martes, 27 de agosto de 2013

Calderón de la Barca, broche del Siglo de Oro

Retrato de Calderón, con bigote y perilla blanca. Viste de negro y lleva medallón con la cruz de la orden de Santiago
Retrato de Calderón
El poeta y dramaturgo Pedro Calderón de la Barca fue el mejor impulsor del auto sacramental, la obra más genuina de la literatura barroca en España, que pasó de los templos y recintos aristocráticos a los escenarios de los corrales de comedias, convirtiéndose en espectáculo para el pueblo.

Como ya hiciera Lope de Vega, Calderón defendió el sentido del honor y el patriotismo, convirtiendo la literatura en un instrumento ideológico accesible a las clases populares, a la vez que reflejaba los problemas de su época, como el hambre y el bandolerismo, agravados por el despoblamiento de las zonas rurales durante los siglos XVI y XVII.

Los autos sacramentales eran exponentes de los dogmas católicos, y en ellos se personificaban conceptos abstractos. Formaban parte de la festividad del Corpus, por lo que eran revisadas concienzudamente antes de ser representados.
Las compañías se veían obligadas a repetir estos espectáculos incluso por la noche o a continuar el sábado y el domingo, y los actores estaban obligados a participar en ellos bajo pena de cárcel. Como gratificación, las  compañías obtenían un suplemento de 800 reales y la exclusiva de las representaciones teatrales desde la Pascua hasta el Corpus, incluidas las representaciones en pueblos cercanos.

Calderón escribió 70 autos sacramentales, unas 10 comedias y 20 entremeses y loas. Entre sus obras principales se encuentran El alcalde de Zalamea, La vida es sueño, El gran teatro del mundo, El médico de su honra, La dama duende, Casa con dos puertas, mala es de guardar, No hay bromas con el amor o El sitio de Breda.
Pedro Calderón de la Barca y Henao de la Barrera (Madrid 1600-1681) era hijo del secretario de Cámara y consejero de Hacienda y Contaduría de Felipe II y Felipe III. Su vocación literaria surge durante su época de estudiante en la Universidad de Salamanca, donde se licenció en Derecho. Con 23 años estrenó su primera comedia, Amor, honor y poder.

La casa estrecha 
Fachada color crema de la casa estrecha, de cuatro plantas. En la primera se ve una placa que recuerda a Calderón.
La Casa Estrecha. Foto: F.Chorro

Calderón de la Barca murió el 25 de mayo de 1681 en la calle de Platerías, que era uno de los tramos de lo que hoy es la calle Mayor. En el número 61 de la calle Mayor estaba la casa de Calderón, conocida como ‘la casa estrecha’, porque su fachada era poco más que el ancho del balcón.

En esa casa, según unos, vivía con su hija adoptiva, María Calderón, apodada ‘La Calderona’ que fue abandonada de recién nacida a la puerta de la casa del dramaturgo. Según otros, La Calderona nació en 1611 y era hija de Juan Calderón, personaje que se ocupaba de buscar hospedaje y otras necesidades a las compañías de teatro que visitaban Madrid. Ambas versiones coinciden en que La Calderona fue actriz y amante de Felipe IV, con quien tuvo un hijo que sería reconocido años más tarde, don Juan José de Austria.
De armas y hábito 

Calderón estuvo involucrado en las guerras del imperio español. Sirvió en la milicia en Milán y Flandes, en las que también estuvo su hermano José María, que llegó a maestre de campo. Obtuvo el hábito de la Orden de Santiago en 1630, cuando presentó al rey Felipe IV una de sus obras maestras La dama duende. En 1635 participó con la milicia en la campaña de Fuenterrabía y la guerra de Cataluña, donde resultó herido en una mano. 

