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02 abril, 2014

José María Rodero, protagonista del teatro español del siglo XX

El actor José María Rodero en el papel de jurado popular, con traje gris y corbata, el rostro sereno, pero firme, es el único que cree en la inocencia del acusado.
 Rodero en Doce hombres sin piedad. RTVE 
El actor José María Rodero ocupa un puesto de honor en la historia del teatro español del siglo XX. Tan geniales eran sus cualidades interpretativas que la gente iba al teatro ‘a ver a Rodero’. Interpretó los personajes más complejos y los clásicos más difíciles, resolviendo con sencillez las dificultades en escena. Hombre de fuerte personalidad, tajante y sincero, de rostro marcado y fama de mal humor, fue el primer actor que se rebeló abiertamente contra las dos funciones de teatro diarias y no volvió a trabajar con las salas y compañías que siguieron con la doble función. 

Aunque muchas biografías le consideran nacido en Madrid, este gran actor nació en la localidad manchega de Valdepeñas (Ciudad Real), en 1922, pero su vida estuvo ligada a Madrid desde niño. Se dedicó al teatro casi por casualidad, ya que siendo estudiante se enamoró de una actriz y un día se presentó, con unos compañeros, a unas pruebas en el Teatro Español, y resultó aceptado. Abandonó sus estudios en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos, estudió arte dramático e ingresó en la compañía de María Guerrero, en la que llegó a ser primer actor. Debutó en el Teatro Español.

Pese a sus extraordinarias dotes interpretativas desde joven, José María Rodero fue uno de esos actores que no triunfaron hasta tener una cierta edad. Siempre pensó que la suya era una profesión injusta, porque sólo al cabo de muchos años empieza a compensar. En su trabajo fue extremadamente disciplinado. Con su rigurosa expresividad, su voz seca y el dramatismo en la interpretación alcanzaba un poderío escénico sin igual. 

Antología del teatro español
El rostro de José María Rodero en Calígula contiene toda la carga expresiva de un personaje conflictivo, desconfiado, atormentado.
Rodero en Calígula. RTVE

Un momento decisivo en su carrera fue su papel en la obra de Buero Vallejo En la ardiente oscuridad, que le encumbró como uno de los mejores actores teatrales. Con su mujer, Elvira Quintillá, formó compañía e hicieron temporada en el Teatro Eslava. En 1959, estrenó Dónde vas, triste de ti, de Juan Ignacio Luca de Tena. Después fue protagonista en Luces de Bohemia, Calígula, Enrique IV, El caballero de las espuelas de oro, Los emigrados, Historia de una escalera, Las siete infantas de Lara, El veneno del teatro, El hombre deshabitado o El tragaluzentre otras obras de teatro que forman parte de la antología del teatro español. 

Era un actor autodidacta y enemigo de las escuelas. "La única técnica que conozco es salir al escenario y dar lo mejor de mí mismo", decía y siempre citaba una máxima sobre la interpretación: "Entender, comprender y hacerse entender". El director de teatro José Tamayo dijo en una ocasión que  "de todos los actores con los que he trabajado era el que mejor captaba lo que yo quería decir. Era el que mejor me comprendía".

Su última obra fue Las mocedades del Cid. A causa de una grave enfermedad tuvo que abandonar el ensayo general de Hazme de la noche un cuento, estrenada a primeros de mayo de 1991. José María Rodero falleció el 14 de mayo de 1991. Se vivió una jornada de luto en el teatro y algunos cerraron sus puertas, como el Teatro Bellas Artes y el Teatro Español.  

Premio Nacional de Teatro

Por su labor profesional, Rodero recibió unos 60 premios, incluido el Premio Nacional de Teatro (1971), la Medalla de Oro de Bellas Artes y el premio Mayte de Teatro (1976), que por primera vez se entregó a un actor, por su trabajo en Los emigrados. En 1979 fue designado mejor actor del año. Un teatro municipal de la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz lleva su nombre y en el Teatro Español hay un busto suyo.  

Gracias al teatro televisado que hace años ofrecía Televisión Española, podemos disfrutar, entre otras, de Doce hombres sin piedad, una obra excelente de Reginald Rose, dirigida por Gustavo Pérez Puig, que reunió a doce actores españoles de lujo: José María Rodero, Jesús Puente, Pedro Osinaga, José Bódalo, Luis Prendes, Manuel Alexandre, Ismael Merlo, Antonio Casal, Sancho Gracia, Carlos Lemos, Fernando Delgado y Rafael Alonso.

05 marzo, 2014

Género chico y teatro por horas, recursos ante la crisis

Con la crisis económica que se produjo durante la Restauración borbónica (1874-1931), los teatros comenzaron a quedarse sin público. Los aficionados no podían permitirse el elevado precio de la entrada. En esta situación, los empresarios idearon una solución ingeniosa para reducir costes, rebajar el precio de la entrada y recuperar a su clientela. 


La fórmula anticrisis la puso en marcha el Teatro de Variedades, que fue el primero en ofrecer el llamado ‘teatro por horas’. Consistía en dividir una sesión habitual, que duraba varias horas y costaba unas tres pesetas y media, en cuatro sesiones de una hora por el precio de una peseta. Este nuevo sistema vio nacer numerosas zarzuelas hechas a medida y la recuperación de antiguas zarzuelas breves. 

