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19 noviembre, 2018

El alcalde Marqués de Vadillo y sus obras públicas

Reatrato al óleo conservado en el Museo de Historia de Madrid. Viste traje gristo con botones, pañuelo blanco al cuello y peluca a la moda de la época.
Marqués de Vadillo.
El primer marqués de Vadillo, Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, fue uno de los alcaldes más populares de Madrid desde que ocupó el cargo a principios del siglo XVIII. A su época como regidor se deben los primeros faroles que alumbraron las calles de la ciudad. Ordenó que los vecinos instalaran en las fachadas de sus casas faroles a no más de cien pasos unos de otros. Era una prioridad para el Concejo de Madrid reducir los frecuentes delitos nocturnos, pero carecía de dinero suficiente para instalar miles de faroles y el alcalde decidió que cada familia alumbrara su fachada. El empedrado de calles, el decoro de la ciudad, el arreglo de los caminos o la asistencia a los pobres centraron su mandato. Por entonces, tenía Madrid unos 120.000 habitantes. 

Cuando le nombraron corregidor de Madrid en 1715 ya gozaba de buena fama por su trabajo en altos cargos de la Administración y contaba con la confianza de Felipe V, primer rey Borbón en España, a quien había apoyado durante la Guerra de Sucesión formando a sus expensas un cuerpo de infantería de 5.000 soldados para defender la causa del rey. Como recompensa, el monarca le concedió en 1712 el título nobiliario, cuyo nombre procede de El Vadillo, pueblo de la provincia de Soria donde su familia tenía propiedades y ganaderías.

Ermita de la Virgen del Puerto


Antes de llegar a Madrid había sido alcalde de de Plasencia (Cáceres), ciudad de la que guardaba gratos recuerdos, por ello un año después de llegar a la capital encargó al joven arquitecto Pedro de Ribera que construyera en el camino de salida a Extremadura una ermita dedicada a la Virgen del Puerto, patrona de Plasencia, de cuya imagen se hizo una réplica. El origen de esta imagen se sitúa en el puerto de Lisboa, de donde los placentinos tomaron esta devoción.


La ermita de la Virgen del Puerto, costeada por el alcalde, se levantó entre el parque del antiguo Alcázar o Campo del Moro y el cauce del río Manzanares, allanando la desigual explanada que había entre ambos, a la vez que se construía un paseo, que fue sustituido en tiempos de Carlos III por otro mucho más elevado, hoy paseo de la Virgen del Puerto. 
De estilo barroco madrileño, destaca su mezcla de arquitectura civil y religiosa, con torres coronadas por chapiteles
Ermita Vigen del Puerto. Foto: Memoria de Madrid.

La ermita fue inaugurada 1718 y durante muchas décadas fue lugar de una tradicional romería en este lugar de praderas y arboledas en la ribera del Manzanares, con verbenas que extendieron también a las Vistillas. 

Poco después, el marqués de Vadillo encargó a Pedro de Ribera la construcción  del Cuartel del Conde Duque, una petición del rey  para alojar a 600 guardias de corps (Guardia Real) y 400 caballos. Felipe V ordenó que todos los pueblos hasta 10 leguas a la redonda contribuyesen a su construcción. El Concejo de Madrid, tan escaso siempre de fondos, decretó impuestos al aceite, azúcar y cacao para aportar 20.000 escudos de vellón. En aquella época era el edificio más grande de Madrid, sus obras se prolongaron casi cuatro décadas hasta quedar totalmente concluidas en 1756.


Puente de Toledo


En 1719 el alcalde retomó la reconstrucción del Puente de Toledo, que se había derrumbado en 1680 a causa de una fuerte crecida del río Manzanares, después de haber sustituido al anterior puente de madera. De nuevo fue Pedro de Ribera el encargado de ejecutar la obra, concluida en 1732, que es la que ha llegado hasta nuestros días. Como ornamento, se coloraron en el centro del puente dos hornacinas con las imágenes de san Isidro y santa María de la Cabeza. Para financiar las obras el Concejo madrileño tuvo que vender los derechos que tenía sobre 72 autos sacramentales que Calderón de la Barca había escrito para la ciudad.


El día de la inauguración el alcalde quiso demostrar la seguridad del nuevo puente de Toledo, de 107 metros de largo, siendo el primero en cruzarlo en su carruaje. Habían pasado 72 años desde la primera construcción de este puente de piedra, que hoy enlaza la glorieta de Pirámides con la glorieta del Marqués de Vadillo. En ésta, una estación de Metro lleva también el nombre del ilustre personaje.


Otras obras notables de su época como corregidor de Madrid son el antiguo Hospicio de San Fernando, de 1722, hoy Museo de Historia de Madrid o la antigua Puerta de San Vicente, de 1726, que a diferencia de la actual estaba situada más arriba, hacia el interior de la ciudad. Además instaló fuentes en varios puntos de la ciudad, como la plaza de Antón Martín, la Puerta del Sol y la Red de San Luis.


Con otra de sus iniciativas quiso remediar el abandono en que se encontraban los niños que vivían en las huertas cercanas a la Puerta de Toledo. Decidió fundar en una casa del Concejo una escuela donde pudieran iniciarse en las primeras letras. Para el puesto de maestro se ofreció el sacristán de la parroquia de San Justo.

Francisco Antonio Salcedo y Aguirre ocupó el puesto de corregidor hasta su muerte en Madrid en 1729. Fue enterrado en la ermita de la Virgen del Puerto.

26 febrero, 2018

Marqués viudo de Pontejos, el alcalde que reformó Madrid

Retrato del marqués a mediana edad. Viste un traje propia de la época del Romanticismo y luce en el rostro unas largas patillas.s.
Marqués de Pontejos (Esquivel. Ayto. de Madrid).

En sólo dos años al frente del Ayuntamiento de Madrid, Joaquín Vizcaíno, marqués viudo de Pontejos, se convirtió en uno de los alcaldes más celebrados por los madrileños. Su prestigio, conocimientos y voluntad sentaron las bases, como no se había hecho antes, para convertir Madrid en una ciudad moderna y ordenada. 