En 1647 tuvo un hijo natural y, según los eruditos, este fue el motivo por el que decidió  ingresar en una orden religiosa, ordenándose sacerdote 1651, hecho que no restó fuerzas a su carrera literaria. Calderón tiene dedicada una calle en Madrid, muy cerca del final la calle Mayor.

jueves, 22 de agosto de 2013

Edificio Metrópolis y otros a la francesa

Edificio Metrópolis, con su fachada redondeada, cúpula de pizarra negra culminada por una escultura y adornos dorados. Columnas en la planta superior, rica decoración y relieves.
Edificio Metrópolis. Gran Vía, Madrid
Foto: F. Chorro
A principios del siglo XX era patente en Madrid el predominio y la influencia de la arquitectura francesa. En pocos años se levantaron algunos de los edificios más emblemáticos, proyectados por arquitectos franceses o que trabajaban en Francia, como el edificio Metrópolis, el hotel Ritz, el hotel Palace y el Casino.

El listón se puso muy alto, de modo que los proyectos siguientes fueron también fascinantes en cuanto a composición y vistosidad, incorporando una rica decoración, esculturas y elegantes cúpulas.

Cuando se realizaron las demoliciones necesarias para crear la Gran Vía, sólo las grandes empresas y algunos aristócratas ricos podían permitirse levantar un edificio en esta arteria madrileña.

El edificio Metrópolis, el más emblemático de la Gran Vía, se construyó en 1911. La compañía de seguros La Unión y el Fénix adquirió un solar triangular entre la calle Alcalá y la de Caballero de Gracia y convocó un concurso internacional entre arquitectos. Lo ganaron los hermanos franceses Jules y Raymond Fevrier. Sin embargo, a efectos legales fue el arquitecto Luis Esteve quien firmó la obra, al igual que hizo con el proyecto del Casino, levantado en la misma época.

La escultura La victoria alada que adorna la cúpula del edificio es obra del Federico Coullant Valera, de 1975, cuando se sustituyó la escultura del ave fénix al cambiar la propiedad del edificio.

Además de este edificio, el ‘Madrid afrancesado’ lo representan dos hoteles de lujo a ambos lados de la fuente de Neptuno, el hotel Ritz y el hotel Palace, vecinos del Museo del Prado y del museo Thyssen.

Hotel Ritz 
El hotel Ritz tiene un estilo clasicista, armonioso, tejado abuhardillado, grandes esquinas redondeadas con ventanas y cúpula de pizarra negra
Hotel Ritz. Foto: S. Castaño


El hotel Ritz se empezó a construir en 1908 bajo la dirección del arquitecto francés Charles Mewès. Este arquitecto había construido anteriormente el Ritz de París y el del Piccadilly londinense. En el Ritz de Madrid realizó un diseño de fachadas sin balcones, con una perfecta  proporción de los huecos, acentuando las esquinas y alzando cúpulas de pizarra, características de la arquitectura parisina de comienzos del siglo XX.

Hotel Palace

El blanco y armonioso hotel Palace tiene tejados abuhardillados de pizarra negra, esquinas redondeadas con grandes cúpulas de pizarra, adornos y guirnaldas de estuco en las fachadas.
Hotel Palace. Foto: SCB
El hotel Palace se construyó entre 1910 y 1911, bajo la supervisión de los arquitectos belgas Leon Monnoyer e hijos. Se edificó sobre el solar del antiguo palacio barroco de los duques de Medinaceli. Presenta elegantes ventanas en los tejados y muros de estucos adornados de guirnaldas.
El Casino

El Casino es obra del arquitecto francés Laurent Farge, quien lo construyó en 1905. Lo mejor de este edificio es su escalera principal.

lunes, 19 de agosto de 2013

Barrio de Malasaña y Glorieta de Bilbao

La historia del barrio de Malasaña está ligada al antiguo Parque de Artillería de Monteleón y a la Guerra de la Independencia. En lo que actualmente es el espacio delimitado por las calles Carranza, San Bernardo y San Andrés estaba el palacio de Monteleón, construido por los descendientes de Hernán Cortés en 1690. En el siglo XVIII sufrió un gran incendio y en 1807 el ministro Godoy lo convirtió en parque de artillería.

