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23 octubre, 2020

Antiguos azulejos de comercios y tabernas

Antigua farmacia de Laboratorios Juanse.
Farmacia Juanse, Bº Malasaña. Foto: F.Ch
Los azulejos pintados que decoran fachadas e interiores de tiendas, tabernas y otros establecimientos son parte del tipismo madrileño. El arte de la azulejería tuvo en Madrid su época dorada entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Se conservan importantes ejemplos en los barrios históricos, obras entrañables de un puñado de pintores ceramistas que establecieron sus talleres en la ciudad. El cordobés Enrique Guijo, el talaverano Juan Ruiz de Luna o el sevillano Alfonso Romero son algunos de los principales artífices del arte en azulejos.

Los anuncios, rótulos y adornos cerámicos se extienden por gran parte de la ciudad, en establecimientos del barrio de Maravillas (Malasaña), Barrio de las Letras o el entorno Ópera-Arenal, entre otros. Auténticos supervivientes de la agitación industrial e inmobiliaria que se impuso desde mediados del siglo XX, destruyendo muchas de estas obras.

Antigua Huevería
Antigua Huevería. Foto: Fernando Chorro.

En 1908, la sociedad creada por Juan Ruiz de Luna y Enrique Guijo difundió en Madrid los azulejos azules y amarillos de tradición talaverana, como los que se conservan en la Antigua Farmacia de la Reina Madre, en el 59 de la calle Mayor. En su variante publicitaria, se encuentran dos buenos ejemplos en la esquina de San Vicente Ferrer con San Andrés. Ahí está la Antigua Huevería, con vistosos azulejos del taller Ruiz de Luna-Guijo. A su lado, la farmacia de los Laboratorios Juanse, cuyos azulejos, algunos firmados por Mardomingo, salieron del mismo taller en los años 20, cuando ya la sociedad del cordobés y el talaverano se había disuelto. Debido al impuesto a la publicidad en vía pública que entró en vigor en los años 50, estos azulejos estuvieron tapados con pintura hasta que fueron ‘redescubiertos’ en los años 80.

Librería de los Bibiófilos Españoles
Foto: Luis García (Zaqarbal), en Wikipedia
Desaparecida la unión Ruiz de Luna-Guijo, en 1915, el cordobés mantuvo el taller de la calle Mayor y siguió revistiendo de azulejos tiendas y tabernas. Muchas de las obras de aquel taller han desaparecido, pero aún se conservan excelentes representantes: Librería de los Bibliófilos Españoles (travesía del Arenal, 1), La Tierruca-Vaquería (Monte Igueldo, 103) o la taberna Los Gabrieles (Echegaray, 17) cerrada desde 2004, en la que también trabajó Alfonso Romero. Este último revistió las fachadas de Villa Rosa (plaza de Santa Ana) o las tabernas La Ardosa (Santa Engracia, 70) y Bodega Rosell (General Lacy, 14). Por esta época, entre 1922 y 1929, se encargó de la decoración de azulejos de la Plaza de Toros de las Ventas.

Casa Macareno
Casa Macareno. Foro: F. Chorro.

La publicidad era una novedad y los anuncios de azulejos policromados su máxima expresión. La alta demanda de estas piezas favoreció la llegada a la ciudad de otros primorosos pintores ceramistas.

En el 44 de San Vicente, el bar restaurante Casa Macareno (antes Casa do Compañeiro) muestra una antigua fachada de azulejos muy bien conservada, obra de V. Moreno.

Los azulejos publicitarios se extendieron a las primeras estaciones del Metro de Madrid. Algunos de estos anuncios, realizados por Guijo y Alfonso Romero, aún se conservan en la ‘estación fantasma’ de Chamberí, convertida en museo. En el Metro trabajaron también, entre otros, los sevillanos hermanos Pérez y los hermanos González.

Los Gabrieles
Vista parcial de una pared de Los Gabrieles.

Otros geniales artífices de esta artesanía en Madrid fueron los hermanos Mensaque, instalados desde los años 20 en la calle Luis Vélez de Guevara. Entre sus obras es famosa la decoración de la fachada del bar restaurante Viva Madrid (Manuel Fernández González, 7) o el Salón de Peluquería (Ave María, 8). La Casa Mensaque estuvo funcionando hasta los años 50 del siglo pasado. También Emilio Niveiro, ceramista talaverano, que decoró con azulejos la Casa de Cisneros, la Casa de Sorolla y algunos portales de edificios del primer tramo de la Gran Vía.

En nuestros días, la mayoría de las placas que dan nombre a las calles del centro de la ciudad son azulejos cerámicos pintados por el prolífico Alfredo Ruiz de Luna, nieto de aquel pionero ceramista talaverano. Son unas 1.500 placas compuestas cada una por nueve azulejos con rótulos y dibujos que hacen referencia al origen del curioso nombre de las calles de Madrid.  

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