Encargó la realización de un detallado plano topográfico de la ciudad para planificar el desarrollo urbanístico y la mejora de calles y plazas, aunque era consciente de que, por su delicada salud, no vería realizados todos sus proyectos y serían otros quienes los llevaran adelante. Pero sí tuvo tiempo de realizar muchas reformas: empedró las calles, elevó las aceras y empleó grandes losas en las aceras nuevas; puso orden en el confuso callejero madrileño, que incluía muchas calles con el mismo nombre, algunas sin él o llamadas como algún vecino, y otras con varios nombres; numeró las casas en el sentido que hoy conocemos y rotuló todas las calles al principio y final de las mismas. Además, inició la iluminación de calles mediante farolas de gas, que sustituyeron a los faroles de aceite o petróleo, con un importante ahorro y mayor eficacia.

Eliminó de las calles la costumbre de la venta de alimentos en cajones, estableció las normas de funcionamiento de mercados y mataderos, ordenó la plantación de numerosos árboles en las calles y puso en marcha la recogida de basura en carros cerrados. Durante su mandato finalizó las obras del paseo de la Castellana, hizo reformas en la plaza Mayor e instaló las farolas candelabro de la plaza de Oriente. Fundó el Asilo de San Bernardino para mendigos, la Escuela de Párvulos, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad e impulsó varias instituciones culturales, artísticas y benéficas.

Las reformas urbanísticas y mejoras sociales emprendidas por el marqués de Pontejos le valieron el reconocimiento del pueblo de Madrid, pasando a la historia entre sus mejores alcaldes. No fue un recorrido fácil. Como adalid del progreso y el buen gusto en materia urbanística tuvo que lidiar contra la ignorancia y la rutina enquistada en la administración municipal. Su tenacidad y dedicación sacaron adelante muchas de las mejoras que necesitaba la ciudad, en ocasiones aportando fondos de su propia fortuna.

Vista parcial de la pequeña plaza, en el entorno urbanístico típico de la Puerta del Sol
Plaza Marqués Viudo de Pontejos. Foto: S.C.
En Madrid tiene dedicadas a su honorable memoria una plaza y una calle en el lugar donde antes estuvo el convento de San Felipe el Real, cuyo famoso mentidero se asomaba a la Puerta del Sol, en el lugar que hoy ocupa el edificio Casas de Cordero. Además tiene una estatua en la plaza de las Descalzas y un paseo del parque del Retiro lleva su nombre.

El marqués de Pontejos cultivó la amistad del célebre periodista y escritor Ramón de Mesonero Romanos, otro reformista que además fue su asesor durante su mandato. Ocupó el cargo de alcalde (corregidor) de Madrid entre 1834 y 1836, durante la regencia de María Cristina de Borbón, unos años antes del reinado de Isabel II.

La convulsa política de la época y las tensiones partidistas contra quien no pertenecía a bando alguno, además de su frágil salud, le apartaron pronto de la actividad municipal. Su familia era de Vicálvaro (Madrid), aunque él nació en 1790 en La Coruña, donde estaba destinado su padre, que era fiscal. Durante el Trienio Liberal, siendo alcalde de Madrid Pedro Sáinz de Baranda, se alistó a la Milicia Nacional, lo que le llevó al exilio tres años después, cuando Fernando VII recuperó el poder absoluto. Durante sus diez años de exilio vivió en Francia e Inglaterra con su esposa, María Ana de Pontejos y Sandoval, marquesa de Pontejos y condesa de la Ventosa, de quien obtuvo el título.

21 octubre, 2015

Todos los alcaldes de Madrid

La lista de todos los corregidores, alcaldes y otros títulos de los máximos mandatarios de Madrid llega a 238 personas, entre ellas 24 condes, 28 marqueses, 7 duques y 1 vizconde.  El primer título nobiliario de la lista aparece en 1634, el conde de Revilla y el último es José Finat, 1952-65, conde de Mayalde. En toda la historia, sólo dos mujeres han ocupado la Alcaldía de Madrid, Ana Botella (2011-2015) y Manuela Carmena (2015-2019). Algunos alcaldes ejercieron el cargo en varios mandatos:


Tela de color rojo carmesí, con flecos dorados. Tiene bordados un círculo blanco en el centro con el nombre Concejo de Madrid con corona real y dos palmas a los lados. En las cuatro esquinas el escudo de la Villa.
RODRIGO RODRÍGUEZ, 1219
(OTROS SEÑORES DE LA VILLA 1220-1346)
FRANCISCO LUJÁN, 1346-53
DIEGO FERNÁNDEZ DE GUDIEL, 1374
JUAN DE ARACO, 1458
DIEGO DE VALDERRÁBANO, 1465
DIEGO CABEZA DE VACA, 1472
FERNANDO GÓMEZ DE AYALA, 1472-73
JUAN PÉREZ BARRADAS, 1475
JUAN DE BOBADILLA, 1477
ALONSO PÉREZ (BACHILLER), 1478
ALONSO DE HEREDIA, 1479
RODRIGO DE MERCADO, 1480
JUAN DE TORRES, 1483
ANTONIO GARCÍA DE LA CUADRA, 1484
ALONSO DEL ÁGUILA, 1485
JUAN PÉREZ DE BARRADAS, 1487
PEDRO SÁNCHEZ (O SUÁREZ) DE FRÍAS, 1487
TRISTÁN DE SILVA, 1491
JUAN DE VALDERRAMA, 1492
CRISTÓBAL DE TORO, 1494
ALONSO MARTÍNEZ DE ANGULO, 1499
LORENZO DE MALDONADO (LICENCIADO), 1503
PEDRO VÉLEZ DE GUEVARA, 1506
PEDRO SÁNCHEZ MACHUCA, 1508
FRANCISCO DE NERO, 1510 
La bandera de Madrid ondea en su mástil en una calle del centro de Madrid
Bandera de Madrid.
PEDRO DE VACA, 1510
PEDRO DE CORDELA, 1514
ALONSO DEL CASTILLO, 1516
JUAN DE GUEVARA, 1518
ASTUDILLO (LICENCIADO), 1520
JUAN ZAPATA, 1520
MARTÍN ACUÑA, 1521
JUAN MANRIQUE DE SUNA, 1522
PEDRO ORDÓÑEZ DE VILLAQUIRÁN, 1528
ANTONIO VÁZQUEZ DE CENEDA, 1531
PEDRO DE QUIJADA, 1535
MARCOS DE BARRIONUEVO, 1535
SANCHO DE CÓRDOBA, 1537
SUÁREZ DE TOLEDO, 1540
PEDRO NÚÑEZ DE AVELLANEDA, 1541
ANTONIO DE MENA (LICENCIADO), 1543
ALONSO DE TOVAR, 1544
ALFARO (LICENCIADO), 1547
JUAN DE ACUÑA, 1548
CÉSPEDES DE OVIEDO (LICENCIADO), 1551
ARÉVALO (LICENCIADO), 1557
RUY BARBA CORONADO, 1559
JOSÉ DE BETETA, 1561
FRANCISCO ARGOTE, 1561
RUIZ DE VILLAQUIRÁN, 1563
FRANCISCO DE SOTOMAYOR, 1565
PERNIA (DOCTOR), 1567
ANTONIO DE LUGO, 1569
LÁZARO DE QUIÑONES, 1573
MARTÍN DE ESPINOSA (LICENCIADO), 1575
LUIS GAITÁN DE AYALA, 1579 y 1587
ALONSO DE CÁRDENAS, 1583
RODRIGO DE AYALA, 1592
RUIZ DE BRACAMONTE (MOSÉN), 1599
ALONSO MARTÍNEZ ANGULO, 1600
RUIZ DE BRACAMONTE (MOSÉN), 1601
SILVA DE TORRES (LICENCIADO), 1602
GONZALO MANUEL, 1607
PEDRO DE GUZMÁN, 1612
FRANCISCO DE VILLARIZ, 1618
JUAN DE CASTRO CASTILLA, 1622
FRANCISCO DE BRIZUELAS Y CÁRDENAS, 1625
NUÑO DE MOJICA, 1630
REVILLA (CONDE DE), 1634
JUAN ANTONIO DE FRAILE ARELLANO, 1638
FRANCISCO ARÉVALO DE ZUAZO, 1641
ÁLVARO QUEIPO DE LLANO Y VALDÉS, 1647 y 1654
ÍÑIGO FERNÁNDEZ DE CORDOBA, 1648
LUIS JERÓNIMO DE CONTRERAS, 1649
COVATILLAS (CONDE DE), 1652
MARTÍN DE ARRESE GIRÓN, 1657
CASARES (MARQUÉS DE ), 1659
ALONSO NAVARRO HARO, 1664
FRANCISCO DE HERRERA ENRÍQUEZ, 1667 y 1678
BALTASAR DE RIVADENEYRA ZÚÑIGA, 1671
UGENA (MARQUÉS DE), 1679
CAMPOSAGRADO (MARQUÉS DE), 1680
VILLAHERMOSO (MARQUÉS DE), 1683
FRANCISCO DE VARGAS, 1690 y 1697
FRANCISCO DE RONQUILLO, 1694 y 1699
FERNANDO MATANZA CORCUERA, 1703

