lunes, 28 de julio de 2014

Los primeros pobladores de Madrid

Dibujo de hombre y mujer prehistóricos, desnudos, perteneciente al catálogo de la exposición Orígenes de Madrid, de 2009
Del Catálogo Orígenes de Madrid. 2009
Los más antiguos vestigios prehistóricos de Madrid y su provincia se encontraron en el Valle del Manzanares, en la Ciudad Universitaria, Villaverde, Casa de Campo, Ciempozuelos, Alcalá de Henares o Portazgo cuyo yacimiento arqueológico reveló la presencia allí del homo erectus hace unos  unos 350.000 años.

Son muy abundantes los objetos y herramientas preshistóricos hallados en la provincia de Madrid. A lo largo del valle del Manzanares aparecieron hachas, puntas de flecha y otros restos de herramientas de piedra utilizadas para cazar los grandes mamíferos que vivían en esta zona en el Paleolítico.

Los restos de poblados prehistóricos más interesantes se descubrieron en Alcalá de Henares. Los vestigios hallados en Las Vistillas y Villaverde o en las cuevas de Perales de Tajuña indican también el asentamiento de pequeños núcleos humanos durante el Neolítico, así como los extraordinarios  vasos campaniformes, decorados con pasta blanca, que aparecieron en Ciempozuelos. Sin embargo, los restos humanos son escasos.

Muchos de estos objetos se exponen en el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares, o en el Museo Municipal de Madrid.

Los romanos

A los romanos sólo les interesó el territorio de Madrid como cruce de caminos y por tanto se emplearon a fondo en la red de comunicaciones de la época. Por Madrid pasaban calzadas romanas en todas las direcciones. Las más importantes fueron la que unía ls localidades de Alcalá de Henares (Complutum) con Titulcia; la que iba de Mérida (Emerita Augusta) a Alcalá de Henares, pasando por Toledo (Toletum) y que llegaba hasta Zaragoza (Caesar Augusta), y la que unía Titulcia con Segovia, que pasaba por la actual Casa de Campo.

En este cruce de caminos que era Madrid también se construyeron casas romanas. Hubo villas campestres construidas cerca de las calzadas en Villaverde, Carabanchel o en la Casa de Campo.

Los visigodos


Los visigodos, llamados ‘bárbaros’ durante la dominación romana, se asentaron en el centro de la Península Ibérica y establecieron su capital en Toledo, aunque las necrópolis visigodas descubiertas en Talamanca del Jarama, Getafe y Alcalá de Henares, y los posteriores hallazgos en Colmenar Viejo, San Martín de la Vega, Leganés o Aranjuez demuestran que los visigodos se asentaron también cerca de la capital madrileña.

Algunos historiadores señalan que existió un pequeño poblado visigodo en la capital, el vallejo de San Pedro, que hoy sería la calle Segovia y su entorno. Sin embargo, no hay vestigios que lo demuestren y los historiadores árabes que se refieren al alcázar de Madrid (Magerit) construido por los musulmanes como defensa avanzada de Toledo, no se dicen que hubiera un núcleo de población visigodo cercano. Otros historiados apuntan que los árabes tampoco dicen que ellos sean los creadores de la ciudad, lo que indicaría que en Madrid ya existía una población autóctona anterior a ellos.

En 2011, en las excavaciones para la construcción del Museo de Colecciones Reales, anexo al Palacio Real, se descubrió el esqueleto de un pastor visigodo, lo que podría indicar que no muy lejos había un poblado.

Madrid árabe
Muralla árabe, frente a la Almudena. F. Chorro

 

La presencia árabe en Madrid se limitó, durante muchos años, a un asentamiento de tipo militar, por el lugar estratégico de Magerit frente a los reinos cristianos que ya habían iniciado la Reconquista. Fue el emir Muhammad I quien levantó (años 852-856) el alcázar árabe en la zona donde hoy se encuentran el Palacio Real y la catedral de la Almudena, zona donde se conservan restos de la muralla árabe.


Madrid cristiano 

El poblado madrileño árabe comenzó a tomar importancia entre los siglos VIII y IX, como lugar estratégico para dominar las rutas hacia los enclaves musulmanes de Toledo y Zaragoza. Alrededor del año 1083 los cristianos recuperaron Madrid. La Villa se repobló principalmente con gentes de Segovia, Ávila, Asturias y León. Durante el siglo XII el crecimiento de Madrid originó la construcción de nuevos barrios y se construyó una gran muralla con unas 190 torres de la que se conservan escasos restos.

sábado, 19 de julio de 2014

Carlos Arniches, genio del sainete y el humor crítico

Retrato del autor, a edad avanzada, con sus gafas de lentes redondas.
Carlos Arniches Barreda
Carlos Arniches, el escritor que mejor interpretó la vida anecdótica madrileña, nació en Alicante en 1866. Su obra se identifica con Madrid a través de los sainetes, género en el que no tuvo rival. Arniches llegó a Madrid con 19 años, después de trabajar como periodista en Barcelona. En la capital se introdujo en el mundo teatral con la ayuda del célebre músico alicantino Ruperto Chapí.

