miércoles, 1 de julio de 2015

Origen del nombre de la calle del Pez

Vista de la estrecha calle, con edificios de viviendas de tres plantas frente al antiguo palacio de Bornos, con adornos de estuco enmarcando las ventanas.
Calle del Pez. Foto: A. Castaño.
El origen del nombre de la calle del Pez tiene como protagonista a una niña llamada Blanca Coronel, cuyo padre, marqués de Escalona, compró un terreno para construir una casa en esta calle, que va desde la Corredora Baja de San Pablo a la calle de San Bernardo. Era el primer tercio del siglo XVII y en ese solar había un pequeño estanque con algunos peces que poco a poco iban muriendo al agotarse y enturbiarse sus aguas, por ser empleadas para amasar el yeso destinado a la obra de la casa. Al final, de aquel estanque sólo quedaron dos pozas fangosas y en cada una sobrevivía un pez.

Entristecida por el destino de los peces, Blanca cogió los peces y los trasladó a una vasija con agua, donde los cuidó mientras se construía la casa, pero estos dos peces, mermadas sus condiciones, también se murieron. Blanca lloró mucho por los peces, y su padre, Juan Coronel, se ofreció a comprarle otros, pero la niña se negó.

Pasado algún tiempo, la joven, que no tenía madre, pidió permiso a su padre para ingresar en el cercano y recién fundado convento de San Plácido. El padre sintió una profunda pena por la decisión de su única hija, pero no se opuso a ella. El marqués, en recuerdo de su hija, hizo grabar en piedra los peces, uno en cada esquina de la casa, y por eso llamaron a ésta la casa del Pez y por extensión a la misma calle. Cuando, años después, se vendió esta casa sus nuevos propietarios conservaron las figuras de los peces.

La escultura apoya la espalda en la pared y sostiene con el brazo derecho varios libros.
'Julia', obra de Antonio Santín.

Blanca ingresó en el convento, siendo una de las monjas que pocos años después sufrió los escandalosos sucesos que tuvieron lugar entre las monjas y su consejero y confesor, quien las convencía, dicen que convenientemente drogadas, para que mantuvieran relaciones sexuales con él. Hasta que el asunto llegó a oídos de la Inquisición y encarceló al cura. 

La calle del Pez era en el siglo XIX, antes del Ensanche de Madrid, una de las más comerciales de la ciudad y por tanto estaba siempre muy concurrida. Muchos de sus vecinos pertenecían a la burguesía y la nobleza, que ocupaban grandes casas y palacios con esmerados adornos de estuco en sus fachadas. 

Algunos de estos antiguos edificios aún se conservan en esta calle tranquila a espaldas de la Gran Vía, como el antiguo palacio de Bornos, convertido en edificio de viviendas, o el palacio de Bauer, con fachada a la calle San Bernardo. En su lateral de la calle del Pez se apoya una escultura en bronce conocida como 'Julia', obra del escultor Antonio Santín Benito, de 2003. Dice una leyenda que Julia era una estudiante del barrio que en el siglo XIX se disfrazaba de chico para poder asistir a las clases de la Universidad Central de Madrid, en la calle San Bernardo.

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