viernes, 20 de noviembre de 2015

Museo del Prado y sus colecciones de pintura

Fachada principal del edifico neoclásico, con columnas de estilo dórico y delante la estatua del pintor Velázquez sentado.
Museo del Prado. Foto: F. Chorro.
Hay 14 personajes en el cuadro, incluido el autor, al fondo, a un lado.
La Familia de Carlos IV (Francisco de Goya).
Cuando hace 196 años se inauguró el Museo del Prado, el 19 de noviembre de 1819, con el nombre de Real Museo de Pinturas y Esculturas, contaba con 311 pinturas españolas, aunque ya entonces guardaba otras 1.500 obras llegadas desde los Reales Sitios y pertenecientes también a pintores extranjeros. Su nombre actual se debe al lugar donde se encuentra, el antiguo Prado de los Jerónimos, junto al monasterio de San Jerónimo el Real.

El Museo del Prado, la pinacoteca más famosa de Madrid y una de las más importantes del mundo, alberga más de 27.500 piezas, aunque sólo está expuesto el 5%. Son casi 8.000 pinturas, más de 3.000 grabados, más de 6.500 dibujos y cerca de 2.800 piezas de artes decorativas, entre las que destaca el Tesoro del Delfín, llamado así porque perteneció a Luis de Francia, hijo de Luis XIV de Francia y padre del rey Felipe V. El resto se encuentra depositado en sus almacenes.

El origen de las pinturas del Prado está en las colecciones reales desde el siglo XVI, obras de los pintores de cámara de los reyes y otras encargadas a pintores extranjeros. Estas colecciones se completaron con donaciones privadas y la fusión, en 1870, con el Museo Nacional de Pinturas, que guardaba desde 1836 el arte religioso desalojado de los conventos expropiados por la Desamortización de Mendizábal. Era llamado Museo de la Trinidad por estar en el convento de la Trinidad Calzada, en la plaza de Jacinto Benavente, que fue destinado a museo tras ser expropiado.

Entre los fondos pictóricos del museo, desde el siglo XII hasta el XIX, destacan Velázquez y Goya como pintores de la Corte, y El Greco, Murillo, Zurbarán y Ribera en el arte religioso. Es admirable también la amplia representación de la escuela italiana, desde el siglo XVI al XVIII, por encargos de Carlos V, Felipe II y Felipe IV, y obras de la escuela veneciana, con Tiziano, Tintoretto y Veronés, o la pintura barroca de Caravaggio, Lucas Jordán y Guido Reni. La escuela francesa tiene sus lienzos relacionados con las alianzas monárquicas de los siglos XVII y XVIII, con obras, de Poussin, Lorena, Watteau y Housae, entre otros, mientras que las obras de pintores de los Países Bajos se deben a su relación política con España en el pasado. Así, de la escuela flamenca se exhiben obras de Van der Weyden, Memling, Rubens, El Bosco o Van Dyck, y de la escuela holandesa, destacan Rembrandt y Ruysdael. Menos significativa es la representación de las escuelas alemana, con Durero y Cranach, y de la inglesa, con Gainsborough y Reynolds.

Traslado en la guerra civil

En noviembre de 1936, durante la guerra civil, la aviación rebelde franquista bombardeó el museo. Nueve bombas cayeron sobre el edificio, pero el incendio en el tejado fue sofocado rápidamente. Ante el riesgo de ser destruidas por nuevos bombardeos, las 500 pinturas más importantes del museo, debidamente embaladas y con sus respectivos informes, se trasladaron en camiones a Valencia. Al final de la guerra las obras salieron de España, se expusieron en Ginebra y luego volvieron a Madrid.

La fachada neoclásica en piedra y ladrillo rojo, con columnas jónicas, vista desde el parque del Retiro.
Fachada del Casón del Buen Retiro. Foto: S. Castaño.

Tras la recuperación de la democracia en España, El Prado acogió en una de sus dependencias, el Casón del Buen Retiro, el Guernica de Picasso, que llegó a Madrid en 1981 desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde estuvo custodiado durante años; y el legado Cooper, del historiador británico Douglas Cooper, con obras de Picasso y Juan Gris. En 1992 estas obras se trasladaron al Museo Centro de Arte Reina Sofía. Hoy día, el Casón del Buen Retiro acoge el Área de Biblioteca, Documentación y Archivo del Museo Nacional del Prado.

El edificio

La construcción del Museo del Prado se inició en 1785, durante el reinado de Carlos III, bajo la dirección del arquitecto Juan de Villanueva, que lo levantó en el que hoy es el paseo del Prado. Fue diseñado como Gabinete y Museo de Ciencias Naturales por orden de Carlos III, aunque su primer uso fue el de arsenal y caballerizas durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), además de utilizarse el plomo de sus cubiertas para fabricar municiones. Lo inauguró como  pinacoteca Fernando VII, en 1819. De Real Museo de Pinturas y Esculturas pasó pronto a llamarse Museo Nacional Pintura y Escultura y, desde 1869, Museo Nacional del Prado, pasando a depender de Patrimonio Nacional.

El Prado y sus vecinos Jardín Botánico y Observatorio Astronómico, obras también de Villanueva, son los edificios principales de la urbanización del antiguo Prado de San Jerónimo, ideada por Carlos III para dotar a la Villa y Corte de una imagen moderna.

