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11 marzo, 2020

Plaza de la Villa, centro histórico de los Austrias

Panorámica con los tres edificios principales que conforman la pequeña plaza.
Plaza de la Villa, desde calle Mayor (F. Chorro).
Lo que fue un zoco o mercado en la época musulmana de Madrid (Magerit), situado fuera de la muralla, se convirtió varios siglos después en la Plaza de la Villa, centro del llamado Madrid de los Austrias. Tras la conquista de la ciudad por los cristianos a finales del siglo XI, este espacio mantuvo su tradición comercial como plaza de San Salvador, tomando el nombre de la iglesia que tenía enfrente, construida en el siglo XII. La población cristiana consiguió asentarse en la Villa tras largos periodos de guerras de reconquista. Este tipo de plazuelas del Madrid árabe y del Madrid cristiano surgían al lado de las puertas de la muralla o junto a iglesias y mezquitas, zonas de mayor tránsito de gente.

Aquel mercado se quedó pequeño y se fue desplazando a la plaza del Arrabal, que terminó siendo el mercado principal, donde a finales del siglo XVI se construyó la plaza Mayor. Sin embargo, la plazuela de San Salvador pasó a ser el centro de la vida madrileña por su relación con el gobierno municipal. El Concejo de Madrid, que no tenía edificio propio, se reunía desde principios del siglo XIV en una sala sobre el pórtico de la iglesia de San Salvador. El mantenimiento del templo corría a cargo del Concejo y desde su torre se vigilaba la aparición de incendios, con sus campanas se daba la alarma tocando ‘a rebato’ o en caso de reunión vecinal, tocando ‘a concejo’.


Este espacio singular tomó el nombre de plaza de la Villa cuando el rey Enrique IV concedió a la población el título de Noble y Leal Villa y concedió permiso para ampliar la plazuela de San Salvador. Se empedró con los Reyes Católicos, cuando la villa se extendía ya hasta la Puerta del Sol. Más de 100 años después, el pórtico de la iglesia fue derribado para ensanchar la calle Mayor, con motivo de la memorable entrada en Madrid de Margarita de Austria, esposa de Felipe III, en 1599. El Concejo perdió su sede y,
carente de recursos económicos, tuvo que trasladarse a unas casas alquiladas y mal acondicionadas en la misma plaza.

La iglesia de San Salvador estaba a la altura del número 70 de la calle Mayor, llamada entonces de Santa María, como indica una placa allí fijada. Fue derribada en el siglo XIX. Tres son los edificios principales de esta plaza: la Casa de la Villa, la Casa y Torre de los Lujanes y la Casa de Cisneros.
En el centro del ángulo que forman ambos edificios está estatua del almirante Alvaro de Bazán.
Casa de Cisneros y Casa de la Villa. (S. Castaño).


Casa de la Villa


En 1619 se decidió la construcción de la Casa Consistorial, aunque no se empezó hasta 1644. Se encargó de las obras Juan Gómez de Mora y tras su muerte su  discípulo José de Villareal. Más tarde los trabajos pasaron al madrileño Teodoro de Ardemans y otros arquitectos. La construcción del edificio se prolongó hasta 1695, aunque desde muchos años antes ya cumplía sus funciones. Una parte del edificio se destinó a cárcel de la Villa, motivo por el que se hicieron dos puertas, función que tuvo hasta 1831.


La Casa de la Villa se construyó en piedra y ladrillo, con torres en sus esquinas con chapiteles de pizarra debido a la atracción que sentía Felipe II por los edificios de Flandes, lo que al final originó un estilo propio de la arquitectura madrileña. Ejemplos de ello son también la Cárcel de Corte o la Casa de la Panadería y de la Carnicería de la Plaza Mayor, entre otros edificios relevantes. El escudo de los Austrias y el de Madrid se alojaron en la portada del edificio. La galería de columnas de la fachada que da a la calle Mayor es obra de Juan de Villanueva, terminada en 1789, para que los reyes pudieran ver desde el balcón las procesiones.


Más de 300 años después de la construcción de la Casa de la Villa, en 2007, se inició el trasladó del Ayuntamiento al Palacio de Cibeles, en la plaza del mismo nombre.


Casa de Cisneros

Frente a la Casa de la Villa, cierra la plaza por su lado con la Casa de Cisneros.
Casa y Torre de los Lujanes. Foto: F. Chorro

Junto a la antigua sede del Ayuntamiento está la que fue casa de Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros, construida en 1537 en estilo plateresco, con  entrada por la calle del Sacramento. La adquirió el Ayuntamiento de Madrid en 1909 para instalar dependencias municipales. El arquitecto municipal Luis Bellido restauró unos años después su fachada trasera, la que da a la plaza de la Villa, y construyó un pasadizo elevado que la une con la Casa de la Villa. En esta casa-palacio estuvo preso Antonio Pérez, uno de los secretarios de Felipe II, por haber tramado el asesinato de Juan de Escobedo, secretario de Juan de Austria, hermanastro del rey. Y de allí logró fugarse en 1590, librándose del patíbulo.


