martes, 13 de agosto de 2013

La maja de Goya, duquesa de Alba

La encantadora María Teresa Cayetana, duquesa de Alba, es uno de los personajes que más leyendas ha suscitado. Son muchas las peripecias en Madrid que de ella se relatan, así como que era una mujer de tal belleza que cuando paseaba por la calle hasta los niños se paraban para contemplarla. 

La maja vestida, de Goya
A María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba, le gustaba vestirse de maja y mezclarse con la gente de la calle para pasar inadvertida. Cuentan que así ataviada, siendo todavía una niña, pero ya casada, paseaba por la calle acompañada por una doncella cuando entabló conversación con un muchacho que las invitó a tomar un refresco en un mesón. Fingiendo ser una caprichosa, la duquesa comenzó a pedir todo lo que se le ocurría, mientras el chico, con poco dinero, estaba cada vez más nervioso. En un momento en que éste abandonó la mesa, la duquesa le explicó al mesonero su juego: “hasta que se deje los calzones”, le dijo entre risas.

Después de un buen rato, el chico se levantó para hablar con el mesonero, que aceptó en prenda los calzones del muchacho, que ocultó su desnudez con su largo abrigo. De regreso, el chico estaba cada vez más apenado y la duquesa le animó a visitarla al día siguiente para presentarle a alguien que podría ayudarle. El joven acudió a la lujosa casa, pensando que la chica sería una criada. Cuando la vio en un gran salón y lujosamente vestida el chico se quedó de piedra y comprendió la broma. María Teresa Cayetana le obsequió y le ofreció su ayuda.

Una gran herencia

María Teresa Cayetana nació en Madrid el 10 de junio de 1762, en el palacio que tenían sus padres, duques de Huéscar, en la calle Juanelo, muy cerca del Rastro. Allí mismo fue bautizada al día siguiente y le pusieron más de 30 nombres. Creció en el palacio de su abuelo, el duque de Alba, en Piedrahíta (Ávila).

En 1775, con 13 años, contrajo matrimonio con el hijo de los marqueses de Villafranca en la iglesia de San Luis. El mismo día, en la iglesia de San José se casó, en segundas nupcias, su madre con el conde de Fuentes.

Al año siguiente murió su abuelo y Cayetana se convirtió, con 15 años, en la decimotercera duquesa de Alba y la segunda mujer que heredaba el Ducado. Al mismo tiempo heredó más de una veintena de otros títulos y un inmenso patrimonio que se sumó al enorme territorio de la Casa de Oropesa heredado de su abuela paterna. Así se convirtió en uno de los grandes personajes de la Corte de Carlos IV.

Peripecias y amoríos

Una noche, cuando la joven y su marido se encontraban en casa, bajo su ventana pasó un ciego pidiendo limosna, por lo que María Teresa pidió a su marido que le diera unas monedas. Éste rebuscó en su bolsa, pero como todas las monedas que encontraba le parecían mucho, la duquesa dio una patada a la bolsa, que salió volando por la ventana y de desparramó en la calle. Muy enfadado, el duque ordenó a los criados que fueran con candelabros a recogerlas, pero al volver éstos dijeron que no habían encontrado ninguna. La duquesa, que desde la ventana había visto a los criados guardarse las monedas, le dijo con guasa al duque: “No te enfades, duque mío, ¿no ves que el ciego era un enviado del Señor para comprobar tu generosidad?  
María Luisa de Parma


Tenía el conde de Fuentes hijos de un matrimonio anterior. Uno de ellos era el oficial Juan Pignatelli, de quien se había encaprichado María Luisa de Parma, casada con el príncipe de Asturias, futuro Carlos IV. Sin embargo, Juan estaba más interesado por la duquesa y para vencer sus reticencias utilizó a la princesa para darle celos. La duquesa terminó entregándose, pero le pidió una cajita de oro y brillantes que le había regalado la princesa y a cambio le entregó una sortija con un gran diamante.
Sospechando la procedencia del anillo, María Luisa pidió a Pignatelli que le regalara la sortija. Más tarde, en un besamanos la duquesa vio la sortija en la mano de la reina, por lo que rompió su relación con el oficial. Luego, María Teresa Cayetana regaló al que era peluquero de ambas damas la cajita de oro y brillantes, con la condición de que la llevara a casa de cada una de sus clientes. Así, un día la princesa supo que el peluquero tenía ahora su cajita, regalo de la duquesa.

Para cuando María Luisa de Parma se convirtió en reina, todo Madrid sabía del enfrentamiento disimulado que existía entre Cayetana y la reina, que no lograba superar la belleza y la elegancia de la duquesa, ni la admiración y simpatía que el pueblo sentía por ella.

Un día, la reina María Luisa recibió unos vestidos de la moda de París para lucirlos en una gran fiesta. Enterada Cayetana, envió urgentemente a sus criados a comprar a Francia varios modelos iguales. El día de la fiesta, fue la comidilla de los invitados cuando la duquesa de Alba llegó a la fiesta acompañada de cuatro doncellas que vestían los mismos trajes que la reina. 
Autorretrato de Goya, 1815.


Unos años después, cuando la duquesa posaba durante horas para Goya, llegaron a oídos de su marido rumores sobre una relación amorosa entre el pintor y la duquesa. Entre anécdotas y leyendas, nunca se pudo demostrar un romance entre ellos. El esposo murió en Sevilla en 1796, cuando María Teresa tenía 34 años.Tiempo después, Goya viajó a la residencia de la duquesa en Sanlúcar, para pintar un retrato de ella, fechado en 1797, en el que se la ve con dos anillos en su mano derecha. En uno aparece escrito ‘Alba’ y en otro ‘Goya’.

Sospechas y expolio

La duquesa de Alba falleció en Madrid el 23 de julio de 1802 a los 40 de edad. La noticia corrió como la pólvora, la gente no podía creerlo ya que no se sabía que estuviera enferma. Incluso se comentó que ese día había consumido un helado hecho de hielo procedente de los ‘neveros’ de la calle Fuencarral. Fueron muchos los que acudieron a la casa y comenzó a rumorearse que había sido envenenada y que detrás del hecho estaban la reina María Luisa y su amante Godoy.
La decimotercera duquesa de Alba fue enterrada el 26 de julio en la iglesia de los Padres Misioneros del Salvador, en la calle de San Bernardo, por entonces calle Ancha de San Bernardo.

En la Corte se sospechaba de los criados de la duquesa, que estaban entre sus herederos, ya que no tuvo descendencia. El rey ordenó una investigación, pero no prosperó.
En cuanto supo del fallecimiento, la reina movió los hilos para adjudicarse a los pocos días y a un bajo precio muchas de las joyas de la duquesa. El propio rey también compró por un precio irrisorio el palacete de la Moncloa. Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid se quedó con el Palacio de Buenavista a precio de saldo y luego se lo regaló a Godoy. Éste, a su vez, se había quedado una colección de importantes pinturas de la duquesa, entre otras La maja desnuda y La maja vestida, de Goya, aunque pocos años después le fueron confiscadas entre otros bienes.

Casi un siglo y medio después, en 1945, el doctor Blanco Soler dirigió una investigación, con los doctores Piga y Petinto, y exhumó los restos de María Teresa Cayetana. El resultado de la autopsia fue que la causa de la muerte de la duquesa fue una meningoencefalitis de origen tuberculoso.

 

 

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