GA4

Mostrando entradas con la etiqueta teatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta teatro. Mostrar todas las entradas

06 agosto, 2013

Lina Morgan, el secreto de la risa

Portada del disco de Lina Morgan Se dice de mí, de 1981, con la imagen de la actriz sonriente
Imagen de Lina Morgan en el disco
Se dice de mí (1981).
La actriz Lina Morgan fue, probablemente, la artista más popular de España y una de las cómicas más importantes de finales del siglo XX y primeros años de este siglo. Durante su dilatada carrera cosechó importantes éxito teatrales, cinematográficos y televisivos. Su entrega en el escenario, su talento, su sencillez como persona, así como la variedad de sus gestos le otorgaron durante años las simpatías de un público que la adoraba. Durante una larga etapa de su carrera profesional formó pareja con el también cómico Juanito Navarro.

En 1975, después de más de 20 años de espectáculos, decidió crear su propia compañía y renovar el panorama de la revista. Lo que entonces hizo Lina Morgan fue crearse a sí misma y al personaje más popular de toda la historia de los espectáculos teatrales. Ella tenía el secreto de la risa y de ahí salieron sus inimitables personajes. 


En sociedad con su hermano José Luis, que se ocupaba de la gestión y programación, en 1978 alquiló el Teatro La Latina y en 1983 lo compró.

Son innumerables las obras, comedias y revistas en las que trabajó, además de un buen número de películas y series de televisión. Entre los títulos más recordados en los que act como protagonista están Vaya par de gemelas (1980-1983), que fue emitida también por televisión; Sí al amor (1984-1987), El último tranvía  (1987-1991) y otras comedias arrevistadas.

Teatro cómico

Fachada del Teatro La Latina, edificio sobrio con tres arcos en la entrada y sobre ellos un gran cartel con la obra que se representa.
Teatro La Latina. Foto: SCB
El mensaje de Lina Morgan era la risa, desde que aparecía en el escenario. Todas las comedias giraban en torno a su figura, a su personaje, incluidos los números musicales, en los que ella era la estrella. Varias eran las claves de su éxito, además de profesionalidad y talento: la disciplina gestual de Lina en escena, con un cuello ‘retráctil o desplegable’, sus paseos a modo de pies planos en primera línea del escenario, los retorcimientos y juegos de piernas, el uso de las palmas de las manos y brazos, su cuerpo ligero y su voz. Estas fueron siempre sus mejores herramientas para la función cómica. 

Lina Morgan, cuyo nombre real era María Ángeles López Segovia, nació en Madrid en 1937 y desde su niñez reconoció su temperamento de artista. Comenzó su actividad profesional en el teatro a mediados de la década de los años 50, y trabajó en la compañía de Fernando Santos Zorí, de la que fue primera actriz. Después creó su propia compañía. 

Su peculiar personalidad hizo que en algunos momentos de su vida no se pudiera distinguir claramente entre la actriz y su personaje. Lina Morgan, además de un gran talento, demostró una gran capacidad para el trabajo y la improvisación. Cuentan que Lina era una cómica tan radical y tan grande que llegaba a asustar a directores de cine, escritores de teatro y a otros que temían quedar en segundo plano.
Cine y televisión
Trabajó en decenas de obras de teatro y más de una veintena de películas, algunas tan recordadas como La tonta del bote (1970), así como en varias series de televisión, entre otras Compuesta y sin novio, Hostal Royal Manzanares, Aquí no hay quien viva, A tortas con la vida o Escenas de matrimonio.

Tras el fallecimiento de su hermano José Luis, Lina Morgan vendió en 2010 el Teatro La Latina a la unión de dos compañía teatrales, Focus-Pentación. El 5 de enero de 2012 reapareció en el especial Gala de Reyes de Televisión Española.
Entre otros galardones, recibió la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Madrid, la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo, la Medalla de Oro del Arco de Cuchilleros y el Premio de Teatro Miguel Mihura. Fue fallera mayor de Valencia, era devota de la Virgen de la Paloma y participó en galas benéficas.

La gran cómica Lina Morgan falleció en su domicilio de Madrid el 19 de agosto de 2015, a los 78 años de edad. La capilla ardiente se instaló en el Teatro La Latina, por donde desfilaron centenaron de  admiradores.