Se inició en el costumbrismo madrileño a través del género chico y el teatro por horas, con zarzuelas y sainetes líricos, como El santo de la Isidra (1898) y La cara de Díos (1899) con las que obtuvo un gran éxito, lo que le llevó a dedicarse a los sainetes. En 1904 estrenó Las estrellas, una de sus obras más representativas, que tuvo como protagonistas a los aclamados cómicos Loreto Prado y Enrique Chicote. Otros famosos sainetes son La señorita de Trévelez (1916), ¡Que viene mi marido! (1918), Los caciques (1920), El señor badanas (1920), Es mi hombre (1921), La tragedia del pelele o El tío Miseria.


Los sainetes de Arniches

Con estas piezas de personajes y ambiente populares el autor trata de forma jocosa temas o situaciones domésticas y graves. La mezcla de ambos elementos deriva en lo grotesco.
 

El esquema los sainetes se repite en muchos casos: dos personajes contrapuestos (un galán bueno y un galán malo; un hombre humilde, honesto y trabajador y otro chulesco, bravucón y con mucha labia), una señorita encantadora pero algo inocente, un señor mayor, ingenioso y protector. El argumento es una exposición de lenguaje popular madrileño, de chiste rápido y fresco. El desenlace llega cuando el bien, el amor y la honestidad ganan el cariño de la chica y el bueno deja en ridículo al malo.

Su lenguaje exagera o deforma el habla cotidiana de los personajes, en contextos de problemas sencillos y de valor universal. Arniches, incluso crea nuevas palabras y las introduce en las conversaciones con ingenio y hábil manejo del lenguaje, logrando el efecto cómico en el público. Unos ejemplos de la obra Los pobres:         
 

LIBRADA. - Pide na más que en las iglesias de señorío, a la salida de los vermuses u en los cines y fives cloques de moda. Su martingala es que en cuantito que ve a una señora se arrima y la dice con voz que lo oiga toa la gente de alrededor: “Señora marquesa, me hallo famélica; agradecería a vuecencia un pequeño óbolo”.
JUSTA. - ¿Qué es óbolo?

LIBRADA - No sé; pero debe ser una cosa cara, porque siempre que lo dice la dan más de veinte céntimos.
En otro momento:
SEÑÁ LIBRADA. - Hace mes y medio. Pos seis reales diarios. Una peseta al mayorcito y cinco gordas por el chavea. Que es regalao, porque hay que ver lo que vale ese niño pa pedir.
 

SEÑÁ JUSTA. - Tengo oído que es una alhaja.
SEÑÁ LIBRADA. - Como que no hay noche que no se retire con sus tres pesetas corridas. Pero se lo merece; es un lince. Le suelta usté en la ca Alcalá, ve a una señorita de esas muy antravés con un señorón de levosa y ya le tiene usté agarrado a los faldones, diciéndole al caballero: “Señorito, una limosna, por la salú de la señorita, que es muy guapa. Ya le podía usté comprar un coche, con esos ojos que tiene. Cómpreselo usté, ande usté.” Hasta que le miran, se echan a reír, el señorito dice: “¡Qué granuja…!” La señorita: “¡Es muy mono!” Y no hay pareja que no le apoquine de dos a tres perras.
Y  en otro:
LIBRADA. – Tié un habla mu fina; siempre que me ve me llama escuálida, que no sé lo que es.
JUSTA. – Algo  delicado será.
 LIBRADA. – Seguro, cuando ella lo dice…
la placade la calle dedicada Arniches está hecha de azulejos blancos pintados con su imagen y debajo su nombre.
Placa de la calle dedicada a Arniches.
En el trasfondo, los sainetes arnichescos tienen una función crítica y humana. Sus obras desvelan sistemas de valores deformados por la ambición o la hipocresía, contrapuestos a valores eternos, como la familia, la honradez o el amor; o valores burgueses como la libertad, la tolerancia, el inconformismo, el trabajo personal y otras inquietudes sociales. Así, sus obras se sitúan más allá del mero entretenimiento.

Otras obras son El amigo Melquíades (1914), La flor del barrio (1919), Los milagros del jornal (1924), Don Quintín, el amargao o El que siembra vientos (1924), hasta un total de 270 obras, desde Los aparecidos (1892) a Verdades, terminada el día antes de su muerte repentina en Madrid, en 1943.
 

El ilustre dramaturgo tiene una calle dedicada en el madrileño barrio de Embajadores que fue, con el de Lavapiés, una de las zonas donde más popular se hizo el autor, hasta el punto de que muchas veces se ha puesto en duda si el autor retrataba los tipos y lenguajes de estos barrios populares o eran éstos los que muchas veces le imitaban.

sábado, 12 de julio de 2014

Rodolfo, Ernesto y Cristóbal Halffter, ilustres compositores madrileños

Los hermanos Rodolfo y Ernesto Halffter y su sobrino Cristóbal Halffter son tres compositores madrileños reconocidos como figuras clave de la música española del siglo XX. Desde sus puestos, los tres miembros de la familia Halffter han contribuido a la universalización de la música española, a la que han aportado obras brillantes con un estilo particular.
Rodolfo Halffter

 

Rodolfo Halffter (Madrid, 1900) fue el principal representante de la ‘Generación del 27’ de la música. Como su hermano Ernesto, tenía formación autodidacta, aunque tenía en Manuel de Falla un guía para su innovación vanguardista. Tras la guerra civil se exilio en Francia y luego en México, donde obtuvo la nacionalidad y fue catedrático de composición del Conservatorio Nacional de México.