Fue el 2 de mayo de 1808, en el inicio de la Guerra de la Independencia, cuando este cuartel de artillería fue defendido hasta la muerte por los capitanes Daoiz y Velarde y el teniente Ruiz contra la ocupación de España por el ejército francés de Napoleón. Entre los numerosos madrileños que ese día fueron víctimas de la represión de las tropas francesas se encontraba la joven madrileña Manuela Malasaña, cuyo apellido da nombre a este barrio y a una de sus calles. 
Plaza del Dos de Mayo
El cuartel de Monteleón fue derribado en 1868 y en su solar se construyeron las actuales calles de Ruiz, Monteleón, Divino Pastor, Galería Robles y Malasaña. En la cercana la plaza del Dos de Mayo se alza hoy un grupo escultórico en mármol y una réplica del arco de entrada al cuartel de Monteleón, en memoria de Daoiz, Velarde y Ruiz.
El barrio de Malasaña es también conocido como barrio de Maravillas, por encontrase allí, junto a la plaza del Dos de Mayo, la iglesia de Ntra. Sra. de las Maravillas, perteneciente al desaparecido convento de las Maravillas.
Es este uno de los barrios más dinámicos y alternativos de Madrid, cuna de la ‘movida madrileña’ surgida en los años 80. Es una de las zonas de diversión preferidas por los madrileños y turistas, que encuentra aquí numerosos bares de tapas, cervecerías y pubs con mucho ambiente nocturno.
Glorieta de Bilbao
El barrio se extiende hasta la glorieta de Bilbao, llamada así porque allí estaba, hasta 1868, la Puerta de Bilbao, una salida de Madrid que recordaba a la ciudad vasca. La glorieta conecta dos de los antiguos bulevares que se construyeron sobre las viejas rondas de la ciudad, hoy calle Carranza y calle Sagasta.
Vista parcial de la Glorieta de Bilbao
La Puerta de Bilbao también se llamó Puerta de los Pozos de la Nieve, por estar allí excavados los pozos donde se guardaba la nieve que se traía en mulas desde Guadarrama para enfriar bebidas y alimentos. Los encargados de este servicio eran los ‘neveros’, que tenían la exclusiva del suministro de nieve entre los más de 20 puestos que existían en la ciudad.
Estaban estos pozos situados hacia el lado de la calle Fuencarral. En ellos se almacenaba la nieve prensada en bloques que eran separados unos de otros en el pozo mediante capas de paja. De este modo, mientras se procedía a trocear y despachar un bloque de nieve se protegía del calor el bloque inferior.
Cuando llegaba la primavera, los vendedores ambulantes de agua de cebada, horchata y limonada se instalaban al lado de estos pozos para refrescar sus productos con la nieve. Por ello, la glorieta se convirtió pronto en una zona de recreo, se plantaron numerosos árboles en los alrededores y con el tiempo se instalaron tabernas cervecerías y cafés.

martes, 13 de agosto de 2013

La maja de Goya, duquesa de Alba

La encantadora María Teresa Cayetana, duquesa de Alba, es uno de los personajes que más leyendas ha suscitado. Son muchas las peripecias en Madrid que de ella se relatan, así como que era una mujer de tal belleza que cuando paseaba por la calle hasta los niños se paraban para contemplarla. 

La maja vestida, de Goya
A María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba, le gustaba vestirse de maja y mezclarse con la gente de la calle para pasar inadvertida. Cuentan que así ataviada, siendo todavía una niña, pero ya casada, paseaba por la calle acompañada por una doncella cuando entabló conversación con un muchacho que las invitó a tomar un refresco en un mesón. Fingiendo ser una caprichosa, la duquesa comenzó a pedir todo lo que se le ocurría, mientras el chico, con poco dinero, estaba cada vez más nervioso. En un momento en que éste abandonó la mesa, la duquesa le explicó al mesonero su juego: “hasta que se deje los calzones”, le dijo entre risas.