Marqués de Vadillo
ALONSO PÉREZ DE SAAVEDRA (CONDE DE LA JAROSA), 1706 y 1713
ANTONIO SANGUINETO Y ZAYAS, 1710
VADILLO (MARQUÉS DE), 1715
 MARTÍN GONZÁLEZ DE ARCE,1730
URBANO DE AHUMADA (MARQUÉS DE MONTEALTO), 1731
ANTONIO PEDRO DE NOLASCO (CONDE DE MACEDA), 1746
ANTONIO DE HEREDIA BAZÁN (MARQUÉS DE RAFAL), 1747
JUAN FRANCISCO DE LUJÁN Y ARCE, 1753
ALONSO PÉREZ DELGADO, 1765
ANDRÉS GÓMEZ DE LA VEGA, 1776
JOSÉ ANTONIO DE ARMONA Y MURGA, 1777
JUAN DE MORALES GUZMÁN Y TOVAR, 1792-1800
JOSE DE URBINA, 1803-05
JOSÉ MARQUINA Y GALINDO, 1805-08
PEDRO DE MORA Y LOMAS, 1808-10
DÁMASO DE LA TORRE, 1810-11
MANUEL GARCÍA DE LA PRADA, 1811-12
VILLAPATIERNA (CONDE DE), 1812
MAGÍN FERRER, 1812
FRUTOS ÁLVAREZ BENITO, 1812
JUAN ANTONIO PICO, 1812
ITURVIETA (MARQUÉS DE), 1812 y 1813

Pedro Sáinz de Baranda
PEDRO SÁINZ DE BARANDA Y GORRITI, 1812-1813 y 1820
MOCTEZUMA (CONDE DE), 1814
HORMAZAS (MARQUÉS DE LAS), 1814-16
JOSÉ MANUEL DE ARJONA, 1816-20
FÉLIX OVALLE, 1820
RODRIGO DE ARANDA, 1820 y 1822
JOSÉ PÍO DE MOLINA, 1820-21 y 1823
CLAVIJO (CONDE DE), 1821
GOYENECHE (CONDE DE), 1821-22
SANTA CRUZ (MARQUÉS DE), 1822
RAMÓN CASELLA, 1822
ARIAS GONZALO DE MENDOZA, 1822-23
LUIS BELTRÁN DE LEO, 1823
JOAQUÍN LORENZO MOZO, 1824
LEÓN DE LA CÁMARA CANO, 1824-28
TADEO IGNACIO GIL, 1828-30
DOMINGO MARÍA DE VARRAFÓN, 1830-34

Marqués Viudo de Pontejos
FALCES (MARQUÉS DE ), 1834-35
JOSÉ MARÍA GALDEANO, 1835
JOAQUÍN VIZCAÍNO (MARQUÉS DE PONTEJOS), 1835-36
JUAN LOSAÑA, 1836
JOSÉ MARÍA BASUALDO, 1837
VÍCTOR LÓPEZ MOLINA, 1838
MANUEL RUIZ OGANIO, 1838
TOMÁS FERNÁNDEZ VALLEJO, 1839
LUIS OSEÑALDE, 1839
SALUSTIANO OLÓZAGA, 1840
JOAQUÍN MARÍA FERRER, 1840
FRANCISCO JAVIER FERRO MATEO, 1840
PEÑAFLORIDA (MARQUÉS DE), 1842 y 1845
JUAN ÁLVAREZ MENDIZÁBAL, 1843
JACINTO FÉLIX DOMENECH,1843
IGNACIO DE OLEA, 1843 y 1854
MANUEL DE LARRAIZ, 1843-44
MANUEL DE BÁRBARA, 1844
SOMERUELOS (MARQUÉS DE), 1844 y 1847, JOAQUÍN JOSÉ DE MURO
VERAGUA (DUQUE DE), 1845-46
JOSÉ LAPLANA, 1846
VISTAHERMOSA (CONDE DE), 1847
SANTA CRUZ (MARQUÉS DE), 1848-51
LUIS PIERNAS, 1851-52
QUINTO (CONDE DE), 1852 y 1853-54
JOSÉ SECO DE BALDOR, 1854
VALENTÍN FERRAZ, 1855-56
ALBA (DUQUE DE), 1857
CARLOS MARFORI, 1857
SESTO (DUQUE DE), 1857-64
TAMAMES (DUQUE DE), 1864
PUÑONROSTRO (CONDE DE), 1864
Retrato del Marqués de Cubas
Marqués de Cubas
BALASCOAIN (CONDE DE), 1864-65
JOSÉ RAMÓN OSORIO, 1865
SAN SATURNINO (MARQUÉS DE), 1865-66
VILLASECA (MARQUÉS DE), 1866-67
VILLAMAGNA (MARQUÉS DE), 1867
VILLAR (MARQUÉS VIUDO DE), 1867-68
NICOLÁS MARÍA RIVERO, 1868-70
MANUEL MARÍA JOSÉ DE GALDO, 1870
FERNANDO HIDALGO SAAVEDRA, 1870-72

