bien conservada, obra de V. Moreno.

Los azulejos publicitarios se extendieron a las primeras estaciones del Metro de Madrid. Algunos de estos anuncios, realizados por Guijo y Alfonso Romero, aún se conservan en la ‘estación fantasma’ de Chamberí, convertida en museo. En el Metro trabajaron también, entre otros, los sevillanos hermanos Pérez y los hermanos González.

Los Gabrieles
Vista parcial de una pared de Los Gabrieles.

Otros geniales artífices de esta artesanía en Madrid fueron los hermanos Mensaque, instalados desde los años 20 en la calle Luis Vélez de Guevara. Entre sus obras es famosa la decoración de la fachada del bar restaurante Viva Madrid (Manuel Fernández González, 7) o el Salón de Peluquería (Ave María, 8). La Casa Mensaque estuvo funcionando hasta los años 50 del siglo pasado. También Emilio Niveiro, ceramista talaverano, que decoró con azulejos la Casa de Cisneros, la Casa de Sorolla y algunos portales de edificios del primer tramo de la Gran Vía.

En nuestros días, la mayoría de las placas que dan nombre a las calles del centro de la ciudad son azulejos cerámicos pintados por el prolífico Alfredo Ruiz de Luna, nieto de aquel pionero ceramista talaverano. Son unas 1.500 placas compuestas cada una por nueve azulejos con rótulos y dibujos que hacen referencia al origen del curioso nombre de las calles de Madrid.  

07 octubre, 2019

Banco de España, historia y curiosidades

Vista desde la plaza de Cibeles, con la fuente en medio, el chaflán del banco. Más allá el Círculo de Bellas Artes y el edificio Metrópoli
Banco de España, Plaza de Cibeles. Foto: S.C.
El Banco de España, que hasta 1856 se llamaba Banco Español de San Fernando, estaba situado antes en la calle Atocha, en el antiguo edificio que fue sede de los Cinco Gremios Mayores. Cuando éste se quedó pequeño y la pujante burguesía madrileña se instalaba en el entorno del paseo del Prado y el nuevo barrio de Salamanca, la entidad se trasladó a la plaza de Cibeles.

La sede del Banco de España se construyó entre 1884 y 1891 bajo la dirección de los arquitectos de la entidad, Eduardo Adaro y Severiano Sainz de Lastra. Antes fue necesario el derribo del palacio de Alcañices y la iglesia de san Fermín de los Navarros, en el cruce de la calle de Alcalá y el paseo del Prado. Con su achaflanada fachada principal asomada a la plaza de Cibeles se formó el cuadrilátero de edificios histórico-artísticos de este enclave madrileño: Palacio de Comunicaciones, Palacio de Linares, Palacio de Buenavista y Banco de España.

Para entonces ya se acuñaban monedas en pesetas, desde 1869, por la unificación del sistema monetario español decretado por el Gobierno provisional surgido tras el derrocamiento de Isabel II, en cuyo reinado ya se había planteado el asunto. Desaparecieron el escudo y el real y se implantó la peseta como unidad básica, equivalente a 100 céntimos, que estuvo vigente hasta 2002. El Gobierno decidió también cerrar las casas de monedas o cecas provinciales y centralizar la producción en la Casa de la Moneda de Madrid, que estaba situada por entonces en la plaza de Colón, en el lugar que ahora ocupan los Jardines del Descubrimiento.

Majestuosa fachada principal, en chaflán, entre la calle de Alcalá y el paseo del Prado.
Esquina calle de Alcalá. Foto: Fernando Chorro.

Los primeros billetes en pesetas se emitieron unos años después, en 1874, coincidiendo con la concesión al Banco de España del derecho exclusivo a emitir papel moneda, tarea compartida hasta entonces por 19 bancos establecidos en las principales provincias. Estos tuvieron que elegir si eran absorbidos por el Banco de España o se convertían en sociedades de crédito.