Después de un buen rato, el chico se levantó para hablar con el mesonero, que aceptó en prenda los calzones del muchacho, que ocultó su desnudez con su largo abrigo. De regreso, el chico estaba cada vez más apenado y la duquesa le animó a visitarla al día siguiente para presentarle a alguien que podría ayudarle. El joven acudió a la lujosa casa, pensando que la chica sería una criada. Cuando la vio en un gran salón y lujosamente vestida el chico se quedó de piedra y comprendió la broma. María Teresa Cayetana le obsequió y le ofreció su ayuda.

Una gran herencia

María Teresa Cayetana nació en Madrid el 10 de junio de 1762, en el palacio que tenían sus padres, duques de Huéscar, en la calle Juanelo, muy cerca del Rastro. Allí mismo fue bautizada al día siguiente y le pusieron más de 30 nombres. Creció en el palacio de su abuelo, el duque de Alba, en Piedrahíta (Ávila).

En 1775, con 13 años, contrajo matrimonio con el hijo de los marqueses de Villafranca en la iglesia de San Luis. El mismo día, en la iglesia de San José se casó, en segundas nupcias, su madre con el conde de Fuentes.

Al año siguiente murió su abuelo y Cayetana se convirtió, con 15 años, en la decimotercera duquesa de Alba y la segunda mujer que heredaba el Ducado. Al mismo tiempo heredó más de una veintena de otros títulos y un inmenso patrimonio que se sumó al enorme territorio de la Casa de Oropesa heredado de su abuela paterna. Así se convirtió en uno de los grandes personajes de la Corte de Carlos IV.

Peripecias y amoríos

Una noche, cuando la joven y su marido se encontraban en casa, bajo su ventana pasó un ciego pidiendo limosna, por lo que María Teresa pidió a su marido que le diera unas monedas. Éste rebuscó en su bolsa, pero como todas las monedas que encontraba le parecían mucho, la duquesa dio una patada a la bolsa, que salió volando por la ventana y de desparramó en la calle. Muy enfadado, el duque ordenó a los criados que fueran con candelabros a recogerlas, pero al volver éstos dijeron que no habían encontrado ninguna. La duquesa, que desde la ventana había visto a los criados guardarse las monedas, le dijo con guasa al duque: “No te enfades, duque mío, ¿no ves que el ciego era un enviado del Señor para comprobar tu generosidad?  
María Luisa de Parma


Tenía el conde de Fuentes hijos de un matrimonio anterior. Uno de ellos era el oficial Juan Pignatelli, de quien se había encaprichado María Luisa de Parma, casada con el príncipe de Asturias, futuro Carlos IV. Sin embargo, Juan estaba más interesado por la duquesa y para vencer sus reticencias utilizó a la princesa para darle celos. La duquesa terminó entregándose, pero le pidió una cajita de oro y brillantes que le había regalado la princesa y a cambio le entregó una sortija con un gran diamante.
Sospechando la procedencia del anillo, María Luisa pidió a Pignatelli que le regalara la sortija. Más tarde, en un besamanos la duquesa vio la sortija en la mano de la reina, por lo que rompió su relación con el oficial. Luego, María Teresa Cayetana regaló al que era peluquero de ambas damas la cajita de oro y brillantes, con la condición de que la llevara a casa de cada una de sus clientes. Así, un día la princesa supo que el peluquero tenía ahora su cajita, regalo de la duquesa.

Para cuando María Luisa de Parma se convirtió en reina, todo Madrid sabía del enfrentamiento disimulado que existía entre Cayetana y la reina, que no lograba superar la belleza y la elegancia de la duquesa, ni la admiración y simpatía que el pueblo sentía por ella.