Su música no empezó a ser reconocida en España hasta inicios de los años 60. En 1966 fue director de las Ediciones Mexicanas de Música y en 1969 fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de Bellas Artes. 


Rodolfo Halffter se distinguió por la modernización del lenguaje musical español a la manera de Falla, en contraste con la música europea de ese momento. Posteriormente evolucionó hacia nuevos estilos, como en Tres hojas de álbum (1953) y Tripartita (1959). Investigó la composición modal en obras pianísticas como Sonata 3 (1967) y Laberinto (1972). En su obra destacan las piezas para piano, que pueden considerarse, con las de Mompou, las más importantes escritas por un español del siglo XX.

Otras de sus obras más importantes son  la ópera Clavileño, el ballet Don lindo de Almería
Pregón para una  pascua pobre, Pastoral para violín, Sonatas del Escorial y Tientos para cuarteto de cuerda. Falleció en México en 1987.

Ernesto Halffter
Ernesto Halffter


Su hermano menor, Ernesto Halffter (Madrid, 1905) fue discípulo predilecto de Manuel de Falla. A los 13 años escribió Crepúsculos para piano, que llamaron la atención del compositor y musicólogo madrileño Adolfo Salazar quien lo presentó a Manuel de Falla, de quien Ernesto llegó a ser discípulo predilecto. A los 18 años compuso Dos bocetos sinfónicos y poco después dirigía la Orquesta Bética de Sevilla, fundada por Falla. A los 21 años recibió el Premio Nacional de Música.

En 1928 obtuvo un gran éxito en París con el estreno su ballet Sinfonietta. Dirigió el Conservatorio de Sevilla entre 1934 y 1936 y tras la guerra y residió en Nueva York y Lisboa. Luego vivió en Italia, pero antes y durante muchos años trabajó en la finalización de la Atlántida, la obra incompleta de Manuel de Falla.

Entre sus creaciones más importantes figuran
Fantasía galaica, El cojo enamorado, Elegía en memoria del Príncipe de Polignac, Rapsodia portuguesa, La corza blanca, La niña que se va al mar, Canciones del niño de cristal y Serenata a Dulcinea.

De vuelta a España, se estableció en Madrid, donde ingresó, en 1973, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fue galardonado con la Medalla de Oro del Conservatorio de Cádiz  y el Premio Menéndez Pidal de la Universidad Complutense de Madrid. 


Cristóbal Halffter
Cristóbal Halffter


Crístóbal Halffter  (Madrid, 1930) estudió en el Conservatorio de Madrid con Conrado del Campo y es el máximo representante de la llamada ‘Generación del 51’. Sus primeras obras conservan una estética cercana a la de sus tíos y después evolucionó hacia estilos vanguardistas hasta lograr un estilo propio a partir de Brecht-lieder (1965). 

En 1952 obtuvo un gran éxito con su obra Antífona Pascual y al año siguiente recibió el Premio Nacional de Música por su Concierto para piano y orquesta. En 1960 fue nombrado catedrático de Composición en el Conservatorio de Madrid y dirigió este centro entre 1964 y 1966.

Entre sus primeras obras destacan, entre otras, Scherzo, Tres piezas para cuarteto de cuerda,
Sonata para violín solista, Jugando al toro, Dos canciones tristes de primavera y El ladrón de estrella.

A partir de 1966 consiguió reconocimiento internacional con obras como Líneas y puntos para 20 instrumentos de viento y dispositivo electroacústico,
Cantata Symposium y Anillos para orquesta. En 1968 la ONU le encargó la cantata Yes, speak out, yes, sobre textos de Norman Crowin, para conmemorar la Declaración de los Derechos Humanos.

Su espíritu místico se revela en Noche pasiva del sentido (1970) y su preocupación por la muerte en Llanto por las víctimas de las violencia (1971) y Officium defunctorum (1979). Otras de sus obras significativas son
Jarchas de dolor de ausencia, Variaciones sobre la resonancia de un grito, Tiento y cadencia y Réquiem por la libertad imaginada.

Cristóbal Halffter fue director del Estudio de Música Electrónica de la Südwestfunk, en Freiburg (Alemania) y dictó cursos en distintos centros internacionales. Ha dirigido agrupaciones sinfónicas importantes, como la de Berlín, la de Londres o la Nacional de Radio France.

Además del Premio Nacional de Música (1953), cuenta con la Medalla de Oro de Bellas Artes (1981) y es Doctor Honoris Causa por la Universidad de León. En 1983 fue nombrado miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.