La nueva sede del Banco de España se levantó siguiendo el gusto ecléctico clasicista tan en boga en Madrid en el último tercio del siglo XIX. En esa época el uso del hierro en el diseño de espacios arquitectónicos era un elemento de modernidad. El banco tiene ese elemento distinguido en las cubiertas de hierro y cristal de grandes espacios, en las artísticas puertas de hierro, lámparas y otros ornamentos. Sus salas y pasillos exhiben una magnífica colección de pinturas, esculturas, dibujos, estampas, fotografías y artes decorativas
La extensa fachada de la calle Alcalá muestra la grandiosidad del Banco de España.
 Banco de España, calle de Alcalá. Foto: F.Chorro
,
que junto con las de sus sucursales en el país suman más de 5.000 piezas.

Cámara del oro

Con todo, lo más sorprendente de la sede central es la cámara del oro, cámara acorazada situada a 35 metros de profundidad donde se guarda la mayor parte de las 281 toneladas de oro del Banco de España, en lingotes y monedas históricas, además de miles de millones de euros y divisas. Por razones de movilidad, si fuera necesario, una parte de estas reservas se encuentra custodiada en bancos de otros tres países.

 
La cámara del oro se construyó entre 1932 y 1936, durante la II República, sobre una superficie de 2.500 metros cuadrados. Fue proyectada por el arquitecto José Yárnoz Larrosa, quien se encargó años después de la ampliación del edificio. Su coste fue de 9,3 millones de pesetas y en su construcción trabajaron 260 obreros. 

Para acceder a la cámara, además de bajar a las profundidades, hay que pasar varias puertas acorazadas, la mayor de unas 16 toneladas de acero, y un foso con pasarela levadiza que, si fuera necesario en caso de asalto, puede inundarse de agua en pocos minutos
Una de las enormes puertas de acero, redonda, de la cámara acorazada.
Puerta acorazada (Foto: Banco de España).
por un conducto que comunica con la canalización del arroyo subterráneo que discurre por la zona y suministra agua a la fuente de Cibeles

Las puertas acorazadas se encargaron a una empresa norteamericana que ya había fabricado puertas similares para la Reserva Federal de Nueva York, el Banco de Tokio y otras entidades financieras. Su descenso a la cámara, a cargo de especialistas, fue complicado y los cables de acero utilizados no podían volver a emplearse por lo dañados que quedaban. Para el traslado del oro desde la antigua ‘caja de metálico’ del banco se emplearon vagonetas sobre raíles de madera que se construyeron en el propio edificio.


En 1928 y con proyecto de José Yárnoz se amplió el edificio con la adquisición de las casas de la calle de Alcalá contiguas al banco. La segunda ampliación se inició en 1969, según  proyecto de Javier Yárnoz Orcoyen, hijo del anterior. El edificio se extendió hasta las calles de los Madrazo y Marqués de Cubas.


En 2006 se completó el edificio actual con el cerramiento de la manzana y fachada en chaflán en la esquina de Alcalá y Marqués de Cubas, a cargo del arquitecto Rafael  Moneo, más de un siglo después de la inauguración del edifico.

13 abril, 2019

Iglesia de Santa Cruz y sucesos históricos

Fachada principal desde la plaza de Santa Cruz.
Santa Cruz. Foto: A.Castaño
Dominando el barrio de los Austria desde sus 60 metros de altura, la torre de la iglesia de Santa Cruz fue la más alta de Madrid hasta la construcción del edificio Telefónica en la Gran Vía, en los años 20 del siglo pasado. Su estilo es único, con ladrillo rojo y piedra blanca recuerda a los ‘campaniles’  italianos y las torres neomudéjares. La portada es neogótica como su interior, que posee buena acústica, motivo por el que se utiliza para conciertos de órgano. Fue construida, en parte con donaciones de los madrileños, por el marqués de Cubas y Miguel de Olabarría.

Este templo ocupa el lugar donde estuvo el antiguo convento de Santo Tomás, al principio de la calle Atocha, lugar de sucesos trágicos en la historia de Madrid. De aquel convento de dominicos salían las fúnebres comitivas que se dirigían con sus estandartes a los lugares de celebración de los autos de fe de la Inquisición. Su iglesia sufrió un primer incendio antes de estar terminada en la primera mitad del siglo XVII y en 1723 se desplomó la cúpula matando a 80 personas y ocasionando numerosos heridos.

