domingo, 3 de noviembre de 2013

Teatro Español, el más antiguo e ilustrado


Foto de la plaza de Santa Ana, con la estatua de Federico García Lorca, y frente a ella la fachada del Teatro Español
Teatro Español. Foto: S. Castaño
El teatro más antiguo que existe en Madrid es el Teatro Español, llamado antes Teatro del Príncipe por estar situado en la calle Príncipe, mirando a la plaza de Santa Ana. En ese mismo lugar estuvo el Corral del Príncipe, un corral de comedias que se inauguró en 1583 con una representación de Lope de Rueda.
Los terrenos del Corral del Príncipe los adquirió el Concejo de Madrid, que lo convirtió en teatro en 1745 y amplió sus instalaciones en 1792. 

En este lugar se han estrenado algunas de las obras más importantes del teatro español, como La comedia nueva, de Leandro Fernández de Moratín; muchos sainetes de Ramón de la Cruz; Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas; El abuelo, de Benito Pérez Galdós; Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo; o Yerma, de Federico García Lorca.  
En 1802 un incendio arrasó el edificio. De su reconstrucción se encargó el arquitecto madrileño Juan de Villanueva y pudo ser reinaugurado en 1807. En 1849 el Teatro del Príncipe pasó a llamarse Teatro Español y unas décadas después, a finales del XIX, el interior del teatro fue reformado y decorado lujosamente por el tapicero y decorador Ramón Guerrero, padre de la famosa actriz madrileña María Guerrero, a quien el Ayuntamiento de Madrid había adjudicado poco antes la explotación del Teatro Español.

En sus orígenes, era habitual que el público de este teatro decidiera el éxito o el fracaso de una obra y por ello existían fuertes rivalidades entre los forofos de las compañías que actuaban en el Teatro del Príncipe y en su vecino Teatro de la Cruz.  Los partidarios del primero eran llamados ‘chorizos’ por sus rivales del teatro de la Cruz, apodados ‘polacos’. Ambas facciones provocaban peleas y conseguían en ocasiones reventar un estreno en el teatro de sus rivales.
El teatro de la Cruz, proyectado por el arquitecto Pedro Ribera, estaba muy cerca de la plaza de Santa Ana, en la confluencia de la calle de la Cruz y Núñez de Arce, donde antes estuvo el Corral de la Cruz, inaugurado en 1579. En este teatro, se estrenaron también grandes obras, como El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín; la ópera El barbero de Sevilla, dirigida por Rossini; o Don Juan Tenorio, de José Zorrilla. Fue derribado en 1859.

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