18 julio, 2013

Lope de Vega y el Barrio de las Letras

Retrato de Lope de Vega, sobre fondo negro, vestido de negro y con la cruz de Malta prendida en el pecho.
Lope de Vega. (E. Cajés. M. Lázaro Galdiano)


El personaje más popular y halagado de su época fue, sin duda, Félix Lope de Vega. Además de llevar una vida muy ajetreada, con numerosas aventuras y amoríos, tuvo tiempo de escribir 1.500 comedias, 400 autos sacramentales y más de 1.100 obras de teatro, algunas tan universales como Fuenteovejuna o El Caballero de Olmedo

El llamado ‘Fénix de los ingenios’, nació en Madrid en 1562. Es uno de los autores más brillantes de la literatura española, uno de los más prolífico de la literatura universal, el que más obras estrenó y por tanto el que más dinero ganaba escribiendo. Además de las dos obras mencionadas, El perro del hortelano, La dama boba, El acero de Madrid, El castigo sin venganza, La Dorotea, Peribáñez o El mejor alcalde, el rey son algunas de sus obras más recordadas.
Su amplísima obra abarca desde la novela griega (El peregrino en su patria) y la épica burlesca (Gatomaquia) al teatro barroco, en el que otorga al pueblo el honor que parecía exclusivo de las clases pudientes, algo que también hizo Calderón de la Barca. Lope de Vega se ganó la amistad del pueblo, que se apasionó por su teatro y abarrotaba los corrales de comedias, donde cosechaba continuos éxitos.
Con 25 años y por despecho escribió unos textos críticos referidos a la que fue su amante, Elena Osorio, casada con un comediante, por lo que acabó en la cárcel durante una temporada y en el destierro. Un año después, en 1588, se vio inmerso en otro proceso judicial, por el rapto de Isabel de Urbina, hija del escritor Diego de Urbina, regidor de Madrid y jefe de armas de Felipe II. Lope rompió el destierro y se casó en la iglesia de San Ginés con Isabel. Tras quedar viudo, se alistó en la Armada Invencible, con la que también luchó y perdió la vida su hermano Juan.
Casa-museo 
La puerta abierta de la casa de Lope de Vega deja ver un pequeño recibidor con baldosas antiguas y al fondo un patio.
Casa-museo Lope de Vega. Foto: F. Chorro.
En 1598 contrajo matrimonio con Juana de Guardo, con quien tuvo dos hijos, Carlos que murió a los siete años y Feliciana.  En el número 11 de la calle Cervantes, en el barrio de las Letras, se conserva restaurada la casa en que vivió Lope de Vega, hoy casa-museo. El autor la compró en 1610 por 9.000 reales cuando aún vivía su segunda esposa, que murió al nacer su hija Feliciana. A los siete años de haber comprado la casa, la producción de Lope creció mucho, afirmando el autor en el prólogo de Peregrino tener escritas 230 comedias. En 1618 tenía escritas 800 y en 1632 alcanzó las 1.500.
En estos tiempos del Siglo de Oro y muy cerca de la calle Cervantes estaba el Mentidero de  Representantes, o de los Cómicos, concretamente en la calle del León, lugar donde se reunían las gentes del teatro, comediantes, representantes, empresarios… Por allí pasaban también Quevedo, para ir a su casa, Góngora, Tirso de Molina y otros autores, pero el más notorio era Lope de Vega. Como cada uno tenía sus seguidores, las polémicas eran habituales en este lugar.
Uno de los amigos de Lope era Alonso de Contreras, aventurero, escritor y militar, a quien dedicó su comedia El Rey sin reino. Se cuenta que Lope fue también durante su infancia amigo de la beata madrileña Mariana de Jesús, a quien se atribuye la célebre frase “De Madrid al Cielo”, pronunciada en su lecho de muerte en 1624.
Lope de Vega fue también sacerdote, cantando su primera misa en el convento de San Hermenegildo, lo que no impidió que, con 56 años, tuviera una aventura amorosa con Marta de Nevares, mujer casada de 25 años. 

A los 60 año  el ilustre poeta y dramaturgo madrileño estaba enfermo y casi arruinado. Murió el 27 de agosto de 1635 en su casa de la calle Cervantes (por entonces calle Francos). Su entierro se convirtió en una gran manifestación de duelo en Madrid. El cortejo fúnebre se detuvo ante una de las ventanas del cercano convento de clausura de las Trinitarias Descalzas, en la calle Cantarranas, a petición de la monja Marcela de San Félix, hija de Lope, que rezó ante el cadáver. Fue enterrado en uno de los nichos de la bóveda del presbiterio de la iglesia de San Sebastián. Desde 1844, la calle Cantarranas pasó a llamarse Lope de Vega, que va desde la calle del León hasta el paseo del Prado.
En 1674 un nieto de Lope que vivía en Milán vendió la casa de la calle Cervantes a un particular. Cuando el edificio, que se encontraba en muy mal estado, fue adquirido por  la Real Academia Española de la Lengua entre los escombros se encontró un trozo de dintel con una inscripción en latín que decía: “Que propio albergue es mucho, aun siendo poco y mucho albergue es poco, siendo ajeno”.