En aquel convento fueron asesinados siete frailes dominicos que como otros 70 inocentes de distintos conventos madrileños fueron acusados por la ira popular de ser causantes de la epidemia de cólera que asolaba la ciudad en julio de 1834. Corrió el rumor de que los frailes habían envenenado las fuentes públicas, aunque la epidemia había penetrado en España desde otros países.

 
La torre tiene un atractivo contraste entre la piedra blanca de su portada de arcos apuntados y el ladrillo rojo de la torre.
Torre. Foto: A.Castaño

En el mismo lugar pasó sus últimas horas el teniente general Diego de León, héroe de la caballería española, fusilado en octubre de 1841 a las afueras de la Puerta de Toledo. Fue acusado de rebelión contra el gobierno del general Espartero, que había desplazado de la regencia a María Cristina de Borbón durante la  minoría de edad de Isabel II. Según las crónicas, el propio militar tuvo que alentar a los desconsolados soldados del pelotón de fusilamiento para que cumplieran la orden.


No hubo más episodios trágicos hasta abril de 1872, cuando un gran incendio destruyó el convento y afectó a la iglesia. El obispado decidió el derribo de la parte ruinosa del edificio, aunque el Ayuntamiento apostaba por el derribo total para seguridad de las casa vecinas, y su posterior reedificación. Durante los trabajos se hundió la bóveda de una de las capillas, sepultando bajo los escombros a tres obreros, dos de ellos murieron y el tercero pudo ser rescatado con vida después de catorce horas.

Derruido el conjunto finalmente, en parte de su solar se construyó la actual iglesia de Santa Cruz, entre 1889 y 1902. A su lado se construyeron viviendas para eclesiásticos y otra parte del solar se vendió. 

La portada de arcos apuntados tiene un frontispicio con excelentes relieves
Portada. Foto: A.C.

La actual iglesia de Santa Cruz, cuyo interior tuvo que ser reformado tras la guerra civil, es poco frecuentada por los turistas que pasan por la plaza de Santa Cruz y cuentan con numerosos atractivos en las cercanas plaza Mayor, Puerta del Sol o plaza de Santa Ana.

Con el nombre de Santa Cruz existió una ermita y luego una primera iglesia casi al lado de la actual, en la esquina de plaza de Santa Cruz y la calle de la Bolsa, que fue famosa también por su alta torre, a la que llamaban ‘la atalaya de la Corte’. Sus campanas avisaban a la población en los casos de incendio. 


La de Santa Cruz fue una de las iglesias más importantes de Madrid, junto con las de San Martín y San Ginés y, como aquellas, en su entorno se formaron los tres principales arrabales de Madrid. Aquella primitiva iglesia fue derribada en 1868 para ampliar la plaza de Santa Cruz pasando su parroquia al desaparecido convento de Santo Tomás.

10 febrero, 2014

Plaza Mayor, historia festiva y macabra

Plaza Mayor con numerosos paseantes. Se aprecia su estilo barroco con influencia del estilo herreriano. Sobre los adoquines, farolas y la estatua ecuestre de Felipe III.
Plaza Mayor. Foto: S. Castaño
La Plaza Mayor de Madrid fue durante casi cuatro siglos el centro de la vida de la ciudad, escenario de grandes acontecimientos festivos y actos públicos macabros. Tuvo cinco nombres distintos y sufrió tres grandes incendios. 

Cuando en la Plaza Mayor de Madrid se proclamó la Constitución de 1812, este recinto pasó a llamarse Plaza de la Constitución. Luego, con la restauración de Fernando VII y la vuelta al absolutismo se le cambió el nombre por el de Plaza Real. Más tarde, con la proclamación de la I República (1873) se le puso el nombre de Plaza de la República, que al año siguiente era Plaza de la República Federal. Con la restauración monárquíca volvió a su nombre original, Plaza Mayor, que no se volvió a tocar.