CARLOS MARÍA PONTE, 1872
SARDOAL (MARQUÉS DE ), 1872 y 1874
SIMEÓN ÁVALOS, 1872-73
PEDRO MENÉNDEZ VEGA, 1873
PEDRO BERNARDO ORCASITAS, 1873-74
TORENO (CONDE DE), 1874-75
HEREDIA SPINOLA (CONDE DE), 1875-77
TORNEROS (MARQUÉS DE), 1877-81
JOSÉ ABASCAL Y CARREDANO, 1881-83 y 1885-89
URQUIJO (MARQUÉS DE), 1883
BOGARAYA (MARQUÉS DE), 1884-85
Rostro del Conde de Peñalver
Conde de Peñalver
 

ALBERTO BOSCH Y FUSTERGUERAS, 1885 y 1891-92
ANDRÉS MELLADO, 1889-90
CAYETANO SÁNCHEZ BUSTILLO, 1890

VISTAHERMOSA (DUQUE DE), 1890
FAUSTINO RODRÍGUEZ SAN PEDRO, 1890-91
CUBAS (MARQUÉS DE), 1892

PEÑALVER (CONDE DE), 1892, 1895-96 y 1907-09
SAN BERNARDO (CONDE DE), 1892-93

SANTIAGO ANGULO, 1893-94
ROMANONES (CONDE DE), 1894-95 y 1897-99
MONTARCO (CONDE DE), 1896
JOAQUÍN SÁNCHEZ DE TOCA, 1896-97
AGUILAR DE CAMPOO (MARQUÉS DE), 1899-1900
MANUEL ALLENDESALAZAR, 1900
SANTO MAURO (DUQUE DE)  MARIANO FERNÁNDEZ DE HENESTROSA, 1900-01
ALBERTO AGUILERA, 1901-02, 1906-07, 1909-10
PORTAZGO (MARQUÉS DE) VICENTE CABEZA DE VACA, 1902-03
LEMA (MARQUÉS DE) SALVADOR BERMÚDEZ DE CASTRO, 1903-04
Rostro de Alberto Aguilera
Alberto Agilera
 

MEJORADA DEL CAMPO (CONDE DE) GONZALO DE FIGUEROA, 1904-05
EDUARDO VINCENTI, 1905-06 y 1913
EDUARDO DATO E IRADIER, 1907
JOSÉ FRANCOS RODRÍGUEZ, 1910-12 y 1917-18
JOAQUÍN RUIZ JIMÉNEZ, 1912-13, 15-16, 22-23 y 31
EZA (VIZCONDE DE) LUIS MARICHALAR,1913-14
CARLOS PRATS Y RODRÍGUEZ DE LLANO, 1914-15
JOSÉ DEL PRADO PALACIO, 1915 y 1917
ALMODÓVAR DEL VALLE (DUQUE DE) MARTÍN ROSALES, 1916-17
LUIS SILVELA CASADO, 1917-18
LUIS GARRIDO JUARISTI, 1918-20
LIMPIAS (CONDE DE) RAMÓN RIVERO DE MIRANDA,1920-21
ALFREDO SERRANO JOVER, 1921
VILLABRÁGRIMA (MARQUÉS DE) ÁLVARO DE FIGUEROA, 1921-22
VALLE DE SUCHIL (CONDE DEL), 1922
FAUSTINO NICOLI, 1923
ALBERTO ALCOCER Y RIBACOBA, 1923-24 y 1939-46
VALLELLANO (CONDE DE) FERNANDO SUÁREZ DE TANGIL, 1924-27
MANUEL SEMPRÚN Y POMBO, 1927
JOSÉ MARÍA DE ARISTIZÁBAL (CONDE DE MIRASOL), 1927-30
Rostro de Tierno Galván
Enrique Tierno Galván
 

JOSÉ MARÍA DE HOYOS Y VINENT (MARQUÉS DE HOYOS), 1930-31
PEDRO RICO, 1931-34 y 1936
JOSÉ MARTÍNEZ DE VELASCO, 1934
RAFAEL SALAZAR ALONSO, 1934
SERGIO ÁLVAREZ, R. VILLAMIL, 1935

CAYETANO REDONDO ACENA, 1936-37
RAFAEL HENCHE DE LA PLAZA,1937-39
SANTA MARTA DE BABIO (CONDE DE) JOSÉ MORENO,1946-52

MAYALDE (CONDE DE)  JOSÉ FINAT, 1952-65
CARLOS ARIAS NAVARRO, 1965-73
MIGUEL ÁNGEL GARCÍA LOMAS, 1973-76
JUAN DE ARESPACOCHAGA Y DE FELIPE, 1976-78

JOSÉ LUIS ÁLVAREZ ÁLVAREZ, 1978-79
LUIS MARÍA HUETE MORILLO, 1979
ENRIQUE TIERNO GALVÁN, 1979-86
JUAN BARRANCO GALLARDO, 1986-89
AGUSTÍN RODRÍGUEZ SAHAGÚN, 1989-91
JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ DEL MANZANO Y LÓPEZ DEL HIERRO, 1991-2003
ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN JIMÉNEZ, 2003-2011
ANA BOTELLA SERRANO, 2011-2015
MANUELA CARMENA CASTRILLO, 2015-2019

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ-ALMEIDA, 15 DE JUNIO DE 2019--

11 julio, 2015

Tierno Galván, el alcalde más querido de Madrid

Rostro de Tierno Galván, en los años 80, con su habituales gafas y traje gris.
Enrique Tierno Galván.
Enrique Tierno Galván fue el alcalde más querido y respetado de Madrid. El ‘viejo profesor’, como era conocido, hacía gala de un talante conciliador y de una sintonía con los madrileños que le convirtieron en un personaje popular y un fenómeno político. Hombre de vasta erudición, pero alejado del clasismo, tenía un modo de entender la política desde la cercanía que consiguió el apoyo de la mayoría de los madrileños.