08 julio, 2013

Nicolás Fernandez de Moratín, transición al neoclasicismo

Retrato de Nicolás Fernández de Moratín, una estampa grabada a buril por Rafel Esteve y conservada en la Biblioteca Nacional
Nicolás Fernández de Moratín. BNE
Nicolás Fernández de Moratín (Madrid, 1737-1780), poeta y dramaturgo, es uno de los personajes clave de la transición del barroco al teatro neoclásico del siglo XVIII. Defensor a ultranza de las ideas de la Ilustración, fundó la tertulia literaria de la fonda de San Sebastián, muy cerca de la plaza de Santa Ana. Los temas principales eran la poesía, el teatro, los amores y los toros, y en ella participaban, entre otros personajes, sus amigos José Cadalso y Tomás de Iriarte, así como Goya y Jovellanos.

Existen bastantes semejanzas entre las trayectorias poéticas y teatrales de Nicolás y su hijo, Leandro Fernández de Moratín. Si el padre era un defensor de los ideales neoclásicos del teatro como escuela de costumbres, su hijo se convirtió en el prototipo español del teatro neoclásico.

Ambos solían utilizar seudónimos. Nicolás era conocido en la Academia de los Arcades de Roma por el seudónimo Flumisbo Thermodonciano. Por su parte, Leandro usaba como nombre poético Inarco Celenio, además de otros seudónimos como Ginés de Pasadilla y Melitón Fernández.

Apología de los toros
Nicolás Fernández de Moratín refleja en sus romances el valor del casticismo español, su carácter popularizante y tradicional, como en el poema Fiesta de toros en Madrid, aunque fue muy influenciado en el teatro por las doctrinas francesas de la época.
En 1762 estrenó con gran éxito en Madrid la comedia La petimetra, y en 1764, la tragedia de corte clásico Lucrecia. Inició en Madrid la publicación del periódico El Poeta, que defendía que la virtud, la moral y la ciencia estaban al servicio del arte. Publicó los poemas didácticos La Diana o Arte de la caza y Las naves de Cortés destruidas (1765), la obra erótica Arte de las putas (que se difundió en manuscrito hasta su edición póstuma en 1898) o Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España (1777), apología de los festejos taurinos y defensa de los valores tradicionales españoles.

Otros títulos suyos son Memoria sobre la reforma de la Agricultura, Hormesinda (1770) y Guzmán el Bueno (1777). En esta dos últimas, además de Desengaños al teatro español (1762-1763), reflejan su interés teatral.
Nicolás en 1770 (Hormesinda) y Leandro en 1792 (La comedia nueva o el café) estrenaron con gran éxito en el madrileño teatro Príncipe. Su hijo Leandro hizo publicar las Obras póstumas de su padre en 1821, así como su propio ensayo Orígenes del teatro español fue su obra póstuma, publicada en París en 1883.

Nicolás Fernández de Moratín era hijo del guardajoyas de la reina Isabel de Farnesio, por lo que fue educado en un ambiente refinado. Estudió en La Granja (Segovia), continuó sus estudios en el colegio de los jesuitas de Calatayud y se licenció en Derecho en la Universidad de Valladolid. Fue catedrático de poética en el colegio Imperial de Madrid. Aficionado a la economía, fue socio de la Real Sociedad Económica, a la que dedicó los últimos años de su vida. Murió en su domicilio de Madrid el 11 de mayo de 1780.

06 julio, 2013

Leandro Fernández de Moratín, ilustre afrancesado

Retrato de Leandro Fernández de Moratín, con chaqueta marrón sobre fondo oscuro. Pintado al óleo por Goya en 1799.
Moratín, 1799. Goya

En Madrid hay una calle que se llama de Moratines, en honor a los poetas y dramaturgos Nicolás Fernández de Moratín y Leandro Fernández de Moratín, padre e hijo. Dos personajes madrileños que figuran entre los principales representantes del neoclasicismo y la ilustración.


