viernes, 2 de agosto de 2013

Cuartel de Conde Duque y Pedro Ribera

El cuartel de Conde Duque se debe al arquitecto Pedro de Ribera y se edificó entre los años 1720 y 1754 como sede del regimiento de Guardia de Corps, un cuerpo especial encargado de custodiar el Palacio Real y a los reyes. El hoy centro cultural Conde Duque es un edificio austero con una espléndida fachada churrigueresca. Alberga la Hemeroteca Municipal, el Archivo de la Villa, la Biblioteca Municipal y varias salas de exposiciones. En verano, sus grandes patios sirven como escenarios de conciertos y otras actividades artísticas.

Respecto al nombre de este edificio de la calle Conde Duque, muy cerca de la plaza de España, hay varias versiones. La más próxima en el tiempo señala que el nombre se refiere al tercer duque de Berwick y Liria, conde de Lemos (1718-1785), descendiente de los reyes de Inglaterra y casado con una hija del duque de Alba. Otra es la atribuida al escritor Mesonero Romanos (siglo XIX), primer cronista oficial de la Villa, que indica que se refiere al que fuera Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, al que nos vamos a referir.
Pedro Ribera 
Fachada sobria y rojiza del antiguo Cuartel de Conde Duque
Cuartel de Conde Duque. Foto: J.L. de Diego
El arquitecto Pedro Ribera, responsable de la construcción del cuartel, nació en Madrid en 1683. Fue discípulo de Ardemans, de quien heredó el cargo de arquitecto mayor del Ayuntamiento de Madrid. Entre sus primeras obras se encuentra la iglesia de la Virgen del Puerto, realizada en 1718 por encargo del marqués de Vadillo, que fue alcalde de Madrid. También de esa época son el Puente de Toledo sobre el río Manzanares, la Iglesia de Montserrat, el actual Museo Municipal de Madrid (calle Fuencarral, 78, antiguo Hospicio de San Fernando), el Hospital de San Fernando y la Iglesia de San Cayetano. En Salamanca, realizó la torre de la catedral nueva en 1733.
A él se debe también la magnífica Fuente de la Fama, ubicada en los Jardines del Arquitecto Ribera (junto al Museo Municipal) y otras obras para embellecer la Villa de Madrid. Pedro Ribera murió en 1742.
El conde-duque de Olivares 
Retrato del conde-duque de Olivares, pintado por Velázque en 1638 y conservado en el Museo del Hermitage
Conde-duque de Olivares, óleo de Diego
Velázquez, 1638. Museo del Hermitage
Gaspar Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares, es un personaje clave de historia de España. Fue el valido de Felipe IV, el favorito, una especie de primer ministro. Nació en Roma el 6 de enero de 1587 y fue el tercero de los hijos de una familia aristocrática. Sus primeros años los pasó entre Roma, Sicilia y Nápoles preparándose para la carrera eclesiástica. Sin embargo, la muerte de uno de sus hermanos mayores trastocó estos planes y en 1601 su padre le envió a estudiar a la Universidad de Salamanca.
En 1607 de casó con Inés de Zúñiga y Monterrey, dama de la reina Margarita, y tuvo una hija, la marquesa de Elche, que murió en 1626. Se sabe también de un hijo bastardo, Julianillo, que luego sería reconocido como Felipe de Guzmán y Gaspar de Tebes.

Olivares era un hombre de gran ambición y con influencia sobre el príncipe heredero, el futuro Felipe IV, por lo que resultaba incómodo para el duque de Lerma, valido de Felipe III, que le ofreció la embajada de Roma, pero Olivares la rechazó. El de Lerma intentó varias veces alejarle de la corte, pero no lo consiguió.
El gobierno de Olivares se inició el mismo día que Felipe IV subió al trono. Como valido, lo primero que hizo fue separar a Lerma y Uceda del gobierno y ordenar la muerte de Rodrigo Calderón, hombre de confianza del duque de Lerma. Al conde-duque también se le relacionó unos años después con la muerte del conde de Villamediana, otro destacado personaje de la corte.
Algunas reformas promovidas por el conde-duque le concedieron el favor del pueblo, pero en política exterior su carrera fue un desastre para España. Por su soberbia y ansia de poder se malogró el matrimonio de la infanta María con el príncipe de Gales, que había viajada de incógnito a España, y se ganó la enemistad de Inglaterra. También se enfrentó a Francia y a Richelieu, pero su mayor error, según los historiadores, fue reanudar la guerra con Holanda, complicando a España en la Guerra de los Treinta Años. La Paz de Westfalia fue una catástrofe para los intereses españoles.
En 1640, enfermo y hundido por sus fracasos políticos quiso abandonar la corte, pero Felipe IV no se lo permitió. Tres años después, el rey despidió a Olivares, que se refugió en el pueblo madrileño de Loeches. Los grandes de España redactaron un pliego de cargos y se lo entregaron al rey, que ordenó el destierro del Olivares en Toro (Zamora), aunque permitió que su mujer permaneciese en la corte.

En 1644, la Inquisición abrió un proceso contra el que fuera todopoderoso valido del rey. Murió un año después y fue enterrado en Loeches ante la indiferencia general.

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