Un día, la reina María Luisa recibió unos vestidos de la moda de París para lucirlos en una gran fiesta. Enterada Cayetana, envió urgentemente a sus criados a comprar a Francia varios modelos iguales. El día de la fiesta, fue la comidilla de los invitados cuando la duquesa de Alba llegó a la fiesta acompañada de cuatro doncellas que vestían los mismos trajes que la reina. 
Autorretrato de Goya, 1815.


Unos años después, cuando la duquesa posaba durante horas para Goya, llegaron a oídos de su marido rumores sobre una relación amorosa entre el pintor y la duquesa. Entre anécdotas y leyendas, nunca se pudo demostrar un romance entre ellos. El esposo murió en Sevilla en 1796, cuando María Teresa tenía 34 años.Tiempo después, Goya viajó a la residencia de la duquesa en Sanlúcar, para pintar un retrato de ella, fechado en 1797, en el que se la ve con dos anillos en su mano derecha. En uno aparece escrito ‘Alba’ y en otro ‘Goya’.

Sospechas y expolio

La duquesa de Alba falleció en Madrid el 23 de julio de 1802 a los 40 de edad. La noticia corrió como la pólvora, la gente no podía creerlo ya que no se sabía que estuviera enferma. Incluso se comentó que ese día había consumido un helado hecho de hielo procedente de los ‘neveros’ de la calle Fuencarral. Fueron muchos los que acudieron a la casa y comenzó a rumorearse que había sido envenenada y que detrás del hecho estaban la reina María Luisa y su amante Godoy.
La decimotercera duquesa de Alba fue enterrada el 26 de julio en la iglesia de los Padres Misioneros del Salvador, en la calle de San Bernardo, por entonces calle Ancha de San Bernardo.

En la Corte se sospechaba de los criados de la duquesa, que estaban entre sus herederos, ya que no tuvo descendencia. El rey ordenó una investigación, pero no prosperó.
En cuanto supo del fallecimiento, la reina movió los hilos para adjudicarse a los pocos días y a un bajo precio muchas de las joyas de la duquesa. El propio rey también compró por un precio irrisorio el palacete de la Moncloa. Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid se quedó con el Palacio de Buenavista a precio de saldo y luego se lo regaló a Godoy. Éste, a su vez, se había quedado una colección de importantes pinturas de la duquesa, entre otras La maja desnuda y La maja vestida, de Goya, aunque pocos años después le fueron confiscadas entre otros bienes.

Casi un siglo y medio después, en 1945, el doctor Blanco Soler dirigió una investigación, con los doctores Piga y Petinto, y exhumó los restos de María Teresa Cayetana. El resultado de la autopsia fue que la causa de la muerte de la duquesa fue una meningoencefalitis de origen tuberculoso.

 

 

jueves, 8 de agosto de 2013

Fiestas de La Paloma, la otra patrona de Madrid

Pintura de la imagen de la Virgen de Paloma, de blanco con manto negro, la cabeza inclinada a la derecha, las manos entrelazadas y la mirada baja. Tras el cristal tiene sobrepuesta una corona plateada con pedrería, a modo de aura.
Cuadro de la Virgen de la Paloma.
La Virgen de la Paloma es, por tradición, la virgen del pueblo, así como la Virgen de la Almudena (patrona de Madrid) fue la virgen de los cortesanos que vivían en Madrid a la vera de los reyes.