Tierno Galván llegó a la alcaldía en abril de 1979, en las primeras elecciones democráticas celebradas tras la dictadura de Franco. Su investidura fue posible por la alianza entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España (PCE), ya que el candidato que obtuvo más votos fue el de Unión de Centro Democrático (UCD), José Luis Álvarez, alcalde predemocrático hasta ese momento. En las siguientes elecciones, en 1983, Tierno, cabeza de lista por el PSOE, se impuso a la coalición formada por Alianza Popular, Partido Demócrata Popular y Unión Liberal, renovando por mayoría absoluta su mandato al frente del Ayuntamiento de Madrid.

Desde el principio, Tierno Galván perfiló sus líneas maestras como regidor de la capital de España: racionalización de la vida ciudadana, humanización de la ciudad, reivindicación del papel de Madrid a nivel nacional e internacional, democratización del ordenamiento municipal o el fomento de las actividades culturales y lúdicas. Especial empeño puso en sacar la cultura a la calle, convertir los espacios urbanos en lugares de convivencia, potenciar fiestas tradicionales o recuperar festejos casi olvidadas, como los carnavales.

Durante su etapa, el prestigio y popularidad del alcalde y la ciudad obtuvieron un reconocimiento nacional e internacional desconocidos hasta el momento. Se redactó un nuevo plan de ordenación urbana y se puso en marcha la descentralización municipal a las juntas de distrito, se acometió un vasto plan de rehabilitación del casco histórico, se implantó la Operación de Regulación del Aparcamiento (ORA) -una medida controvertida frente al caótico problema del aparcamiento de vehículos- y se inauguró Mercamadrid, cerrándose los mercados centrales que existían en Puerta de Toledo y Legazpi.

También se devolvió el nombre a calles a las que el franquismo había ‘rebautizado’ con nombres del régimen o relacionados con la guerra civil: la Gran Vía recuperó su nombre, abandonando el de avenida de José Antonio; la gran arteria de Madrid, pasó a llamarse paseo de la Castellana en lugar de avenida del Generalísimo, o la calle del Príncipe de Vergara desterró el nombre de General Mola. Se aprobó un Plan Especial de Protección de Edificios Histórico-Artísticos y se recuperaron antiguos edificios, como el cuartel del Conde Duque o el palacio de O’Reilly.

Uno de los sueños del viejo profesor se hizo realidad con el Plan de Saneamiento Integral del río Manzanares. Con un presupuesto de 32.500 millones de pesetas (algo más de 195 millones de euros) se eliminó su pestilencia y se construyeron siete depuradoras para sus aguas, que se poblaron con 2.000 carpas y 25 patos. El lago de la Casa de Campo también se limpió y se cerró al tráfico el paseo de Coches del Retiro.

Otras medidas destacadas fueron la municipalización de las líneas de autobuses periféricas, la construcción de un gran parque al Sur de la ciudad –llamado, tras su muerte, parque Enrique Tierno Galván-, en el que ordenó que se levantara el Planetario de Madrid, o la reforma de la Puerta del Sol y de la Glorieta de Atocha, que suprimió el horroroso scalextric, aunque estas dos últimas actuaciones no llegó a verlas terminadas.
Una placa de barro cocido recuerda donde nació el alcalde "más popular de Madrid", acompañada de otras dos placas, con relieves de su rostro y una paloma de la paz.
Homenaje en Chamberí.


El reconocimiento de Tierno Galván alcanzó a todas las capas sociales de la sociedad madrileña, por su honradez, su educación y su distanciamiento de las luchas políticas cotidianas. Su espíritu crítico azuzaba también a sus compañeros de partido. Sus principales apoyos ciudadanos los tenía entre los jóvenes, que valoraban su decidido apoyo a todo tipo de iniciativas culturales y lúdicas que aparecieron con la democracia y se condensaron en un movimiento cultural conocido  como la ‘movida madrileña’. También las personas mayores eran sus grandes aliados, por su defensa de los intereses de los madrileños por encima de los intereses del partido. Tenía claro que el gobierno municipal “tiene que descender a lo más cotidiano, resolver lo más elemental” y “devolver a la ciudad la conciencia de lo colectivo, que se está perdiendo”.

Los bandos de don Enrique

Muy celebrados en esta época fueron los bandos municipales de don Enrique, como le llamaban los madrileños. Mezcla de su erudición, socarronería y paternalismo, eran un medio de comunicación con los vecinos alejado del lenguaje burocrático. Sus bandos transmitían con ingenio mandatos e iniciativas de interés público para una mejor convivencia entre los ciudadanos. Estos edictos, escritos desde
el costumbrismo madrileño y la ironía, alcanzaron tanta popularidad que los madrileños los esperaban con gran interés. Sirvan de ejemplo algunos párrafos de un bando publicado en noviembre de 1982 relacionado con el problema del aparcamiento de vehículos y la actividad de la grúa municipal:
 

"… Viene muy a propósito todo cuanto antecede si consideramos el descuido, si no malicia, con que muchos vecinos dejan coches y carricoches en el lugar que mejor les peta, sin mirar si es recodo, rincón, esquina o entrada de zaguán, con razón prohibidos por el Concejo (…) Adviértese también por el presente Bando que algunas calles y plazas de la parte más antigua de Madrid, que llaman de los Austrias, se están convirtiendo en plazas y calles de sólo andar, que en tiempos de incuria y atrevimiento dieron en llamar peatonales, para que sin perjuicio de hacer más fácil el tránsito de quienes por ella discurren, los vecinos huelguen y en honesta ociosidad disfruten de tertulias, corros y mentideros, a los que tan aficionados son los moradores de esta Villa (…) Apercíbese también por el presente Bando al vecindario de esta ilustre Corte y Villa que por la aplicación de la sagaz industria de la grúa, que permite transportar un coche a cuestas de otro, ingenioso método que los madrileños odian, se retirarán de la vía pública, con implacable rigor, cuantos medios mecánicos de traslación o transporte estorben el ordenado transcurrir de los discretos vecinos de esta ciudad por sus calles…"

Enseñanza y política

Enrique Tierno Galván nació en Madrid en 1918, en la calle Calvo Asensio, número 4, en el barrio de Chamberí, como indica una placa dedicada por los vecinos al ilustre alcalde. Se licenció en Derecho en 1942 y en Filosofía y Letras en 1944. Obtuvo la cátedra de Derecho Político en las Universidades de Murcia y Salamanca, e impartió clases en la Universidad Complutense de Madrid. Fue apartado de la Universidad en 1965 por su apoyo a las asambleas libres de estudiantes, junto a los también profesores universitarios José Luis López Aranguren y Agustín García Calvo.