Leandro Fernández de Moratín (Madrid,1760), al que se conoce como Moratín para diferenciarlo de su padre, es el máximo representante español del teatro neoclásico. Como autor de teatro se inició a los 30 años y su fama se debe a cinco comedias: El viejo y la niña (1790), donde planteó el problema de la felicidad matrimonial cuando los matrimonios son arreglados; La comedia nueva o el café (1792), un ataque a los malos literatos y al público que prefería la espectacularidad al realismo psicológico; El barón (1803), La mojigata (1804), dos grandes creaciones de tipos humanos; y El sí de las niñas (1806), la más famosa de sus obras, en la que defiende la libertad de las jóvenes para elegir marido y ataca la arcaica y severa educación que recibían las mujeres de la época. Esta obra fue estrenada en el madrileño teatro de la Cruz y obtuvo un gran éxito.

Sus piezas están perfectamente estructuradas, a la vez que reflejan los males de la época y priman los sentimientos y afectos de los personajes. 

Moratín tradujo el Hamlet de Shakespeare en 1798 y adaptó a la escena española dos obras de Molière, La escuela de los maridos y El médico a palos, en las que superó al autor francés en las versiones que hizo.
Joven poeta
Moratín se había iniciado en el mundo de las letras antes de destacar como comediógrafo. Con sólo 19 años obtuvo una mención honorífica por el poema épico La toma de Granada por los Reyes Católicos D. Fernando y Dña. Isabel (1779). Con 20 años publicó poemas de corte clásico, con un sello personal melancólico y prerromántico: A don Rodrigo Simón Laso, A Jovellanos, A los colegiales de San Clemente de Bolonia, A las musas o La despedida, entre otros. Y tres años más tarde ganó el accésit con Sátira contra los vicios introducidos en la poesía castellana (1782).En 1789 se publicó en Madrid su obra La derrota de los pedantes, en la que Moratín criticaba a los poetas culteranos y planteaba las bases del teatro neoclásico como renovación del teatro español.
Fue abogado de los Reales Consejos y secretario de Interpretación de Lenguas y más tarde director de teatros. Consiguió una pensión del conde de Floridablanca, primer ministro de Carlos IV, y con ella se ordenó de tonsura (primer escalafón en el ordenamiento sacerdotal), convirtiéndose así en uno de los muchos clérigos que vivían en la España del XVIII. Esta situación le permitió dedicarse por completo a sus obras. También fue protegido de otros personajes ilustrados como el escritor y político Jovellanos o los condes Cabarrús y Aranda.
Fue partidario del ‘rey intruso’, José Bonaparte, hermano de Napoleón, durante la ocupación francesa por considerar que sus reformas convenían a España. Por ello, Moratín pasó momentos críticos, huyó a Valencia y luego a Barcelona, hasta que se exilio definitivamente en Francia. Viajó por Francia, Inglaterra e Italia, interesándose por los últimos movimientos teatrales y escribiendo atractivos libros de viajes.
Fernando VII le devolvió sus bienes, que habían sido confiscados, pero Moratín no quiso volver a España. Sólo regresó por un año, entre 1820 y 1821. Los últimos años de su vida los pasó en Burdeos (Francia) con la familia del político Manuel Silvela. En esa ciudad fue retratado por Goya. Durante un viaje a París, murió de repente, en 1828. Fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise, entre Voltaire y La Fontaine. Sus restos fueron trasladados a España en 1953.

29 junio, 2013

Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura

Jacinto Benavente sentado y con un puro, foto de 1923 procedente de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos
 Benavente. Biblioteca del Congreso de EE.UU (Wikipedia).
El dramaturgo Jacinto Benavente (1866-1954) es uno de los personajes madrileños más aclamados por su gran contribución a la literatura y el teatro contemporáneos. En 1922 obtuvo el Premio Nobel de Literatura y más tarde viajó por América, donde la compañía de María Guerrero, una de las más importantes de España, representó varias de sus obras.

Jacinto Benavente nació en una casa del número 27 de la calle del León, donde tiene una placa dedicada, y cursó estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, aunque a partir de 1885 y tras la muerte de su padre, un reputado pediatra, se dedicó a viajar por Europa y a escribir.

Su primera obra es de 1882, pero se dio a conocer con Cartas de mujeres, obra crítica de 1893, y con la comedia El nido ajeno, estrenada en el Teatro de la Comedia en 1894. Esta última no fue muy bien acogida al ser considerada demasiado crítica, pero supuso una renovación de la escena española. En 1896 obtuvo un gran éxito con la obra Gente conocida, cuyos personajes se autocritican por su cinismo e inmoralidad.