La imagen de la Virgen de la Paloma se venera en un lienzo que fue encontrado por unos niños y utilizado como juguete hasta que la tía de uno de ellos, Andrea Isabel Tintero, lo rescató, lo restauró y lo colocó en el portal de su casa hacia el año 1790. Pronto corrió la voz de que se le atribuían milagros a esta imagen y las madres comenzaron a llevar a sus hijos recién nacidos para ponerlos bajo la protección de la Virgen. La reina María Luisa de Parma, madre de Fernando VII, recurrió a la veneración de esta imagen para curar el escorbuto a uno de sus hijos. 
Cada año, a las ocho de la tarde del día 15 de agosto, tras la misa, sale la procesión de la Virgen de la Paloma, desde la iglesia de la Paloma (parroquia de San Pedro el Real), en la calle Paloma. Se dirige a la Gran Vía de San Francisco, sube por la calle Toledo hasta la plaza de la Cebada y regresa por otras calles cercanas como la de Calatrava.
La Virgen de la Paloma es la patrona de los bomberos de Madrid, que encabezan la procesión y son los encargados de bajar, y más tarde subir, el cuadro de la virgen del retablo donde se aloja. Cientos de madrileños asisten al descenso del cuadro, entre vítores a la virgen y a los bomberos.
Estas fiestas se celebran tras las de san Cayetano (7 de agosto) y las de San Lorenzo (10 de agosto), desplazándose las verbenas entre los vecinos barrios de La Latina y Lavapiés. Primero en la plaza de Cascorro, Ribera de Curtidores y aledaños, luego la plaza de Lavapiés y Calle Argumosa, y después, con La Paloma, desde Las Vistillas (calle Bailén) a la calle Toledo y calles adyacentes, hasta la plaza de la Cebada y alrededores.
En estas celebraciones tan castizas son muchos los madrileños y madrileñas que lucen sus trajes de chulapo y chulapa y también pueden verse trajes goyescos. Son tradicionales los campeonatos de petanca, ajedrez, rana y mus, los concursos de chotis, pasodobles y mantones y la elección de chulapas y chulapos. Es típico también beber sangría y limonada acompañando sardinas asadas, patatas bravas y berenjenas embuchadas, entre otros productos.
A pesar de su tradición mariana, el barrio de Lavapiés, donde se celebra la festividad de La Paloma, tiene raíces hebraicas. A finales del siglo XVI, por este barrio pasaba el límite meridional de la Villa. Allí vivían los conversos tras la Reconquista. Manuel era el nombre obligado que debían darle a sus primogénitos, de ahí el popular nombre de ‘manolos’ a los habitantes del barrio. En el siglo XVIII, el vocablo chaul (muchacho en hebreo) se transformaría en chulo, lo que derivó en chulapo y chulapa.
La verbena de la Paloma (1894) es el título a una de las zarzuelas más arraigadas en la cultura popular madrileña. Se debe a Ricardo de la Vega (libreto) y Tomás Bretón (música).

martes, 6 de agosto de 2013

Lina Morgan, el secreto de la risa

Portada del disco de Lina Morgan Se dice de mí, de 1981, con la imagen de la actriz sonriente
Imagen de Lina Morgan en el disco
Se dice de mí (1981).
La actriz Lina Morgan fue, probablemente, la artista más popular de España y una de las cómicas más importantes de finales del siglo XX y primeros años de este siglo. Durante su dilatada carrera cosechó importantes éxito teatrales, cinematográficos y televisivos. Su entrega en el escenario, su talento, su sencillez como persona, así como la variedad de sus gestos le otorgaron durante años las simpatías de un público que la adoraba. Durante una larga etapa de su carrera profesional formó pareja con el también cómico Juanito Navarro.

En 1975, después de más de 20 años de espectáculos, decidió crear su propia compañía y renovar el panorama de la revista. Lo que entonces hizo Lina Morgan fue crearse a sí misma y al personaje más popular de toda la historia de los espectáculos teatrales. Ella tenía el secreto de la risa y de ahí salieron sus inimitables personajes. 


En sociedad con su hermano José Luis, que se ocupaba de la gestión y programación, en 1978 alquiló el Teatro La Latina y en 1983 lo compró.

Son innumerables las obras, comedias y revistas en las que trabajó, además de un buen número de películas y series de televisión. Entre los títulos más recordados en los act como protagonista están Vaya par de gemelas (1980-1983), que fue emitida también por televisión; Sí al amor (1984-1987), El último tranvía  (1987-1991) y otras comedias arrevistadas.

