miércoles, 18 de enero de 2017

Puerta de San Vicente, historia de una réplica

Cara interior del monumento, realizado en granito gris claro.
Puerta de San Vicente. Foto: S.Castaño.
La Puerta de San Vicente, inaugurada en 1995, es una copia casi exacta de la que se construyó en tiempos de Carlos III en el mismo lugar, al final de la Cuesta de San Vicente. Su artífice, el arquitecto real Francisco Sabatini, la levantó en 1775 como parte del plan de embellecimiento de la zona oeste de la ciudad ordenado por el rey. 

La de san Vicente era una de la cinco puertas principales de Madrid y vino a sustituir a una puerta anterior construida por Pedro de Ribera en 1726, reinando Felipe V, que estaba unos 30 metros más arriba. Era de piedra, tenía tres arcos iguales y sobre el central había otro arco con una imagen de san Vicente Ferrer, de donde le venía el nombre al monumento. Cuando en 1770 se inició el acondicionamiento de esta zona y se suavizaron las pendientes hacia el río Manzanares, la puerta tuvo que ser derribada.

La Puerta de San Vicente erigida por Carlos III, que sirvió de modelo a la puerta actual, daba salida al camino de El Pardo, de modo que era el paso habitual del rey y su corte cuando marchaban del Palacio Real al Palacio de El Pardo. Sabatini la construyó mientras levantaba otra de sus grandes obras, que sería pronto símbolo de Madrid, la Puerta de Alcalá, terminada en 1778. Como aquella, ésta tenía unas verjas para cumplir su función, cerrando la entrada a la Villa a las diez de la noche en invierno y a las once en verano.

La puerta original, con las esculuras de Francisco Gutiérrez y la rejería que tenía rejería en el arco.
Antigua Puerta de San Vicente. Foto: Jean Laurent.

Como su modelo, la actual Puerta de San Vicente tiene una gran puerta con arco de medio punto flanqueado por dos columnas toscanas, apoyadas sobre un gran basamento, que sostienen un friso con relieves y sobre él un frontón triangular. A ambos lados de este cuerpo principal hay dos puertas menores adinteladas o portillos entre pilastras. El monumento no tiene, sin embargo, las dos pilastras laterales coronadas por piñas que tenía la antigua puerta.


La ornamentación original, corrió a cargo del escultor abulense Francisco Gutiérrez, autor también de varias esculturas y relieves de la Puerta de Alcalá y la Fuente de Cibeles. En la cara interior de la puerta, la que mira al Palacio Real, los ornamentos principales son trofeos militares. Uno en lo más alto del frontón y otros dos a los lados, sobre los portillos, compuestos por banderas, armaduras, escudos y casco. Además tiene una placa con inscripción en el friso y una cabeza de león en el centro del arco. Su cara exterior, mirando al paseo de la Florida, es mucho más sencilla, carece de columnas y otros adornos. Curiosamente, la disposición de la antigua puerta era a la inversa, la cara adornada miraba hacia el exterior de la Villa y delante tenía una plaza arbolada con la llamada fuente de los Mascarones, diseñada también por Sabatini, que fue desmantelada en 1871.

Pintura anónima de la Puerta de San Vicente y plaza exterior con la Fuente de los Mascarones. Al fondo, el Palacio Real.
Plaza y fuente en el exterior (M. Historia de Madrid).

Cuando desaparecieron las cercas que rodeaban la ciudad, a partir de 1868, y se inició el plan de Ensanche de Madrid, la puerta quedo aislada en el cruce de caminos donde se encontraba y en 1890 fue desmontada, al parecer, para facilitar el paso de carruajes. Las piedras fueron numeradas con la intención de reconstruirla en otro lugar de la ciudad, pero no fue así debido al mal estado de muchas de ellas, según el arquitecto  municipal de la época, José López Salaberry. Dicen que algunos de los bloques de piedra se emplearon para realizar pedestales de farolas en la plaza de la Cibeles, otras se usaron en el adoquinado y las mejores se vendieron en subasta.

El Ayuntamiento de Madrid construyó entre 1994 y 1995 la réplica que hoy podemos ver en la glorieta de san Vicente, que tuvo un coste de 229 millones de pesetas. Se construyó con granito de Quintana de la Serena (Badajoz) y piedra caliza de Colmenar de Oreja (Madrid) para las esculturas.

Como antaño, la glorieta de San Vicente  es una de las zonas de Madrid más transitadas por personas y vehículos, ya que se abre a distintas rutas. Además tiene al lado el intercambiador de transportes Príncipe Pío, antigua estación del Norte.



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