Coronaciones, bodas, toros y verdugos

Desde el principio, la Plaza Mayor se planteó como escenario de acontecimientos púbicos. Su primer gran evento, en 1620, fue la beatificación del patrón de Madrid, san Isidro, cuyos festejos y procesiones duraron ocho días. Al año siguiente, este recinto acogió la coronación de Felipe IV. El aforo de la plaza era de unos 50.000 espectadores, la mayoría en los balcones. Para este acto, el precio de alquiler de los balcones de los primeros pisos se fijo en 12 ducados, los de los segundos pisos a ocho ducados, seis para los terceros y, para las buhardillas, cuatro ducados. Fue el inicio de la proclamación de los reyes en la Plaza Mayor, una costumbre que llegó hasta Isabel II.  

Unos meses después, también en 1621, se produjo la ejecución de un ministro de Felipe III, Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, acusado de aprovechar su cargo para beneficio propio, por lo que fue decapitado.

En 1622 se organizó una gran fiesta con motivo de la canonización conjunta de san Isidro, santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier. Por ello, hubo en la Plaza Mayor corridas de toros a caballo, así como una comedia de Lope de Vega, danzas, mascaradas, juegos de cañas, música y fuegos artificiales. 
Fachada de la Casa de la Panadería, con sus pinturas, escudo tallado en el centro y torres con reloj en los chapiteles.
Casa de la Panadería. Plaza Mayor de Madrid. Foto: S.C.

Fueron numerosas las ejecuciones practicadas en este recinto, previa condena del Tribunal del Santo Oficio (Inquisición) que protagonizaba la persecución y castigo de judíos, herejes, blasfemos o sacrílegos a la vez que anunciaba gracias especiales e indulgencias a todos los que acudieran a estos actos. Para la puesta en escena se montaban patíbulos y graderíos de madera. 

Uno de los actos más macabros fue la ejecución, en 1648, de Pedro de Silva, marqués de la Vega de la Sagra, y de Carlos Padilla, acusados de conspirar contra el rey Felipe IV para proclamar rey de Aragón al duque de Híjar. Junto a ellos había unos 80 presos acusados de practicar el judaísmo. Su ejecución se prolongó durante doce horas. En cuanto al duque de Híjar, se le conmutó la pena de muerte por la cadena perpetua a cambio de pagar 10.000 ducados.

La Plaza Mayor acogió la proclamación de Carlos III como rey de España en 1759 y las consiguientes corridas de toros. También se organizó una gran fiesta en 1846 para celebrar la doble boda de Isabel II (con su primo Francisco de Asís de Borbón) y la de su hermana María Luisa Fernanda (con Antonio de Orleans, duque de Montpensier), cuya  celebración duró tres días. Fue la última vez que hubo corridas de toros en este lugar.

Un poblado a las afueras

La plaza Mayor se originó a las afueras de la ciudad. Eran los tiempos de Juan II de Castilla, en la primera mitad de siglo XV. Por entonces la Villa de Madrid creció hacia el este, con un continuo asentamiento espontáneo de comerciantes, sobre todo judíos, que construyeron viviendas a las afueras de la ciudad, donde estaba la llamada laguna de Luján, que fue desecada. Allí se formó una barriada en torno a una explanada que servía de mercado y que se llamó Plaza del Arrabal. Con el tiempo se convertiría en el centro de la ciudad.

A principios del siglo XVII sus construcciones estaban muy deterioradas, y Felipe III decidió reconstruir sobre esta antigua plaza la que sería la Plaza Mayor de la ciudad y escenario de acontecimientos públicos. El proyecto lo llevó a cabo el arquitecto Juan Gómez de Mora, que inició las obras en 1617 y las terminó en tan sólo dos años, con un coste de 200.000 ducados. El recinto, de 120 por 90 metros, estaba formado originalmente por 136 casas de entre tres y cinco plantas, ocupadas por unos 3.700 vecinos, tenían soportales y un total de 347 balcones. 