Torre de los Lujanes

La Casa y Torre de los Lujanes es el edificio civil más antiguo de Madrid. De estilo mudéjar, toma el nombre de la familia Luján, propietaria de ésta y de los inmuebles colindantes hasta la calle del Cordón. En la torre estuvo preso unos días el rey de Francia Francisco I, antes de ser recluido en el alcázar, tras ser capturado por las tropas españolas en la batalla de Pavía (Italia) en 1525. Un episodio del que surgió el primer Tratado de Madrid, de 1526.


La plaza de la Villa tuvo sucesivas fuentes monumentales hasta mediados del siglo XIX y fue ajardinada en 1905. Actualmente está presidida por la estatua en bronce dedicada al invicto almirante Álvaro de Bazán, obra de Mariano Benlliure, rodeada de un parterre.



27 enero, 2017

Torre de los Lujanes, historia de su 'desrestauración'

Torre de los Lujanes, plaza de la Villa (F.Chorro).
La Torre de los Lujanes, el edificio civil más antiguo de Madrid, fue el primero en el que se hizo una ‘desrestauración’, una operación para devolver al edificio su aspecto y materiales originales. Fue en 1926, unos 40 años después de que fuera sometido a una ‘restauración’ que cambió la imagen de sus fachadas. 

Construida en la segunda mitad del siglo XVI en la plaza del Salvador, hoy plaza de la Villa, la Torre de los Lujanes llegó a mediados del siglo XIX en un estado de deterioro que ponía en peligro su existencia. En esta época Madrid asistía a una gran actividad demoledora de edificios y cuando en 1861 se consideró la posibilidad de derribarlo, su propietario, el conde de Oñate, propuso al Gobierno que adquiriera este edificio donde, según la tradición estuvo unos días prisionero el rey de Francia Francisco I, antes de ser recluido en el antiguo Alcázar, tras ser capturado en la batalla de Pavía, en 1525, por las tropas de Carlos I. Un episodio que terminó en la firma del primer Tratado de Madrid.

En 1865 el Estado compró por dos millones de reales la Casa y Torre de los Lujanes, denominado ya monumento histórico que ‘recordara las grandezas de España’. Tres años después, aprovechando la normativa del Ayuntamiento de Madrid sobre el cuidado de fachadas, la Administración pidió enfoscar la fachada del edificio, aunque algunos académicos pedían más bien quitarle los elementos que tapaban su verdadero aspecto. El interior del inmueble se reformó para convertirse en sede de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País y de la Academia de Ciencia Exactas, Físicas y Naturales.

 
Torre de los Lujanes, mediados del XIX

La restauración emprendida unos años después, en la década de los 80, corrió a cargo del arquitecto Francisco Jareño, que ideó un embellecimiento de la fachada en estilo gótico, mediante molduras y elementos decorativos enmarcando los vanos, colocando almenas y una falsa galería en la parte superior de la torre. Una actuación a base de ornamentos que imitaban la piedra, aunque se realizaron con el llamado cemento portland, que desvirtuó la sencillez de esta casa-palacio medieval.

Cuatro décadas después y con criterios más modernos se emprendió una nueva restauración o ‘desrestauración’, ya que se trataba de recuperar la imagen y materiales propios del edificio original. El encargado de la recuperación fue el arquitecto Pedro Muguruza, a partir de 1926. Se eliminaron todos los elementos añadidos en épocas anteriores y los ladrillos y piedras quedaron al descubierto, a la vez que se recomponían las partes dañadas por el paso del tiempo. La torre recuperó el estilo mudéjar, su aspecto sencillo y sin adornos, de acuerdo con antiguos grabados de la misma. Como excepción, el cuerpo superior de la torre, que en principio quedaría con sus sencillas ventanas, terminó adornado con unas galerías de arquillos de herradura a imagen de la puerta de acceso al edificio por la calle del Codo, cuyo arco de herradura morisco es único en Madrid.

Las de los Lujanes eran de las pocas casas señoriales que existían en la Villa cuando Felipe II decidió instalar la Corte en Madrid en 1561. Estos inmuebles, situados frente a la Casa de la Villa, entre la calle del Codo y la calle del Cordón, pertenecía a los Luján, familia de la nobleza madrileña, como lo eran los Luzón, Gato, Vargas, Ramírez, Vozmediano, Zapata, Herrera, Cárdenas o Lasso de Castilla.

Nuevas reformas se efectuaron en estas casas a principios del siglo XX y luego en la década de los 80 y también hace unos años, para subsanar desperfectos, grietas y otros problemas de los viejos materiales de un monumento que ya tiene más de 500 años.