Teatro cómico

Fachada del Teatro La Latina, edificio sobrio con tres arcos en la entrada y sobre ellos un gran cartel con la obra que se representa.
Teatro La Latina. Foto: SCB
El mensaje de Lina Morgan era la risa, desde que aparecía en el escenario. Todas comedias giraban en torno a su figura, a su personaje, incluidos los números musicales, en los que ella era la estrella. Varias eran las claves de su éxito, además de profesionalidad y talento: la disciplina gestual de Lina en escena, con un cuello ‘retráctil o desplegable’, sus paseos a modo de pies planos en primera línea del escenario, los retorcimientos y juegos de piernas, el uso de las palmas de las manos y brazos, su cuerpo ligero y su voz. Estas fueron siempre sus mejores herramientas para la función cómica. 

Lina Morgan, cuyo nombre real era María Ángeles López Segovia, nació en Madrid en 1937 y desde su niñez reconoció su temperamento de artista. Comenzó su actividad profesional en el teatro a mediados de la década de los años 50, y trabajó en la compañía de Fernando Santos Zorí, de la que fue primera actriz. Después creó su propia compañía. 

Su peculiar personalidad hizo que en algunos momentos de su vida no se pudiera distinguir claramente entre la actriz y su personaje. Lina Morgan, además de un gran talento, demostró una gran capacidad para el trabajo y la improvisación. Cuentan que Lina era una cómica tan radical y tan grande que llegaba a asustar a directores de cine, escritores de teatro y a otros que temían quedar en segundo plano.
Cine y televisión
Trabajó en decenas de obras de teatro y más de una veintena de películas, algunas tan recordadas como La tonta del bote (1970), así como en varias series de televisión, entre otras Compuesta y sin novio, Hostal Royal Manzanares, Aquí no hay quien viva, A tortas con la vida o Escenas de matrimonio.

Tras el fallecimiento de su hermano José Luis, Lina Morgan vendió en 2010 el Teatro La Latina a la unión de dos compañía teatrales, Focus-Pentación. El 5 de enero de 2012 reapareció en el especial Gala de Reyes de Televisión Española.
Entre otros galardones, recibió la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Madrid, la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo, la Medalla de Oro del Arco de Cuchilleros y el Premio de Teatro Miguel Mihura. Fue fallera mayor de Valencia, era devota de la Virgen de la Paloma y participó en galas benéficas.

La gran cómica Lina Morgan falleció en su domicilio de Madrid el 19 de agosto de 2015, a los 78 años de edad. La capilla ardiente se instaló en el Teatro La Latina, por donde desfilaron centenaron de  admiradores.

viernes, 2 de agosto de 2013

Cuartel de Conde Duque y Pedro Ribera

El cuartel de Conde Duque se debe al arquitecto Pedro de Ribera y se edificó entre los años 1720 y 1754 como sede del regimiento de Guardia de Corps, un cuerpo especial encargado de custodiar el Palacio Real y a los reyes. El hoy centro cultural Conde Duque es un edificio austero con una espléndida fachada churrigueresca. Alberga la Hemeroteca Municipal, el Archivo de la Villa, la Biblioteca Municipal y varias salas de exposiciones. En verano, sus grandes patios sirven como escenarios de conciertos y otras actividades artísticas.