En 1967 fundó el Partido Socialista del Interior, que a partir de 1974 pasó a llamarse Partido Socialista Popular (PSP). Con la democracia, se presentó a las primeras elecciones legislativas como cabeza de lista del PSP, obteniendo seis escaños. Un año después el PSP y el PSOE se unificaron, por lo que en las elecciones municipales en 1979 Tierno encabezó la lista del partido socialista, obteniendo la alcaldía de Madrid con los votos del PCE. En las elecciones de 1983 resultó reelegido alcalde con mayoría absoluta.

A lo largo de su vida desarrolló una intensa actividad académica y filosófica, y publicó numerosos ensayos, como Baboeuf y los Iguales, Estudios de pensamiento político, Humanismo y sociedadUn episodio de socialismo premarxista o Democracia, socialismo y libertad

Enrique Tierno falleció, siendo alcalde de Madrid, el 19 de enero de 1986. No había concluido su mandato, sucediéndole en el cargo el teniente de alcalde Juan Barranco. Su entierro fue una espontánea e impresionante manifestación de duelo. Se estimó en un millón las personas que asistieron al paso de la carroza fúnebre tirada por caballos a lo largo de varios kilómetros, desde la plaza de la Villa al cementerio de la Almudena.

24 septiembre, 2014

Alberto Aguilera, un alcalde para el pueblo

Retrato de Alberto Aguilera, con poblada barba y bigote.
Alberto Aguilera.
Alberto Aguilera, alcalde de Madrid a principios del siglo XX, trazó los antiguos bulevares, mejoró la vida de los madrileños y persiguió la inmoralidad en la política municipal. Ocupó la alcaldía de la ciudad en tres breves periodos y fue cuatro veces gobernador de la provincia.

Los fondos necesarios para llevar a cabo sus proyectos los consiguió mediante un plan de saneamiento de la economía municipal, a la vez que solicitaba un crédito y una rebaja en el impuesto de consumos. Además puso en marcha la contribución industrial de bancos y sociedades, la de carruajes de lujo y la de alumbrado, que hasta entonces era recaudada por el Estado y no por el Ayuntamiento.

Así, ya en su primer mandato (1901-1902) continuó la prolongación de la calle Barquillo, trazó los antiguos bulevares de Sagasta, Carranza y Areneros (hoy calle Alberto Aguilera), abrió la conexión de Recoletos con Bárbara de Braganza hasta Sagasta, construyó escuelas, casas de socorro e instaló las estatuas de Lope de Vega, Quevedo,  Argüelles, Bravo Murillo, Eloy Gonzalo 'Cascorro', Goya y el Marqués de Salamanca. También inició las obras el monumento a Alfonso XII en el parque del Retiro.

Asilo de pobres de Santa Cristina

Su preocupación por mejorar la vida de los madrileños se plasmó en numerosas iniciativas. Una de las principales, iniciada en su época anterior como gobernador de Madrid, fue la creación del asilo de Santa Cristina, que era un modelo de protección y reinserción social de los pobres. Su primer objetivo era acoger a los numerosos mendigos de Madrid. Para ello se realizó el desmonte de más de cien mil metros cuadrados de terreno cerca de la Ciudad Universitaria y se construyeron 40 pabellones (dormitorios para niños, niñas, hombres, mujeres y ancianos, escuelas, comedor, vaquería, gallinero…) se crearon talleres para aprender música, albañilería, herrería, carpintería… viviendas para empleados y para las Hermanas de la Caridad, oficinas, una iglesia, paseos arbolados, huerta…

Publicaba el diario ABC en 1903 que su construcción fue posible gracias a una suscripción popular encabezada por el propia alcalde, que aportó 60.000 pesetas, y "contribuyeron, entre otras muchas entidades y personas, la Casa Real, el Banco de España, el Círculo de la Unión Mercantil, el Casino, el Veloz Club, la Peña y acaudalados y filantrópicos personajes". 


Edificios de dos plantas y numerosas ventanas flanquean la verja de entrada al asilo.
Entrada del Asilo de Santa Cristina.
Aunque acogía a unas 600 personas, indicaba el diario madrileño que tenía capacidad para 1.500 y destacaba "la higiene, aire puro, amplitud y alegría" que caracterizaba este asilo, donde los pobres recibían tres raciones de comida diarias. El asilo quedó inservible tras la batalla de la Ciudad Universitaria, durante la guerra civil, y posteriormente fue demolido.

En sus siguientes mandatos (1906-07 y 1909-10), Alberto Aguilera urbanizó calles cercanas a los bulevares, como Gaztambide, Rodríguez San Pedro, Moret, Benito Gutiérrez, Romero Robledo; asfaltó las calles Mayor, Preciados, Sevilla, Tetuán y del Carmen, creó el parque del Oeste y repobló de árboles el parque del Retiro y la montaña de Príncipe Pío.

Estufas en la Puerta del Sol

Con motivo de una epidemia de gripe ocurrida en 1905, reunió 750.000 reales para ayudar a afectados más pobres. También inauguró el hospital de San Pedro de los Naturales, en la calle Ancha de San Bernardo y creó el Laboratorio Municipal de Higiene. Muy agradecida por los madrileños fue su idea de instalar estufas en la Puerta del Sol durante las olas de frío de aquellos años.