En el exterior del edificio destaca el uso de los tres órdenes clásicos: dórico, en el pórtico principal; jónico, en galería y puerta norte; y corintio, en la fachada sur, así como la estatua del pintor Diego Velázquez, obra de Aniceto Marinas, frente a la fachada principal. El Museo Nacional del Prado fue visitado por más de 2,5 millones de personas durante el año 2014.


viernes, 13 de noviembre de 2015

Madrid, de la Revolución de 1868 a la I República

El grabado a la población quemando en la calle de de objetos relacionados con el antiguo régimen.
Revolución septiembre de 1868. Museo de Historia de Madrid.
Si convulso fue el reinado de Isabel II, tras su destronamiento en 1868 Madrid se convirtió en un hervidero de intrigas y conspiraciones. En sólo seis años se sucedieron un gobierno revolucionario, un rey extranjero, una república, dos pronunciamientos militares y la restauración de la monarquía. Se produce el primer intento de nuestra historia de dotar al país de un gobierno democrático, mientras Madrid pasa de ser una ciudad cortesana a una ciudad burguesa, con una pujante clase dedicada a los negocios y profesiones liberales.

Madrid vivió el llamado Sexenio Democrático en medio de una gran agitación política. La revolución de septiembre de 1868, llamada ‘La Gloriosa’, que llevó al exilio a Isabel II, fue un pronunciamiento militar liderado por los generales Serrano, Prim y Topete, que puso al frente del Gobierno a Serrano y luego Prim. Ese mismo año fue derribada la tapia que rodeaba la ciudad, las calles se alargaron por los caminos y comenzó el ensanche de Madrid. Este Gobierno provisional, que se prolongó hasta 1871, procedió al derribo de varios conventos e iglesias para crear nuevos espacios en la ciudad y promovió la construcción de viviendas baratas.

Rostro del presidente Prim, vestido con frac. Vista parcial de un óleo de Luis Madrazo.
Juan Prim.

En octubre de 1868, un decreto del Gobierno estableció la Peseta como moneda nacional, en sustitución del escudo. El Retiro pasó a ser un parque público para todos los madrileños, que tres años después eran ya unos 400.000, y en el paseo de Recoletos se levantó en madera el primer Circo Price de la ciudad.

El presidente del Gobierno Juan Prim propuso y logró que las Cortes votaran a favor de traer como rey de España al italiano Amadeo de Saboya. Prim fue víctima de un atentado en la calle del Turco, hoy calle Marqués de Cubas, el 27 de diciembre de 1870. Tres días después murió a causa de las heridas, según la versión oficial. Por el contrario, las últimas investigaciones forenses sobre la momia de Prim indican que fue estrangulado mediante lazo cuando se encontraba convaleciente de las heridas, en su residencia del palacio de Buenavista, hoy Cuartel General del Ejército de Tierra, en la plaza de Cibeles.

Poco después, en enero de 1871 el nuevo rey, Amadeo I, se instaló en Madrid, encontrándose con el desaire y el recelo de políticos, aristócratas y la población en general, a pesar de su trato amable y sus ideas liberales. Un día, el rey y su esposa,  María Victoria, sufrieron un atentado cuando volvían de un concierto en el Retiro. Unos hombres les dispararon en la calle Arenal, poco antes de que su carroza llegara a la plaza de Isabel II, aunque por suerte salieron ilesos. No se abrió una investigación y los guardias municipales, llamados ‘guindillas’ por el color rojo de sus uniformes, no lograron detener a nadie por este suceso. 
Rostro de Amadeo I vistiendo traje y corbata.
Amadeo de Saboya.



El mismo año, en el mes de mayo, se inauguró el primer tranvía de Madrid, tirado por mulas, con una primera línea entre el barrio de Salamanca y la Puerta del Sol, que luego se extendió hasta el barrio de Pozas, actual barrio de Argüelles. Era el inicio de un cambio esencial para el desarrollo de la ciudad, su incipiente actividad industrial y la conexión con los nuevos barrios.

Dos años después, en febrero de 1873, Amadeo de Saboya abdicó. El mismo día, las Cortes proclamaron la I República Española, que duró once meses y tuvo cuatro presidentes de Gobierno: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. Ese año se abrieron las puertas del Teatro Apolo, en la calle de Alcalá junto a la iglesia de San José, escenario principal de las zarzuelas, tan en boga en esa época.


La I República terminó por la sublevación del general Pavía, jefe del Ejército de Castilla la Nueva, que envió al Congreso varias compañías de soldados y guardias civiles para disolver las Cortes, que
Retrato de Emilio Castelar, con traje. Destaca en su rostro el enorme bigote.
Emilio Castelar.
acababan de retirar la confianza al presidente Castelar. Se nombró un gobierno provisional presidido por el general Serrano, que suspendió la Constitución. 


En 1874 se abrió el viaducto de hierro de la calle Bailén, anterior al actual. Lo inauguró el cortejo fúnebre que trasladó los restos de Calderón de la Barca desde la iglesia de San Francisco el Grande hasta el cementerio de San Nicolás.

Un nuevo pronunciamiento tuvo lugar en diciembre de 1874. El general Martínez Campos proclamó en Sagunto, sin oposición del Gobierno, la restauración de la monarquía borbónica, representada por Alfonso XII, hijo de Isabel II.