El teatro por horas se extendió a todas las salas, que ofrecían zarzuelas de un solo acto, en muchos casos ambientadas en los barrios madrileños y sus gentes, y que empezaron a llamarse el ‘género chico’ para diferenciarlas de las anteriores zarzuelas en varios actos. De este modo, el público pudo volver al teatro y además elegir entre cuatro obras pequeñas, aunque si una zarzuela triunfaba se interpretaba varias veces al día. Por entonces, entre los aficionados madrileños se hizo famosa la cuarta sesión del Teatro Apolo, que comenzaba a medianoche y la llamaban ‘la cuarta del Apolo'.

Lo mejor del género chico 

Poco después surgieron grandes compositores del género chico, como el alicantino afincado en Madrid Ruperto Chapí o el madrileño Federico Chueca, maestro del género chico en colaboración con Joaquín Valverde. Ambos estrenaron con gran éxito, en 1886, La Gran Vía. Esta zarzuela, muy del gusto del público madrileño, sentó las bases del género chico: escenas cotidianas, temas de actualidad, alusiones a la política, músicas de moda, bailes populares y chistes. La Verbena de la Paloma, de Tomás Bretón, estrenada en 1894, fue un rotundo éxito y se convirtió en la más popular. Ésta zarzuela, junto con La Gran Vía y Agua, azucarillos y aguardiente (Chueca y Valverde, 1897) son las tres obras esenciales del género chico. Otras piezas importantes de esa época son La Revoltosa (Chapí, 1897) y Gigantes y cabezudos (Manuel Fernández Caballero, 1898).

Ya en el siglo XX, el género chico fue perdiendo importancia y muchos autores volvieron a la zarzuela grande. Entre 1920 y 1936 aparecieron muchas zarzuelas, pero el género ya estaba en decadencia. Aún así se crearon obras importantes, como Los gavilanes (Jacinto Guerrero, 1923), La bejarana (Francisco Alonso, 1924) o Luisa Fernanda (Federico Moreno Torroba, 1932). 



Cine sonoro y discos

El ocio fue acaparado por el desarrollo del cine en Madrid, y por los discos. Ambos eran demandados cada vez más  por el público. El cine sonoro y la grabación de discos de zarzuela se convirtieron en un próspero negocio. Jacinto Guerrero intervino en la música de la primera película hablada en castellano, La canción del día (1930). En 1933 se rodó una versión de la zarzuela La Dolorosa, de José Serrano, y en 1934 una versión de Doña Francisquita, de Amadeo Vives. 


Después de la guerra civil la gente prefería los espectáculos de variedades y otras diversiones frívolas que les hacían olvidarse por un rato de sus problemas. Desde 1950, sólo Moreno Torroba, Pablo Sorozábal y Daniel Montorio permanecieron como representantes de la zarzuela. Hacia 1955 se popularizaron los  discos de los cantantes, orquestas y series de zarzuelas dirigidas por estos últimos autores del género.

03 noviembre, 2013

Teatro Español, el más antiguo e ilustrado

Foto de la plaza de Santa Ana, con la estatua de Federico García Lorca, y frente a ella la fachada del Teatro Español
Teatro Español. Foto: S. Castaño
El teatro más antiguo que existe en Madrid es el Teatro Español, llamado antes Teatro del Príncipe por estar situado en la calle Príncipe, mirando a la plaza de Santa Ana. En ese mismo lugar estuvo el Corral del Príncipe, un corral de comedias que se inauguró en 1583 con una representación de Lope de Rueda.
Los terrenos del Corral del Príncipe los adquirió el Concejo de Madrid, que lo convirtió en teatro en 1745 y amplió sus instalaciones en 1792. 

En este lugar se han estrenado algunas de las obras más importantes del teatro español, como La comedia nueva, de Leandro Fernández de Moratín; muchos sainetes de Ramón de la Cruz; Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas; El abuelo, de Benito Pérez Galdós; Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo; o Yerma, de Federico García Lorca.  
En 1802 un incendio arrasó el edificio. De su reconstrucción se encargó el arquitecto madrileño Juan de Villanueva y pudo ser reinaugurado en 1807. En 1849 el Teatro del Príncipe pasó a llamarse Teatro Español y unas décadas después, a finales del XIX, el interior del teatro fue reformado y decorado lujosamente por el tapicero y decorador Ramón Guerrero, padre de la famosa actriz madrileña María Guerrero, a quien el Ayuntamiento de Madrid había adjudicado poco antes la explotación del Teatro Español.

En sus orígenes, era habitual que el público de los corrales de comedias decidieran el éxito o el fracaso de una obra y por ello existían fuertes rivalidades entre los forofos de las compañías que actuaban en el Corral del Príncipe y en su vecino Corral de la Cruz.  Los partidarios del primero eran llamados ‘chorizos’ por sus rivales del teatro de la Cruz, apodados ‘polacos’. Ambas facciones provocaban peleas y conseguían en ocasiones reventar un estreno en el teatro de sus rivales.
Donde estuvo el Corral de la Cruz, inaugurado en 1579, surgió el Teatro de la Cruz, proyectado por el arquitecto Pedro Ribera, muy cerca de la plaza de Santa Ana, en la confluencia de la calle de la Cruz y Núñez de Arce. En este teatro se estrenaron también grandes obras, como El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín; la ópera El barbero de Sevilla, dirigida por Rossini; o Don Juan Tenorio, de José Zorrilla. Fue derribado en 1859.