Otras decisiones de Alberto Aguilera fueron la puesta en marcha de un nuevo modelo de tranvía, al que llamaban ‘el cangrejo’ por su color rojo, la prolongación de una línea de tranvías hasta Ciudad Lineal, que era uno de los barrios más aislados de la ciudad, la organización de la Gran Exposición Industrial de Madrid, la reorganización de la Banda Municipal, la creación de un premio anual de arquitectura y la inauguración del templete de la música del paseo del Pintor Rosales.

Alberto Aguilera nació en Valencia en 1842. Además de alcalde de Madrid  y gobernador provincial, también fue gobernador de Ciudad Real, Oviedo, Toledo y Murcia, subsecretario de Hacienda y ministro de Gobernación. Además de político, era abogado y periodista. Falleció en Madrid en 1913.

20 junio, 2014

Conde de Peñalver, alcalde que soñó la Gran Vía

Retrato del Conde de Peñalver a mediana edad, con barba y un gran bigote.
Conde de Peñalver. Foto: Kaulak (Wikipedia)
Nicolás Peñalver Zamora, conde de Peñalver, fue el primer alcalde de Madrid elegido por sufragio universal. Fue en 1895, durante su segundo mandato, anteriormente ocupó el cargo en 1892, en sustitución del Marqués de Cubas, durante sólo 14 días, lo que le convertiría en el alcalde más breve si no hubiera ocupado la alcaldía en otras dos ocasiones. 

La preparación del proyecto de construcción de la Gran Vía fue la principal preocupación de este alcalde, militante del Partido Conservador, así como las obras del Ensanche y las modificaciones de la calle Preciados y de la plaza de Neptuno. Otro de sus objetivos fue la mejora del funcionamiento interno del Ayuntamiento y de los servicios públicos, por ello decretó la inmovilidad de los empleados municipales, de modo que éstos no fueran reemplazados cada vez que cambiaba el gobierno municipal.


Una iniciativa interesante fue la normativa para organizar el Cuerpo de Bomberos de Madrid, que ordenaba que los aspirantes a una plaza de bombero debían tener de 23 a 25 años, una estatura superior a 1,50 metros, un perímetro torácico mínimo de 0,86 centímetros, saber leer y escribir y acreditar honradez. Con estas condiciones, tenían preferencia quienes conocieran el oficio de carpintero o albañil o hubieran servido en la Armada, en Ingenieros o en Artilleros. El sueldo de los bomberos de primera clase sería de 995 pesetas al año, los de segunda 875 y los aspirante 800, mientras que el jefe arquitecto del Cuerpo ganaría 5.000 pesetas al año.


Otras normas que puso en marcha el conde de Peñalver fueron la obligatoriedad de poner a los mendigos a disposición del gobernador civil para trasladarlos al asilo de San Bernardino, la inspección rigurosa de los locales públicos y del estado de comidas y bebidas, y la  limitación del número de puestos fijos de venta callejera. Se empeñó en la restricción de licencias a los puestos de melones, “por las molestas emanaciones producidas por la putrefacción de sus frutos”, la obligatoriedad del permiso de circulación de bicicletas y la vigilancia de los puestos de agua en los paseos del Prado y Recoletos, donde a menudo había peleas entre aguadoras. 


Manifestación de 60.000 madrileños
La Gran Vía, con sus blancos y artísticos edificios históricos flanqueando a numerosos peatones y coches..
Gran Vía, frente al edificio Telefónica. Foto: S.C.

Sin embargo, no tuvo éxito en sus esfuerzos por mejorar los servicios municipales y la desastrosa situación presupuestaria del Ayuntamiento, ya que la corrupción municipal provocó una manifestación en diciembre de 1895 a la que acudieron unos 60.000 madrileños, acelerando así el final de su segundo mandato, dos meses más tarde. 


Durante su tercer mandato (octubre 1907-octubre 1909), el conde de Peñalver inauguró en 1908 el monumento ‘Al Pueblo del Dos de Mayo’ que se instaló en la plaza de San Bernardo (hoy en los jardines de Fanjul, entre la plaza de España y la calle Ferraz) y el dedicado a Emilio Castelar, presidente de la 1ª República Española, en el Paseo de la Castellana. También inauguró la plaza de toros de Vista Alegre, el Puente de la Reina Victoria Eugenia, que cruza el río Manzanares, y creó la Banda de Música Municipal.


En cuanto al proyecto al que dedicó su mayor impulso, la Gran Vía, comenzó a construirse en abril de 1910, cuando el conde de Peñalver llevaba casi seis meses fuera de la alcaldía. El alto coste económico y social que suponía el proyecto de una moderna vía que conectara la calle de Alcalá con la plaza de España desgastó sus posibilidades políticas.


El conde de Peñalver nació en La Habana (Cuba), en 1853, descendiente de unos aristócratas aragoneses instalados en la isla desde mediados del siglo XVI. Llegó a España con 11 años, vivió en Barcelona y París y estudió Derecho en Oviedo. La ciudad de Madrid le dedicó una importante calle de la ciudad, que discurre desde la calle Goya con la calle Alcalá hasta la calle Francisco Silvela. Además, una placa homenaje le recuerda desde 1917 en el edificio Gran Peña, en el número 2 de la Gran Vía, poco después de su muerte en Madrid, en 1916.

21 abril, 2014

Marqués de Cubas, el alcalde más breve

Xilografía de la época que muestra el busto del marqués de Cubas. Luce bigote y larga perilla blancos..
Marqués de Cubas
El marqués de Cubas, Francisco de Cubas y González-Montes, fue el alcalde más efímero de Madrid, su mandato duró sólo 25 días, sin embargo es recordado por la historia por el prestigio y la honestidad de sus acciones. Llegó a la alcaldía de Madrid a los 64 años, en sustitución de Alberto Bosch, cuyo mandato había estado salpicado de corrupción. Una de sus primeras medidas fue eliminar a los funcionarios corruptos del periodo anterior.

En el breve periodo en el que el marqués de Cubas estuvo al frente de la Alcaldía de Madrid (del 6 de noviembre al 1 de diciembre de 1892) fueron pocos los actos relevantes, entre otros la inauguración de la Biblioteca Nacional o el inicio de una memoria sobre el Presupuesto Municipal. Al finalizar sus días en el Ayuntamiento renunció al sueldo correspondiente, aunque esto no fuera un sacrificio para un hombre rico como él.