Respecto al nombre de este edificio de la calle Conde Duque, muy cerca de la plaza de España, hay varias versiones. La más próxima en el tiempo señala que el nombre se refiere al tercer duque de Berwick y Liria, conde de Lemos (1718-1785), descendiente de los reyes de Inglaterra y casado con una hija del duque de Alba. Otra es la atribuida al escritor Mesonero Romanos (siglo XIX), primer cronista oficial de la Villa, que indica que se refiere al que fuera Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, al que nos vamos a referir.
Pedro Ribera 
Fachada sobria y rojiza del antiguo Cuartel de Conde Duque
Cuartel de Conde Duque. Foto: J.L. de Diego
El arquitecto Pedro Ribera, responsable de la construcción del cuartel, nació en Madrid en 1683. Fue discípulo de Ardemans, de quien heredó el cargo de arquitecto mayor del Ayuntamiento de Madrid. Entre sus primeras obras se encuentra la iglesia de la Virgen del Puerto, realizada en 1718 por encargo del marqués de Vadillo, que fue alcalde de Madrid. También de esa época son el Puente de Toledo sobre el río Manzanares, la Iglesia de Montserrat, el actual Museo Municipal de Madrid (calle Fuencarral, 78, antiguo Hospicio de San Fernando), el Hospital de San Fernando y la Iglesia de San Cayetano. En Salamanca, realizó la torre de la catedral nueva en 1733.
A él se debe también la magnífica Fuente de la Fama, ubicada en los Jardines del Arquitecto Ribera (junto al Museo Municipal) y otras obras para embellecer la Villa de Madrid. Pedro Ribera murió en 1742.
El conde-duque de Olivares 
Retrato del conde-duque de Olivares, pintado por Velázque en 1638 y conservado en el Museo del Hermitage
Conde-duque de Olivares, óleo de Diego
Velázquez, 1638. Museo del Hermitage
Gaspar Guzmán y Pimentel, conde-duque de Olivares, es un personaje clave de historia de España. Fue el valido de Felipe IV, el favorito, una especie de primer ministro. Nació en Roma el 6 de enero de 1587 y fue el tercero de los hijos de una familia aristocrática. Sus primeros años los pasó entre Roma, Sicilia y Nápoles preparándose para la carrera eclesiástica. Sin embargo, la muerte de uno de sus hermanos mayores trastocó estos planes y en 1601 su padre le envió a estudiar a la Universidad de Salamanca.
En 1607 de casó con Inés de Zúñiga y Monterrey, dama de la reina Margarita, y tuvo una hija, la marquesa de Elche, que murió en 1626. Se sabe también de un hijo bastardo, Julianillo, que luego sería reconocido como Felipe de Guzmán y Gaspar de Tebes.

Olivares era un hombre de gran ambición y con influencia sobre el príncipe heredero, el futuro Felipe IV, por lo que resultaba incómodo para el duque de Lerma, valido de Felipe III, que le ofreció la embajada de Roma, pero Olivares la rechazó. El de Lerma intentó varias veces alejarle de la corte, pero no lo consiguió.
El gobierno de Olivares se inició el mismo día que Felipe IV subió al trono. Como valido, lo primero que hizo fue separar a Lerma y Uceda del gobierno y ordenar la muerte de Rodrigo Calderón, hombre de confianza del duque de Lerma. Al conde-duque también se le relacionó unos años después con la muerte del conde de Villamediana, otro destacado personaje de la corte.
Algunas reformas promovidas por el conde-duque le concedieron el favor del pueblo, pero en política exterior su carrera fue un desastre para España. Por su soberbia y ansia de poder se malogró el matrimonio de la infanta María con el príncipe de Gales, que había viajada de incógnito a España, y se ganó la enemistad de Inglaterra. También se enfrentó a Francia y a Richelieu, pero su mayor error, según los historiadores, fue reanudar la guerra con Holanda, complicando a España en la Guerra de los Treinta Años. La Paz de Westfalia fue una catástrofe para los intereses españoles.
En 1640, enfermo y hundido por sus fracasos políticos quiso abandonar la corte, pero Felipe IV no se lo permitió. Tres años después, el rey despidió a Olivares, que se refugió en el pueblo madrileño de Loeches. Los grandes de España redactaron un pliego de cargos y se lo entregaron al rey, que ordenó el destierro del Olivares en Toro (Zamora), aunque permitió que su mujer permaneciese en la corte.

En 1644, la Inquisición abrió un proceso contra el que fuera todopoderoso valido del rey. Murió un año después y fue enterrado en Loeches ante la indiferencia general.