viernes, 13 de noviembre de 2015

Madrid, de la Revolución de 1868 a la I República

El grabado a la población quemando en la calle de de objetos relacionados con el antiguo régimen.
Revolución septiembre de 1868. Museo de Historia de Madrid.
Si convulso fue el reinado de Isabel II, tras su destronamiento en 1868 Madrid se convirtió en un hervidero de intrigas y conspiraciones. En sólo seis años se sucedieron un gobierno revolucionario, un rey extranjero, una república, dos pronunciamientos militares y la restauración de la monarquía. Se produce el primer intento de nuestra historia de dotar al país de un gobierno democrático, mientras Madrid pasa de ser una ciudad cortesana a una ciudad burguesa, con una pujante clase dedicada a los negocios y profesiones liberales.

Madrid vivió el llamado Sexenio Democrático en medio de una gran agitación política. La revolución de septiembre de 1868, llamada ‘La Gloriosa’, que llevó al exilio a Isabel II, fue un pronunciamiento militar liderado por los generales Serrano, Prim y Topete, que puso al frente del Gobierno a Serrano y luego Prim. Ese mismo año fue derribada la tapia que rodeaba la ciudad, las calles se alargaron por los caminos y comenzó el ensanche de Madrid. Este Gobierno provisional, que se prolongó hasta 1871, procedió al derribo de varios conventos e iglesias para crear nuevos espacios en la ciudad y promovió la construcción de viviendas baratas.

Rostro del presidente Prim, vestido con frac. Vista parcial de un óleo de Luis Madrazo.
Juan Prim.

En octubre de 1868, un decreto del Gobierno estableció la Peseta como moneda nacional, en sustitución del escudo. El Retiro pasó a ser un parque público para todos los madrileños, que tres años después eran ya unos 400.000, y en el paseo de Recoletos se levantó en madera el primer Circo Price de la ciudad.

El presidente del Gobierno Juan Prim propuso y logró que las Cortes votaran a favor de traer como rey de España al italiano Amadeo de Saboya. Prim fue víctima de un atentado en la calle del Turco, hoy calle Marqués de Cubas, el 27 de diciembre de 1870. Tres días después murió a causa de las heridas, según la versión oficial. Por el contrario, las últimas investigaciones forenses sobre la momia de Prim indican que fue estrangulado mediante lazo cuando se encontraba convaleciente de las heridas, en su residencia del palacio de Buenavista, hoy Cuartel General del Ejército de Tierra, en la plaza de Cibeles.

Poco después, en enero de 1871 el nuevo rey, Amadeo I, se instaló en Madrid, encontrándose con el desaire y el recelo de políticos, aristócratas y la población en general, a pesar de su trato amable y sus ideas liberales. Un día, el rey y su esposa,  María Victoria, sufrieron un atentado cuando volvían de un concierto en el Retiro. Unos hombres les dispararon en la calle Arenal, poco antes de que su carroza llegara a la plaza de Isabel II, aunque por suerte salieron ilesos. No se abrió una investigación y los guardias municipales, llamados ‘guindillas’ por el color rojo de sus uniformes, no lograron detener a nadie por este suceso. 
Rostro de Amadeo I vistiendo traje y corbata.
Amadeo de Saboya.



El mismo año, en el mes de mayo, se inauguró el primer tranvía de Madrid, tirado por mulas, con una primera línea entre el barrio de Salamanca y la Puerta del Sol, que luego se extendió hasta el barrio de Pozas, actual barrio de Argüelles. Era el inicio de un cambio esencial para el desarrollo de la ciudad, su incipiente actividad industrial y la conexión con los nuevos barrios.

Dos años después, en febrero de 1873, Amadeo de Saboya abdicó. El mismo día, las Cortes proclamaron la I República Española, que duró once meses y tuvo cuatro presidentes de Gobierno: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. Ese año se abrieron las puertas del Teatro Apolo, en la calle de Alcalá junto a la iglesia de San José, escenario principal de las zarzuelas, tan en boga en esa época.


La I República terminó por la sublevación del general Pavía, jefe del Ejército de Castilla la Nueva, que envió al Congreso varias compañías de soldados y guardias civiles para disolver las Cortes, que
Retrato de Emilio Castelar, con traje. Destaca en su rostro el enorme bigote.
Emilio Castelar.
acababan de retirar la confianza al presidente Castelar. Se nombró un gobierno provisional presidido por el general Serrano, que suspendió la Constitución. 


En 1874 se abrió el viaducto de hierro de la calle Bailén, anterior al actual. Lo inauguró el cortejo fúnebre que trasladó los restos de Calderón de la Barca desde la iglesia de San Francisco el Grande hasta el cementerio de San Nicolás.

Un nuevo pronunciamiento tuvo lugar en diciembre de 1874. El general Martínez Campos proclamó en Sagunto, sin oposición del Gobierno, la restauración de la monarquía borbónica, representada por Alfonso XII, hijo de Isabel II.

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