En 1900, el Ayuntamiento de Madrid puso su nombre a la calle que va desde la calle de Alcalá a la plaza de las Cortes. Esta calle primero se llamó Jardines y desde el siglo XVII calle del Turco, porque en ella se alojó el embajador de Turquía. En ella fue tiroteado en 1870 el presidente del Gobierno Juan Prim, que murió pocos días después en circunstancias sometidas a debate, a raíz de las últimas investigaciones.


Arquitecto y hombre de negocios, el Marqués de Cubas destacó en su faceta profesional como representante del estilo neogótico en la arquitectura religiosa. En Madrid, donde dirigió, a veces de manera gratuita, la construcción de edificios de viviendas, introdujo el uso del yeso y la escayola en la ornamentación. Destacan entre sus obras la iglesia y convento de las Salesas Reales (Santa Engracia, 18), el Museo Antropológico del doctor Velasco, hoy Museo Nacional de Antropología (Alfonso XII, 68), la iglesia del Sagrado Corazón o el convento de las Siervas de María. Además, fue el encargado del proyecto de la catedral de la Almudena, que luego fue reformado. También son obras suyas el colegio y capilla del Sagrado Corazón y la Universidad de Deusto, ubicados en Bilbao, o el mausoleo del duque de Alba, en Salamanca.


El marqués de Cubas nació en Madrid en 1826. Fue pensionado en Roma y en 1858 obtuvo la Primera Medalla en la Exposición Nacional. En 1870 ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que fue presidente de la sección de Arquitectura.


Gran parte de su fortuna la dedicó a obras benéficas, por lo que el papa León XIII le concedió el título de marqués de Cubas. Falleció en Madrid en 1899. Sus restos y los de su esposa, Matilde Erice y Urquijo, se hallan en la Catedral de la Almudena, edificio al que se dedicó, casi en exclusiva, durante sus últimos años. 

01 marzo, 2014

Sainz de Baranda, primer alcalde constitucional

Pedro Sáinz de Baranda.
Pedro Sainz de Baranda y Gorriti fue uno de los alcaldes que menos tiempo estuvo al frente de los asuntos de Madrid, sin embargo ha pasado a la historia por ‘dar el do de pecho’, como se suele decir, en dos breves y difíciles periodos de la vida política madrileña y española. Fue el primer alcalde constitucional de Madrid.

La primera vez que Sainz de Baranda ocupó la alcaldía fue en 1812, en plena Guerra de la Independencia, tras la vergonzosa huida de los regidores de Madrid, el marqués de Iturvieta y su segundo en el cargo, el conde de Villapadierna, ante los rumores de que las tropas francesas volvían a Madrid. El marqués y el conde disolvieron el Concejo municipal y renunciaron a sus cargos antes de huir. Hacía unos meses que los franceses habían salido de la capital, tras la derrota sus tropas en la batalla de los Arapiles (Salamanca) frente al ejército aliado de Inglaterra, Portugal y España, pero ahora parecía que su vuelta era inminente. Sainz de Baranda permaneció en la ciudad y convenció a otros miembros del Concejo de que permanecieran en sus puestos y afrontaran su responsabilidad, formando un nuevo Concejo.
Grabado en el que varios personajes escenifican la proclamación de la Constitución de 1812. Uno sostiene el texto constitucional, con un león a sus pies, al lado varios soldados y una bandera, y otros personajes
Alegoría de la Constitución de 1812. Autor anónimo.

Desde ese momento y aunque era un convencido liberal, adoptó medidas dictatoriales que la gente aceptó de buen grado, reconociendo su valor en momentos tan excepcionales. En 1813, sin posibilidad de defender la ciudad, Sainz de Baranda, al frente de los responsables municipales y acompañados por seis maceros a caballo (funcionarios de ceremonia y protocolo), salió al encuentro del ejército francés, comunicándole oficialmente su dimisión, en la zona donde hoy se encuentra la Puerta de Toledo. 

Finalizada la guerra y con un país devastado, en 1814 Fernando VII derogó la Constitución, recuperó el poder absoluto y restableció la Inquisición. Las instituciones de la soberanía nacional quedaron anuladas y comenzó la persecución y exilio de los liberales, hasta 1820.

Alcalde en el Trienio Liberal

La segunda vez que este ilustre madrileño se encargó de la política municipal fue en 1820, cuando el levantamiento del teniente coronel Riego obligó a Fernando VII a acatar la Constitución de 1812. El pueblo de Madrid se echó a la calle y en la plaza de la Villa exigió que se recuperara el Ayuntamiento que existía seis años antes, cuando se proclamó la Constitución, es decir, el dirigido por Sainz de Baranda. Fue una elección asamblearia la que le devolvió la alcaldía. Con una improvisada lista de concejales en la mano, el poeta Manuel Eduardo Gorostiza tomó la palabra desde el balcón del Ayuntamiento y propuso a la multitud la elección de Sáinz de Baranda, que fue aclamado por unanimidad. Éste aceptó el cargo y propuso como segundo alcalde a Rodrigo de Aranda, lo que fue aprobado inmediatamente. 
Así, el 9 de marzo de 1820, Fernando VII juró la Constitución de 1812 en un acto presidido por el alcalde Sáinz de Baranda, quien mandó publicar en todos los edificios públicos el siguiente bando: 
“El Rey ha jurado, libre y espontáneamente, a las seis de la tarde, en presencia del Ayuntamiento constitucional provisional de esta villa, la Constitución Política de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812, y ha dado orden el general don Francisco Ballesteros para que jure igualmente el ejército; en su consecuencia, ha acordado el mismo Ayuntamiento que haya iluminación general y repique de campanas por tres noches, empezando desde hoy”
También ordenó que la Constitución se leyera en todas las parroquias de la ciudad y que se liberara a los presos políticos que tenía la Inquisición, algo que no gustó a las autoridades eclesiásticas, que consideraban a Sáinz de Baranda un enemigo. Cumplidos sus principales objetivos, el alcalde abandonó el cargo unos meses más tarde, siendo sustituido ese mismo año por Félix Ovalle.

Sainz de Baranda nació en 1775 y murió en 1855. En Madrid, la céntrica calle dedicada al alcalde Sainz de Baranda se encuentra en el distrito de Retiro y va desde la avenida Menéndez Pelayo hasta la calle Doctor Esquerdo. En el número 2 hay una placa commemorativa que dice: 
“El Pueblo de Madrid a Don Pedro Sáinz de Baranda y Gorriti, Alcalde Constitucional de esta Villa, en el 175 aniversario de su Proclamacion.1820-1995. Ayuntamiento de Madrid”.