Imagen parcial de la Casa de la Carnicería. Junto a su galeríestán los pintores y caricaturistas habituales. Al fondo, una de a de arcos las puerta de acceso, el Arco de Cuchuilleros.
Junto a la Casa de la Carnicería se instalan los pintores. S.C.
Se construyeron nueve puertas de acceso y cuatro torres con chapiteles, dos en el lado sur, que pertenecen a la Casa de la Carnicería (llamada así porque era el depósito general de carnes), y dos en el lado norte, en la Casa de la Panadería, llamada así porque en su planta baja se despachaba el pan. Fue éste el primer edificio (hoy sede oficial del Turismo de Madrid), obra de Diego Sillero, cuyo estilo marco el del resto de los edificios. En su planta principal había salones y balcones reservados a los reyes para los espectáculos públicos. En su fachada destacan pinturas coloridas que representan personajes mitologícos. 

A este edificio le siguió, con el mismo diseño, la Casa de la Carnicería. Este edificio (sede de la Junta Municipal del Distrito Centro entre 1995 y 2008) y su gemelo son los únicos de la plaza cuyos soportales son arcos de granito, el resto se alza sobre pilares. 

Incendios y reformas 


panorámica de la plaza con un lateral en llamas, humareda y numerosas tropas en formación, algunos soldados evacúan heridos.
Incendio de la Plaza Mayor en 1790.
El lateral sur de la plaza quedó destruido por completo en 1631 a causa de un incendio que duró tres días y causó 13 muertos. La plaza sufrió otros dos grandes incendios, uno en 1672 y otro en 1790 que se extendió hasta la parroquia de San Miguel, hoy mercado de San Miguel. Tras este incendio, que ocasionó 25 muertos y 1.300 personas sin hogar, se acometió una importante reforma dirigida por Juan de Villanueva, arquitecto mayor de la Villa. Con él se logró el diseño actual de la plaza, al eliminar las dos últimas plantas de algunos edificios, unificando las buhardillas para darle el aspecto actual con tejado de pizarra y ladrillo rojo en las fachadas. Además construyeron los arcos en los huecos de acceso a la plaza. Otra importante reforma se llevó a cabo en 1873, que convirtió esta plaza en un parque con jardines y templetes de música, elementos que se eliminaron en 1936.

Estatua ecuestre de Felipe III

Los vaivenes políticos han afectado también durante años a la estatua ecuestre de Felipe III situada en el centro de la plaza. Fue construida en Florencia en 1614 por encargo del Gran Duque de Toscana, Cosme de Médicis, que la ofreció como regalo al rey español. El pedestal es obra de Juan Sánchez Pescador y los relieves son del escultor Sabino de Medina.

La estatua se instaló en los jardines del antiguo alcázar, y luego se colocó delante del palacete real de la Casa de Campo, donde estuvo hasta 1848, cuando la reina Isabel II, aconsejada por el escritor y concejal Ramón Mesonero Romanos, la trasladó a la Plaza Mayor. 

De aquí fue retirada en 1873 con la I República y repuesta dos años después al restaurarse la monarquía. En 1931, durante la II República, unos exaltados la derribaron y tuvo importantes daños. Durante la dictadura fue reconstruida por el escultor Juan Cristóbal y se instaló otra vez en su ubicación actual. De nuevo en 1968 abandonó la plaza, cuyo suelo fue levantado para la construcción de un aparcamiento subterráneo. La estatua estuvo en el Parque del Retiro hasta 1971, cuando volvió a la Plaza Mayor y se le instaló una verja de hierro a su alrededor.

19 diciembre, 2013

Reloj de la Puerta del Sol, campanadas de Losada

La torreta del reloj de la Puerta del Sol, es blanca, de piedra caliza, sobre ella está el templete metálico con unas campanas que se accionan al bajar la bola.
Reloj de la Puerta del Sol en su torreta. Foto: S.C.

Durante muchos años, el reloj de la Puerta del Sol dio a España la hora solar, la del meridiano de Greenwich, es decir la que le corresponde al país por su longitud geográfica. El mecanismo del reloj se accionaba por un cable eléctrico desde el Observatorio Astronómico del parque del Retiro para dar la hora del meridiano. 
El ‘reloj de Sol’, como se dice en Madrid, se hizo famoso cuando Radio Nacional de España comenzó a retransmitir en 1941 las “campanadas del reloj de Gobernación”, llamado así porque el edificio era entonces sede del Ministerio de la Gobernación.