Autor prolífico

Su abundante producción literaria, compuesta por 172 comedias y 15 libros, se caracteriza por el costumbrismo irónico e ingenioso y por el idealismo con influencia modernista. Con sus textos se aleja de los convencionalismos de la época, creando personajes y situaciones cargados de sentimientos y pasiones, a la vez que critica a los arribistas, a las instituciones feudales y a los ricos. La mayoría de sus obras fueron prohibidas por la dictadura franquista.

Benavente fue un autor de moda en su época, especialmente entre la burguesía, a pesar de sus críticas hacia ella. A principios del siglo XX estrenó la tragedia La noche del sábado (1903), en la que trata de la decadencia de la sociedad europea; Rosas de Otoño (1905) y la más conocida, Los intereses creados (1907), considerada su obra maestra, en la que aporta una visión escéptica y pesimista del mundo; o el famoso melodrama rural La malquerida (1913). Trabajó como redactor para el periódico El Imparcial entre 1908 y 1912, año en que fue nombrado miembro de la Real Academia Española.

Otras obras de este ilustre madrileño son Señora ama, comedia dramática de tipo rural, Su amante esposa, Aves y pájaros, Lecciones de amor, La melodía del jazz-band y Memorias de un madrileño, además de algunas obras infantiles, como el libro Niños (1917) y la obra de teatro El príncipe que todo lo aprendió en los libros.

En 1950 llegó su obra número 150, Nieves de mayo, y después publicó y estrenó otras como El marido de bronce (1954). Su obra póstuma fue El bufón de Hamlet, obra con la que en 1958 se inauguró en Madrid el Teatro Goya.

Empresario de circo
Monumento a Benavente. S.C

Uno de las facetas menos conocidas de Benavente es su labor, durante una larga temporada, como empresario de un circo con el que estuvo en Rusia. Algunos biógrafos sostienen que su interés por el mundo circense se debió a la atracción que sentía por la trapecista ‘la Bella Geraldine’.

Al morir su madre, volvió a viajar a América, con la compañía de Lola Membrives, y estando en Nueva York le llegó la noticia de la concesión del Premio Nobel, en 1922, lo que incrementó su fama, reconocimientos y homenajes: hijo adoptivo de Nueva York, medalla de Oro de Madrid, Premio Mariano de Cavia o la Medalla del Trabajo.

A finales de 1924, el dramaturgo realizó un viaje por Egipto y Tierra Santa y a vuelta a Madrid descubrió que el Ayuntamiento, que un año antes le había nombrado hijo predilecto, le había embargado los bienes por el impago de unos impuestos referidos a su faceta empresarial junto con Ricardo Calvo en el Teatro Español, entre 1919 y 1920. Molesto por este hecho, el autor devolvió al Ayuntamiento los reconocimientos que le había otorgado.

El 14 de julio de 1954 murió de repente en la localidad madrileña de Galapagar, donde tenía su residencia de verano y en cuyo cementerio fue enterrado. En Madrid tiene dedicada una plaza, entre la calle Atocha y la Puerta del Sol, así como un monumento en el parque del Retiro.

07 junio, 2013

Jardiel Poncela, maestro de la alta comedia

Retrato del joven Enrique Jardiel Poncela realizado en 1931
Jardiel Poncela. Biblioteca Nacional.

El dramaturgo y novelista madrileño Enrique Jardiel Poncela fue el maestro indiscutible inventando situaciones, intrigas y misterios inverosímiles cargados de humor, además de auténtico precursor del teatro de humor contemporáneo. 

Desde sus primeras obras introdujo un nuevo humor no suficientemente comprendido durante muchos años, por ello en los estrenos de sus comedias siempre hubo críticos detractores, quizás por lo imprevisible y desconcertante de los desenlaces, resueltos a base de ingenio. En sus obras nunca se sabía lo que podía pasar y esto molestaba a quienes se consideraban por encima de la media.  

Su  primer estreno de teatro, con 26 años, fue Una noche de primavera sin sueño (1927), al que siguieron Un drama en 1880 (1932), Usted tiene ojos de mujer fatal (1933), Angelina o el honor de un brigadier (1934), Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1935), Un marido de ida y vuelta (1939), Los ladrones somos gente honrada (1941) y otras obras de teatro de gran éxito, como Eloísa está debajo de un almendro (1943), El sexo débil ha hecho gimnasia (1946) o Los habitantes de la casa deshabitada (1949). Su último estreno teatral se produjo en 1949, Los tigres escondidos en la alcoba. 

Humor que revitalizó el teatro

Sus numerosas obras se caracterizan por unos argumentos entretenidos, de divertidas escenas con un diálogo dinámico, donde los enredos se resuelven con chispa y sutileza, dando al argumento lógica y credibilidad. Aún así, quizás su principal mérito como autor es haber sabido armonizar la comedia tradicional burguesa con el teatro moderno, revitalizando el teatro español.

Cuentan que en una ocasión ordenó a un acomodador del Teatro de la Comedia que desclavara la butaca en la que habitualmente se sentaba un crítico teatral y la colocara al revés, de espaldas al escenario, indicándole que cuando dicho crítico preguntara le dijera que, para lo que se enteraba de lo que veía, lo mismo daba para donde mirara.

Como novelista, muchas de sus obras obtuvieron un gran éxito entre el público. Destacan Amor se escribe sin hache (1929), ¡Espérame en Siberia, vida mía! (1930),  Pero...¡hubo alguna vez once mil vírgenes? o La tourné de Dios (1932). Muchas de sus obras han sido llevadas al cine.

Con ese talento y originalidad fuera de lo común, el humor inverosímil de Enrique Jardiel fue el precursor de alguna manera de los semanarios humorísticos La metralleta y La Codorniz, y abrió el camino al teatro humorístico creado luego por Miguel Mihura.

Residió temporalmente en Estados Unidos, adonde acudió con otros humoristas españoles, como Edgar Neville, a trabajar como guionistas de cine en Hollywood, pero volvió pronto a Madrid, donde permaneció hasta su muerte. Al parecer le gustaba mucho la producción de Buster Keaton, por las abundantes situaciones absurdas y paradojas de sus películas. Su extensa producción cuenta además con muchos guiones cinematográficos, ensayos, narrativas breves y otras piezas. 


Fallecido en 1952, su obra tuvo que esperar hasta la década de 1980 para que se valorara adecuadamente, tras la publicación de Obras completas, en 1977.
 

04 junio, 2013

María Guerrero, el arte del teatro


Retrato anónimo de María Guerrero, a edad avanzada
María Guerrero. (Nuevo Mundo Magazine),
María Guerrero fue la actriz de teatro más importante de la escena española de finales del siglo XIX y principios del XX, además de destacada empresaria teatral. Ennobleció de tal modo el teatro que consiguió cambiar la expresión ‘cómica’ por la de ‘actriz’. Nació en Madrid, en la calle Caballero de Gracia, hija del famoso tapicero y decorador Ramón Guerrero, quien siempre apoyó a su hija en su interés por el teatro.

Nacida en 1867, estudió en el colegio San Luis de los Franceses piano, arpa y canto, francés, entre otras materias, y desde muy pronto asistió a la Escuela de Arte Dramático. Su debut coincidió con la inauguración del Teatro de la Princesa, con la modesta compañía del actor y director Emilio Mario.  

La faceta empresarial de María Guerrero comenzó cuando el Ayuntamiento de Madrid sacó a subasta la explotación del Teatro Español y la actriz, apoyada por su padre, consiguió la adjudicación. Su compañía comenzó a cosechar éxitos y un día apareció por el teatro el aristócrata Fernando Díaz de Mendoza, marqués de Fontanar, interesado en dedicarse al teatro en sus ratos libres. María y Fernando se enamoraron y se casaron en 1895, formando la compañía Guerrero-Mendoza. Su compañía representó obras importantes en escenarios de París, Italia y América, construyendo en Buenos Aires el Teatro Cervantes.

Teatro María Guerrero

Más tarde, por unas diferencias con el Ayuntamiento respecto a la programación, la compañía abandonó el Teatro Español y adquirió el Teatro de la Princesa, hoy Teatro María Guerrero, Centro Dramático Nacional, en la calle Tamayo y Baus, 4. El éxito le llegó con el estreno de Don Juan Tenorio, de Zorrilla, en el que la actriz interpretó a doña Inés. El propio autor le dijo a María Guerrero que era ella misma el personaje que había creado. Otro gran éxito fue, en 1892, la obra Mariana, de Echegaray.

Sus grandes triunfos fueron siempre esos personajes de fuertes pasiones. También representó numerosas obras de autores como Benavente, Guimerá o los hermanos Quintero, además de obras clásicas de Calderón, Lope de Vega o Tirso de Molina. La actriz falleció en Madrid en 1928.