El edificio había sido antes Real Casa de Correos, construida entre 1766 y 1768 por el arquitecto francés Jaime Marquet. Y justo cien años después, en 1867, se inauguró el que sería el reloj más popular del país, obra del relojero José Losada. Para ello se construyó la torrecilla que aloja este reloj de tres esferas. Sobre ella se alza el templete por el que baja la famosa bola cuando el reloj da las 12 campanadas de Nochevieja con las que toda España despide el año cada 31 de diciembre, tomando las 12 uvas al compás de las campanadas. Antes de instalarse el reloj de Losada, en lo alto de la fachada estaba el reloj que había pertenecido a la vecina iglesia del Buen Suceso, cuando ésta fue derruida. 

Losada, el mejor relojero

En el edificio de la Comunidad destaca la mezcla del color rojo del ladrillo como elanco de la piedra caliza. La entrada es un arco de medio punto, sobre éste un amplio balcón y por encima un frontón triangular con relieves.
Edificio de la Comunidad de Madrid. Foto: SCB
Según los entendidos, las características del reloj de la Puerta del Sol no tienen parangón en Europa y la maestría de su artífice fue envidiada por los relojeros ingleses y suizos del siglo XIX. 

José Losada, cuyo verdadero nombre era José Rodríguez Conejero, nació en 1797 en Iruela, que pertenecía a la jurisdicción de Losada, pueblo de la comarca de El Bierzo, provincia de León. Era un pastor analfabeto que a los 18 años se fue de su casa para evitar que le diera una paliza el propietario del ganado que cuidaba, por haber perdido una ternera. Llegó a Madrid en el carro de un campesino leonés y aquí se enroló en el ejército, pero con el tiempo las cosas se le complicaron por sus ideas liberales, perseguidas ferozmente por Fernando VII. Se supo que había participado en una conspiración contra el absolutismo del rey en 1823 y tuvo que huir a Francia. De cómo consiguió escapar hay varias versiones de tintes novelescos.

Portada del libro sobre Losada en la que aparece una foto del relojero, dos de rolojes de bolsillo, un cronómetro y el reloj de la Puerta del Sol
Libro sobre Losada,de Roberto Moreno

Por entonces era superintendente general de Policía José Zorrilla, padre del que luego sería famoso poeta y dramaturgo José Zorrilla. Según una de las versiones, Losada y algunos de sus compañeros conspiradores tuvieron conocimiento de un lío de faldas que tenía el superintendente en las Vistillas. Un día, el político fue pillado ‘in fraganti’ por Losada y compañía que, a cambio de su silencio, le exigieron un salvoconducto para Francia. Desde allí se fue a Londres donde consiguió un trabajo de barrendero en una fábrica de relojes, donde se familiarizó con el oficio. Al morir el dueño de la fábrica, Losada contrajo matrimonio con la viuda y se encargó del negocio del taller de relojería. Dejó de ser analfabeto y con el tiempo se convirtió en relojero. Hacia 1853 contaba con una nueva relojería a la que puso su nombre y en poco tiempo se convirtió en la más prestigiosa de Inglaterra, país que en aquella época era el mejor en relojería
En la trastienda de Losada se reunía la llamada ‘Tertulia del habla española’, que agrupaba a poetas e intelectuales españoles exiliados durante el reinado de Fernando VII. El relojero se enteró de que el poeta José Zorrilla malvivía en una buhardilla de Londres, así que le visitó con la excusa de comprarle un reloj y le regaló mil libras. El poeta frecuentaba la tertulia de Losada y un día escribió un poema titulado Una repetición de Losada.

Años después José Losada fabricó en Londres un reloj que regaló a la Villa de Madrid en 1865, además del mecanismo que hace que la bola dorada baje cuando llegan las 12 campanadas. El relojero leonés también Inventó los cronómetros Losada, de fama mundial. Falleció y fue enterrado en Londres en 1870.